Por - Publicado el 27-07-2017

Por Jorge Rendón Vásquez

Por un inveterado hábito profesional, sigo los avatares de la legislación del trabajo y, por supuesto, también me interesa lo por venir, una manera de ver el futuro, que en esta materia consiste en hurgar en lo que se cocina.

La cocina está en el Ministerio de Trabajo, a cargo de un cocinero que ni de lejos llega a la altura del buen Gastón, cuyas mixturas han despertado en el extranjero la curiosidad y el gusto por la comida peruana.

Los dos últimos platos de ese cocinero son dos proyectos de ley remitidos al congreso de la República por PPK (quien hace rato se ha quitado la careta populista. ¡Y pensar que tuvimos que votar por él!).

Por uno de ellos quiere modificar el Texto Único Ordenado de la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo (LRCT) y, por el otro, modificar la Ley de Inspección del Trabajo, in peius (latinajo que quiere decir para peor) para los trabajadores.

Veamos el primer proyecto (nº 1436/206-PE): Se dirige a eliminar del art. 65º de la LRCT, la facultad de los árbitros de atenuar las propuestas finales de las partes.

Para los que no saben de esto, les aclaro que cuando en la negociación colectiva las partes no llegan a una convención en las etapas de trato directo o de conciliación, les queda la vía voluntaria del arbitraje.

El texto de la LRCT fue una de las piezas clave determinantes del golpe de Estado de Fujimori el 5 de abril de 1992. Eliminó las convenciones colectivas suscritas hasta ese momento, impuso la caducidad obligatoria de las convenciones colectivas al año de su vigencia, suprimió en la práctica la negociación colectiva por rama de actividad e impuso un modelo de arbitraje trucado. Sólo en 2002 (a mi iniciativa cuando asesoraba a la comisión de trabajo del Congreso) se hizo permanente la duración de las convenciones colectivas.

Por ese modelo de arbitraje, las partes —sindicatos y empresarios— deben presentar al tribunal arbitral sus propuestas finales, y el tribunal arbitral debe elegir una u otra, íntegramente, sin combinarlas (sistema de última oferta). Pero, por un desliz de último momento, en el art. 65º de la Ley que regula este aspecto, se añadió la frase: “Sin embargo, por su naturaleza de fallo de equidad (el tribunal arbitral) podrá atenuar posiciones extremas.”

El sistema de última oferta es pésimo para los trabajadores y además un contrasentido inconstitucional, puesto que los árbitros prefieren, por lo general, las ofertas de los empresarios, y no están obligados a justificarlas. Lo que quiere decir que los aumentos de remuneraciones son los montos que los empresarios quieren dar y no, como debería ser, determinados por la situación de la empresa y las necesidades de los trabajadores, como disponía el D.S. 007-71-TR. El 95 % de los arbitrajes adoptan la propuesta de los empresarios.

En ciertos casos, los árbitros, ante la desconsideración de los empresarios han aplicado esa facultad de “atenuar posiciones extremas” y han concedido aumentos mayores a los propuestos por los empresarios.

Ahora, el ministro de Trabajo, Pedro Pablo Kucsynski y su gabinete quieren que no haya atenuación. Por lo tanto, los árbitros al elegir la propuesta empresarial, como siempre lo hacen, no podrán cambiarla, ni en una coma.

¡El colmo del abuso!

Los trabajadores tendrán que optar por la huelga como alternativa legal.

Este modelo de arbitraje fue copiado de la legislación laboral chilena, impuesta por Pinochet. Pero quienes perpetraron la ley peruana de relaciones colectivas fueron más drásticos. En Chile la propuesta de última oferta sólo se aplica en los casos de arbitrajes obligatorios, que son aquellos en los que la huelga está limitada en los servicios públicos considerados esenciales. En los arbitrajes voluntarios se tiene en cuenta varios factores, y los árbitros deciden los aumentos de remuneraciones según ellos. Los empresarios y sus abogados neoliberales fueron aquí más papistas que el Papa.

Otra modificación del proyecto es la inclusión en la LRCT del arbitraje llamado potestativo, que ahora figura en el Reglamento de esta Ley. No hay necesidad de este cambio, porque ya el Tribunal Constitucional ha dicho que el arbitraje potestativo no contraría a la Constitución. Lo incluyen para acompañar y disimular la supresión de la atenuación en el arbitraje, que es lo que realmente les interesa al gobierno y a sus mentores, los empresarios.

Veamos el segundo proyecto (nº 1437/2016-PE, 22.05.17): pretende suspender el procedimiento sancionador cuando en una inspección se ha constatado que el empresario ha infringido las normas laborales en contra de los trabajadores. Para ello bastaría que el empresario le diga a la autoridad administrativa de trabajo que lo han demandado “por el incumplimiento de las mismas obligaciones, períodos y trabajadores comprendidos en el acta de infracción”. La demanda podría hacerla cualquiera, y el propio empresario podría hacerse demandar, y ¿cómo probarlo? La suspensión del procedimiento sancionador está destinada a permitirle al empresario violar impunemente la legislación que protege de alguna forma a los trabajadores.

Tampoco se requiere una norma como tal, puesto que la Constitución ya dispone que “ninguna autoridad puede avocarse a causas pendientes ante el órgano jurisdiccional” (art. 139º-2) y la Ley Orgánica del Poder Judicial reproduce este texto (art. 4º). Y esto lo sabe todo el mundo en el ámbito de la justicia.

Corro traslado a los dirigentes sindicales y a los trabajadores de base.

(26/7/2017)

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Por - Publicado el 22-07-2017

por Artemón Ospina

Lima ya no es sólo la horrible, sino que se ha vuelto cruel. Caminar por sus calles es toda una odisea. Es un lugar común el “achoramiento”. Desde los extremos, desde los conos populares, Limase ve copada por miles de ciudadanos en busca de su sustento diario.

Tomar el carro para ir a trabajar entre las 6 a.m. y 8.30 a.m. es un acto heroico, donde la moral “sálvese quien pueda” campea. Para empezar, a esa hora los micros no paran, sobreparan un instante, unos metros más allá donde la gente espera y desespera. En esos segundos se produce un zafarrancho en el cual veinte a treinta personas se lanzan en busca de un lugar para el pie en el estribo del micro. En la carrera caen los débiles, sólo tres o cuatro se colgaran del vehículo. Todo el secreto para abordar el microbús está en acompañarlo en su parada, corriendo cerca de él hasta que sobrepare. Claro que en esta carrera uno nunca está solo, pero los codos ayudan a eliminar a los competidores; hay quienes ponen zancadillas a los que van adelante, pero esos ya son truco de mala fe.

Por lo extensa que es Lima, generalmente se necesita de media a una hora para poder llegar al centro de trabajo. Son treinta o sesenta minutos, defendiendo –con  más pundonor que Bolognesi ante los chilenos el suele patrio- un pedazo de lugar dentro del micro. Sin contar que cuando usted siente un golpe en el cuerpo, lo más probable es que algún ladrón lo esté insensibilizando para robar.

Las horas de trabajo no son tema de este artículo. Así que las pasamos. Entre las 5.30 y 8.30 p.m., otra vez el infierno de los micros. Un paseo a las seis de la tarde por el centro de Lima, vía La Colmena, uniendo Plaza Dos de Mayo, Plaza San Martin y rematando con sello de oro en el Parque Universitario, nos permite ver los rostros de los limeños de hoy: Jose Antonio, su pañuelo blanco y su caballo de paso, no existen. Las veredas siempre resultan angostas. La multitud se desborda. Entre esquinas estratégicas, como la de Tacna y La Colmena, es posible apreciar a marciales guardias de asalto cuidando el orden público,  mientras ríen del último programa de Risas y Salsa.

La vergüenza y el deseo clarito se aprecian en las colas para ingresar al cine Colón. Estoicos frente al qué dirán, esperan que la ventanilla se abra, para poder escabullirse en el paraíso de los placeres “masquesea” como mirones…Los domingos, en la Plaza San Martín, es fácil encontrar a evangelistas o israelitas proclamando el fin del mundo y vendiendo seguros para el alma. El Parque Universitario encerrado es mudo testigo de que los tiempos cambian. Ahora es tán sólo un lugar de paso.

Hasta aquí el horror no aparece, pero los periódicos ya comienzan a manchar las manos, pero no de tinta, sino de sangre y esto ya es de todos los días. Parecía que algo iba a cambiar, pero las aguas siguen como en los días del arquitecto…Para quienes no creen en el sonido del trueno vuelve la llamarada de la dinamita y las cosas se ponen como para volverse sordo. Es invierno, otoño o primavera y empezamos a vernos solos antes muestras vidas. No estamos en el año cero, ni en la hora del comienzo, pero se anuncia la muerte que ronda por los poros de la indiferencia.

Recordemos cuando el horror se apoderó de las calles de Lima (algunos pensarán en los senderistas masacrados, pero eso es historia reciente) me refiero cuando la multitud huyó a sus casas, desde donde se podía apreciar, magia de la televisión, lo que acontecía en el Sexto, hoy demoliéndose. El bodeguero de la esquina, la empleada, el maestro, el magnate, la niña bien, el obrero, etc…, observaron almorzando, cómo el horror les salpicaba. Seguramente se escandalizaron, se sobresaltaron, pero sus miradas siguieron fijas, como atrapadas por algo superior, ante el rito de la muerte, y sin embargo más tarde le dieron las buenas noches a sus hijos deseándoles que sueñen con los angelitos. Fue una noche de terror, una noche de muerte y nadie se movió de sus televisores espectando el macabro desfile de torturas, primicia de primicias. Las señoras rezaron sin apartarse de la pequeña caja, el horror continuó y nadie le puso fin. Al contrario, días después, para quienes se la perdieron, algunos periódicos continuaron reproduciendo en ediciones especiales los detalles de la tragedia y las amas de casa murmuraron y los hombres opinaron formándose la gran ola pidiendo la pena de muerte. Una salvajada para otra salvajada, y a esto se le llama civilización.

Todo el horror de nuestros días, de nuestra civilización, fueron mostrados con violentísima  crudeza y casi nadie lo sintió así. Para la mayoría se trató tan sólo de un grupo de sicópatas que bien ganada tuvieron su muerte, ¿y la muerte de los periodistas?, bien gracias. Y el hecho de que unos pocos tengan todo y las mayorías nada, cosa de suerte. Podríamos continuar, pero no perdamos de vista que aquello tuvo responsables y que no fueron precisamente los rehenes por ser rehenes ni lo presos por dejas de ser humanos. Alguna jugarreta macabra del destino los puso como actores de una escena de terror que estremeció Lima, por eso cuando se supo que los senderistas habían tomado los penales, se empezó a temer lo peor. Algo indicaba que la muerte seria, otra vez, la estrella que a todos atemorizaría.

II

El terror ha traído a su compañero, el miedo. Primero las mujeres conservadoras se quejaban que era imposible caminar por el centro, muchos ladrones, muchos cholos, pero era un miedo superable, localizado y hasta exagerado. Pero vino Ayacucho para recordarnos lo poco que vale la vida en este país, desnutrido y sombrío. A cada hora, segundo, los vientos de la muerte venían de Ayacucho y apuntaban a Lima. Se está jugando en estas horas gran parte del destino del país para las próximas décadas, y pocos lo toman en serio. El historiador Pablo Macera(1) sale de sus cuárteles de invierno para decir que la guerra ya tiene su sitio en Lima. EL padre Gutierrez(2) sostiene que aún es tiempo. La iglesia pide respeto a la vida, pero los gobernantes dicen  “aquí no pasa nada”. Y la izquierda llama a luchar por la justicia y la paz, sin embargo se pelean entre ellos. Todo está en crisis: los partidos, las instituciones, las parejas, la economía, los valores, el deporte. Y no se encuentra salidas. Todo se pierde en la apuesta transitoria. Lo peor es la indiferencia que cada día gana más adeptos. Para algunos ya es tarde, las fotos de los desaparecidos cubrirán las paredes del zanjón,   y hasta se hacen apuestas sobre las embajadas en las que se refugiaran los senadores y diputados para fugar al extranjero, porque eso de quedarse aquí es de mal gusto. En el IEP, luego de la masacre de los penales, hubieron unas charlas, estaban todos los que se consideran intelectuales o casi, y se dijo que muchos ya tenían el pasaporte en regla, por si acaso. Lo  cierto es que pase lo que pase, los de siempre, los sin nombre aristocrático, sin plata, sin amigos en el gobierno, pagarán los platos rotos.

Los tambores de guerra se dejan sentir en Lima y nos lo recuerdan los operativos militares, donde nadie tiene galones, ni insignias de mando, sólo rostros cubiertos y embetunados. Sin embargo, esto no es percibido como algo importante por aquellos sectores que saben que con ellos no es la cosa. (3) Para la izquierda en cambio es el problema central del momento. Esta vez de a franco los militares están en la calles, y dan miedo.

Se llama a combatir la militarización del país, sin tomar en cuenta lo sostenido por Guillermo Rochabrún (4), en el sentido de que la militarización es la contrapartida del avance de los grupos alzados en armas; quitarles espacio político es también dejar sin filo a las bayonetas, pero la izquierda para variar, lanza el grito radical contra los militares y organiza el pueblo en la pelea por unas cuantas concejalías; el colmo es que hasta existen sectores dentro de IU que estén  trabajando para la derrota de Alfonso Barrantes, porque así el reformismo ya no tendría base social. Si serán…

La izquierda tiene todo que perder, sus sueldos los Diputados, y sus dietas los concejales, los aprendices para llegar a diputados. La tan mentada violencia estructural del país está mostrando su rostro y la Izquierda legal no está preparada para el susto. IU no está como para afrontar una guerra de exterminio, su supervivencia está dada por la democracia. Puestos los hombres, no las ideas, en la disyuntiva vida o muerte, cada quien se conoce. Y si para las elecciones municipales se siguen acciones armadas espectaculares, lo lógico es que las operaciones de rastrillaje casa por casa se vuelvan cotidianas y allí sí que la van a verde todos aquellos que compran revistas como “Amauta”, “Cambio”(ambas dejaron de salir), e incluso su Quehacer, porque los ilustrados soldados no entraran en sutilezas ideológicas: son comunistas y se acabó. Esas bravuconadas de tumbarse a Alan en lo inmediato no pasan también de pose de actor, pero de segundo plano.

Si es tragicómico ver como saltaron hasta el techo, dentro de IU, cuando Barrantes declaró que el enemigo principal a combatir en el plano ideológico, era Sendero. Que esos reclamos los haga gentes que están fuera de IU pasa, pero los de dentro, con qué cara.

Sendero no está cavando su tumba, está viviendo su guerra; pero de pasito está cavando la tumba de todos aquellos que considera reformistas, y su lógica resulta perfecta. En este caos ellos son de los pocos que saben lo que quieren: destruir el Estado Burgués para construir el Estado de Nueva Democracia y para ello están en guerra, son ya seis años y de Abimael ni la tos.

Era importante desenmascarar al APRA, mostrar su entraña fascista y tomaron los penales, calcularon cien pero fueron todos, eso no importa, importa la historia, el desenmascarar al Apra tuvo su precio y lo pagaron. Don Alan pierde iniciativa y cada día se vuelve más actor. Si hasta el general Noel aprendió: “Fueron los subordinados, ellos no me informaron, castíguenlos, se excedieron”.

Según Sendero, ellos construyen los rieles de acero que nos conducirán al socialismo. En el presente el único tren que camina por esas rieles es el de la muerte.

Otros que sí saben lo que hacen son los militares. La orden: detener indocumentados. Y no se salva ni la abuelita de uno. Cisneros(5) ya lo dijo: establezco el toque de queda y al que se mueva me lo bajo. “ si de 60 muertos, tres son senderistas, esas muertes eran justas”, y “democráticas”, agregaríamos. La imposición gana, es la triste realidad; como suele decir el Alcalde de Chorrillos(6) “en este país para hacer algo se necesitan cojones”, simplemente cojones y que otros obedezcan.

III

Como en todo “rollo” (palabra de actualidad) donde se habla de violencia, debe también tocarse a los militares. Para no ser menos pasamos a emitir, sin su permiso, nuestra no autorizada opinión sobre el tema. Los militares no son un partido político, por lo que no deberían tener ideología (como grupo se entiende) y en verdad creo que no la tienen. Los militares no ingresan a sus escuelas de cadetes teniendo como meta defender a Bedoya o Alan Garcia y matar a cuanto cholo con pinta de comunista se les ponga al frente. No, esa no pude ser una aspiración militar. Que sí puede ser la de algún grupo fascista. Entender al ejercito como un todo, predestinado a ser el guardián del Estado Burgués, es tener una visión mecánica (las instituciones son hombres), y ello ni siquiera por su carácter de clase. ¿Cuál es la extracción de clase de los militares peruanos?, es una pregunta que flota en el ambiente, y que por ahora no abordaremos. Lo que sí pueden tener los militares es una determinada visión de lo que se entiende por seguridad interna, por patria, porque eso sí, no hay militar que no se emocione por esas cuatro letras que dicen Perú. ¿Si el libreto de los militares ya estaba escrito, cómo entender a hombres como De la Flor o Leonidas Figueroa, para no hablar del cariñosamente recordado Chino Velasco?

El problema de los mandos es de capital importancia, ya que al ser una institución vertical por excelencia, como piensa el primero actúa el resto. Esto los sabía Belaunde, y el General Hoyos se cayó con helicóptero y todo. Los militares bien pueden pensar que la guerra civil en el país se está dando entre comunistas y apristas. Debiendo ellos intervenir para instaurar el orden. No todos son, pues, discípulos de Pinochet (ya citamos al gaucho, pero él no es el ejército, sin dejar de reconocer que él es una corriente de opinión dentro de éste). Son hombres con capacidad de servicio a la patria, la aman y están dispuesto a defenderla con las armas que tienen, pero su idea de patria es occidental y cristiana, y el país es costa, sierra y selva. Algo no encaja. Las escuelas de adiestramiento norteamericanas se encargan de que sólo vean el lado blanco de la historia. Deberían revisar la trayectoria del Mariscal Cáceres y no olvidar que fue el único que vencio a los chilenos en la gran batalla de Tarapacá que la historia oficial devalúa, sin contar que organizo las Montoneras en la Campaña de la Sierra junto al pueblo.

IV

En esta parte del camino retornemos a la calle para encontrar que casi siempre hay que hacerse de un lugar a punta de combo y patada; somos un país donde a las personas sistemáticamente se les niega las oportunidades; tenemos razas que se desprecian mutuamente. En lo alto el gringo y al final el indio; todos queriendo oprimir al de mas abajo, pero siempre transando.

Cuando el micro pasa y no recoge, se maldice en silencio, todos quieren todo y  no dan nada a cambio. La clase dominante es hipócrita hasta el cinismo, el gobierno de Belaúnde rompió record al respecto. Y su ministro Pércovich fue la expresión más descarnada, sin sangre en la cara. Como ministro del Interior decía fácilmente por ejemplo, cuando el asesinato de Jesús Oropeza, que no había muerto, que se había fugado de la justicia seguro para enrolarse a los terroristas; al día siguiente decía que se había suicidado y abrumado por las pruebas, finalmente prometía una  investigación de los sucesos. La realidad es que recién ahora marcha a paso de tortuga el esclarecimiento de ese asesinato, por eso cuando un periódico reveló que tenía amigos narcos y fue llamado a declarar, aquellos que dedicaron horas para esperarlo y mentarle la madre, tirarle monedas, escupirle, estaban construyendo Patria aunque a muchos les parezca exagerado, le estaban devolviendo la capacidad de indignación al país.

Tal vez desde la ciudad no se aprecie, pero en el Perú con sus cuatrocientos años de conquista española (7), todos tenemos algo de pongo (incluido el súper hombre de mundo Ulloa). Todos tenemos algo de resentimiento, un guardado, y en la mayoría de los casos la paciencia llega a su límite como los resortes que se presionan con las manos en algún momento se expanden y saltan. La gran venganza tiene patente nacional, es componente de la sangre, se está al acecho para dar el golpe que nos reivindique el ego.

Desde el oficinista que ve cómo sus años se van con el mísero mientras los grandes se llenan los bolsillos (contrato de Petro Perú, para ser actual), o el maestro que siente que no tiene los privilegios de los militares. El obrero que ve los lujos de sus patrones y sus viajes a Miami, en fin nadie está contento, salvo los que la hacen. La envidia motoriza los secuestros, no es casual que sean PIPs los que tengan que ver con esta inusual manera de redistribuir el excedente.

V

Terror, miedo, frustración, venganza, odio, son sentimientos que uno se los encuentra a cada paso en esta Lima que avanza al año dos mil, sin saber si llegará. La gran reina de todo esto es la muerte, que cada día se convierte en una alternativa de solución que gana más seguidores y no sólo para la política; los problemas personales se terminan de esa manera. Si es conmovedor ver cómo entre amantes, esposos infieles, novias celosas, el fin del triángulo es la eliminación del tercero. Hay otros casos dramáticos como el de aquella mujer que elimino a sus hijos porque no tenía cómo mantenerlos.

Ante el límite del abismo uno se avienta de cabeza y otros luchan hasta con las uñas por no caer; pero fíjense como estará el país que pone en esa situación a los peruanos, es como si el Perú entero viajara en microbús repleto, la supervivencia no cree en buenos modales. Hace un tiempo viajar en micro era molestoso, hoy es explosivo. Por citar un ejemplo en la línea 13 que va desde Santa Cruz, Miraflores, hasta el Retablo en el kilómetro 24 de la Panamericana Norte, suceden cosas como ésta: Hora: 7.45 am. Lugar: viajando por la Av. Tacna, pasando por el convento de Santa Rosa. Antecedentes: gente que viajaba aproximadamente 35 minutos, soportando el traqueteo del micro, sus paradas; como bien se sabe después de la odisea de subir, se busca un lugar donde sufrir el viaje con la menor cantidad posible de empujones, codazos, pisadas, etc. El lugar elegido jamás es una isla, siempre está la gente que sube y baja, las apretaderas son inevitables, pero como todo en la vida esto también es superable, aunque no siempre. Son situaciones neurotizantes que se hacen cotidianas. Si cuento esto es para que tengan una  idea del contexto en que se desarrolló la pelea. Los protagonistas: un tipo con guantes negros para el frío, maletín deportivo al hombro, facciones de criollo, clase media, autosuficiente, casaca azul sin cerrar. Su ocasional, permanente o histórico enemigo: un serrano maceteado, de chompa roja, 1.60 de estatura, pelo lacio o trinchudo como algunos prefieren decir. La bronca empezó cuando el serrano se paró al costado del blanco, pues el cholo le estaba amenazando “su espacio”. La primera escaramuza fue un rápido “pasa, pasa nomás flaco”; la respuesta “a dónde si el carro esta lleno”. Estaban uno al lado del otro y el silencio dio un empate para el primer round. Hasta que sucedió lo inevitable, alguien quiso  bajar y empujo al cholo, y por esas inercias de  frenada de micro el cholo se inclinó sobre el bacán del barrio; la ofensa fue replicada en el acto, cuestión de madrugar al adversario. Un limpio codazo le devolvió la estabilidad y le recordó al migrante ante quien estaba. Pero sucedió lo inesperado, el serrano le contestó en silencio con otro codazo. El de guantes negros dejó su maletín en manos de una señora y con un sonoro “¡¡QUE TE HAS CREIDO CHOLO DE MIERDA!!”, aplico una seguidilla de golpes. El resultado: más apretaderas para dejar campo a los combatientes, una que otra voz decía que parara el micro, pero el micro seguía avanzando. Pasó el momento de la sorpresa y de los golpes con guantes negros. La fortaleza del Ande se impuso, tenía a su rival doblado en dos sujetándolo de la cintura, impidiéndole cualquier movimiento; el carro seguía su marcha, las mujeres llamaban a la policía, pero la mayoría se preocupaba por su paradero para bajar. “suéltame y vamos afuera” exclamaba el de guantes negros, pero observadores imparciales fueron tajantes, “compadre ya te dieron, no sigas haciendo lío”. Otros opinaron reclamándole al de pelo lacio: “suéltalo, ya se dieron”. A lo que éste respondió: “Pero que se calme, él quiere seguirla”. No hubo respuesta la gente avanzó para bajar, ahora sólo hay dos paraderos de la línea 13  en la Av. Tacna. Vino la paz y los peleadores se revisaron las heridas, el de guantes negros tenía la boca ensangrentada y en la parte inferior del ojo derecho lucía una impresionante hematoma que rápidamente se le había inflamado, tenía el tamaño de una nuez. El de pelo trinchudo sólo se arregló la chompa roja; había vencido y no sabía cómo celebrarlo; hasta que sintió el guante negro en su hombro, volteó con cierto temor, pero sólo escuchó una voz nerviosa que decía, “fíjate lo que me has hecho, yo te denuncio, vamos a la comisaría”. El asombro invadió al de chompa roja, y ¡oh! Milagro, apareció un policía: “¿Qué ha pasado aquí?”, fue su saludo de presentación; los pasajeros desafiando a la física volvieron a dejar un espacio libre y luego de una rápida mirada el policía se convenció de  quién había pegado a quién, “quiero presentar una denuncia”, susurró suavecito la voz del blanquiñoso. “He sido agredido”, remató. El guardián del  orden inmediatamente sujetó de la chompa al serrano, diciéndole: “Con que te gusta abusar de la gente, eh?, ahorita vamos a la comisaría y se te quita todo lo valiente”.

  • “Solo fue una pelea, él empezó a darme codazos, yo me defendí”, exclamó en su defensa el andino.
  • “jefe yo voy a mi trabajo, si él no quiere que lo rocen que se vaya en taxi”, término diciendo.

El policía dudó, el micro seguía su marcha. Y entonces el de guantes negros sacó la carta guardada: “Mentira señor policía, lo que pasa es que se puso a mi lado para bolsiquiarme, es un ladrón, mírele la cara”.

La ira envolvió la cara del de pelo trinchudo, el policía se percató de esto  y “¡ah Carajo, con que esas tenemos, vamos a la comisaría¡  ¡chofer, pare el micro!”, ordenó. Entre los que observaban, alguien le dijo al policía: “Eso es falso, lo que pasa es que el señor (señalando al de guantes negros) no sabe perder, él empezó, ha sido una bronca por lo apretado que va la gente en este carro”. Esta vez el policía no dudó. El que había hablado tenía terno y estaba bien afeitado. Soltó al andino. “¡¡SI FUE UNA  MECHADERA ENTRE HOMBRES, QUE SE DEJE DE QUEJARSE COMO MUJER!!”, gritaron los del fondo.

_ De todos modos quiero hacer esa denuncia, mire lo que me ha hecho este serrano.

El tono de voz no le gusto al uniformado, miró al cholo.

_ Lo que pasa es que tiene la cara débil, sólo le dí un par de golpes de puño, dijo el andino.

_ Sí, tengo la piel fina, no soy hombre de broncas.

_ Entonces para qué la seguiste, solito te compraste el pleito.

_ Carajo, para esto me llaman, bueno, se han dado a la criolla, y a ti te adelantaron la Navidad, no hagas más lío, si quieren  vuelvan a encontrarse, pero sin fregar al resto. Dicho esto desapareció. Cosas  de la Ley y el Orden.

El de guantes negros bajo en la Av. Uruguay, y su rival se quedó pensando con la mirada fija en las manos. El en ningún momento lo había golpeado, sólo lo había sujetado con fuerza, esos golpes en la cara no tenían explicación.

Pocas personas se percataron de la realidad; todo fue tan rápido que en su frenesí por lanzar golpes, el de guantes negros perdió la estabilidad, cosa de la que aprovechó su contendor para prácticamente doblarlo en dos, es decir, la cabeza del blanquiñoso quedó a la altura de la cintura de su contrincante y en el forcejeo por librarse, que fue violento, le regalaron dos feroces patadas en el rostro. ¿Quién lo hizo y por qué?, vaya uno a saberlo, sólo diré que el anónimo agresor también era trigueño y dejó el micro tan luego la pelea se calmó. Cosas que pasan en un micro cualquiera.

Publicado en la revista “Los Caminos del Laberinto” N° 4, noviembre de 1986.
Formó parte del libro: Perú: Los Eslabones del Archipiélago, Ediciones El Laberinto, Enero 1993.

Citas:
1.- Pablo Macera; Revista DEBATE N° 36
2.- Gustavo Gutiérrez, Diario La República del 25.06.86, Editorial
3.-Carlos Franco, Revista QUEHACER N° 42, agosto-setiembre 1986, págs. 18-21.
4.-Guillermo Rochabrun. Revista Amauta N° 16, Julio 1986 pág. 9
5.-Gral.(r) Luis Cisneros Vizquerra, Revista QUEHACER N° 20, enero-febrero 1983, págs. 46-58.
6.-Pablo Gutiérrez. Entrevista en QUEHACER N° 28 abril-mayo 1984, págs. 72-87.
7.-Al respecto ver la revista DEBATES EN SOCIOLOGIA N° 11, el ensayo de Gonzalo Portocarrero “Castigo sin culpa, culpa sin castigo”.

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Por - Publicado el 19-06-2017

En la reciente ruptura del Frente Amplio entre Tierra y Libertad y Nuevo Perú me ha llamado la atención cómo se han venido manejando los números para evaluar el peso político de cada sector. El historiador Nelson Manrique repetía este argumento:

Militantes de TyL alegan que sus votos lograron esta representación parlamentaria, lo cual es absurdo: su líder, Marco Arana obtuvo en Cajamarca –la región donde mayor respaldo tiene– 8,500 votos, muy por debajo de los candidatos de la agrupación de Gregorio Santos, cuyos 5 primeros candidatos obtuvieron 20 mil votos y más cada uno. Arana llegó a parlamentario imponiéndose por 53 votos de diferencia sobre otro militante de su propia organización, que aún sigue alegando que le robaron la elección en mesa. Mientras tanto, Verónica Mendoza obtuvo cerca de 3 millones de votos. Sobran comentarios.
Edición Impresa del 13 de Junio de 2017
Vientos de ruptura en la izquierda

Y terminaba su intervención con esta frase:

Admiro el coraje de Marisa, su honradez, su capacidad política y su coherencia personal. No está de más recordar que es la congresista más votada de la izquierda.

(Las negritas son mías).

Es decir, hacía una comparación de papas con camotes: comparaba una votación congresal en una región de 800 mil votos emitidos con una votación presidencial nacional con casi 19 millones de votos emitidos. Una comparación que no es válida para nada, a pesar de que para él “sobran comentarios”.

Y más aún, establecía a una congresista de la región más poblada del Perú como “la más votada de la izquierda”.

Pero el asunto no queda ahí. Luego leo un comunicado de Nuevo Perú – Cusco con esta frase:

Los congresistas del Movimiento Nuevo Perú, tuvieron el 70% de votos del Frente Amplio, por lo que representan a un sector importante de la población. No se puede ignorar que ello ha sido posible en gran medida por el liderazgo de Verónika Mendoza

Es decir, una vez más se hace una suma de votos que pasa por alto el mayor peso demográfico de Lima en el Perú. Fácilmente, un/a congresista por Lima con un bajo porcentaje de votación puede ser “la más votada de la izquierda” y el grupo que tenga más presencia en Lima puede ser el que tenga la mayor parte de los votos de una bancada, como efectivamente está ocurriendo.

Y lo que me preocupa de este criterio claramente centralista es que proviene de una base cusqueña.

Como los ánimos en este sector de la izquierda están caldeados, todo vale, pero cuidado, que los criterios centralistas quedarán sembrados ahí, cuando las broncas hayan pasado. Entonces ese mismo criterio, centralista, discriminador y excluyente será el que prevalezca.

A continuación tenemos a los congresistas de la bancada del Frente Amplio según grupo político, región y votación personal:

Congresistas1

En base a esta información establecemos primero la distribución de la votación regional de los congresistas electos del Frente Amplio y la juntamos con el porcentaje de votación del Frente Amplio en cada región:

Congresistas2

Obtenemos un primer gráfico en que se aprecia el 37% de votación limeña y el 19% de votación puneña del Frente Amplio, seguida de un 9% de votación arequipeña y un 9% de votación cusqueña:

Congresistas3

Ahora vemos las regiones de mayor a menor votación porcentual del Frente Amplio:

Congresistas4

El porcentaje de votación es mayor en Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Tacna, y Puno en quinto lugar. El porcentaje de votación cajamarquina es el más bajo con 8.15%, y el de Lima Metropolitana es el segundo más bajo con 9.65%.

Vemos pues que la votación en Lima para el Frente Amplio fue baja, ligeramente por encima de la votación de Cajamarca. Pero claro, como Lima tiene una mucho mayor población electoral, según las métricas absolutas que se usan en algunos discursos, se crea la apariencia de que tiene una votación mucho mayor.

Veamos ahora la votación según grupo político, Tierra y Libertad y Nuevo Perú.

Efectivamente los congresistas de Nuevo Perú suman una votación que representa el 70% de la votación del Frente Amplio:

Congresistas5

Esto es así porque tienen a tres congresistas de una región muy poblada como Lima, que representa el 53% de ese porcentaje. Y en general su voto está muy concentrado en Lima y Puno que en total es más del 75% del voto de Nuevo Perú.

Congresistas7

Tierra y Libertad no tiene congresistas por Lima y su sector tiene un patrón de votación más descentralizado en el país:

Congresistas6

¿Da para decir que una congresista por Lima es “la más votada de la izquierda” cuando Lima es la región más poblada y la votación porcentual de esa región es la segunda más baja entre las regiones de la bancada?

Al final el poder de Lima se convertiría en un poder político sobre otras regiones sólo porque Lima es una región más poblada. Un sector político pequeño pero basado en Lima puede dominar a otros sectores políticos relativamente grandes en sus regiones. Bajo la apariencia de una disputa política se ratificarían esquemas de dominación centralistas.

En conclusión, habría que tener cuidado con usar los números a la ligera, haciendo comparaciones que no proceden, votaciones presidenciales nacionales con votaciones congresales regionales, y en general comparaciones entre regiones de diferente población en que una persona sale más votada no porque sea necesariamente más popular, sino simplemente porque hay más votantes posibles. En el caso del Perú algunas comparaciones además de ser falaces tienen el efecto de reforzar los prejuicios centralistas, discriminadores y excluyentes. Cuidado con ellas.

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Por - Publicado el 25-09-2016

Por Jorge Rendón Vásquez

La Segunda Sala de Derecho Constitucional y Social Transitoria de la Corte Suprema, integrada por cinco vocales provisionales (colocados allí sin concurso) les ha dado el gusto. Los jerarcas de los empresarios y sus inefables asesores deben de haberlo celebrado ñatos de risa y libando hasta el amanecer luego de haber leído la sentencia.

Analicémosla (Casación Laboral nº 00489-2015, Lima 7/6/2016. Las citas son de la sentencia.).

El demandante, un trabajador, pretendía “el reintegro de sus remuneraciones y su incidencia en el pago de gratificaciones y compensación por tiempo de servicios por el período de marzo de dos mil a diciembre de dos mil tres […] habiendo recién el demandante reclamado por la supuesta disminución de sus remuneración luego de que la demandada cursó la carta de cese por límite de edad de fecha doce de setiembre de dos mil doce”. Esta pretendida omisión de reclamar determinó al juez de primera instancia a declarar infundada la demanda. En la sentencia suprema se valida esta afirmación al decir: “la parte demandante no ha acreditado en su oportunidad la referida disminución de remuneración” (9º considerando). Por consiguiente, ni para el juez de primera instancia ni para la Sala suprema existe la Ley 27321, vigente desde el 23/7/2000, que dispone “Las acciones por derechos derivados de la relación laboral prescriben a los 4 años, contados desde el día siguiente en que se extingue el vínculo laboral.” Más todavía: para la Sala suprema se trata de “una supuesta disminución de su remuneración”, o sea que nunca sucedió. ¿Por qué entonces tuvo que justificarla?

La sentencia de segunda instancia declaró fundada la demanda, basándose en que el trabajador no había aceptado documentalmente la reducción de su remuneración, en aplicación de la Ley 9463.

La Sala suprema se lanzó a replicar este argumento con la especiosa articulación siguiente:

“Debe precisarse que la posibilidad de la reducción de las remuneraciones se encuentra regulada en nuestro ordenamiento jurídico, y esta puede ser consensuada o no consensuada. a) Será consensuada si es realizada de manera voluntaria, es decir, si existe un acuerdo libre, espontáneo, expreso y motivado entre el trabajador y el empleador, tal como se regula en la Ley Nº 9463. b) Será no consensuada si es adoptada por decisión unilateral del empleador, es decir, sin aceptación previa del trabajador. Esta posibilidad resulta de la interpretación en contrario del inciso b) artículo 30º del Decreto Supremo Nº 003- 97-TR y del artículo 49º del Decreto Supremo 001-96-TR, que consideran que la reducción inmotivada de la remuneración es un acto de hostilidad equiparable al despido si es dispuesta por decisión unilateral del empleador y sin causa objetiva o legal. En tal sentido, esta decisión resultará viable si se expresa los motivos por los que así se procede” (10º considerando).

Lo novedoso en esta afirmación de la Sala suprema es la creación de una reducción no consensuada de la remuneración. Pero es errónea: 1) porque el contrato de trabajo, como todos los contratos, “se perfecciona por el consentimiento de las partes” (Código Civil, art. 1352º); y porque la libertad contractual está garantizada por la Constitución del Estado: “Toda persona tiene derecho: 14. A contratar con fines lícitos, siempre que no se contravenga leyes de orden público.” (art. 2º). Son leyes de orden público las de protección de los trabajadores. La Constitución dispone además que “La libertad de contratar garantiza que las partes pueden pactar válidamente según las normas vigentes al tiempo del contrato. Los términos contractuales no pueden ser modificados por leyes u otras disposiciones de cualquier clase.” (art. 62º). En consecuencia, si ninguna ley puede autorizar la modificación de los términos contractuales, es obvio que el Texto Único Ordenado por el Decreto Supremo 003-67-TR no puede conferir esa autorización, y, en rigor, no la confiere. El artículo 30º de este texto, invocado por la Sala suprema, dice: Son actos de hostilidad equiparables al despido los siguientes: La reducción inmotivada de la remuneración o de la categoría.” ¿Que quiere decir reducción inmotivada? Una reducción sin causa. Pero esta causa, como en todos los contratos, sólo puede ser consensual. La ley no puede ordenarla, ni facultar a las partes contratantes a imponerla. Imaginemos que en un contrato de venta, locación, crédito, etc. se facultara a una de las partes a reducir el precio pactado. Sólo pensarlo sería absurdo. Además, el artículo 30º del Texto Único Ordenado citado, al hacer a la reducción inmotivada de la remuneración un acto equiparable al despido, lo considera un hecho prohibido para el empleador, prohibición que implica también la de reducir la remuneración y la categoría. Y, si la prohibe, no es posible inferir, contrario sensu, que la autorice; con mayor razón porque las facultades y las obligaciones, por su importancia, deben ser definidos explícita y claramente por la ley, siempre y cuando la Constitución lo permita. En la relación de trabajo no lo permite: “Ninguna relación laboral puede limitar el ejercicio de los derechos constitucionales” (art. 23º).

Los vocales provisionales de la Sala suprema autores de la sentencia legicida no podían ignorar los artículos 51º y 138º de la Constitución que declaran la prevalencia de esta sobre toda norma legal y la obligación de los jueces de preferir la primera. Tampoco podían desconocer que “En la relación laboral se respetan (el) carácter irrenunciable de los derechos reconocidos por la Constitución y la ley” y que debe haber una “Interpretación favorable al trabajador en caso de duda insalvable sobre el sentido de una norma.” (Constitución, art. 26º). El demandante no sólo no había renunciado al íntegro de su remuneración, sino que la reclamaba; y en el artículo 30º del Texto Único Ordenado en mención no hay duda insalvable, puesto que esta claro que no crea para el empleador el derecho de reducir la remuneración.

La sentencia comentada, que execra a sus autores sin atenuantes, es, por lo tanto, nula.

Ya algunas organizaciones sindicales se están movilizando contra ella. Aunque para evitar la protesta, un juez supremo ha salido a decir que esa sentencia no es vinculante, es decir que se aplica solo al caso juzgado, lo cierto es que, como pronunciamiento judicial de la más elevada instancia, estimulará a otros empresarios a utilizarla, pese a su inconstitucionalidad, pues para eso ha sido dada .

La pelota ha pasado al campo de los trabajadores en un partido más importante y grave que el de la Ley Pulpín.

(25/9/2016)

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Por - Publicado el 02-06-2016

Por Jorge Rendón Vásquez

Y pasó lo que los opositores al gobierno de Nicolás Maduro querían: el 31 de mayo el uruguayo Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos, anunció que convocaría al consejo permanente de esta entidad para “realizar una apreciación colectiva de la situación (en Venezuela) y adoptar las decisiones que estime convenientes”, aplicando el artículo 20º de la Carta Democrática Interamericana de la OEA.

Se saltó a la garrocha el primer párrafo de este artículo que dice que esa medida podría ser adoptada “En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático”. No le interesó para nada que en Venezuela los poderes del Estado, elegidos o designados como la Constitución dispone funcionan regularmente, aunque haya discrepancias de opinión entre ellos y que, por lo tanto, no hay “una alteración del orden constitucional”.

Tampoco se han dado los casos de Honduras, cuando sacaron a Zelaya en junio de 2009, ni de la propia Venezuela cuando los mismos grupos que ahora dominan su Poder Legislativo apresaron al presidente constitucional Hugo Chávez en abril de 2002 y pusieron en su lugar al jefe de los empresarios Pedro Carmona, casos ante los cuales la OEA nada pudo hacer.

La actitud de Almagro revela que se siente como el capitan de un barco al que temerariamente lanza a la aventura en plena tormenta. Lo real es, sin embargo, que navega contra una tormenta de escenario fílmico en una cacerola, probablemente de esas que ciertas pitucas golpean en las calles.

Porque ¿qué puede hacer el Consejo Permanente de la OEA si condena sin pruebas fehacientes al gobierno de Maduro, como sería la intención de varios gobiernos de derecha que lo han puesto en el índex de los chicos malos? Respuesta: realizar “gestiones diplomáticas” y, si ellas no le dan resultado, llamar a la asamblea general de la OEA para que considere la suspensión de Venezuela como miembro, conforme dispone el artículo 20º de la Carta Interamericana Democrática. En otros términos, amonestarlo, con algunos improperios entre paréntesis, y, en el límite, excluirlo de los bailes al interior de un club privado.

Y nada más.

Porque la Carta Democrática Intermericana no estipula otras sanciones. Y, sobre todo, porque el artículo 19º de la Carta de la OEA, que es el documento constitutivo de esta organización, dispone que “Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro. El principio anterior excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen.”

La derecha venezolana, integrada por las huestes de los partidos Adeco y Copei y cierto número de empresarios sin partido, no lo ignoran. Pero, han echado a andar un operativo de propaganda internacional tras fracasar en el uso de la institucionalidad interna a la cual se sometieron para llegar al parlamento.

El pueblo venezolano sufre ahora las consecuencias de la caída del precio del petróleo que sustenta la mayor parte de su presupuesto público y es su principal fuente de divisas. En la década pasada el petróleo alcanzó más de 100 dólares el barril. Luego ese precio descendió hasta llegar a menos de 30. Ahora está a unos 49 dólares. Pero aún es poco para Venezuela. Por lo tanto, hay escasez de los bienes que se compran con los ingresos del petróleo, agravada por el boicot en la producción interna de bienes llevada a cabo por ciertos empresarios. Y esto es una tragedia para un país dependiente de la monoproducción, que no ha tenido tiempo de alcanzar una diversificación adecuada de su economía con los gobiernos de Chávez y Maduro. Es una emergencia frente a la cual todos los venezolanos debieran unirse como si estuvieran en guerra. A la derecha, sin embargo, le importa menos que un comino la suerte del pueblo. Tiene recursos para pasarla bien mientras la mayor parte vive agobiada por la escasez, unida al acaparamiento y la especulación practicados con celo ejemplar por muchos de los que hoy atacan a tiempo completo al gobierno de Maduro. La mayoría en el parlamento le sirve a la derecha para tratar de derrocarlo, en lugar de usar su poder para contribuir a superar la crisis económica. Y si llegara a tumbarlo no podría sobreponerse a la escasez cuya causa no es política ni depende de Maduro, sino del petróleo.

Tampoco a Luis Almagro le inquieta la crisis del petróleo. De repente su corazoncito derechista resolvió salir del armario y tratar de añadir a la OEA al cargamontón contra el gobierno de Maduro.

Cuando lo eligieron secretario general de la OEA muchos creyeron que por haber sido canciller de un gobierno progresista daría la talla de un diplomático ecuánime y confiable. Su connivencia con la derecha venezolana lleva a suponer que podría haber descubierto su vocación de pieza de ajedrez.

(2/6/2016)

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Por - Publicado el 23-05-2016

Por Jorge Rendón Vásquez

Muchos vieron el debate televisado de los dos candidatos a la presidencia de la República, organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (noche del 22/5/2016).

¿Pudo la mayoría que desconocía sus propuestas básicas enterarse de ellas al escucharlos, por lo menos a grandes rasgos?

Parece evidente que no.

Primero, porque es materialmente imposible que en solo tres minutos por tema un expositor pueda hacer conocer sus proyectos sobre lo que podría hacer desde la presidencia de la República. Tres minutos alcanzan apenas para una presentación somera de un punto de los muchos que comprenden cada tema, cuyo contenido es de por sí complejo y vasto.

Y, segundo, porque la capacidad de entendimiento de la mayor parte de electores de las cuestiones tan especializadas del gobierno es casi nula. En las aulas universitarias, los alumnos retienen no más de un 5% de la exposición del profesor si sólo la escuchan; si toman notas su retención puede ir de un 10% a un 20%. Y estos oyentes, de un nivel superior, están allí para entender lo que se les enseña.

Por lo tanto, el debate entre los dos candidatos fue más un show mediático complementado con los comentarios de algunos personajes y periodistas convocados para cumplir esta función.

Para los entendidos, Keiko Fujimori perdió: porque leyó un discurso que le prepararon otros y que ella probablemente no es capaz de redactar; porque se dedicó a mentir sobre el otro candidato; y porque se perdió en generalidades. Pedro Pablo Kuczynski estuvo más versado y aplomado, trasuntando conocimiento y experiencia.

En un comento sobre el debate entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori para la segunda vuelta de 2011 dije:

La impresión de los teleespectadores sobre este debate (29/5/2011) se configura por su nivel cultural, grado de comprensión de las exposiciones, madurez intelectual y hábito de ver televisión, además de otros factores de menor incidencia. Para los espíritus livianos acostumbrados a las telenovelas vacuas, talkshows escandalosos, noticias escabrosas y chismes de la “alta” sociedad, si es que pudieron aguantar la hora y media del programa, es posible que los rasgos relevantes hayan sido la manera de vestirse de los candidatos, su sonrisa y ciertas frases que atrajeron su atención.

[…]

Los opinólogos mercenarios, convocados para el comentario del debate, valoraron más la impresión del primer grupo de televidentes. Para eso los habían contratado, como una fase del plan de la derecha

[…]

En síntesis, lo que dijo (Ollanta Humala cuando prometía el oro y el moro) fue que promoverá el crecimiento de la riqueza nacional con inclusión social, lo que significa que esa riqueza deberá ir también a los trabajadores que la producen, a los sectores de la población de menores ingresos y a los que nada tienen, para desterrar definitivamente el estado de necesidad y la pobreza. […] Es insultante para las mayorías populares la multiplicación de edificios de departamentos al alcance sólo de quienes tienen los ciento cincuenta mil dólares o más que cuestan, el pantagruélico consumo de las clases ricas y medias en los restaurantes de lujo, los supermercados exclusivos para la gente de alto poder económico que reparten catálogos impresos en el papel más caro, el avisaje comercial en ciertos diarios de productos vedados, de hecho, para las clases pobres.

[…]

Y en esto los silencios de Keiko Fujimori la perdieron.

Calló lo que hicieron su padre y ella en la década del noventa cuando gobernaron el país, la razón de ser de las esterilizaciones de más de trescientas mil mujeres, el burdo y gigantesco latrocinio de los caudales del Estado, el despojo de una gran parte del poder de compra de los trabajadores, reduciendo sus derechos sociales y remuneraciones con la “flexibilidad laboral”, y, sobre todo, la manera como financiaría las ofertas que hace alegremente en las urbanizaciones populares, repetidas en su intervención de ayer. Es evidente que cualquier promesa de dar ciertos bienes y servicios sin redistribuir la riqueza es una mentira.

En el proceso electoral de 2011, Keiko Fujimori ganó en Lima, tanto en los barrios de más alto poder económico como en los de familias con ingresos bajos y en su mayoría paupérrimos. En este aspecto, la historia parece repetirse ahora. Que muchos de los ricos voten por ella se explica. Pero que los pobres le den su apoyo es aberrante. No es el primer caso en la historia del Perú, ni en la de otros países. Luego, los pobres reciben su merecido, cuando los candidatos de su preferencia no les dan lo prometido y hasta los oprimen con más saña y desprecio. (Más mi pegas, más ti quiero.) Es el juego de la democracia burguesa que se debería atacar para hacerla realmente democrática, haciendo a los electores más conscientes de su clase social y de sus expectativas de mejorar su condición económica.

Uno de los destinatarios de mis comentos (exdirigente sindical) me dijo que él no votará ni por Pedro Pablo Kuczynski ni por Keiko Fujimori. Le respondí que esa actitud era como un tul que no llegaba a ocultar su frustración de individuo aislado que no puede ni siquiera advertir la naturaleza y la fuerza de las grandes corrientes que mueven a las personas, incluso contra su voluntad. Era inútil recordarle la dinámica de la estructura de la sociedad y su marcha inexorable envolviendo a todos en sus términos antagónicos y llevándolos consigo.

La elección del próximo junio no tiene como fin cambiar la estructura de la sociedad. Con el dominio del congreso de la República por los representantes de Keiko Fujimori la suerte de nuestro país está casi echada. Darle también el puesto presidencial podría convertir al gobierno en una dictadura, que por sus raíces familiares y el arrejuntamiento de los políticos arribistas y de dudoso currículum económico que se le han plegado, repetiría la infausta década del noventa y podría hacer del gobierno la cabeza de un narcoestado.

Los electores obnubilados por Keiko Fujimori y por el voto viciado o en blanco deberían reflexionar sobre esto.

(23/5/2016)

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Por - Publicado el 14-05-2016

Por Jorge Rendón Vásquez

Hay un derecho laboral muy importante cuya subsistencia dependió de Pedro Pablo Kuczynski cuando era presidente del Consejo de Ministros. Él pudo haber bajado el pulgar para eliminarlo, pero, al contrario, lo levantó y ese derecho se mantuvo.

Este hecho, que trasciende el nivel de la anécdota, sucedió en junio de 2006 luego de un ir y venir de trámites que yo había impulsado.

A comienzos de ese año, el ministro de Trabajo Carlos Almerí Veramendi, quien había sido mi alumno en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Marcos, me pidió que lo ayudara en su gestión. Quería hacer algo por los trabajadores. Acepté y seleccioné en seguida una idea para cubrir un vacío legal, consistente en la ausencia de una norma que obligase a los empleadores a llevar un registro de asistencia al trabajo.

Con excepción de los informales, los empleadores, utilizaban tarjetas, cuadernos u otros documentos para registrar el ingreso y la salida de sus trabajadores con la finalidad de descontarles el tiempo de inasistencia y probar las ausencias justificatorias del despido. Pero lo hacían por propia conveniencia. Como no había una norma que los obligase a llevar ese registro, prescindían de exhibirlo a las autoridades para mantener a sus trabajadores realizando trabajo en tiempo extraordinario que no pagaban. Y esto se había convertido en una práctica común luego de julio de 1980 hasta establecerse como una irreductible norma ilegal en la década del noventa. Al ser requeridos por los inspectores de trabajo y los jueces para mostrar los registros de asistencia de sus trabajadores se negaban a hacerlo, aduciendo que no los llevaban y que ninguna norma los obligaba a tenerlos. Los jueces y los inspectores de trabajo convalidaban esa negativa, y así los trabajadores no podían cobrar por su trabajo en horas extras.

Redacté entonces un proyecto de decreto supremo por el cual se disponía, en síntesis, que los empleadores del régimen laboral de la actividad privada debían tener un registro permanente de control de asistencia en el cual los trabajadores firmarían al ingresar al centro de trabajo y al retirarse de él, y que deberían exhibirlo cuando lo requirieran las autoridades administrativas de trabajo, los jueces, la organización sindical y el propio trabajador.

El ministro de Trabajo Almerí Veramendi hizo completar la forma legal del proyecto y con otros documentos lo llevó al despacho con el presidente de la República, que era Alejandro Toledo. Este recibió las explicaciones de Almerí y firmó el decreto, que fue publicado al día siguiente en el diario oficial (5 de abril de 2006).

Los trabajadores y sus organizaciones tardaron en informarse de esta norma y de su importancia. En cambio, las organizaciones de empresarios, que cuentan con equipos de expertos en asuntos laborales, reaccionaron de inmediato y pidieron su derogatoria. Más iracunda y exigente fue la actitud de los funcionarios a cargo de las entidades del Estado con trabajadores en el régimen laboral de la actividad privada. Su presión se desbordó en una reunión del Consejo de Ministros en el que casi todos los ministros pidieron a gritos la derogatoria de la malévola norma. Toledo los miraba, preguntándose tal vez cómo pudo haber metido la pata. Finalmente, dispuso que el presidente del Consejo de Ministros se reuniese con los ministros para estudiar el asunto y propusiera lo que resultara conveniente.

La reunión se llevó a cabo en el local de la Presidencia del Consejo de Ministros, una antigua casona situada en la avenida 28 de Julio de Miraflores. El ministro Almerí se excuso de asistir por tener que viajar fuera de Lima y me pidió que lo representara con el Director de Asesoría Jurídica del Ministerio.

Los ministros se sentaron a los lados de una larga mesa y Pedro Pablo Kuczynski ocupó una cabecera. En la segunda fila se apiñaron los jefes de las instituciones públicas y de algunas empresas del Estado. Sus discursos fueron de tono y contenido dantescos: las empresas quebrarían porque con ese decreto tendrían que pagarles horas extras a sus trabajadores; se ausentaría la inversión privada y la economía se precipitaría en caída libre; y lo más dramático, en el presupuesto público no se había previsto egresos por horas extras y sin el concurso de ese trabajo gratuito la maquinaria estatal se paralizaría. Los jefes de las instituciones públicas exigieron a coro la derogatoria del decreto y, entre ellos, la jefa de Aduanas reveló sin ningún escrúpulo que su entidad nunca había perdido ni un juicio por horas extras y que si el empleado no quería trabajarlas tenía las puertas bien abiertas para irse. Un murmullo de feria aprobó estas palabras. Pedro Pablo Kuczynski los escuchaba en silencio. Cuando se agotaron las intervenciones de esa burocracia, pedí la palabra.

—Hay una norma en la Constitución Política —dije— que limita la jornada y la semana de trabajo. Pregunto ¿se le acata o se le infringe? Y seguí: el decreto de control de asistencia está ya en la calle, y los trabajadores lo han incorporado como un activo. (Exageraba, pero tenía que valerme de este argumento.) ¿Se lo quitarán? La jornada de ocho horas fue conquistada hace casi cien años con una huelga que paralizó Lima. ¿Quieren otra?

Kuczynski se inclinó hacia una funcionaria algo robusta y con una peluca a lo garzón, que era al parecer una consejera, y le cuchicheo algo.

La consejera dijo entonces:

—Como el presupuesto vigente no ha previsto el pago por horas extras, el decreto podría aplicarse en la administración pública recién a partir del 1º de enero del año próximo.

Pedro Pablo Kuczynski me dirigió la mirada, como en una negociación. Yo le hice un gesto afirmativo.

—Queda así entonces —dijo—. Se levanta la sesión.

El 4 de junio de 2006 se publicó el decreto supremo que disponía esa medida, corrigiendo en tal sentido el anterior decreto. Y así el control obligatorio del tiempo de trabajo quedó en vigencia.

Pedro Pablo Kuczynski había demostrado ser un hombre serio y poseer la estatura de un estadista.

Moraleja jurídica: en ciertos casos, no bastan las normas de fondo para el goce de tales o cuales derechos. Se requiere complementarlas con reglas de procedimiento para evitar que les saquen la vuelta.

(14/5/2016)

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Por - Publicado el 21-04-2016

El modelo económico actual se basa en las ganancias de las grandes empresas.1 Éstas, las que están y las que vienen atraídas por las ganancias, invierten y ganan, y de sus ganancias reinvierten, con lo cual el negocio crece y con él lo que usualmente llamamos “la economía”.

Para aumentar esta atracción por la ganancia, los gobiernos de turno les ponen hartas luces verdes, con lo cual por supuesto que ponen luces rojas a otros agentes. La libertad de otros acaba donde comienza la libertad de las grandes empresas.

  1. Así, las ganancias aumentan a costa de los trabajadores, que la tienen difícil para sindicalizarse, pueden ser despedidos expeditivamente, y se les recorta cualquier beneficio que tengan que pagarles los empresarios.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de los trabajadores.

  2. Las ganancias aumentan a costa del medio ambiente y de las comunidades vecinas, facilitándoles a las empresas que hagan “estudios de impacto ambiental” amañados, cambiados, hechos por empresas socias.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra principalmente de los campesinos e indígenas.

  3. Las ganancias aumentan a costa de los impuestos que las empresas deben pagar al estado (las empresas logran sus ganancias también gracias al uso de infraestructura pública). Los gobiernos de turno les rebajan los impuestos a través de diversos mecanismos, como exoneraciones tributarias, contratos ley, depreciaciones aceleradas, “obras por impuestos”, etc.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de la ciudadanía que paga sus impuestos completos y gracias a la cual estas empresas pueden operar en el país.2

  4. Las ganancias aumentan a costa de los consumidores, cuando las grandes empresas cobran precios de monopolio por sus servicios: tarifas elevadas por servicios públicos, altas comisiones por el mantenimiento de fondos de pensiones, tasas de interés sobrecargadas, etc.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de los consumidores.

Se trata, pues de un modelo económico desproporcionadamente orientado hacia las grandes empresas privadas, so pretexto del crecimiento. El objetivo de la economía a nivel social no es el crecimiento. El crecimiento es un medio, no un fin. El objetivo de la economía es aumentar el bienestar de los integrantes de una comunidad. No se trata de tener un estado al servicio de la gran empresa privada, pensando que lo que es bueno para la gran empresa privada es bueno para la sociedad, pues no es así. Tiene que haber un óptimo, un punto medio entre el incentivo a las empresas a invertir y el bienestar de los toda la comunidad nacional: trabajadores, campesinos, indígenas, ciudadanos, consumidores, no sólo los grandes empresarios.

Y los resultados saltan a la vista. Tenemos crecimiento, recién en los últimos años, gracias principalmente a los elevados precios de las materias primas (hoy elegantemente llamadas “commodities”). Durante el fujimorismo no hubo crecimiento ni se redujo la pobreza (hubo primero una subida y al final, una caída, dejándose todo casi igual). El crecimiento y la reducción de la pobreza recién ocurren a partir de mediados de los 2000, pero los salarios nunca recuperaron el nivel que tenían en 1973. Y es un crecimiento que lo experimentan tanto países de modelo neoliberal como países de modelo “chavista”, pues ambos son exportadores de materias primas. No se trata, pues, de un crecimiento “gracias a este modelo”.

Resulta pues que estamos ante un modelo inercial, facilista, sesgado hacia las grandes empresas, y sobre todo en agotamiento, que se derrumbará el día que caigan los precios de la materias primas, que ocurrirá tarde o temprano, como ocurrió antes con el guano y el salitre, el caucho o en la crisis de los 1930s. Generosamente se les llama ganancias, pero en muchos casos en realidad se trata de una renta por la extracción de recursos naturales. En esos casos estamos ante la renta de la tierra, no ante una verdadera ganancia capitalista. Estamos en una época del guano con esteroides y celulares.3

El debate no debería ser ya si cambiamos de modelo porque el que tenemos es maravilloso, como pregonan los voceros oligárquicos más oscurantistas y retrógrados, sino comenzar a delinear las bases de un modelo alternativo.

  1. Una versión previa de este post apareció primero aquí, en Facebook. Es un post en referencia a este artículo de opinión:

    El maldito “modelo económico”, por Roberto Abusada Salah
    Este régimen económico ha transformado al país, cortado la pobreza a la tercera parte y disminuido la desigualdad.

    y continúa las ideas expresadas en estos dos posts:
    Los cinco mitos de Althaus
    ¿Cuándo creció el Perú? []

  2. Añadiría que un caso especial de 3 ocurre cuando el estado abandona su actividad empresarial, para traspasársela a empresas extranjeras, privadas o estatales, que no operan bajo la lógica de la reinversión en el país, sino de la extracción de las ganancias generadas en el país hacia otros países. El crecimiento ocurre cuando las empresas extranjeras traen inversión, pero se va cuando las empresas extranjeras se llevan sus utilidades y no las reinvierten. []
  3. Esa es otra. Se hace pasar el impacto positivo en el campo peruano por el uso de celulares, como un logro del modelo económico neoliberal. []
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Por - Publicado el 04-04-2016
“La historia no se repite; rima”
Mark Twain

Verónika Mendoza pasaría a la segunda vuelta.1

1. Si es así, ¿podría ganarle a Keiko Fujimori?
2. Y si es así, ¿cómo sería su gobierno?
3. Y si es así, ¿cuán deseable sería desde un punto de vista contestatario que Mendoza gane la segunda vuelta y gobierne?

1. Viendo lo ocurrido en las elecciones del 2011, y luego en su rol opositor desde entonces, en que logró formar una alianza para quitarle al humalismo la directiva del congreso, está claro que el fujimorismo tuvo y tiene una mayor capacidad de formar amplias alianzas. Humala en la segunda vuelta de 2011 sólo pudo conseguir el apoyo de un todavía alguien Toledo, a nivel partidario. La mayoría de partidos apoyó a Fujimori. El apoyo importante de Humala fue el de Vargas Llosa, que lo potabilizó con la clase media limeña, sacrificando en algo el voto del Perú no limeño, como vimos en este post.

En una segunda vuelta, no está en duda que Mendoza, en su afán de ganar, tendría que anunciar una suerte de Hoja de Ruta.

Lo que estaría por verse son los términos de la misma. Para comenzar tendría que recurrir al apoyo partidario de Acción Popular, sucedáneo del toledismo (a su vez sucedáneo de Acción Popular), partido con el cual ya existe una alianza en el congreso. A esto se sumaría el apoyo del humalismo, definitivamente interesado en que no gane el fujimorismo, acaso un apoyo gubernamental sin influencia electoral.

Eso no le sería suficiente a Mendoza. La derecha apretaría sus tenazas sobre ella, acusándola por un lado de terruco-chavista y por el otro de corrupta-lavadora de dinero chavista. Ante eso, Mendoza necesitaría algo similar a lo que necesitó Humala en 2011. ¿Aceptaría Vargas Llosa apoyar a Mendoza? Pues, depende de las condiciones. A Vargas Llosa no le interesa que gane el fujimorismo, pero no otorgará su acreditación de aceptable a Mendoza, si no tiene las garantías de que Mendoza no va a hacer chavismo. Y para tener esas garantías pedirá cosas muy concretas, comenzando por la política económica. Lo primero que pedirá será la cabeza de Dancourt y su gente. Si no le dan eso, Vargas Llosa verá la elección entre Mendoza y Fujimori como elegir entre el cáncer y el sida y no se quemará a apoyar nada. Es decir, para ganar las elecciones, Mendoza tendría que repetir lo que hizo Humala en 2011 (una volteada temprana, que por cierto, fue aprobada y apoyada por Mendoza).

Desde luego que la cúpula del Frente Amplio podría no aceptar estos términos. Al fin y al cabo, ya no se trata de izquierdistas empotrados en el humalismo, sino de izquierdistas que dirigen su propio frente. Deberían obtener algo más de lo que obtuvieron como aliados de Humala. Ellos podrían contraproponer que su gente se quede, pero que lleve a cabo políticas neoliberales. Al fin y al cabo, varios de los de su equipo ya lo han hecho, Dancourt en el toledismo a comienzos de los 2000 (y en el 2011 Dancourt fue economista del equipo de Toledo y sólo en la segunda vuelta se incorporó al equipo de Humala) o Campodónico, que fue el economista de Castañeda o Francke, quien fue alto cargo en el fujimorismo. Total, más importante, para ellos, es su gente que las políticas. Quedaría por ver si Vargas Llosa aceptaría esos términos. Probablemente no. También es cierto que Vargas Llosa tiene menos influencia a nivel social que antes, pero también conserva alguna influencia clave en el sector caviar, centrista, macartista de la clase media y alta limeña. Y también es cierto que a nivel de equipos técnicos hay una mayor diversificación. Para hacer neoliberalismo, no es necesario gente de apellido Berckemeyer, Miró Quesada o Garrido, pues hay gente de apellido Carranza, Castilla o Segura.

Pero aquí también hay que considerar que quien manda no es precisamente Vargas Llosa, sino directamente el Departamento de Estado. Los Wikileaks sugieren que ni bien Mendoza pase a la segunda vuelta, tendría su reunión con la gente de la embajada de los EEUU (si no la ha tenido ya), que querría despejar dudas sobre lo que implicaría un gobierno de Mendoza.2 Ahí vendrían las verdaderas negociaciones y Mendoza tendría que dar garantías muy concretas, acotando su programa. Mendoza podría insistir en que Conga y Tía María no van (con lo de Espinar más). Al fin y al cabo, se puede hacer neoliberalismo sin Conga y sin Tía María. Pero, ¿por qué la embajada atracaría algo así, si puede sacar más en términos netos auspiciando a Fujimori? Como en los noventas, este también es un tema de lucha de tendencias en el seno de las agencias de los EEUU. Algunas están más interesadas en soluciones militares y prohibicionistas al narcotráfico y en los intereses mega empresariales; otras agencias inciden más sobre los formalismos democráticos. Suelen ganar las primeras, si la hacen bien, como cuando apañaron a Fujimori a comienzos de los noventas, pero si hacen mucho escándalo, acaban por ganar las segundas, como cuando hicieron caer a Fujimori a fines del los noventas y el 2000. A ver cuál gana esta vez.

2. El humalismo ha demostrado que una hoja de ruta es una total concesión al neoliberalismo, pero que aún así la derecha oligárquica ataca y demuele con todo. No por concederles algo, o todo, dejan de sentirse que están ante un gobierno comunista (ver el reciente artículo del numerario del Opus Dei y ex mano derecha de Pedro Beltrán, Arturo Salazar Larraín, quien asegura que el gobierno de Humala es un “segundo socialismo castrense”).

Ninguna hoja de ruta que conceda Mendoza evitaría la total y diaria demolición de El Comercio, P21, Correo y sus canales de television. Le caerían con todo y más fuerte que a Humala, Heredia y Villarán juntas. En el Frente Amplio, ya podrían preguntarse cuál es su incentivo para dar concesiones, aparte de ganar, si igual los van a demoler. Ante eso, tal vez sería mejor no dar concesiones y chocar con los poderes fácticos en serio, arrebatándoles al menos parte del poder. Así valdría la pena que se quejen igual, pues se redistribuiría en alguito el poder.

Esta situación colocaría a un posible gobierno de Mendoza en una situación similar a la del gobierno Humala: cercado por todos lados, en jaque permanente, llevando a cabo las políticas que vegetativamente van siendo diseñadas para la región desde las multilaterales, atacado por la derecha oligárquica, en una situación de una izquierda organizativamente débil. Sería en buena cuenta una continuación del humalismo con otros personajes.

3. Definitivamente una cierta continuación del humalismo sería mejor, menos peor, desde un punto de vista contestatario que el regreso del fujimorismo, con Alberto Fujimori presenciando libre, entre vítores, la toma de mando de su hija. Sería menos peor como opción que gane la segunda vuelta y como gobierno.

En todo esto hay un tema de fondo. No se pueden hacer cambios sociales sin un apoyo mayoritario y una mayor organizacion del movimiento social. En América Latina los gobiernos de izquierda han necesitado de una sólida organización social para hacer cambios sociales venciendo la resistencia del poder fáctico, es decir, de la clase dominante oligárquica. En su defecto, han necesitado crear esta organización desde el poder, un empoderamiento de las clases trabajadoras. Pero en el Perú la oligarquía sabe muy bien de qué va todo esto, e históricamente ha bloqueado cualquier fortalecimiento social que eventualmente le fuera a arrebatar el poder. Nunca ha dejado que se le escape ninguna rendija que deje entrar la luz en su mundo oscurantista y retardatario.

En el Perú, el postfujimorismo está quedando como una etapa histórica en la cual el voto se va radicalizando y logra elegir gobiernos, pero éstos hacen más de lo mismo y más bien resulta siendo el fujimorismo el fortalecido. La oligarquía, particularmente con el humalismo, entró en una dinámica de microdemolición a cada paso que daba el gobierno, que no dejó que se haga ya no digamos un cambio grande, sino al menos un cambio pequeño que permita hacer eventualmente un cambio grande. Lo que sí es claro es que la demanda de cambios sociales sigue ahí, acumulándose, embalsándose para reventar furibundamente en algún momento.

  1. Este post salió ayer en FB, aquí. []
  2. Cuando este texto fue escrito, Mendoza ya había tenido su reunión con el embajador de los EEUU Brian Nichols, aquí. []
Un comentario

Por - Publicado el 24-01-2016

1. Atarante. Haga preguntas cortas que requieran respuestas largas. En medio de la respuesta, interrumpa, haga más preguntas, cambie de tema. Así dejará la impresión de que la entrevistada no tiene cómo responder a su pregunta y no sabe nada del tema.

2. Aterre. Lleve cada respuesta del entrevistado al absurdo o al estereotipo. “Ah, o sea que ustedes proponen una dictadura como en Corea del Norte”. “Ah, o sea que ustedes proponen políticas populistas que llevan a la hiperinflación”. “Ah, o sea que ustedes proponen ahuyentar la inversión”. “Ah, o sea que ustedes apoyan el terrorismo”. Garantice que el entrevistado no pueda levantar la acusación interrumpiéndolo y haciéndole más acusaciones.

3. Evite centrar el tema en los puntos fuertes del entrevistado. Si el entrevistado es un técnico, lleve el tema a la política. Si el entrevistado es un político, lleve el tema a lo técnico.

4. Haga preguntas falsas. “¿Dejarán de ahuyentar la inversión que tanto necesita el país?” (Responda “sí” o “no”, el entrevistado se verá forzado a reconocer que ahuyenta la inversión). “¿Están ustedes a favor de las privatizaciones o se oponen al crecimiento del país?” (Falacia del tercero excluído. Sólo se presentan dos opciones, cuando hay más). Y si no responde la pregunta, acúselo de evadir una respuesta, o simplemente de negar los hechos.

5. Distraiga a la entrevistada con acusaciones personales. Que la entrevistada pierda tiempo respondiendo acusaciones para que nunca pueda hacer su propuesta. Incluso si responde bien a las acusaciones, quedará una sombra de duda sobre su persona.

6. Apodérese de la realidad. No le dé al entrevistado ninguna posibilidad de discrepar fácilmente con la imagen de la realidad que usted dibuja. Y si lo hace, que pierda tiempo refutándolo. No le pregunte sobre cómo ve la realidad. Afirme de frente que está demostrado el modelo económico actual es el que más le conviene al país, que ha traído un gran crecimiento, una gran redistribución y una gran reducción de la pobreza. Que la respuesta de su entrevistado gire en torno a intentar refutar esta afirmación. Siempre es más difícil plantear una idea en relación a una afirmación previa que plantearla libremente.

7. Haga enojar a su entrevistada. Píquela con acusaciones hasta que pierda los papeles y levante la voz. Usted también levante la voz, pero quien siempre perderá en imagen es ella, no usted.

8. Embosque. En medio de cualquier explicación de su entrevistado, pase imágenes que ilustren lo contrario a lo que éste señala, interrumpa y dé la palabra a un entrevistado sorpresa que está en la línea telefónica y deje malparado a su entrevistado.

9. Dos contra uno. Una forma de garantizar que su entrevistada quede siempre arrinconada es hacer la entrevista con algún colega que comparta sus criterios y que sea tan incisivo como usted con el entrevistado. No le den ningún respiro al entrevistado. Ametrállenlo con preguntas e interrumpan todas sus respuestas.

10. La casa gana. Cuando su entrevistado se haya ido, siga hablando del tema y refutándolo. Desde luego que así su entrevistado no podrá responder a nada, usted redondeará sus ideas (las de usted y de su empleador) y consolidará una mala imagen en su entrevistado.

[Publicado antes en Facebook aquí.]

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