Por - Publicado el 21-04-2016

El modelo económico actual se basa en las ganancias de las grandes empresas.1 Éstas, las que están y las que vienen atraídas por las ganancias, invierten y ganan, y de sus ganancias reinvierten, con lo cual el negocio crece y con él lo que usualmente llamamos “la economía”.

Para aumentar esta atracción por la ganancia, los gobiernos de turno les ponen hartas luces verdes, con lo cual por supuesto que ponen luces rojas a otros agentes. La libertad de otros acaba donde comienza la libertad de las grandes empresas.

  1. Así, las ganancias aumentan a costa de los trabajadores, que la tienen difícil para sindicalizarse, pueden ser despedidos expeditivamente, y se les recorta cualquier beneficio que tengan que pagarles los empresarios.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de los trabajadores.

  2. Las ganancias aumentan a costa del medio ambiente y de las comunidades vecinas, facilitándoles a las empresas que hagan “estudios de impacto ambiental” amañados, cambiados, hechos por empresas socias.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra principalmente de los campesinos e indígenas.

  3. Las ganancias aumentan a costa de los impuestos que las empresas deben pagar al estado (las empresas logran sus ganancias también gracias al uso de infraestructura pública). Los gobiernos de turno les rebajan los impuestos a través de diversos mecanismos, como exoneraciones tributarias, contratos ley, depreciaciones aceleradas, “obras por impuestos”, etc.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de la ciudadanía que paga sus impuestos completos y gracias a la cual estas empresas pueden operar en el país.2

  4. Las ganancias aumentan a costa de los consumidores, cuando las grandes empresas cobran precios de monopolio por sus servicios: tarifas elevadas por servicios públicos, altas comisiones por el mantenimiento de fondos de pensiones, tasas de interés sobrecargadas, etc.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de los consumidores.

Se trata, pues de un modelo económico desproporcionadamente orientado hacia las grandes empresas privadas, so pretexto del crecimiento. El objetivo de la economía a nivel social no es el crecimiento. El crecimiento es un medio, no un fin. El objetivo de la economía es aumentar el bienestar de los integrantes de una comunidad. No se trata de tener un estado al servicio de la gran empresa privada, pensando que lo que es bueno para la gran empresa privada es bueno para la sociedad, pues no es así. Tiene que haber un óptimo, un punto medio entre el incentivo a las empresas a invertir y el bienestar de los toda la comunidad nacional: trabajadores, campesinos, indígenas, ciudadanos, consumidores, no sólo los grandes empresarios.

Y los resultados saltan a la vista. Tenemos crecimiento, recién en los últimos años, gracias principalmente a los elevados precios de las materias primas (hoy elegantemente llamadas “commodities”). Durante el fujimorismo no hubo crecimiento ni se redujo la pobreza (hubo primero una subida y al final, una caída, dejándose todo casi igual). El crecimiento y la reducción de la pobreza recién ocurren a partir de mediados de los 2000, pero los salarios nunca recuperaron el nivel que tenían en 1973. Y es un crecimiento que lo experimentan tanto países de modelo neoliberal como países de modelo “chavista”, pues ambos son exportadores de materias primas. No se trata, pues, de un crecimiento “gracias a este modelo”.

Resulta pues que estamos ante un modelo inercial, facilista, sesgado hacia las grandes empresas, y sobre todo en agotamiento, que se derrumbará el día que caigan los precios de la materias primas, que ocurrirá tarde o temprano, como ocurrió antes con el guano y el salitre, el caucho o en la crisis de los 1930s. Generosamente se les llama ganancias, pero en muchos casos en realidad se trata de una renta por la extracción de recursos naturales. En esos casos estamos ante la renta de la tierra, no ante una verdadera ganancia capitalista. Estamos en una época del guano con esteroides y celulares.3

El debate no debería ser ya si cambiamos de modelo porque el que tenemos es maravilloso, como pregonan los voceros oligárquicos más oscurantistas y retrógrados, sino comenzar a delinear las bases de un modelo alternativo.

  1. Una versión previa de este post apareció primero aquí, en Facebook. Es un post en referencia a este artículo de opinión:

    El maldito “modelo económico”, por Roberto Abusada Salah
    Este régimen económico ha transformado al país, cortado la pobreza a la tercera parte y disminuido la desigualdad.

    y continúa las ideas expresadas en estos dos posts:
    Los cinco mitos de Althaus
    ¿Cuándo creció el Perú? []

  2. Añadiría que un caso especial de 3 ocurre cuando el estado abandona su actividad empresarial, para traspasársela a empresas extranjeras, privadas o estatales, que no operan bajo la lógica de la reinversión en el país, sino de la extracción de las ganancias generadas en el país hacia otros países. El crecimiento ocurre cuando las empresas extranjeras traen inversión, pero se va cuando las empresas extranjeras se llevan sus utilidades y no las reinvierten. []
  3. Esa es otra. Se hace pasar el impacto positivo en el campo peruano por el uso de celulares, como un logro del modelo económico neoliberal. []
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Por - Publicado el 04-04-2016
“La historia no se repite; rima”
Mark Twain

Verónika Mendoza pasaría a la segunda vuelta.1

1. Si es así, ¿podría ganarle a Keiko Fujimori?
2. Y si es así, ¿cómo sería su gobierno?
3. Y si es así, ¿cuán deseable sería desde un punto de vista contestatario que Mendoza gane la segunda vuelta y gobierne?

1. Viendo lo ocurrido en las elecciones del 2011, y luego en su rol opositor desde entonces, en que logró formar una alianza para quitarle al humalismo la directiva del congreso, está claro que el fujimorismo tuvo y tiene una mayor capacidad de formar amplias alianzas. Humala en la segunda vuelta de 2011 sólo pudo conseguir el apoyo de un todavía alguien Toledo, a nivel partidario. La mayoría de partidos apoyó a Fujimori. El apoyo importante de Humala fue el de Vargas Llosa, que lo potabilizó con la clase media limeña, sacrificando en algo el voto del Perú no limeño, como vimos en este post.

En una segunda vuelta, no está en duda que Mendoza, en su afán de ganar, tendría que anunciar una suerte de Hoja de Ruta.

Lo que estaría por verse son los términos de la misma. Para comenzar tendría que recurrir al apoyo partidario de Acción Popular, sucedáneo del toledismo (a su vez sucedáneo de Acción Popular), partido con el cual ya existe una alianza en el congreso. A esto se sumaría el apoyo del humalismo, definitivamente interesado en que no gane el fujimorismo, acaso un apoyo gubernamental sin influencia electoral.

Eso no le sería suficiente a Mendoza. La derecha apretaría sus tenazas sobre ella, acusándola por un lado de terruco-chavista y por el otro de corrupta-lavadora de dinero chavista. Ante eso, Mendoza necesitaría algo similar a lo que necesitó Humala en 2011. ¿Aceptaría Vargas Llosa apoyar a Mendoza? Pues, depende de las condiciones. A Vargas Llosa no le interesa que gane el fujimorismo, pero no otorgará su acreditación de aceptable a Mendoza, si no tiene las garantías de que Mendoza no va a hacer chavismo. Y para tener esas garantías pedirá cosas muy concretas, comenzando por la política económica. Lo primero que pedirá será la cabeza de Dancourt y su gente. Si no le dan eso, Vargas Llosa verá la elección entre Mendoza y Fujimori como elegir entre el cáncer y el sida y no se quemará a apoyar nada. Es decir, para ganar las elecciones, Mendoza tendría que repetir lo que hizo Humala en 2011 (una volteada temprana, que por cierto, fue aprobada y apoyada por Mendoza).

Desde luego que la cúpula del Frente Amplio podría no aceptar estos términos. Al fin y al cabo, ya no se trata de izquierdistas empotrados en el humalismo, sino de izquierdistas que dirigen su propio frente. Deberían obtener algo más de lo que obtuvieron como aliados de Humala. Ellos podrían contraproponer que su gente se quede, pero que lleve a cabo políticas neoliberales. Al fin y al cabo, varios de los de su equipo ya lo han hecho, Dancourt en el toledismo a comienzos de los 2000 (y en el 2011 Dancourt fue economista del equipo de Toledo y sólo en la segunda vuelta se incorporó al equipo de Humala) o Campodónico, que fue el economista de Castañeda o Francke, quien fue alto cargo en el fujimorismo. Total, más importante, para ellos, es su gente que las políticas. Quedaría por ver si Vargas Llosa aceptaría esos términos. Probablemente no. También es cierto que Vargas Llosa tiene menos influencia a nivel social que antes, pero también conserva alguna influencia clave en el sector caviar, centrista, macartista de la clase media y alta limeña. Y también es cierto que a nivel de equipos técnicos hay una mayor diversificación. Para hacer neoliberalismo, no es necesario gente de apellido Berckemeyer, Miró Quesada o Garrido, pues hay gente de apellido Carranza, Castilla o Segura.

Pero aquí también hay que considerar que quien manda no es precisamente Vargas Llosa, sino directamente el Departamento de Estado. Los Wikileaks sugieren que ni bien Mendoza pase a la segunda vuelta, tendría su reunión con la gente de la embajada de los EEUU (si no la ha tenido ya), que querría despejar dudas sobre lo que implicaría un gobierno de Mendoza.2 Ahí vendrían las verdaderas negociaciones y Mendoza tendría que dar garantías muy concretas, acotando su programa. Mendoza podría insistir en que Conga y Tía María no van (con lo de Espinar más). Al fin y al cabo, se puede hacer neoliberalismo sin Conga y sin Tía María. Pero, ¿por qué la embajada atracaría algo así, si puede sacar más en términos netos auspiciando a Fujimori? Como en los noventas, este también es un tema de lucha de tendencias en el seno de las agencias de los EEUU. Algunas están más interesadas en soluciones militares y prohibicionistas al narcotráfico y en los intereses mega empresariales; otras agencias inciden más sobre los formalismos democráticos. Suelen ganar las primeras, si la hacen bien, como cuando apañaron a Fujimori a comienzos de los noventas, pero si hacen mucho escándalo, acaban por ganar las segundas, como cuando hicieron caer a Fujimori a fines del los noventas y el 2000. A ver cuál gana esta vez.

2. El humalismo ha demostrado que una hoja de ruta es una total concesión al neoliberalismo, pero que aún así la derecha oligárquica ataca y demuele con todo. No por concederles algo, o todo, dejan de sentirse que están ante un gobierno comunista (ver el reciente artículo del numerario del Opus Dei y ex mano derecha de Pedro Beltrán, Arturo Salazar Larraín, quien asegura que el gobierno de Humala es un “segundo socialismo castrense”).

Ninguna hoja de ruta que conceda Mendoza evitaría la total y diaria demolición de El Comercio, P21, Correo y sus canales de television. Le caerían con todo y más fuerte que a Humala, Heredia y Villarán juntas. En el Frente Amplio, ya podrían preguntarse cuál es su incentivo para dar concesiones, aparte de ganar, si igual los van a demoler. Ante eso, tal vez sería mejor no dar concesiones y chocar con los poderes fácticos en serio, arrebatándoles al menos parte del poder. Así valdría la pena que se quejen igual, pues se redistribuiría en alguito el poder.

Esta situación colocaría a un posible gobierno de Mendoza en una situación similar a la del gobierno Humala: cercado por todos lados, en jaque permanente, llevando a cabo las políticas que vegetativamente van siendo diseñadas para la región desde las multilaterales, atacado por la derecha oligárquica, en una situación de una izquierda organizativamente débil. Sería en buena cuenta una continuación del humalismo con otros personajes.

3. Definitivamente una cierta continuación del humalismo sería mejor, menos peor, desde un punto de vista contestatario que el regreso del fujimorismo, con Alberto Fujimori presenciando libre, entre vítores, la toma de mando de su hija. Sería menos peor como opción que gane la segunda vuelta y como gobierno.

En todo esto hay un tema de fondo. No se pueden hacer cambios sociales sin un apoyo mayoritario y una mayor organizacion del movimiento social. En América Latina los gobiernos de izquierda han necesitado de una sólida organización social para hacer cambios sociales venciendo la resistencia del poder fáctico, es decir, de la clase dominante oligárquica. En su defecto, han necesitado crear esta organización desde el poder, un empoderamiento de las clases trabajadoras. Pero en el Perú la oligarquía sabe muy bien de qué va todo esto, e históricamente ha bloqueado cualquier fortalecimiento social que eventualmente le fuera a arrebatar el poder. Nunca ha dejado que se le escape ninguna rendija que deje entrar la luz en su mundo oscurantista y retardatario.

En el Perú, el postfujimorismo está quedando como una etapa histórica en la cual el voto se va radicalizando y logra elegir gobiernos, pero éstos hacen más de lo mismo y más bien resulta siendo el fujimorismo el fortalecido. La oligarquía, particularmente con el humalismo, entró en una dinámica de microdemolición a cada paso que daba el gobierno, que no dejó que se haga ya no digamos un cambio grande, sino al menos un cambio pequeño que permita hacer eventualmente un cambio grande. Lo que sí es claro es que la demanda de cambios sociales sigue ahí, acumulándose, embalsándose para reventar furibundamente en algún momento.

  1. Este post salió ayer en FB, aquí. []
  2. Cuando este texto fue escrito, Mendoza ya había tenido su reunión con el embajador de los EEUU Brian Nichols, aquí. []
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Por - Publicado el 24-01-2016

1. Atarante. Haga preguntas cortas que requieran respuestas largas. En medio de la respuesta, interrumpa, haga más preguntas, cambie de tema. Así dejará la impresión de que la entrevistada no tiene cómo responder a su pregunta y no sabe nada del tema.

2. Aterre. Lleve cada respuesta del entrevistado al absurdo o al estereotipo. “Ah, o sea que ustedes proponen una dictadura como en Corea del Norte”. “Ah, o sea que ustedes proponen políticas populistas que llevan a la hiperinflación”. “Ah, o sea que ustedes proponen ahuyentar la inversión”. “Ah, o sea que ustedes apoyan el terrorismo”. Garantice que el entrevistado no pueda levantar la acusación interrumpiéndolo y haciéndole más acusaciones.

3. Evite centrar el tema en los puntos fuertes del entrevistado. Si el entrevistado es un técnico, lleve el tema a la política. Si el entrevistado es un político, lleve el tema a lo técnico.

4. Haga preguntas falsas. “¿Dejarán de ahuyentar la inversión que tanto necesita el país?” (Responda “sí” o “no”, el entrevistado se verá forzado a reconocer que ahuyenta la inversión). “¿Están ustedes a favor de las privatizaciones o se oponen al crecimiento del país?” (Falacia del tercero excluído. Sólo se presentan dos opciones, cuando hay más). Y si no responde la pregunta, acúselo de evadir una respuesta, o simplemente de negar los hechos.

5. Distraiga a la entrevistada con acusaciones personales. Que la entrevistada pierda tiempo respondiendo acusaciones para que nunca pueda hacer su propuesta. Incluso si responde bien a las acusaciones, quedará una sombra de duda sobre su persona.

6. Apodérese de la realidad. No le dé al entrevistado ninguna posibilidad de discrepar fácilmente con la imagen de la realidad que usted dibuja. Y si lo hace, que pierda tiempo refutándolo. No le pregunte sobre cómo ve la realidad. Afirme de frente que está demostrado el modelo económico actual es el que más le conviene al país, que ha traído un gran crecimiento, una gran redistribución y una gran reducción de la pobreza. Que la respuesta de su entrevistado gire en torno a intentar refutar esta afirmación. Siempre es más difícil plantear una idea en relación a una afirmación previa que plantearla libremente.

7. Haga enojar a su entrevistada. Píquela con acusaciones hasta que pierda los papeles y levante la voz. Usted también levante la voz, pero quien siempre perderá en imagen es ella, no usted.

8. Embosque. En medio de cualquier explicación de su entrevistado, pase imágenes que ilustren lo contrario a lo que éste señala, interrumpa y dé la palabra a un entrevistado sorpresa que está en la línea telefónica y deje malparado a su entrevistado.

9. Dos contra uno. Una forma de garantizar que su entrevistada quede siempre arrinconada es hacer la entrevista con algún colega que comparta sus criterios y que sea tan incisivo como usted con el entrevistado. No le den ningún respiro al entrevistado. Ametrállenlo con preguntas e interrumpan todas sus respuestas.

10. La casa gana. Cuando su entrevistado se haya ido, siga hablando del tema y refutándolo. Desde luego que así su entrevistado no podrá responder a nada, usted redondeará sus ideas (las de usted y de su empleador) y consolidará una mala imagen en su entrevistado.

[Publicado antes en Facebook aquí.]

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Por - Publicado el 30-12-2015

No es un libro para tomarse en serio. Existen diversos análisis sobre la izquierda hechos por otra gente de derecha escritos con mucho mayor fundamento, que sí citan bien a sus fuentes, que tienen alguna especialidad en algo, y que sobre todo están mucho mejor escritos. Este libro está escrito con el hígado; supura bronca y complejos, acusaciones personales y descalificaciones en cada línea que uno lee. Es el boquillazo que precede a una mechadera convertido en libro.

Ni siquiera vale la pena perderse en las comidillas que va soltando, pues no es ninguna fuente confiable, ni cita con rigurosidad. Allá los reseñadores ayayeros que se pierden en buscar precisiones en estas comidillas como si éstas fueran algún aporte a algo.

Al autor, obviamente acostumbrado a escribir pequeñas columnas, le queda grande escribir un libro. Uno siente estar leyendo sus columnas de opinión en un formato grande e interminable. Es como ver a un jugador de fulbito, experto en pequeñas gambetas y sin físico para correr más, totalmente desubicado en una cancha de fútbol. Es un libro repetitivo y nada original, totalmente prescindible y por sobre todo que no tiene las de lograr su objetivo cual es supuestamente advertir al público sobre lo nocivo que es la izquierda para el Perú. Desde luego que tal mensaje le hace muy pero muy poca mella a la izquierda peruana. Por el contrario, gente como el autor contribuye mucho a esclarecer las cosas. Larga vida y que nunca pare de escribir como lo ha venido haciendo.

El mensaje del autor, cual gran catón, es que la izquierda debe desaparecer del país porque le ha hecho mucho daño. Arranca señalando dos debacles de la izquierda: el cierre de la revista Quehacer de DESCO (¿?) y el fracaso de Susana Villarán en la municipalidad de Lima. Se equivoca en lo primero. Quehacer había dejado de ser una revista de izquierda hacía ya mucho tiempo. Había apoyado al fujimorismo en los 1990s. Cerró porque no tenía nada que aportar. El fracaso de Villarán es connotado como un fracaso de la izquierda, sobre todo cuando ella logró no ser revocada a diferencia de sus regidores. Pero esa salvada quedó en nada al ocurrírsele ir a la reelección, y con “Diálogo Vecinal”, con lo que acabó personalizando su fracaso y mostrándose como muy oportunista, imagen que ha consolidado con su reciente integración a la plancha de Urresti. En una izquierda plural fracasa una opción y surge otra, no se fracasa necesariamente en bloque. Su fracaso claro que perjudica a la izquierda en general, pero es una situación remontable. Más aún cuando la derecha no tiene nada mejor que ofrecer.

El libro continúa con un recuento de “lacras izquierdistas” que la izquierda fue una gran asesina, que el modelo económico velasquista es un sida, que la izquierda está en decadencia intelectual, más un “testimonio de parte”. En este último acápite cuenta cómo la izquierda lo agredió durante toda su vida:
“Soy un ‘hijo de la revolución’ velasquista, así que de niño vestí uniforme escolar único como si fuera militar, tuva a Papá Noel y Mickey Mouse prohibidos y me ahogaron con un país cerrado al exterior y una televisión gris y repleta de discursos militares con transmisión ‘en cadena’ (en todos los canales en simultáneo).”

Y por supuesto, también lo agredió Sendero Luminoso y el MRTA. Humala amenazó regresar toda esa bazofia a su vida desde el 2006. Dice. Luego sigue un horripilante y olvidable recuento histórico sobre la izquierda peruana que concluye con que el “tumor” de la izquierda está derrotado, disperso y sin apoyo electoral. Pero claro, ahí viene su discurso sobre el “electarado” que por ahí acaba apoyando a opciones izquierdistas. La úlitma frase no tiene desperdicio:

“La izquierda local es un cóccix extra large, un vestigio inmenso de ese rabo que tuvimos los humanos cuando fuimos simios, un atavismo arcaico que tan solo nos ha traído desgracias. Una tragedia y una maldición”.

Y tampoco lo tiene su Post Scriptum titulado “Gracias (periodísticas) totales” dedicado a varios izquierdistas, pero también a otros nada izquierdistas:

“A Juan Carlos Tafur, zahorí colega que se entusiasmó con la respuesta a Lauer y me convenció para que escribiera semanalmente una columna

A Eduardo Carbajal Arenas (EC) y Luis Agois Banchero (EPENSA), que me despidieron, in motivo aparente o relevante, de trabajos muy queridos en periódicos.

A Carmelo X (no recuerdo su apellido), un editor del diario económico español Expansión, quien luego de una entrevista en diciembre de 1991 aseguró a un ilusionado y joven recién graduado que todo estaba OK para ese puesto de redactor y que lo llamarían esa semana…”

El denominador común para esta dedicatoria es el odio, no importa que se trate de gente de izquierda o de derecha. De hecho los maltratos más directos los sufrió el autor de parte de gente de derecha. Pero claro, haciendo un balance, finalmente lo trataron y lo siguen tratando más o menos bien. Suena a que si el autor del libro hubiera sufrido más episodios de maltrato de parte de la derecha, particularmente durante su niñez, en vez de ser anti-izquierdista habría sido un furibundo anti-derechista.

¿Por qué escribir un libro así? Ocurre que ya pasó la “época de oro” del autor, como director de Correo, y necesita un relanzamiento personal. Hoy el autor lleva muchas banderillas en el lomo. Su discurso está gastado. Sus broncas personales no despiertan interés en sus posibles empleadores que entienden que es alguien conflictivo y no confiable. Lo botan de Correo y se da nivel inventándose una conspiración brasileña para sacarlo. Todo su discurso tiene más valor de entretenimiento, para la derecha y a veces para la izquierda, que de esclarecimiento. Y es un discurso nada consistente: ha pasado de ser algo anticlerical a ser totalmente clerical, se ha mostrado en su rol más represivo, con incoherencias estatistas y dirigistas dentro de su supuesto liberalismo. Es un columnista asilado con una columna en P21, después de haber salido de El Comercio. Su programa televisivo ha salido del horario estelar del domingo por la noche para ser reubicado en la mañana.

Se nota que es una persona que no trabaja bien en la adversidad y que está muy interesado en que su libro sea aclamado para recuperarse de lo dolido que está por su caída de Correo.

¿Le funcionará?

Todo dependerá de si en la derecha hay cama para tanta gente. Con el nombramiento de Berckemeyer y Garrido en El Comercio y P21 ya quedó claro que la derecha tiene otros cuadros jóvenes mucho más preparados que el autor y sobre todo que sí son de la casta oligárquica. Al lado de ellos el autor es un antiguo guardaespaldas del cual tal vez la derecha no tenga ningún problema de prescindir. Ojalá que eso no ocurra y tengamos Aldo Mariátegui para rato.

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Por - Publicado el 30-12-2015

Con una veintena de campañas presidenciales más miles de campañas individuales para congresistas se crea una realidad política mediática distanciada de la realidad social y económica. Un gran circo electoral en que se pierde para la comprensión general lo esencial. Ya no hay contradicción principal ni secundaria. Y más aún cuando la tradicional oratoria demagógica les ha cedido el paso a los ritmos y bailes rodeados de peluches y muñecos de arrejuntamientos abiertamente oportunistas y sin principios. Es una hiper-enajanación. La imagen del opio del pueblo se queda corta para graficar lo que se avecina. Y desde luego, entre tanta dispersión, no falta el discurso inteligentón marisabidillo que declara que las contradicciones del capitalismo ya fueron, que hay que resignarse a lo que hay como muestra de una supuesta madurez o seriedad.

¿Cómo encontrar un hilo conductor que dé algún mínimo criterio orientador entre tanto laberinto?

Pues ir al tema de fondo.

El poder en el Perú lo sigue teniendo una oligarquia relanzada en los años 1990s en alianza con el poder de empresas extranjeras apoyadas por las embajadas de sus paises. Y este poder lo tiene pues ganó la partida, lo reconquistó tras el intento reformista militar de los 1970s y los intentos de ir más allá de este reformismo en los 1980s, intentos tanto electorales como insurgentes. Desde luego que la derrota no fue sólo de esas opciones políticas: perdieron las clases trabajadoras, ganó la clase oligárquica. Ahí están las privatizaciones corruptas y la consolidación de nuevos grupos económicos , el recorte secular de derechos laborales, el poder ilimitado de las grandes empresas de las comunicaciones, el relanzado poder clerical. Esta situación fue desafiada en parte en los años 2000s. Como la organización social y política estaba destruída y ganada por la resignación y el oportunismo, las asonadas contestarías, a nivel político, vinieron de los soldados veteranos de la guerra contrainsurgente. A diferencia de lo ocurrido con la insurgencia de los 1960s, en que los militares vencedores, sensibilizados y devenidos en contestatarios fueron coroneles, los militares vencedores de la insurgencia de los 1980s que se sensibilizaron socialmente fueron capitanes, que tuvieron que ganarse el apoyo electoral, al no tener el poder de dar un golpe de estado. Los ejecutores del “trabajo sucio” de la guerra resultaron tener un rol de vanguardia política contestataria. Una asonada en Locumba y otra en Andahuaylas fue su carta de presentación social y política en tiempos de post-guerra. Un pueblo sin sindicatos ni partidos fuertes vio en este segmento social y político una tabla de salvación, que podría revertir una situación en que la oligarquía más reaccionaria de las Américas más las embajadas extranjeras hacían y deshacían en un reconquistado Perú. Así surgió el humalismo, que acabó llegando al gobierno y renegando inmediatamente de sus promesas electorales. Con esta volteada se malversó todo un proceso de acumulación de fuerzas sociales y políticas. Muy al estilo de Fujimori con su promesa de no-shock en 1990: si en 1990 la moraleja era “si hasta los que prometen no-shock hacen shock, será que ese es el único camino posible”, pero con el neoliberalismo como único camino posible. El sistema ha sido capaz de entronizar este mensaje en prácticamente todas las fuerzas políticas existentes. El sistema político es como un servicio de cable con un montón de canales nada interesantes, que deja en el usuario la imagen de una inexistente variedad. Más aún, con la volteada de Humala hubo menos congresistas comprometidos con el movimiento social que durante el alanismo. Los que antes se opusieron tenazmente al baguazo, acabaron respaldando al gobierno en Cajamarca, Espinar, Tía María y en la ley pulpín. Un gran retroceso. Sin embargo, las contradicciones sociales siguen allí. No han desaparecido. Y sigue ocurriendo que la propia voracidad del sistema es la mejor incubadora de futuros levantamientos.

Tomará tiempo reconstruir y relanzar una organización social que defienda los intereses populares. Y más tiempo aún tomará que esta organización pueda trascender la reinvindicación social y lograr un efecto de tipo político. Igual está la coyuntura electoral y algo se puede hacer mientras ésta dure. Dadas las listas de candidatos/as no es que haya una opción que garantice un cambio de rumbo en el Perú.

¿Qué hacer?

Avancemos algunas ideas-fuerza:

– Obligar a que los candidatos se pronuncien sobre el modelo económico que rige en el país. Algunos puntos: 1. derechos laborales y sociales, de trabajadores, campesinos e indígenas, 2. relanzamiento de empresas estatales peruanas, en particular en industrias con fuerte presencia estatal extranjera y 3. programas sociales universales, 4. soberanía nacional, basta de intervención extranjera en el Perú. Es importante diseminar ideas-fuerza alternativas y contrarias a las impuestas por el neoliberalismo. Intentar que el debate esté en los temas de fondo y no en los ataques de campaña.

– Voto estratégico y apoyo al mal menor a nivel presidencial, desde luego sin dejar de criticarlo. Dado el diseño electoral, no tiene mucho sentido perder el voto en partidos sin opción de hacer alguna diferencia. Como en el billar, cuando no se puede ganar en la siguiente jugada, se debe dificultar que sea el oponente el que gane. Tal vez el voto que se perdería en apoyar opciones sin posibilidad de ganar sí pueda servir para determinar quién pasa a la segunda vuelta, con lo cual se puede orientar en algo esta segunda elección. Esto es un poder real. Este voto se irá delineando a medida que avance la campaña electoral.

– Voto cruzado. Menos mal que hay voto preferencial y no hay que votar por el orden determinado por los partidos, es decir, en muchos casos por el poder del dinero y en otros por el poder de las cúpulas partidarias. Si se vota estratégicamente a nivel presidencial, se puede votar por candidatos/as que al menos estén dispuestos a defender un par de reinvindicaciones populares: apoyo la resistencia antimegaminera, a los sindicatos, que se opongan a la presencia de tropas extranjeras en el Perú, etc. Dado el oportunismo reinante, difícilmente existirá alguien que apoye consecuentemente todas las reinvindicaciones sociales y políticas existentes. Como ya se vio con el humalismo, existe el riesgo real que los candidatos que se presentan como muy contestatarios acaben siendo los mejores defensores del sistema. Pero al menos que apoye algunas. Al menos debería recuperarse una bancada o un sector de congresistas que sintonice consecuentemente con algunas de estas demandas. Y dada la dispersión política electoral existente, estos congresistas podrían estar en diferentes partidos.

– Alerta social y resistencia. Como estamos ante un horizonte de derecha, y la oligarquía lo tiene muy claro, tratarán imponer una relanzada agenda de recortes de derechos laborales y sociales y de más concesiones y ventajas a los más poderosos, ni bien asuman el gobierno, en los primeros 100 días. Harán como Fujimori en 1990 con el no shock, quien se compró el apoyo de la “izquierda” mintiendo y a cambio de algunos ministerios, algo que también se vio con Humala. La diferencia es que Fujimori encontró una total desorganización, pero Humala se topó con un movimiento organizado a nivel social como a nivel político, con un gobierno regional (en Cajamarca) en sintonía con el movimiento social. Un nuevo gobierno de derecha entrará con bríos reformistas neoliberales, con la misma tecnocracia, la misma oligarquía gobernante y las mismas embajadas interventoras. Es a este poder fáctico al que hay que tener bien vigilado. Incluso si la arremetida no es de golpe y es gradual, contenida en pequeñas arremetidas “sectoriales”, la resistencia social es crucial.

Para la discusión.

(Este post apareció primero en Facebook, aquí).

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Por - Publicado el 21-12-2015

Finalmente Carlos Iván Degregori junto con Carlos Tapia y otros pasarían a la acción. De ser “intelectuales orgánicos” a las organizaciones campesinas , como la CCP, en una agenda insurgente, pasarían a ser “intelectuales orgánicos” a las fuerzas del orden, en una agenda contra-insurgente. A alentar y dar legitimidad social e intelectual a los “Comités de Autodefensa” contrasubversivos organizados por los militares. Una clara toma de partido por el estado en la guerra contrainsurgente. En el IEP se realizarían encuentros de rondas campesinas dirigidos por Carlos Iván Degregori, calificándolas éste de ser una ola democrática que va del campo a la ciudad.

Más aún, a comienzo del fujimorismo, a pesar de las violaciones de derechos humanos cometidas antes como después del golpe de 1992, Degregori y Tapia plantearían explícitamente un alianza con el estado. En las publicaciones de ambos, queda claro su apoyo al estado en su estrategia contrasubversiva como su falta de crítica a las violaciones de derechos humanos por el estado. Tanto Degregori como Tapia pintan una estrategia contrasubversiva de parte de los militares respetuosa de los derechos humanos, “autoritaria no-genocida”. Un nuevo mito. Una idealización de lo que en realidad fue esta estrategia. Ninguno de ellos incluye en sus analisis condenas a masacres como la de Barrios Altos o de la Cantuta. Supuestamente ya no se producen masacres de parte del estado en el campo peruano. Incluso hay palabras de elogio a Fujimori. Ambos estaban activamente trabajando en el apoyo a los militares en su estrategia contrasubversiva, como consultores y asesores o como comunicadores intelectuales a favor de esta estrategia.

En esa línea, se dedican a debatir mediáticamente con los líderes de izquierda que cuestionaban al estado y al sistema, a defender ante ellos el plantemiento de una alianza entre la izquierda y las FFAA. También realizan encuentros con jóvenes, diseminando la idea de una “alianza” con la fuerzas armadas. Es por esos años que Degregori circula privadamente su ensayo de crítica a Flores Galindo.

En esos años, fines de los 1980s y comienzos de los 1990s hubo dos triunfalismos que marcaron a este sector de la izquierda. El primero fue el de la caída del muro de Berlín y el derrumbe del sistema soviético, que ablandó la crítica al capitalismo y fue asumido como un imperativo de aceptar el sistema y defenderlo. El segundo fue la aceptación del discurso fujimorista, que primero exageró el poder de Sendero Luminoso con el fin de hacer aceptable un golpe de estado y las políticas dictatoriales que le siguieron, y luego se presentó como el realizador de una política contrasubversiva inteligente y exitosa, ocultando masacres y escuadrones de la muerte. Este sector de la izquierda idealizaría y validaría la política contrasubversiva de los primeros años del fujimorismo, evitando criticarla en tiempo real. Luego, ya en la CVR cambiaría de discurso, criticándola dura y preferencialmente por sobre los gobiernos previos, llamados democráticos, en atención a las necesidades políticas de comienzos de los 2000s.

1. La reconversión hacia la senderología
Carlos Iván Degregori se reconvierte a la senderología a partir de sus artículos de opinión en el Diario de Marka, donde comienza opinando sobre muchas cosas, ver 1982: el “libio” Degregori. No es que opinara particularmente sobre Sendero Luminoso, ni que aportara una gran documentación sobre el tema. Opina sobre Sendero en la medida en que Sendero Luminoso se expandía y se convertía en un fenómemo sobre el cual todo analista político tenía que decir algo. De lo que Degregori sostiene a comienzos de los años 80s poco queda en su discurso posterior, expresado en sus documentos de trabajo y libros publicados por el IEP, principalmente con apoyo de la Fundación Ford. Ver Del mito revolucionario al mito oenegista.

Degregori era una suerte de esponja que absorbía lo que se decía en el ambiente y lo comunicaba mediante alguna singular fábula o metáfora. Y así como un día decía una cosa en forma categórica, al día siguiente por ahí decía lo contrario con alguna fábula opuesta y encima con sorna hacia quien afirmara lo que él mismo había afirmado antes. Como si nada hubiera pasado. Podía afirmar categóricamente que Sendero Luminoso era milenarista andino para luego asegurar que Sendero no era para nada milenarista andino. Podía afirmar categóricamente la necesidad de un proyecto que incluyera la lucha armada, para luego condenar a quien sugiriera la lucha armada como opción de la izquierda.

Este estilo fabulador, en contraste con un discurso de izquierda dogmático, formalista, lleno de clichés y frases hechas, transmitía en forma impresionista la idea de una amplitud y versatilidad de pensamiento. Desde luego que era sólo una impresión, pues Degregori se caracterizaba por un gran esquematismo conceptual. De la misma forma en que sentenciaba categóricamente que Sendero Luminoso era milenarista andino, un buen día se lanzaba con que Sendero Luminoso quisiera ser el equivalente de un “Túpac Katari colectivo”, exclusivista y cerrado; mientras la Izquierda Unida debería ser un “Túpac Amaru colectivo”, inclusiva y abierta. (23 de enero de 1983, El Caballo Rojo), aquí. Un senderista, andino, laborioso e independiente, deja las armas y va a Lima a ser microempresario. Un militar, criollo, ocioso y dependiente, un “pretoriano”, deja las armas y va a Lima a ser guardaespaldas, aquí. Los manuales de marxismo resulta que conducen al senderismo, según Degregori, sin advertir que esos mismos manuales fueron leídos por las izquierdas más electoralistas del mundo, como la chilena o la francesa, italiana o española. Y entre las imágenes de Degregori no faltaban algunos “préstamos” como el “qué difícil es ser dios”, obra de ficción soviética, de Arkadi y Boris Strugatski, aquí.

Quien rompe la baraja en la senderología local, como ya vimos aquí, es Henri Favre, quien con sus tesis sienta las bases lo que será la senderología posterior, particularmente la de Degregori, consistente en negar con todo que la insurgencia senderista fuera la expresión de una rebelión campesina. Era una rebelión lumpen, de una lumpen-intelligentsia, de masas de ex-identidades, “desindianizadas” y “descampesinizadas”. Degregori le añade a esta visión, la idea de una “huída hacia adelante” senderista, ante sus fracasos en influir en el movimiento social, idea criticada duramente por Nelson Manrique, aquí. Degregori plantea desde comienzos de los 1980s la idea de “huída hacia adelante” senderista, pero la modifica, sin explicación alguna, como vimos aquí. Esta idea es planteada en diversos medios y documentos de trabajo hasta que la plasma en su libro “El Surgimiento de Sendero”, que reconvierte del todo a Degregori en un senderólogo. El libro, si algo hace, es documentar el origen social y regional de Sendero Luminoso. No es un movmiento implantado en la región desde fuera, cual ocurre en buena parte con las guerrillas de 1965, sino que surge por las condiciones propias de la región. No es algo que no se supiera, como que Degregori se basa en materiales ya elaborados y publicados por otros autores, pero era un aporte de carácter histórico a la comprensión del fenómeno senderista. A nivel político, sin embargo, el libro fue utilizado por Belaúnde y sus seguidores, en plan de asegurar que el senderismo surgió durante y gracias al velasquismo y por lo tanto era un problema heredado por el segundo belaundismo.

2. Desenlace práctico: política contrainsurgente
La senderología fue una disciplina que siempre estuvo ligada a las entidades contrainsurgentes. Gustavo Gorriti claramente recurrió a fuentes policiales para escribir su conocido libro. Raúl González de Desco hizo muchos tempranos reportajes que salieron en Quehacer, pero después quedó claro que tenía vinculaciones con los organismos militares. Los senderólogos extranjeros, como David Scott Palmer y Cynthia McClintock, estaban claramente vinculados al diseño de política exterior de los EEUU, como el Departamento de Estado. Palmer era un conocido profesor de la “School of the Americas”, la famosa “Escuela de Asesinos” donde se forman los golpistas y represores latinoamericanos. Degregori, como Tapia y otros, no fue la excepción a esta tendencia y por supuesto que fueron orgánicos al delineamiento de una política contrasubversiva de parte de las Fuerzas Armadas y policiales.

3. La definición de la izquierda a favor del estado
El sector mayoritario de la Izquierda Unida (IU), si bien se define en contra de Sendero Luminoso, mantiene un discurso antisistema, principalmente en sus bases. Sin embargo, el sector minoritario, que sigue a Alfonso Barrantes, apoya decisivamente a Alan García durante todo su gobierno, comenzando por renunciar a ir a una segunda vuelta en las elecciones de 1985. Y lo apoya en hechos críticos, como la matanza de los penales de Lima de 1986.

En los años posteriores en esta izquierda se da un debate que acaba con la división de varios partidos y finalmente con la división de la IU en el congreso de Huampaní de 1989. Ambos sectores participaban del juego democrático, pero un sector, el mayoritario, en el cual estaban los “libios” del PUM, acusado por el otro de “vanguardista-militarista”, apostaba por la “autodefensa de masas” y finalmente, en el discurso, por realizar acciones armadas contra el estado. El otro sector, los barrantistas, entre los cuales estaban los “zorros” del PUM, tenía muy clara su opción a favor del estado, del capitalismo como sistema no sólo tolerable, sino deseable, estaba dispuesto a alianzas con García como con el fujimorismo, y desde luego que tenía muy clara su opción contrasubversiva. A este último sector pertenece Carlos Iván Degregori.

Durante los dos primeros años del fujimorismo, estos dos sectores mantienen sus discrepancias. Si en el senado Javier Diez Canseco denunciaba al fujimorismo por desacatar sus promesas electorales, quien le respondía con gran sarcasmo no era la derecha, sino el senador Edmundo Murrugarra, y el contrapunto eran retransmitido en horarios estelares en los noticieros gobiernistas. Murrugaba se burlaba de su ex-seguidor en VR por quejarse de haber sido engañado. Y a continuación defendía al gobierno y sus políticas económicas como necesarias.1

Por esos años, comienzos de los 1990s surgieron también publicaciones de diversos entonces ya no tan jóvenes “liberales de izquierda”, que renunciaban a toda perspectiva anticapitalista como identificable a las ideas caídas con el sistema soviético, que asumían la defensa de un “capitalismo popular”, que desde luego era encarnado por el fujimorismo.

Este clima de justificación del capitalismo y del gobierno que había desacatado su promesa electoral más importante, cual era la de no dar un “shock” económico, favorecía que desde la izquierda se apoyara la política contrasubversiva del gobierno. En octubre de 1990 Santiago Pedraglio esboza lo que después se constituiría en el discurso contrasubversivo “de izquierda”, “democrático”, supuestamente sin masacres de los militares ni escuadrones de la muerte, con apoyo de la ciudadanía, ante la letalidad, autoritarismo y totalitarismo de Sendero Luminoso (Pedraglio, Santiago 1990 “Seguridad democrática integral: armas para la Paz”. Lima: IDL.) Aquí se adelanta como ideal una política contrasubversiva que luego el discurso de Degregori, Tapia y otros presenta como un ideal realizado.

4. La alianza de la “izquierda” con las FFAA: el debate entre Degregori y Diez Canseco
En marzo de 1992 las discrepancias entre estos sectores de la izquierda se exteriorizan en un debate entre Javier Diez Canseco y Carlos Iván Degregori en la Revista Sí. Diez Canseco plantea una “tercera vía” entre las FFAA y SL, criticándolos a ambos. Degregori critica a Diez Canseco por cuestionar “por igual” al gobierno y a SL y plantea una alianza entre la izquierda y las FFAA.

El asesinato de María Elena Moyano ocurre en febrero de 1992, y es el que da pie a este debate. Alguna gente de la izquierda, particularmente la del sector zorro que devino en barrantista al cual Degregori pertenecía, y ya estaba apoyando al gobierno de Fujimori, reacciona ante este asesinato planteando en forma abierta una alianza con las FFAA. Más aún, Degregori es quien gatilla el debate atacando a Javier Diez Canseco, quien había sido entrevistado por la Revista Sí, de cuyo consejo de redacción Degregori formaba parte.

El discurso de Degregori incide en modernizar a la izquierda ante la caída del muro de Berlín y del sistema soviético, aceptar la defensa del estado y del sistema capitalista. Era un discurso que asegura que las FFAA habían dejado de ser tan represivas, que la constitución de rondas paramilitares era una muestra de este cambio de política. En este discurso de lógica contrasubversiva, idealizador de las fuerzas represivas como del gobierno “democrático” de Fujimori, no se consideran hechos graves como los cometidos escuadrones de la muerte de Fujimori, ANTES del golpe de abril de 1992, tanto en Lima como en el Perú no limeño.

Este debate sería cortado pocos días después por el golpe del 5 de abril de 1992, que crea una nueva situación política. A pesar de este golpe, el planteamiento de coordinaciónde de la izquierda con las FFAA y la defensa del estado, continúa de parte del sector al cual pertenecía Degregori, y se consolida en una narrativa contrasubversiva de “izquierda”, como se aprecia en las publicaciones de la época, de Tapia, Degregori o Pedraglio, como posteriormente en la CVR.

El lector o la lectora puede ver directamente el debate aquí. Los propios oponentes se expresan así:

Carlos Iván Degregori:

Este gobierno ha sido elegido y puede ser cambiado en elecciones. No sólo eso, existen espacios, derechos y mecanismos para presionar por cambios que, incluso en medio del actual colapso son infinitamente mayores que los que permitiría SL. Si no se aprovechan más es por incapacidad de los opositores – este año el presupuesto neoliberal se aprobó sin un mísero dictamen en minoría – que por naturaleza del régimen político. Porque la elección no es entre SL y las FF.AA., sino entre el proyecto totalitario senderista y este régimen político, que en buena parte fue conquista del pueblo a fines de los ’70s.
(…)
Lo asombroso es que estas FF.AA. violadoras de derechos humanos, aparezcan como el mal menor para los campesinos que, ante el colapso de otras instituciones estatales y la ausencia de partidos políticos, han optado por coordinar con los militares, sin pedir antes que haya “otras FF.AA. ¡Ellos que sufren sus características negativas más que nadie! Dice mucho de su pragmatismo, de su olfato político y, sobre todo, de la brutalidad de SL. A menos que se crea que los campesinos del Mantaro o Ayacucho son meros títeres manipulados por las FF.AA.

En realidad, luchar por transformar el país y derrotar a SL son tareas simultáneas, pero de distintos ritmos y plazos. La vida demuestra que la batalla contra SL es mucho más inmediata. Más aún, en muchas partes del país, es dentro de esa batalla que está surgiendo un Perú nuevo, de perfil inédito, que tal vez no nos guste pero que no podremos modificar ni criticar si permanecemos fuera. Tomar parte de esa batalla no implica arriar ninguna bandera sino ser coherentes con lo que en otros campos ya se viene haciendo de facto: coordinar con el Estado.

Se aducen, finalmente, razones pragmáticas para no hacerlo. Es difícil y a veces imposible coordinar con unas FF.AA.que siguen produciendo el mayor número de desapariciones en el mundo y con unas Fuerzas Policiales corruptas. Sí, es muy difícil. Pero la situación podría cambiar.

Javier Diez Canseco:

Defender este sistema y alinearse con estas Fuerzas Armadas no tiene nada de realista como opción de estrategia antisubversiva. Porque el “mal menor” que se nos plantea respaldar, el sistema actual y el régimen imperante es, francamente, demasiado malo.
(…)
En este sistema la “democracia” consiste en que el elegido haga exactamente lo contrario a lo que prometió para que voten por él, enfrenta a los otros poderes, hace caso omiso a las protestas sociales y no quiere cumplir las leyes. Y hay ahora nuevos grupos paramilitares que ponen sobres-bomba y asesinan, mientras seguimos siendo el país con más detenidos-desaparecidos y las torturas, asesinatos y masacres por parte de las “fuerzas del orden” continúan.

¿Este es el sistema que quieren que apoyemos? ¿Es respaldar este sistema injusto, autoritario, asesino, el camino para derrotar a Sendero Luminoso?

Seguimos pensando exactamente lo contrario: ese es el camino que más le conviene a Sendero. Es más ellos mismos lo han dicho en más de una oportunidad, que buscan que toda la sociedad se alínee así: a favor o en contra de ellos, a favor o en contra del actual sistema. Sólo dos caminos: Sendero Luminoso o el capitalismo en crisis. Abimael Guzmán coincide con Degregori y Rospigliosi, o mejor dicho: Degregori y Rospigliosi coinciden con Abimael Guzmán. ¿No se han preguntado el por qué de esta pasmosa coincidencia?

(…)
Se nos pretende decir que apoyar este sistema es respaldar todo lo bueno que debe ser en teoría y no lo malo que es en la práctica. Que respaldar a las Fuerzas Armadas no es respaldar sus “excesos”, apoyar esta democracia no es aceptar los “excesos” presidenciales ni el programa económico.

Lamentablemente, la realidad va siempre antes que las teorías, y a veces sola. Así lo ve la población. Por eso, para quienes pregonan la tesis de que la izquierda debe apoyar a las Fuerzas Armadas, una gran pregunta que deben contestar: qué hacemos con el tremendo rechazo que tiene la población hacia este Estado y estas Fuerzas Armadas. “Sí es muy difícil, pero la situación podría cambiar”, nos dice Degregori. Pero no lo ha hecho. Y la experiencia de las rondas de autodefensa en Ayacucho muestra, sin embargo, que esa política de colaboración con las FF.AA. no ayuda a este cambio: ahora las rondas paramilitares también cometen violaciones de derechos humanos y asesinan campesinos.

La realidad nos muestra que hay una unidad entre militarización y estrategia contrasubversiva violatoria de los derechos humanos, régimen político autoritario y aplicación del ajuste neoliberal. Unas y otras se refuerzan entre sí.

Y la respuesta de Carlos Iván Degregori:

Agradezco la respuesta de JDC, porque el debate puede ser una forma fructífera de relación humana. Pero creo que decidió exorcisar sus propios fantasmas, proyectando en mí su temor a crecer. El senador quisiera seguir como una suerte de Peter Pan permanente, habitando por siempre un país de nunca jamás, sin descender a la realidad concreta. Confunde madurar con resignarse, rendirse, claudicar.
(…)
Hace unos días, en Expreso, Neptalí Carpio criticaba el carácter demasiado criollo y hasta aristocrático de una parte de la dirigencia izquierdista. Tal vez hay que hurgar en la tradición caballeresca hispana para entender esta resistencia al cambio, esta opción por ser consecuentes con una idea y no con las masas, con la historia, con la vida.

Resulta igualmente penoso ver al senador Gustavo Mohme, por ejemplo, firmando comunicados radicales donde se condena con igual énfasis al gobierno y a Sendero Luminoso, que avanza, entre otras causas, porque sí es consecuente con su discurso.

Degregori de haber estado en el sector minoritario del PUM como de la IU, empoderado por la caída del muro de Berlín y por el debilitamiento de la izquierda ante el fujimorismo, pasa a la ofensiva atacando a Diez Canseco por “condenar por igual a SL y al gobierno y su programa neoliberal”.2

5. Uso de las rondas campesinas norteñas en una lógica contrasubversiva
En diciembre de 1991 el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) celebra un encuentro de rondas campesinas al que asisten ronderos de Cajamarca y “ronderos” de zonas de emergencia de Ayacucho, Apurímac, Huancavelica y Junín. En este encuentro inevitablemente se homogenizan problemáticas diferentes bajo el mismo nombre de “rondas”, cuando se trata de fenómenos totalmente diferentes. Básicamente se refuerza la imagen de las llamadas “rondas” contrasubversivas como similares a las rondas autónomas creadas por los campesinos norteños, con lo cual se lleva agua al molino de una “alianza” entre los campesinos y los militares.

Orin Starn, organizador del evento, hace una atingencia, que es como una “letra pequeña” dentro de un mensaje emitido con letras gigantes:

los grupos de la zona de emergencia se formaron a partir de 1983 por iniciativa de las Fuerzas Armadas y para combatir a Sendero. Originalmente, estas rondas de Ayacucho, Apurímac, Huancavelica y Junín fueron conocidas como “Comités de Defensa Civil” o simplemente “montoneros”. Pero frente a las crecientes críticas a los militares por forzar a los campesinos a entrar en la guerra, varios altos oficiales rebautizaron a los comités de defensa como “rondas campesinas” para sugerir, falsamente, que integraban el mismo movimiento originario del norte.
Fujimori habla todavía de la “institución de los ronderos” sin distinguir entre los muy diferentes orígenes y misiones de los grupos de autodefensa en las dos regiones.

Desde luego que para que el IEP pueda traer a líderes ronderos contrasubversivos tiene que haber habido conocimiento y aprobación de los militares. Les tiene que haber parecido una buena idea este tipo de encuentro. El IEP publica un documento de trabajo sobre este encuentro recién en abril de 1993, aquí.

Este encuentro es un indicio que para diciembre de 1991, antes del debate entre Diez Canseco y Degregori, la coordinación con el estado ya se estaba produciendo.

Degregori es más explícito que Starn en buscar lo común entre rondas y “rondas”:

¿Qué es lo que hay de común entre las rondas del norte y las del centro del país? Yocreo que hay dos cosas en común: la primera es, como dijo Jaime Urrutia al inicio, un pueblo en busca de un Estado. Las rondas tanto del norte como del centro surgen a partir de la inoperancia del Estado en combatir al abigeato, en imponer la paz y derrotar a la subversión. En las exposiciones tanto del norte como del centro el Estado aparece inoperante, con mucha corrupción e injusticia, incapaz detraer el desarrollo. La diferencia es si se siguen enmarcando o no dentro de este Estado tratando de pelear por transformarlo o no. En ese punto ha habido diferencias con algunasintervenciones del norte, porque también dentro del norte hay algunos expositores que subrayaban el marco de la Constitución y laley. Lo que va salir a después de este conflicto con Sendero -porque en algún momento tendrá que terminar- es otro Estado; es decir, de todas maneras el viejo Estado que quería destruir Sendero Luminoso no va a continuar.

Y más aún, Degregori insiste en su discurso anti-estatista, pero resaltando la relación de los campesinos con los militares, “un pueblo que busca al Estado y que transforma al Estado y que lo hace más democrático”:

Puede ser que en el Perú pasen décadas de desastre, pero hay posibilidades de que el país que surja en el futuro sea más democrático, en el sentido de que el campesinado ya no es como oveja que va al matadero. El campesinado ha levantado cabeza, y en varias de las intervenciones del centro se puede constatar cuando dicen ya no esperamos todo del Estado, nosotros tenemos que ser los que tomemos la solución a nuestros problemas, con nuestras propias manos. Si nuestros compañeros del norte se fijan bien, es más o menos igual que lo que ellos hicieron para enfrentar a los abigeos, sino que en este caso el enfrentamiento es contra Sendero, adversario cualitativamente diferente.

Por esto último parece ser que para enfrentar a Sendero los ronderos necesitan la relación con la Fuerza Armada, que no requieren en el norte. Me imagino que en muchos casos no es porque les guste o porque sean militaristas o tengan espíritu de “Rambos”, sino por necesidad. En síntesis, podemos hablar de dos semejanzas: de un pueblo que busca al Estado y que transforma al Estado y que lo hace más democrático y, segundo, de un pueblo que levanta cabeza. La gran diferencia es la militarización: en el norte no se ha producido, pero en el centro sí.

En este discurso Degregori ya deja entrever las ideas-fuerza que expresará con más claridad años despues: que hay una “primera etapa” en que los militares entran a “arrasar con la guerra sucia”, y que hay por lo tanto una siguiente etapa en que esto ya no ocurre y los militares dejan de imponerse: “hay una voluntad campesina de hacer rondas y, por lo menos en el caso del centro, de coordinar con la Fuerza Armada”:

Yo viví una primera etapa que fue mencionada sobre todo por Coronel, en la cual la Fuerza Armada entra a arrasar con la guerra sucia por lo menos en Ayacucho. Entre 1983 y 1985, entra a obligar al campesinado a formarse en rondas y no tiene éxito. Y es aquí que se produce una reflexión, como decía el representante de Satipo: hay relación con la Fuerza Armada, pero no puede ser una relación de subordinación total porque así no funciona.

Los campesinos no son como máquinas o robots que uno sólo tiene que apretar, aunque hasta las máquinas se rebelan a veces. Si fuera sólo la Fuerza Armada la que va a imponer la ronda en contra de la voluntad del campesinado, la ronda no funcionaría y ahí está la prueba de Ayacucho en los años 1983-85. Cuando el Estado quiere imponer y el campesino no quiere, no funciona la ronda. A partir del 89 las rondas comienzan a funcionar; puede ser por iniciativa militar, por imposición militar -a veces hay abuso de los militares que llevan a los dirigentes de la ronda al cuartel porque no han cuidado bien la torre y les pegan como si fueran siervos de su hacienda-; pero si no hubiera un aspecto de la voluntad y de iniciativa del campesinado, la ronda no funcionaría, no tendría éxito.
Lo que nos demuestran estas intervenciones es que hay una voluntad campesina de hacer rondas y, por lo menos en el caso del centro, de coordinar con la Fuerza Armada.

La incidencia en el cambio de estrategia de parte de las Fuerzas Armadas adquiere posteriormente centralidad en el discurso de Degregori, Tapia y otros, pues a este cambio de estrategia se le atribuye la razón para la derrota de Sendero Luminoso.

6. La estrategia “genocida” y la estrategia “autoritaria no-genocida” de los militares
En 1993 Carlos Iván Degregori del IEP y Carlos Rivera del IDL publican un documento de trabajo en el cual analizan críticamente al gobierno fujimorista y su autogolpe.

En este trabajo Degregori y Rivera sostienen que Sendero respondió a la formación de “comités de defensa civil” “incrementando la violencia contra el campesinado”, lo cual logró “que los comités de defensa civil fueran aceptados e incluso comenzaran a organizarse en muchos casos de manera voluntaria. Por primera vez en nueve años las FFAA conquistaban la confianza campesina en las zonas más candentes.” Esto desencadena un proceso en el cual las FFAA ganan la confianza del campesinado, tienen mayor experiencia y familiaridad con “el escenario de la guerra y con sus habitantes”. La represión es más selectiva y hay menos masacres. Es una “estrategia autoritaria no genocida”:

Es que el nuevo accionar de SL coincidió, además, con un cierto cambio en el accionar de las FFAA. La desconfianza incial en la población tendió a ser reemplazada por una aproximación paternalista/populista, que retomaba algo del estilo del Gral. Huamán en 1984 y que en otro contexto había sido uno de los rasgos del docenio militar 1968-80. Queda por dilucidar en qué medida el cambio maduraba desde antes en instancias como las Escuelas de Estado Mayor de las diferentes armas o en el CAEM, y en qué medida fue más bien fruto de la experiencia y creciente familiaridad con el escenario de la guerra y con sus habitantes. Lo cierto es que la decisión del campesinado de incorporarse a los comités de defensa civil acelera los cambios en las FFAA que, conforme acumulan experiencias mejoran también el trabajo de inteligencia. La represión se vuelve más selectiva, aunque no acaba con las violaciones de los Derechos Humanos. Disminuyen las masacres indiscriminadas pero entre 1987 y 1990 Perú pasa a ocupar el primer lugar en detenidos-desaparecidos en el mundo (IDL 1990).

Se puede decir que hacia 1990 las FFAA habían delineado finalmente una estrategia para el combate a SL. Dejadas a su suerte por la clase política, esa estrategia exhibe un notorio carácter autoritario. No es sin embargo una estrategia genocida, a pesar de las provocaciones de SL que necesitaba una reacción de las FFAA todavía más brutal que la de Ayacucho en 1983 para seguir avanzando. Y a pesar de que luego de Ccayara y en medio del desgaste de los partidos políticos, crecía el peligro de una “solución” a la guatemalteca de inicios de la década de 1980

7. ¿Militares “velasquistas” en los 1990s?
En febrero de 1996 el IEP publica Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso que incluye dos artículos de Degregori, “Ayacucho, después de la violencia”, trabajo financiado por la Fundación Ford, y “Cosechando tempestades: Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso en Ayacucho”. Este último es reproducido en 1999 en la compilación hecha por Steve Stern “Los senderos insólitos del Perú: guerra y sociedad, 1980-1995”. Nótese la adopción de la palabra “rondas campesinas” para denominar a los “comités de autodefensa”, que en realidad son grupos paramilitares o “rondas paramilitares” como las llamó Diez Canseco.

En el primer trabajo, Degregori, como todos los que escriben en ambas compilaciones, es muy poco crítico con el fujimorismo. Degregori refiere así sus “breves recorridos por comunidades de Cangalla y de la sierra de Huanta y La Mar”.

el Estado vuelve a hacer sentir su presencia en muchas áreas rurales, o la hace sentir prácticamente por primera vez en otras. El gobierno, o más precisamente el Ministerio de la Presidencia y las FFAA, desarrollan niveles de asistencialismo relativamente importantes si tenemos en cuenta la situación de la región. Los carteles con sus lagos son ubicuos. El FONCODES (Fondo de Compensación y Desarrollo Social) y el PAR (Programa de Apoyo al Repoblamiento) distribuyen calaminas, reparten plantones, ganado (sobre todo menor), construyen carreteras y expanden hacia el campo programas de salud. Si en las elecciones de abril de 1995 Fujimori obtuvo más del 65% de los votos emitidos en las provincias norteñas de Ayacucho, no fue pues sólo por los éxitos de su primer gobierno en la lucha antisubversiva.

Esta mayor “presencia del estado” y el incuestionado apoyo fujimorista es explicado por el discurso que Degregori y otros fueron construyendo. Degregori repite casi textualmente el pasaje citado anteriormente:

Un conjunto de factores contribuyeron a su generalización[“de los comités de autodefensa”]: un cambio en la estrategia de SL, que consideró llegado el momento de pasar al “equilibrio estratégico” en su guerra e intensificó las demandas sobre el campesinado, provocando el incrementó de sus reticencias; un cambio por la misma época en la estrategia de las FFAA, que pasaron de la represión indiscriminada y los reflejos conosureños de los primeros años a una represión más selectiva y a relaciones más bien paternalistas con la población, sacando a relucir viejos reflejos velasquistas, bastante modificados por cierto en el nuevo contexto. Estos cambios empalmaron con el hastío campesino con una guerra que, en medio de una dura sequía, se prolongaba y se volvía más sangrienta sin que ellos le encontraran ningún sentido. Surgió entonces, en mayor o menor medida, una voluntad campesina de organizarse en rondas, que constituye el elemento clave de su generalización.

¿Fueron los campesinos carne de cañón? En cierta medida, sí: las rondas están definitivamente subordinadas a las FFAA. Pero ellos lo ven de otra ma-nera, más ambigua, o más compleja. Se quejan en algunos casos de la desidia militar, pero al mismo tiempo están orgullosos de haber ganado la guerra. Están orgullosos, incluso, de ser mejores combatientes que los militares. Orgullosos pero al mismo tiempo prudente, reclamando la presencia del estado para la reconstrucción de sus aldeas y reclamando la protección militar, más como una suerte de retaguardia que de paraguas: una última línea de defensa. Así, dentro de una relación de subordinación con las FFAA, los campesinos han logrado negociar espacios crecientes de independencia.

8. Degregori: en 1988 se comete “la última matanza masiva perpetrada por las FF.AA en la región”
En cada artículo que escribe, Degregori repite la misma idea, siempre añadiéndole algún condimento diferente. En su artículo “Cosechando tempestades”, ya citado, Degregori repite la idea de una coexistencia de una tendencia a la baja de las masacres de los militares con una tendencia al alza de las masacres de los senderistas: “Si graficáramos el horror, la curva ascendente de SL y la descendente de las FF.AA. se cruzarían definitivamente alrededor de Ccayara.” Y es aún más explícito en su opción preferencial por los militares:

las FF.AA. no pretenden controlarlo “todo sin excepción”, como SL. Si bien las visitas semanales de los “comandos” campesinos a los cuarteles, la participación en los desfiles y las atenciones a las patrullas en las comunidades podían ser una incomodidad, las FF .AA. no interferían mayormente con la vida cotidiana de la población, agobiada por el celo senderista.

Por contraste, SL se alejaba del campesinado, que pasó tendencialmente de la aceptación pragmática a la adaptación-en-resistencia y a la rebeldía abierta contra el partido. De esta forma, si en los primeros años de la guerra se hicieron tristemente célebres nombres como Pucayacu, Accomarca, Umaru, Bellavista, Ccayara, poblaciones arrasadas por las FF.AA.; a partir de 1988 son las masacres perpetradas por SL las que pueblan de muertos la región. En poco más de cuatro años, entre diciembre de 1987 y febrero de 1992, una revisión nada exhaustiva nos da un total de dieciséis masacres senderistas en las que se supera la docena de víctimas (véase IDL 1992). Si graficáramos el horror, la curva ascendente de SL y la descendente de las FF.AA. se cruzarían definitivamente alrededor de Ccayara. El 14 de mayo de 1988, 28 campesinos murieron en esa comunidad, en la última matanza masiva perpetrada por las FF.AA. en la región. Pocos días antes, el 20 de abril, SL había asesinado a 18 ronderos en Azángaro, Huanta (IDL 1992). Embarcados en esta contabilidad macabra, es notorio que mientras las FF.AA. desarrollan una represión más selectiva, SL pasa de los “aniquilamientos selectivos”, justificados según SL porque se cumplían “sin crueldad alguna, como simple y expeditiva justicia” (PCP-SL 1986), a las grandes masacres. En muchas partes, sectores decisivos del campesinado optaron entonces por una alianza pragmática con las FF.AA., como explican Coronel (1996) y del Pino (1996).

Lo dicho, el mismo discurso de antes con algún recutecu más. Por ejemplo, Degregori hace un apunte que parece ser un cierto desmarque de la acción de las FFAA:

No sobreestimamos los cambios en las FFAA, ni olvidamos el grado de desmoralización en que parecía sumida hacia el cambio de década. Tampoco puede decirse qué hubiera pasado si Guzmán no era capturado. Pero hacia fines de la década de 1980 la acción contrasubversiva parecía a punto de desembocar en una “solución guatemalteca”. Felizmente, la historia transcurrió por otros rieles y las FFAA desarrollaron más bien una estrategia que podría describirse como “autoritaria no-genocida” (Degregori y Rivera 1993).

Pero como se aprecia, es un desmarque muy débil, pues se resalta el cambio de la acción contrasubversiva y su conversión en una que es llamada “autoritaria no-genocida”.

Carlos Tapia en “Autodefensa Armada del Campesinado” de 1995 y en “Las Fuerzas Armadas y Sendero Luminoso” de enero de 1997 sostiene tesis muy similares a las de Degregori. Así como el encuentro de “rondas” de 1991 se realiza en el IEP, en la UNSCH en septiembre de 1993 se celebra el “Primer Congreso de Comités de Autodefensa Antisubversiva de Ayacucho”, al parecer con la participación de Carlos Tapia.

Tapia, al igual que antes Degregori, incluye a las “rondas norteñas” en su análisis de los “comités de autodefensa” o “destacamentos antisubversivos del campesinado”, pero va más lejos que Degregori en asegurar que las rondas contrasubversivas fueron una iniciativa de los campesinos y no de los militares:

Si bien es cierto que, en cualquier manual de contrainsurgencia, se señala la necesidad de que las FFAA deben tratar de establecer buenas relaciones con el campesinado para “secar el agua de la pecera” y aislar socialmente a los grupos armados subversivos, muchas veces conseguir este objetivo es bastante más que difícil. Ahí está el ejemplo de Colombia.

Tampoco es una novedad que la contrasubversión busque conseguir la adhesión activa -si no de todo- por lo menos de una parte del campesinado ubicado en el escenario de la guerra, organizándolo y armándolo para que se comporte como fuerzas paramilitares, auxiliares de las FFAA en el combate militar contra los insurrectos. Allí está el ejemplo de las “patrullas civiles” de Guatemala.

El caso peruano fue diferente. La autodefensa campesina fue, en la gran mayoría de los casos, una iniciativa propia que desde lo local se fue expandiendo en vastos Sectores de la región convulsionada por la violencia. En determinado momento, el desarrollo de este proceso social de insurgencia campesina contra el senderismo empató con la estrategia contrainsurgente del Estado -cuando ésta dejó de cometer los garrafales errores de los primeros años-, convirtiéndose en un vasto movimiento organizado, y armado, del campesinado: La legitimidad local conseguida en sus inicios pasó a ser unánime y nacional.
Carlos Tapia, “Autodefensa armada del campesinado”

Y en su segundo libro, “Fuerzas Armadas y Sendero Luminoso: dos estrategias y un final”, Tapia detalla el proceso de lo que él, al igual que Degregori, llama una nueva estrategia contrasubversiva. Pues esta nueva estrategia, según el mismo Tapia, está contenida en “el manual sobre contrasubversión”, cuyo nombre oficial era “Guerra no convencional. Contrasubversión”, aprobado el 9 de agosto de 1989. Tapia escribe señalando lo que considera aciertos de este manual, como su diagnóstico de la lucha contrasubversiva (priorizar el trabajo la inteligencia, la alianza con el campesinado, etc.), pero tiene el cuidado de hacer la salvedad que en este manual se exagera la fuerza de SL con el fin de justificar “la excesiva concentración del poder contenida en algunos de los DL propuestos o, peor aún, en función de calculados objetivos de los que recién tomaríamos conciencia la noche del 5 de abril de 1992”. En 1997, cuando sale publicado el libro de Tapia, ya no hay el triunfalismo pro-fujimorista de 1995 o el del fin de la guerra fría de cinco de años antes, y ya se deslizan críticas a la premeditación del golpe de Fujimori. Sin embargo, Tapia en ningún momento se refiere al gobierno de Fujimori como una dictadura, ni es contundente a su cuestionamiento a los militares por las violaciones de derechos humanos. Escribe en plan de exaltar la nueva estrategia contrasubversiva. Su tono es más favorable que cuestionador del “manual”, a diferencia de cómo escribiría casi años décadas después en que si sería su contundente cuestionador:

el Manual de Contrasubversión ME 41-7, lo que dio carta blanca para asesinar a los simples campesinos sospechosos de colaborar con el senderismo, agrupados en sus comités populares (0PA, en la terminología militar), que en las llamadas zonas liberadas se encargaban de la producción, hacer justicia, etc., y muchos de sus miembros eran forzados a cumplir este encargo, como se demostró en 1993.
Alan García: Manual EP 41-7

Ver también aquí. Ver aquí un post en que se exponen los argumentos centrales de Tapia en su libro de 1997.

9. “Shining and other paths”
En 1998 se publica en los EEUU la mencionada compilación de Steve Stern, “Los senderos insólitos del Perú: guerra y sociedad, 1980-1995” que en inglés se llama “Shining and other paths: war and society in Peru, 1980-1995”, cuya traducción literal sería “senderos luminosos y otros” (y nótese que el periodo que cubre es hasta 1995, no 1997, un año antes de su publicación, sugiriéndose que 1995 es el año en que se acaba la guerra insurgente-contrainsurgente). Junto con la de la “Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso” es la compilación de trabajos sobre Sendero Luminoso más representativa de los discursos que se tienen en el Perú sobre el tema. Y son estos los discursos que luego se adoptan en la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Con algunos cambios.

Los trabajos de estas colecciones son muy poco críticos con el fujimorismo. Ninguno de los autores que exalta a las rondas campesinas tiene muchas palabras de crítica a los militares a su accionar en los 1990s. Sus críticas son a políticas contrasubversivas que no dudan en llamar “genocidas”, pero antes de 1985. Después de Ccayara, supuestamente hay un cambio. Y luego, ya en los 1990s tenemos fuerzas armadas que no violan masivamente los derechos humanos. En la compilación de Stern sólo en el trabajo de Enrique Obando se menciona a la masacre de la Cantuta y Barrios Altos, como parte del tema “Las relaciones civiles-militares en el Perú 1980-1996”, y porque el general Robles en su asilo en la embajada de los EEUU reveló los nombres del comando ejecutor de estas masacres, es decir como un tema de lucha por el poder entre militares durante el fujimorismo. Otros dos trabajos de esta compilación tocan tangencialmente estas dos masacres, en pies de página.

Tampoco son, por supuesto, críticos con las llamadas “rondas” contrasubversivas y sus violaciones a los derechos humanos. Estas “rondas” no eran tampoco un fenómeno nuevo, como que el mismo Degregori ya había escrito críticamente sobre éstas (en 1989. Sendas peligrosas: La guerra del Comandante Huayhuaco. QueHacer 58:26-30). De hecho, Degregori (1995) como Tapia (1995) evitan mencionar el nombre de este desprestigiado “rondero” en su análisis exaltativo de las “rondas” paramilitares. Orin Starn (en 1995: “La derrota de Sendero Luminoso”) sí se refiere a este “rondero” arrestado por narcotráfico en 1989, y extrae las consecuencias de esos hechos, que contradicen el discurso de Tapia y Degregori:

Todas esas historias contradicen el intento tanto por reducir las rondas a una simple historia de inocentes campesinos enfrentados a perversos subversivos, como por imaginar que tales organizaciones gozaban de un respaldo unánime.

Es una producción académica que corresponde a un momento de triunfalismo, de apoyo al fujimorismo, al que Degregori le reconoce un 65% de apoyo, en el que no se le cuestiona al gobierno ni a su política contrasubversiva ni las violaciones a los derechos humanos que ésta implica. El cuestionamiento al fujimorismo vendría después, en el 2000 a partir de las elecciones fradulentas, la compra de la linea editorial de los medios de comunicación. Entonces la historia se reescribiría nuevamente, en lo que sería la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que lejos de exaltar al fujimorismo, pondría especial énfasis en condenarlo.

El lector o la lectora puede sacar sus propias conclusiones sobre el discurso de Degregori y otros. En mi opinión, éste adolece de diversos problemas, que pasaré a comentar.

10. El mito contrainsurgente
Degregori dice que “Si graficáramos el horror, la curva ascendente de SL y la descendente de las FF.AA. se cruzarían definitivamente alrededor de Ccayara.”

Los datos de la CVR muestran, efectivamente, que en 1988, año en que se produce la masacre de Cayara por los militares, se produce un cruce entre las curvas. En 1988 el estado es responsable de 295 muertes y Sendero de 284 en la región Ayacucho. En 1989, Sendero aumenta a 308 y supera a estado que es responsable de 279 muertes. Pero en 1990 casi empatan (209, estado y 204, Sendero). Luego se amplía la diferencia, pero estamos hablando de 100 a 200 muertes por bando, con tendencia a la baja, muy lejos de los 1900 muertes causadas por el estado en el año 1984. Los datos no ratifican precisamente la tendencia monotónica al alza de las muertes de SL y a la baja del estado, que imagina Degregori. Estamos hablando de tendencias similares en ambos bandos, con escalas mucho menores en los 1990s que las ocurridas a mediados de los 1980s.

RegionAyacucho

Degregori declara a la matanza de Ccayara como “la última matanza masiva perpetrada por las FF.AA. en la región”. ¿Es acertada esta afirmación?

Nótese primero del complemento de lugar “en la región”. La afirmación podría ser cierta si las FFAA perpetran masacres masivas en otras regiones, mas no “en la región”, en cuyo caso estaríamos no ante un cambio de principio de parte de los militares, sino simplemente ante una nueva forma de operar en una región que ya sufrió masacres masivas a manos suyas. Para refutar esta afirmación basta con ir a la misma CVR y ver los casos por ésta investigados, aquí. Tenemos masacres en Pucará, Huancayo, Junín en 1989, Santa Bárbara, Huancavelica en 1991, a los campesinos del Santa en 1992, Pichanaki en 1993 (“ronderos” que matan a colonos por “por negarse a conformar una organización de autodefensa dependiente de las fuerzas armadas”). A pesar de las elaboraciones de Degregori, Tapia y otros, no es que a los militares les tiemble la mano de matar campesinos. Tampoco les tiembla la mano a los “ronderos” paramilitares. Lo cual nos lleva a comentar el énfasis que ponen en resaltar la autonomía de los “Comités de Autodefensa”.

En toda guerra contrainsurgente hay alguna política destinada a ganarse el apoyo de la población que podría apoyar a la insurgencia. Es lo primero que hacen los militares y gobernantes que enfrentan un desafío insurgente. Aplican una política de eliminación de la población más favorable a la insurgencia y de clientelismo con la población más indecisa o favorable. Así actuaron los ingleses en Malasia, considerado internacionalmente un caso modélico de lucha contrainsurgente. En el Perú ocurrió así desde que se inicia la guerra. Previo a la masacre de Uchuraccay, Belaúnde celebró que los campesinos de Huaychao rechazaran a los senderistas. Hubo una política de aliento a que los campesinos combatieran a los senderistas, que tempranamente demostró sus resultados en la masacre de ocho periodistas limeños. El discurso de fines de los 1980s revisita y realza esta estrategia contrasubversiva como una estrategia deseable, haciendo pasar como cambio de estrategia lo que en realidad era pasar a otra etapa de la guerra en una región particular. Si los militares no matan tanto en la región sur central (para matar en forma puntual y focalizada), sí lo hacen masivamente en otras regiones, como la región nor oriental, a donde se traslada la mayor conflictividad en la guerra. Y una masacre “focalizada” sigue siendo una masacre. La masacre de La Cantuta cometida por el fujimorismo fue también una masacre. En los años 1990s el énfasis del discurso contrasubversivo “de izquierda” no incidía en este señalamiento; recién en los 2000s, con la caída del fujimorismo del gobierno, se comienza a cuestionar esta “nueva estrategia” de los militares. Desde luego que el triunfo del estado en la guerra contrainsurgente o contrasubversiva, con el apoyo de sectores campesinos, y la derrota de una insurgencia opresiva y totalitaria, fue vista por Degregori, Tapia y otros, como una validación de sus tesis, en particular en su debate con Javier Diez Canseco y la izquierda que abogaba por la “tercera vía” o que simplemente no se había alineado con el estado y en particular con los militares en la guerra.

Otra idea-fuerza en el discurso contrasubversivo de Degregori es negar que Sendero Luminoso tuviera apoyo campesino. Las “rondas” organizadas por los militares sí serían autónomas y expresión de un sentir campesino, pero nada de lo que hiciera Sendero respondería a este mismo sentir. Sendero sólo sería una fuerza opresiva, que lograría una inicial aceptación campesina debido a su autoritarismo paternalista, hasta “la rebelión del coro”, la rebelión antisenderista de los campesinos y su supuesta decisión libre y soberana de apoyar las “rondas” promovidas por los militares. Más aún Degregori, en “Cosechando tempestades” caracteriza a los “senderistas como nuevos mistis, influenciados por la escuela y el marxismo”. Esta caracterización Degregori la hace con el esquematismo que lo caracteriza:

Es impactante advertir cómo en los años ochenta en la sierra peruana se reproduce en alguna medida el conflicto entre mistis e indios de Yawar Fiesta y cómo, nuevamente y por última vez, los mistis convertidos en revolucionarios resultan derrotados por los “indios” transformados en ronderos.

A tanto llega su apasionamiento contrasubversivo que ve entre la lucha en “senderistas” y “ronderos” una contradicción arguediana entre “mistis” e “indios”, respectivamente. Los militares que impulsan esas “rondas” son desde luego un personaje secundario en este esquematismo, abordados de paso, minimizando su rol dirigente y magnificando la idea de un cambio de estrategia supuestamente más respetuosa de los derechos humanos y menos letal con los campesinos.

Hay evidencias, sistemáticamente negadas o pasadas por alto por la producción académica de la intelectualidad de “iquierda”, de que Sendero tuvo apoyo campesino. Estas evidencias incluso aparecen en el encuentro de “rondas” organizado por el IEP en 1991, pero no se les sigue la pista. Así, Degregori se pregunta:

Finalmente, una última pregunta: ¿en qué sectores recluta sus cuadros Sendero? Porque de las intervenciones ha salido que Sendero llega y organiza -en algún caso se dijo que llegó a tener 2,000 cuadros-; después se forman las rondas y lo expulsan; pero en alguna intervención salió que también había campesinos que de día eran campesinos y de noche “terrucos”. Entonces, ¿entre quiénes recluta sus cuadros Sendero Luminoso?; ¿entre qué sectores del campesinado recluta Sendero Luminoso?

Sendero sí reclutaba a sus cuadros dentro del campesinado. Los senderistas no sólo eran jóvenes “desindianizados” y “descampesinizados” como proponía Henri Favre y repetía Degregori. Pero los reflectores académicos/propagandísticos están en otra parte.

Si se constata que Sendero tiene apoyo entre los campesinos, la imagen que se plantea es la de un campesino oprimido y obligado a seguir directivas. Si se constata que las “rondas” son promovidas por los militares, la imagen que se plantea es la de un campesino libre que decide establecer una alianza con los militares. Un gran esquematismo.

Y la misma pregunta Degregori la plantea para las “rondas”:

Y lo mismo para el caso de las rondas: ¿qué sectores son los más activos en la organización de las rondas? Por lo que yo he leído en el trabajo de Ponciano del Pino, sé que en la sierra de Ayacucho los que principalmente quieren organizar rondas son los más pobres, lo cual es el revés trágico para Sendero Luminoso, que dice ser el representante del campesinado pobre; en otras zonas pueden ser los más ricos o digamos los menos pobres o que por lo menos tienen algo, porque hablar de riqueza en el campo peruano a estas alturas es demasiado decir. Quedarían como temas de discusión.

Nótese el lenguaje: si son “ronderos”, ya no son “los más ricos”, sino “los menos pobres”. Al final los pobres siempre acaban siendo contrainsurgentes. En cambio los senderistas son asimilados a los “mistis” opresores, en forma especulativa.

En suma, el discurso contrasubversivo degregorista se rige por un gran esquematismo y una idealización de un supuesto cambio de estrategia de los militares, de “genocida” a “autoritaria no-genocida”, como de las “rondas” paramilitares establecidas en el campesinado. Esta idealización de la estrategia contrasubversiva es el mito asumido por Degregori y otros en los años 1990s y parte de los 2000s. Corresponde a un momento de cambios en el pensamiento de un sector de la izquierda, que se entusiasma con el capitalismo y el apoyo al estado a comienzos de los 1990s. En esto hay una paradoja que Degregori y Tapia no parecen advertir: el mayor cambio de estrategia estuvo en ellos mismos, más que en los militares y su estrategia contrasubversiva. Los militares hacen ajustes mínimos a su política contrasubversiva en comparación con el gran viraje de este sector de la izquierda, que de insurgente se vuelve contrainsurgente y colaborador con el estado.

Este mito contrainsurgente dura hasta fines de los 1990s, hasta que es desplazado por un nuevo mito, heredero pero no igual al mito contrainsurgente: el mito de la CVR, que veremos en un próximo post.

  1. Hace poco, por el 50 aniversario de Vanguardia Revolucionaria, ver aquí, Murrugarra explicó el razonamiento de los campesinos de las “rondas” o “montoneras” organizadas por el general Huamán:

    Murrugarra comenta que VR se planteó luchar contra dos enemigos principales: el ejército y SL. y que deberia ser VR, la izquierda, la que derrote a SL, porque si dejaban que lo haga el ejército sería la tragedia.

    Murrugarra cuenta que la IU lo envía a Huamanga en 1983, cuando “el cholo” (sic), el general Huamán Centeno, ya estaba organizando montoneras, reunidos con los dirigentes de la comunidad, los comuneros en su lengua dijeron “Cuando viene Sendero mata 40, cuando viene el ejército mata 4”. Ese cálculo sencillo pragmático lo hicieron los comuneros.

    La misma lógica de “mal menor” que la referida por Degregori y otros. []

  2. Dos detalles más sobre el debate Diez Canseco-Degregori:

    1. Nótese cómo Javier Diez Canseco es cuestionado por Fernando Rospigliosi como por Carlos Iván Degregori, ambos aupados en los 1980s al IEP procedentes de una izquierda considerada radical. JDC hace notar esta coincidencia y les responde a ambos.

    2. Nótese cómo Degregori ampara mediáticamente a Neptalí Carpio y su artículo en Expreso, diario de la derecha. Carpio, de dirigente estudiantil en San Marcos, acabaría incorporado totalmente al aparato fujimorista, gracias a la cabida que le dio Jaime de Althaus. Y nótese cómo en ese mismo artículo Degregori acusa nada menos que a Gustavo Mohme Llona de firmar “comunicados radicales donde se condena con igual énfasis al gobierno y a Sendero Luminoso”. Mohme era parte del sector mayoritario de la IU, pero no era para nada un “radical”. Y estamos hablando de un gobierno que nomás en Lima había cometido una matanza muy conocida, como la de Barrios Altos. []

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Por - Publicado el 27-11-2015

Es usual que las personas, particularmente los políticos e intelectuales, cambien de posición en el tiempo. Lamentablemente, es menos usual que estos cambios sean procesados y explicados públicamente. Ocurre que muchas veces se mitifica a estas personas y se les construye una biografía sesgada, sin afrontar sus cambios y contradicciones.

Es lo que ocurre con Carlos Iván Degregori. Después de su muerte se le ha mitificado. Sus discípulos se esmeran en contarle una historia de clarividencia temprana, sin precisar sus virajes y las posiciones que después abandona, como quien se quita una camisa y se pone otra.

Degregori se convertiría a comienzos de los 1990s en el principal senderólogo peruano como internacional. Pasaría a sostener tesis que diferirían sustancialmente de su caracterización inicial de Sendero Luminoso. Más aún, sin mediar autocrítica, sería un agrio crítico de quienes sustentaban tesis similares a su caracterización inicial.

Por ejemplo, a pesar de su temprana y segura caracterización de Sendero como “mesiánico andino”, Degregori se enfrascaría en un unilateral como póstumo debate con las tesis de Flores Galindo sobre la utopía andina, negando precisamente cualquier contenido mesiánico andino, no sólo en Sendero Luminoso, sino en el país, debido a la modernización y a la ascención del “mito del progreso”. Ver Los mitos en conflicto: Degregori contra Flores Galindo (2).

Otro ejemplo es que Degregori abogaría entonces por “la violencia de las masas” como parte de un “proyecto revolucionario nacional”, y diría que los senderistas presos en El Frontón son “presos políticos” y más cosas impensables años después, tanto en sus elaboraciones de los 1990s como en las que aportó a la CVR.

Si bien Degregori rechaza tempranamente a Sendero Luminoso, en buena cuenta repitiendo el discurso del PC-U, al terrorismo como antipopular y útil para la derecha, lo hace recurriendo a una caracterización y un análisis muy cercanos a los de Flores Galindo, que luego combatiría febrilmente. En el presente post ilustramos su posición en marzo de 1982 a partir de una serie de columnas de opinión públicadas en El Diario de Marka, reproducidas como imagen al final del post.

1. “Rebeldes primitivos”
Carlos Iván Degregori rechaza políticamente a Sendero Luminoso cuando reside en Huamanga y es profesor de la UNSCH, y luego cuando Sendero Luminoso inicia su lucha armada en 1980. Sin embargo, este rechazo no es para nada un rechazo a la opción insurgente, ni se fundamenta en las mismas razones que expondría más de un lustro después, cuando comienza a adoptar a Sendero como su especialidad y se convierte en el principal “senderólogo” del país, o dos décadas después en la CVR.

La experiencia de Degregori de profesor en Huamanga le sirve para rechazar a Sendero, pero no le da ninguna información específica que le ayude a hacer un mejor análisis que el que hacían otros observadores sobre Sendero Luminoso. Después del ataque de Sendero Luminoso a la cárcel de Ayacucho en marzo de 1982, diversos analistas de izquierda comienzan a tomarse en serio a Sendero y a distanciarse de la idea que se trataba de un terrorismo de derecha. A esa acción armada les siguen el asalto al puesto policial de Tambo y otras acciones que demostraban no sólo la capacidad militar de Sendero, sino su poder de atracción y apoyo entre las izquierdas. Es entonces que Degregori en El Diario califica a los senderistas como “rebeldes primitivos”, apelando al título de un libro del historiador Eric Hosbawn, aquí. Si bien es una calificación que suena despectiva, Hosbawn la aplica a movimientos sociales de rebeldía contra regímenes opresivos, tan es así que incluye entre estos movimientos al movimiento campesino de La Convención, Cusco, de comienzos de los 1960s. La caracterización no era pues tan descalificadora finalmente. En un siguiente artículo Degregori complementa:

es obvio que subestimamos nuestro potencial “primitivo” y es necesario reconocer que nuestra apreciación, como la de la mayoría de la izquierda fue intelectualista y excesivamente occidental

2. “Mesiánico andino”, “huída hacia adelante” y socialismo
Degregori caracteriza a Sendero Luminoso como un movimiento mesiánico andino, que recurre a “otras formas fundamentales de ganar adhesión política, que tocan más al corazón que al intelecto y que (…) tienen profundas raíces en nuestra historia”. Nótese cómo divide al corazón del intelecto y vincula el corazón al “mesianismo andino”, y recuérdese su virulenta crítica a Flores Galindo por hacer lo mismo en las líneas finales de su “Buscando un Inca”, como señalamos aquí.

Y aquí es que introduce, al parecer por primera vez, su idea de una “huída hacia adelante” de Sendero. A diferencia del Degregori que afirma años después que Sendero huye hacia adelante debido a su fracaso en influir en las masas, este Degregori de 1982 afirma que Sendero “huye hacia adelante” debido a la caída de la “banda de los cuatro” (que los deja sin centro de referencia comunista internacional) y ante el hecho que la dictadura militar, que Sendero tipificaba de fascista, se ve obligada a convocar a elecciones. Estos dos hechos no significan el colapso de “todo el viejo dogma senderista”. Por el contrario, según Degregori

se subestimó la capacidad de “huída hacia adelante” -o regreso a las raíces (andinas) – de Sendero, que pasó del dogmatismo izquierdista al mesianismo andino. Momentáneamente huérfanos ideológicos, en vez de derrumbarse se erigieron rápidamente en centro, proclamándose la cuarta etapa del marxismo y designando a Huamanga como foco de reconstrucción del movimiento comunista internacional.

Este tipo de movimientos mesiánicos

prosperan en áreas del planeta donde antes florecieron grandes civilizaciones y donde el imperialismo, con ayuda de las burguesías asociadas, destruyen el tejido social, pauperizan a las masas y corrompen las costumbres, mientras la izquierda de muestra incapaz de ganar al pueblo a un proyecto socialista moderno.

Este Degregori no es tampoco aquél que afirma que los pueblos indígenas han pasado “del mito del Inkarrí al mito del progreso”, ni aquel que exalta las virtudes modernizadoras y democratizadoras del capitalismo. Ni es el Degregori que la emprendiera contra la utopía andina de Flores Galindo o el Degregori que dijera que Sendero Luminoso había fracasado en atraer a las masas en relación a la Izquierda Unida, pues reconocía que ésta era incapaz de atraer al pueblo a su proyecto. Es un momento de expansión senderista y Degregori, de evidente sensibilidad antropológica, adopta con gusto la tesis de un Sendero Luminoso mesiánico andino, con profundas raíces en la historia peruana.

3. “Gramsci no llegó a Huamanga.. ni tenía por qué llegar”
Degregori también se refiere a que “Gramsci no llegó a Huamanga.. ni tenía por qué llegar”. Es decir, la tesis prevaleciente en la Izquierda Unida de “copar espacios y ganar consensos” no estaba funcionando en el conjunto del país, pues había espacios favorables a un accionar como el senderista.

Aquí cabe la pregunta, con tantos profesores claramente antisenderistas en la UNSCH como Carlos Tapia, el mismo Degregori y tantos otros, ¿por qué Gramsci no llega a Huamanga? Es que todos estos políticos-intelectuales se convertirían al gramscianismo mucho después. En los años 1970s, cuando competían políticamente con Sendero Luminoso en la UNSCH los textos que leían y difundían eran los de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao y acaso manuales de marxismo, de los cuales les es mejor no hablar (pues quebraría la tesis de que los manuales coadyuvaron a la expansión de Sendero en las universidades peruanas. En el Chile de Allende y la Unidad Popular, los militantes de izquierda también fueron formados por manuales, sin existir la posterior implicación degregorista-ansionista: manuales de marxismo-> dogmatismo-> violencia).

4.”capas rurales migradas a las ciudades”
Una de las caracterizaciones que Degregori mantuvo a lo largo del tiempo, además de su condena a Sendero y a pesar de sus virajes, fue la de Sendero Luminoso como un fenómeno de migrantes rurales en las ciudades más que campesino. Es de pensar que su experiencia en la UNSCH haya influído en esta caracterización.

Esta calificación de Sendero-migrante coexistía con su caracterización de Sendero-mesiánico andino:

Sendero Luminoso recoge elementos culturales, que en otro contexto, deben ser parte de un proyecto nacional.
Por el hondo contenido mesiánico, que en el país se remonta a épocas preincaicas, SL recoge a su manera rasgos nacionales, en tanto los elementos andinos son uno de los componentes centrales de la nación en construcción.

Y más aún:

Sus contingentes parecen tener un carácter predominantemente regional en Ayacucho-Andahuaylas y Huancavelica (…) la base social potencial y el espacio político que el SL comienza a abrirse luego de los sucesos de Ayacucho, no están localizados sólo en “bolsones semifeudales” de la Sierra sino un poco en todas partes. Porque esa base social está compuesta no exactamente por campesinos, sino por hijos de diferentes capas rurales migradas a las ciudades, donde además de explotación encuentran la marginación y discriminación del sistema.

Una tesis que luego sería potenciada por Henri Favre, aquí.
5. “fascinación senderista-fascinación indigenista”
En tal sentido, Degregori aseguraba que Sendero puede ser “un polo de atracción casi irresistible” para sectores “infantilistas” y “antifascistas” existentes en casi todas las universidades del país. Y más aún, esta fascinación llegaba incluso a los sectores que la Izquierda Unida representaba:

la fascinación de Sendero puede alcanzar, por diferentes razones, a sectores de la vanguardia obrera y popular, y de la intelectualidad

Esta “fascinación” era de naturaleza indigenista y tenía como base la explotación, la marginación y el racismo:

con frecuencia, como reacción al desprecio racista frente a lo indígena, intelectuales urbanos han apreciado lo andino de manera unilateral y muchas veces incondicional. El acercamiento al Sendero se ubica para nosotros en esa perspectiva.

Porque más que campesino el SL es una élite provinciana, representante de ciertos sectores migrantes marginados por el capitalismo dependiente y, descontanto el mesianismo, más que la democracia campesina recoge elementos “orientales”, antidemocráticos, existentes también en la sociedad andina, lo cual los emparenta de alguna manera con los Khmer rojos.

6. “la violencia de las masas”
El discurso de Degregori de entonces estaba lejos de condenar a Sendero por insurgir contra un estado democrático o de ser el que inició la violencia, como suscribiría dos décadas después al comando de la CVR. Degregori veía cosa rescatables en Sendero, que debían ser asumidas y mejoradas por la Izquierda Unida, devenida en una fuerza política reformista en los dos años, de 1980 a 1982.

El rechazo a Sendero se debía a su dogmatismo y a su posición “iluminista al margen de la lógica de las masas”. Tal vez Sendero podía rectificarse en estos aspectos, y si así lo hacía “enhorabuena”, decía Degregori. Por otro lado, Degregori también criticaba a la Izquierda Unida reformista y abogaba por un “proyecto revolucionario nacional” que rompiendo con el reformismo, asuma el “camino de la revolución”. La IU tenía una vasta experiencia con los sectores populares, más que Sendero, y dos años de reformismo no bastaban para descalificar esa experiencia. IU debía “cristalizar esa experiencia en un proyecto nacional, en una alternativa revolucionaria”:

Un proyecto que logre combinar las diferentes formas de enfrentamiento y acumulación de fuerzas, siendo capaz de responder con la fuerza y la violencia de las masas a la perenne violencia de la minoría explotadora, será la clave del éxito.

Sendero para nada inicia la violencia política en 1980, como se afirmaría en la CVR, sino que ésta existe antes; Sendero es una respuesta “a la perenne violencia de la minoría explotadora”.

7. El Frontón: “presos políticos”, “campo de concentración”, “Gulag”
En todo este discurso, Degregori no tiene dudas en calificar a los senderistas presos como presos políticos. Más aún, Degregori califica a El Frontón, como “campo de concentración”. Ambas calificaciones coinciden totalmente con las calificaciones que hacía Sendero de sus presos como de las cárceles en que estaban encerrados. Y más aún, según Degregori:

No remotas siberias ahora el cuco lo tenemos prácticamente en nuestras narices, frente a la bahía de Lima-Callao.

8. El “libio” Degregori
Como se puede apreciar, la posición de Degregori, siendo de rechazo a Sendero Luminoso, es bastante “libia” y cercana a la posición de Flores Galindo. Se ubica en oposición al sistema capitalista e imperialista, por “la violencia de las masas”, por una revolución, por asumir lo rescatable de Sendero Luminoso para la Izquierda Unida, no sólo como acción armada, sino los “elementos culturales, que en otro contexto, deben ser parte de un proyecto nacional”. En esta argumentación, Degregori es muy claro en contraponer lo andino a lo moderno.

Degregori habla también de una “huída hacia adelante”, pero ésta no se debe a los supuestos fracasos de Sendero en atraer a las masas, y más bien Degregori reconoce la capacidad de atracción de Sendero, sino que es, según Degregori, una huída de tipo ideológica y política, no social. Ideológica por la caída de la “banda de los cuatro” y su aislamiento internacional, y política por la transición de un gobierno militar a uno civil.

Todo este análisis es expresado por Degregori, como por la mayoría de intelectuales peruanos, en artículos de opinión en diarios y revistas. La elaboración en documentos de trabajo académicos, menos especulativa, con un seguimiento a la producción intelectual anterior y con vocación de presentar nuevas evidencias, vendría un par de años después. Llama la atención, sin embargo, la seguridad con que Degregori se lanza a calificar a Sendero como “mesiánico andino”. Una seguridad que contrasta con la seguridad contraria con que Degregori la negaría años después en debate con Flores Galindo. ¿A qué se debió este viraje?

9. Qué fácil es ser otra persona
Probablemente este viraje esté relacionado a lo que señalamos en Del mito revolucionario al mito oenegista. En 1982 Degregori salía de ser un intelectual de partido y estaba en proceso de derechización, convirtiéndose en un intelectual de ONG. Años después, su apuesta ya no es por un proyecto revolucionario, menos por un proyecto violento. Tampoco tiene ya muchas encimas para digerir la existencia del mesianismo andino en la sociedad peruana, pues aboga por la modernidad, el progreso y el capitalismo. Ya no opone al sistema oligárquico una idea revolucionaria y socialista, sino un proceso de democratización y “progreso” dentro del sistema. Su defensa del estado es mucho más explícita y su oposición no sólo a Sendero, sino a sus ex-compañeros de izquierda que a fines de los 1980s siguen pensando como él pensaba en 1982, es también más frontal y activa.

Este cambio de posición y de situación es concomitante a un cambio de medio de comunicación: en los documentos de trabajo y libros posteriores Degregori empieza desde cero como académico con un nuevo discurso, totalmente diferente del expresado en comunicaciones periodísticas no académicas y más diferente aún de las elaboraciones partidarias. Es una nueva persona, con un nuevo rol. Como el mundo académico tiene una existencia en buena cuenta disjunta del mundo periodístico, más aún en la época previa a la internet, es muy fácil hacer un viraje inexplicado de 180 grados. Es un viraje, que como veremos en un post futuro, llegaría muy lejos.

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Por - Publicado el 16-11-2015

[El presente post es la continuación y conclusión de éste, en que me centré en los trasfondos del debate entre Carlos Iván Degregori y Alberto Flores Galindo. A continuación me centraré en analizar las ideas centrales el ensayo “Del mito mariateguista a la utopía andina”.]

1. Críticas, especulaciones y descalificaciones
Alberto Flores Galindo en “Buscando un Inca” hace un repaso de un largo periodo histórico. No es un trabajo centrado en los últimos cincuenta años, ni en el presente de los años 1980s, al cual le dedica unas pocas páginas. No es un “estudio de caso”, ni un estudio documental o de archivo. Es un estudio de análisis histórico de un fenómeno de larga duración como él consideró a la constante presencia de la ideología llamémosla “milenarista” en la historia del Perú. Es un libro centrado en antecedentes al presente de los años 1980s. Posiblemente si hubiera vivido al menos algunos años más Flores Galindo hubiera elaborado mucho más sobre esos años. Al menos en ese libro lo que Flores Galindo deja son preguntas más que respuestas a los desafíos de entonces. Sin embargo, su pensamiento sobre el presente tampoco se limitó a ese libro, pues escribió diversos textos de análisis de los eventos que entonces ocurrían, notablemente Violencia y Campesinado, además de este otro texto, ya citado en el post precedente al presente, como diversos ensayos y publicaciones periodísticas o en revistas.

Debe también considerarse que Flores Galindo era un historiador especializado en el siglo XX. Su “Buscando un Inca” es una incursión en un periodo histórico muy anterior al de su especialidad. Su trabajos como “Aristocracia y Plebe”, “La agonía de Mariátegui” o sobre los mineros de Cerro de Pasco lo ubican como un historiador que entendía muy bien los procesos sociales del presente.

Es por eso un despropósito criticar, y más aún descalificar, el pensamiento de Flores Galindo sobre los años 1980s exclusivamente a partir de la lectura de “Buscando un Inca”. Pues eso es exactamente lo que hace Carlos Iván Degregori en el ensayo “Del mito mariateguista a la utopía andina”. Muchas de sus críticas, especulaciones y descalificaciones son injustas y están aclaradas o respondidas en diversos textos de Flores Galindo, que Degregori no desconoce, pero pasa por alto en ese ensayo. Esto además del tono maltratador, a lo troll, con que se refiere a Flores Galindo, quien nunca trató a Degregori ni con la mitad de la bronca con que éste lo trató.

En el ensayo de Degregori se distinguen un par de temas de fondo y varios otros temas y acusaciones pueriles e inverosímiles contra Flores Galindo. Vayamos pues en ese orden.

2. Tema de fondo 1: pueblos indígenas “congelados” y supuesto rechazo de Flores Galindo a la modernidad
Lo primero que hace Degregori es constatar que “Buscando un Inca” es un texto que no abunda sobre el presente de entonces, que es un texto referido al pasado. A partir de esta constatación es que viene su primera acusación a Flores Galindo: que “el explorador histórico” va bien mientras analiza el pasado, pero que se desorienta, pierde el rumbo y finalmente se equivoca cuando le entra al presente, “el creador ha quedado atrapado en las redes de su propia criatura”. Flores Galindo no sabe, dice Degregori, dar buenos ejemplos de la utopía andina en el presente, pues da ejempos de comunidades que la rechazan o a Sendero Luminoso. En vez de un final apoteosico a su libro, Degregori encuentra un final “poco feliz”, no de revolución, sino de apocalipsis, pesimista, de “fatalismo autoritario”.

Asi, según Degregori, la utopía andina es cosa del pasado, mas no del presente, pues el campesinado indígena ya no tiene una ideología milenarista, sino pragmática, moderna, de progreso material y educativo.

Este tipo de acusación, que los pueblos indígenas quieren progreso y no atraso, que los pueblos indígenas no son inmutables, sino evolucionan, es una constante ideológica cuando se habla de los pueblos indígenas. Fue usada por los hispanistas contra los indigenistas y fue usada por los intelectuales del IEP contra Arguedas en 1965, ver 1965. Arguedas: “¡No! Yo he mostrado lo que he vivido”. No ha habido indigenista o persona que se haya pronunciado contra la exclusión oficial de los pueblos indígenas que no ha sido acusado de pensar que los pueblos indígenas están congelados en el tiempo, que no evolucionan, etc. Ese es el tono de la crítica de Degregori a Flores Galindo. Incluso llega a decir que Flores Galindo rechaza la educación y las carreteras para los pueblos indígenas, como parte de su supuesto rechazo a la modernidad. Acusaciones injustas, pues Flores Galindo para nada rechaza la “modernidad” ni la educación ni las carreteras, que Degregori comprime en lo que llama “el mito del progreso” y llega a llamar la “utopía democrática”.

Al final Degregori se pone en en plan de ser él un defensor de una cultura andina amplia que asimila la democratización, la educación, el progreso material y la comunicación y ruptura de lo que llama “bantustanes culturales” (la fragmentación de Cotler, claro está), frente a un Flores Galindo que rechazaría esta visión a favor de una cultura andina congelada e inmaculada, en rechazo a las “evidencias empíricas”. Un Flores Galindo que oscila entre el pesimismo por ver a la cultura andina “a la defensiva” ante el avance del capitalismo homogenizador y el voluntarismo de imponer su visión milenarista a hombres andinos que van por otro lado. Una oposición totalmente estereotipada y tergiversativa de la propuesta de Flores Galindo. Y si en el mismo “Buscando un Inca”, Flores Galindo dice algo que no cuadra con este estereotipo, Degregori inmediatamente lo realinea en reforzarlo. Si Flores Galindo expresa su aceptación a la educación y a la integración social, Degregori lo frasea así “Flores Galindo morigera su rechazo a las carreteras y a la educación”, es decir, lo presenta como si se tratara no de una evidencia en contra de su propia tergiversación, sino como una “ambivalencia” de Flores Galindo. (Así suele ocurrir cuando se escribe en plan de descalificar y no de dialogar: se descalifica la aclaración o la expresión que no calza con la acusación con frases como “le quita cuerpo a lo que dijo antes”, “se desdice”, “se contradice”, “morigera”).

3. Tema de fondo 2: socialismo “congelado” vs capitalismo democratizador
Otro punto central en el ensayo de Degregori contra Flores Galindo es su acusación de recurrir a un marxismo-leninismo-maoísmo congelado (acorde con su visión “congelada” de lo andino). Según Degregori, Flores Galindo quiere ser revolucionario, pero en realidad es apocalíptico. De ahí la opción de Flores a favor de la insurgencia senderista, particularmente en su incorporación a ella por parte de Julio César Mezzich, como el camino a seguir, en contra del camino electoral de la Izquierda Unida. Flores Galindo resolvería su actitud negativa ante una cultura andina a la defensiva ante la homogenización del capitalismo con un “radicalismo pesimista” y un voluntarismo que contrasta con su análisis en que los sujetos sociales acaban inermes ante el determinismo de las estructuras impersonales. A esta visión, Degregori le opone una visión de un capitalismo virtuoso que integra, brinda progreso material, democratización y educación a los pueblos indígenas. Es su “mito del progreso” y es a lo que en realidad aspiran estos pueblos.

Degregori se esfuerza en su ensayo en presentar el horizonte socialista de Flores Galindo como un horizonte autoritario y de atraso, mientras presenta el camino electoral de la Izquierda Unida como la contraparte política de una actitud pragmática y de progreso de los campesinos indígenas. Todo muy político.

En suma, en estos dos puntos, Flores Galindo rechazando la “modernidad” y abogando por un camino autoritario, constituyen una gran tergiversación de parte de un empinchado Degregori, reconocidamente ofendido por los comentarios críticos de Flores Galindo a sus trabajos. La búsqueda identitaria de Flores Galindo en lo que llamó la utopía andina no es para nada un rechazo a la modernidad. Flores Galindo era un socialista que rechazaba el capitalismo, pero no la modernidad. Lo que buscaba era un entronque entre las ideologías revolucionarias utópicas indígenas y el socialismo marxista, como veíamos en este post. Degregori, en cambio, había llegado a identificarse con el capitalismo por la vía de la modernidad, y no era ya un socialista opuesto al “reformismo burgués” como había escrito pocos años antes. Se había sumado a una corriente intelectual que abonaría al ascenso del pensamiento neoliberal en el Perú, exaltando las supuestas virtudes del capitalismo entre los más pobres y excluídos.

Y tampoco era Flores Galindo un socialista autoritario, como para acusarlo tan malamente con un talante ya macartista. Flores Galindo era antiestalinista, crítico de los socialismos reales y de los Partidos Comunistas latinoamericanos, seguidor de Isaac Deutscher. No simpatizaba con Sendero Luminoso, ni era esa su apuesta, como se le acusó y se le acusa hasta ahora. Sin embargo, a diferencia de otros críticos de los socialismos reales, Flores Galindo insistía consecuentemente en la perspectiva socialista, sin ceder en nada ante los virajes pro-capitalistas, oenegistas y a la Eudocio Ravines de muchos de sus compañeros de generación. He ahí la gran diferencia.

Aparte de estos dos puntos centrales, en su ensayo trolero, Degregori hace varios malabares acusatorios. Selecciono un par, para que el lector o la lectora aprecie la calidad de sus argumentos.

4. Supuesto rechazo de Flores Galindo a la organización del campesinado
Degregori luego acusa a Flores Galindo de desdeñar la organización del campesinado en la Confederación Campesina del Perú (CCP). Más específicamente dice que Flores Galindo

“tira al basurero de la historia del trabajo que la CCP desarrolla en esos años”[1970s] “

Una grave acusación a alguien como Flores Galindo que a fines de los 1980s estaba en contacto con la organización de la CCP, mientas Degregori había perdido toda llegada a ese mismo sector.

Esta crítica de Degregori es impresionante. Flores Galindo había criticado el reivindicacionismo de la izquierda con influencia en el campesinado y su falta de un proyecto político de poder: “firmar un compromiso con las autoridades estatales y luego pensar en alguna otra consigna”. A partir de esta frase Degregori lo acusa de anatemizar la firma de las actas de Toxama y Huancahuacho, entre la CCP y el gobierno de Velasco, y de rechazar cualquier negociación o posible compromiso incluso como posibilidad. De ahí Degregori se embala en asegurar que con ello Flores Galindo “abandona a los hombres andinos por la utopía andina”, para luego hacer una larga y erudita exposición sobre la CCP y sus congresos, como su rechazo a Sendero Luminoso y venir a decir que Flores Galindo ignora esta trayectoria campesina. Una acusación muy al estilo de Poole y Rénique contra la senderología estadounidense inicial, ver aquí. Haber ignorado a la CCP y su rechazo a Sendero Luminoso en sus congresos es un argumento frecuentemente utilizado ante cualquier crítica a la izquierda “legal” de los 1980s o ante cualquier reconocimiento a la influencia de Sendero Luminoso o el MRTA en el campesinado peruano. “Flores Galindo los ignora”, determinaría Degregori.

Degregori escribiría en 2010, en el prólogo a su ensayo de 1989, algo que contradice totalmente a estas afirmaciones y muestra lo que ocurría en realidad:

[Flores Galindo] No estuvo muy involucrado en los grandes congresos y plenarios de la CCP, donde iba mucha “gente como uno”, intelectuales que fungíamos de asesores, militantes que fungíamos de campesinos: Eccash, Querecotillo, Torreblanca, Llocllapampa, Eccecco Chacán, Colcabamba, los momentos de gloria de la CCP, que a partir de Chacán atrajo incluso a su órbita a la CNA. Pero, luego, muchos intelectuales de izquierda nos fuimos limeñizando, alejando del trabajo campesino, y comenzamos a ser deglutidos como toda Izquierda Unida por la escena electoral. Fue entonces, a contracorriente, que Flores-Galindo se acercó a esos dirigentes campesinos que se iban quedando solos, y desde el Instituto de Apoyo Agrario se lanzó a escribir Buscando un Inca. En conversación personal con José Luis Rénique me advirtió que ese texto había que entenderlo en su coyuntura, como un intento agónico de recuperar el elan revolucionario de la izquierda.

Es decir, si bien tuvo un acercamiento como “militante que fungía de campesino”, Degregori reconoce que acabó “deglutido por la escena electoral” y abandonando a los dirigentes campesinos antes había tratado de orientar, mientras Flores Galindo en esos mismos años, fines de los 1980s, cuando las papas quemaban con Sendero Luminoso y el MRTA, como con la represión del estado, había optado por estar con ellos. ¿Es entonces creíble venir a decir que Flores Galindo “tira al basurerro de la historia el trabajo de la CCP” o que “Flores Galindo los ignora [a los campesinos]”? Quienes habían acabado por desdeñar a los campesinos, y con jactancia ante quien seguía con ellos, eran Degregori y sus seguidores.

Y por cierto, tampoco es cierto que Flores Galindo recién se interesara en el campesinado peruano tardíamente, a partir de mediados de los 1980s, como demuestran sus ensayos de fines de los 1970s, como Movimientos campesinos en el Perú: Balance y esquema. Siempre fueron su preocupación.

5. Flores Galindo: acendrado racismo, misti, antiandino, doctorcito
Otras acusaciones de Degregori a Flores Galindo son verdaderamente extravagantes. Degregori hace todo un esfuerzo escueleador, retórico, lleno de frases hechas y cachacientas, en los que se dedica a buscarle tres pies al gato, volteando incluso las frases de Flores Galindo para usarlas en su contra.

Si Flores Galindo dice algo tan simple como que los senderistas encuentran mejores condiciones para su accionar entre las comunidades más pobres y menos desarrolladas, atrasadas, que entre las comunidades más desarrolladas, con más “acceso a la modernidad”, la escuela occidental, la luz eléctrica y el camion, por lo que “tienen algo que conservar”, Degregori no sólo le responde que esto, según él, no es fácticamente correcto, que Sendero se expande en comunicades con “rezagos gamonalistas fuertes” y “poco desarrollo de la organización democrática campesina”, sino que le lanza una serie de acusaciones. Usa la palabra “atraso” de Flores Galindo para descalificarlo con el poema de Arguedas sobre los “doctorcitos”: “Dicen que somos el atraso”. Algo paradójico, pues Arguedas escribió ese poema en rechazo a las posiciones de Quijano y Favre, de las cuales era tributario Degregori, ver aquí. Y desde luego, Degregori se enreda en otra acusación a Flores Galindo:

Los que “optan” por el progreso y no luchan por el poder: tienen algo que conservar. Ya no es entonces el proletariado, la clase más moderna (¡progresista!), la principal interesada en luchar por el poder. Tampoco algún bloque nacional-popular ni ningún otro de los sujetos políticos propuestaso por las diferentes corrientes marxistas. Son los campesinos “atrasados” los únicos dispuestos a luchar por él.

Esta es una vieja discusión en el marxismo como para contraponer al proletariado a los campesinos pobres en plan de descalificar a alguien que plantea que los campesinos pobres apoyan a Sendero Luminoso. Flores no está en plan de plantear ningún “bloque nacional-popular”, como echa de menos Degregori, sino de explicar las actitudes de los campesinos ante un movimiento insurgente. Ahí es que Degregori le responde invocando al proyecto Cornell-IEP-San Marcos, muy interesado precisamente en averiguar las actitudes del campesinado ante un posible estallido insurgente. Y aquí, a pesar de su discrepancia en conclusiones y el mareo sofista que introduce Degregori, como su énfasis diferente, al final los dos coinciden en que tener algo que conservar retrae a los campesinos de apoyar una insurgencia. En realidad, la visión de Degregori sobre Sendero Luminoso está basada en Henri Favre, quien es el primero en negar el apoyo campesino a Sendero Luminoso, que era el pensamiento prevaleciente hasta mediados de los 1980s, y caracterizar a Sendero Luminoso como un fenómeno de “cholos” “desindianizados” y “descampesinizados” guiados por una “lumpenintelectualidad” provinciana. Esta es una línea argumentativa que se remonta a la reunión en el IEP en que le hicieron cargamontón a Arguedas, pasa por la “senderología” de Henri Favre quien plantea las tesis fuertes asumidas y luego afiladas por Degregori, y luego desemboca en la CVR que consagra esta concepción, ver Arguedas en el IEP, la senderología y la CVR.

Y finalmente, si Flores Galindo propone algo tan simple como una fusión de la mística milenarista con el socialismo moderno, a Degregori también le parece mal y encuentra en esta propuesta, con la que concluye “Buscando un Inca”, los espíritus de los viejos mistis y su visión teñida de un acentrado racismo (frase del mismo Flores Galindo) a lo Francisco García Calderón. Degregori proclama que Flores al dividir los aportes del mundo andino y del socialismo entre pasión y razón, respectivamente, está, por un lado, negando la existencia de una racionalidad andina (y aquí Degregori cita a su colega Jürgen Golte) y, por el otro, desatendiendo a Mariátegui quien decía que “la fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe”. Según Degregori la posición de Flores Galindo “resulta – por cierto a su pesar ‘ en última instancia antiandina”.

Y tiene razón Degregori que es una división del trabajo desigual, pero tampoco le da para una descalificación tan artera, sobre todo cuando se ha explayado en hacer una apología de la modernidad y la “utopía democrática” del capitalismo. En Degregori, si lo occidental viene como capitalismo, qué bien, es “el mito del progreso”, pero si viene como socialismo, qué mal, esa es la visión de los viejos mistis. Si el mundo andino incorpora la modernidad que trae el capitalismo, muy bien, pero si incorpora la modernidad que trae el socialismo, muy mal. La división pasión/razón no es identificable a la división andino/occidental. El mix propuesto por Flores Galindo puede acabar no siendo el que él se imagina, pero la propuesta de la fusión en sí sigue siendo válida. Si el mix final fuera una fusión al revés, entre la racionalidad andina a lo Golte mezclada con la mística revolucionaria a lo Sorel-Mariátegui, la propuesta de Flores Galindo seguiría muy en pie. Un ejemplo de crítica aparentemente puntillosa y central, pero que en realidad es totalmente irrelevante.

6. Conclusión
En suma, “Del mito mariateguista a la utopía andina” de Carlos Iván Degregori es un troleo, un texto escrito en plan de descalificación intelectual y personal, buscándole tres pies al gato y tergiversando los planteamientos de Flores Galindo. No es un texto sustancial, por lo que se entiende que su autor se lo guardara y lo circulara privadamente entre sus estudiantes y seguidores. En este texto se distinguen dos acusaciones de fondo, relacionadas: primero, imaginarse un mundo andino congelado que rechaza la modernidad y segundo, apostar por un socialismo autoritario, congelado también, que rechaza las bondades avance del capitalismo. Ambas acusaciones son equivocadas e injustas.

Un comentario

Por - Publicado el 14-11-2015

[Me quedó largo el análisis del ensayo de Carlos Iván Degregori “Del mito mariateguista a la utopía andina”, por lo que publicaré dos posts al respecto: el presente dedicado a los trasfondos del debate entre Alberto Flores Galindo y Carlos Iván Degregori y un siguiente post dedicado a analizar directamente los argumentos en el ensayo de Degregori.

Posts de la presente serie:
2. Del mito revolucionario al mito oenegista
1. Apogeo y caída de la utopía andina

Algunos post relacionados, publicados antes en este blog:
El indómito Flores Galindo
Arguedas en el IEP, la senderología y la CVR
La polémica Flores-Degregori (libios contra zorros)
Mariátegui, Arguedas y Flores Galindo]

1. La tardía y desencaminada vendetta de Degregori
Francamente decepcionante el ensayo de Carlos Iván Degregori en que critica duramente a Alberto Flores Galindo “Del mito mariateguista a la utopía andina”. Es un ensayo con sabor a berrinche y vendetta de un Degregori fastidiado por una mención crítica de Flores Galindo al primer trabajo intelectual fuerte de Degregori, como por la crítica al “mito del progreso” de Degregori, por la mordaz ironía de Flores sobre el IEP, al cual recientemente se había incorporado Degregori, como ocupando “el lugar intelectual que antes tenía el Instituto Riva Agüero”, además del duro debate dentro el PUM entre “libios” y “zorros”. Degregori sobrereacciona “con sangre en el ojo” por la reseña de Flores, con la camiseta del IEP puesta y con puntillosas atingencias llenas de verborragia ideológica a diversos párrafos de las páginas finales del “Buscando un Inca” de Flores Galindo. Degregori levanta un par de puntos sustanciales, pero también, llevado por la bronca, se enfrasca en cuestiones accesorias como prescindibles acusaciones retóricas a Flores Galindo, de misti, antiandino, congelado en el tiempo, desorientado, perdido, etc.

Se entendía que Degregori evitara publicar este ensayo con Flores Galindo en agonía, evitándole así un sinsabor en momentos personales aciagos. Pero después de muerto Flores, habiendo circulado el texto entre sus estudiantes y allegados del IEP, ¿por qué Degregori no publicó este texto tan descalificador para el gran público y lo guardó por un cuarto de siglo para publicarlo recién después de su muerte? ¿Para evitar una reacción en su contra de parte de los seguidores de Flores Galindo?¿Para dejar que el pensamiento de Flores Galindo se extinga por cuenta propia? ¿Para tener más publicaciones que lo ubicaran intelectualmente en mejor posición en relación a Flores? ¿Y por qué publicarlo y no dejarlo inédito como lo había dejado en los últimos años? A lo largo de la presente serie de posts sobre este tema intentaré responder a estas preguntas. Lo que es claro es que el gesto de supuesta elegancia de Degregori de no publicarlo al gran público contribuyó a consolidar su visión entre sus seguidores, sin ninguna discusión con los seguidores de Flores Galindo, quienes, si bien le rendían culto, se iban crecientemente distanciando de sus planteamientos para adoptar los propugnados por Degregori.

2. Debatir ignorando las respuestas del oponente
La cosa comienza con que Degregori se había picado por una mención crítica de Flores Galindo al trabajo de Degregori en coautoría con Nicolás Lynch y Cecilia Blondet “Conquistadores de un nuevo mundo” de 1986, aquí. Flores Galindo criticaría que los autores confundieran a los migrantes en Lima con los habitantes del Bronx, Nueva York. Flores Galindo añadiría una crítica más específica a Degregori, su idea expuesta en Del Mito del Inkarri al mito del progreso, de un creciente reemplazo del viejo mito del Inkarri por el mito del progreso. La frase de Flores Galindo que a Degregori le molestó fue

“Curiosamente la formulación más sugerente en contra de lo andino proviene de un intelectual de izquier­da. Carlos Iván Degregori ha planteado que en la cultura popular peruana, a partir de los años 50, se habría producido una especie de revolución mental: el mundo tradicional sustituido por el nacimiento de una moder­nidad popular. Se refiere así a que «el viejo mito de Inkarri va siendo reemplazado de manera creciente por otro: el mito del progreso.”
Prólogo a Carlos Arroyo. Encuentros. Historia y movimientos sociales en el Perú. Lima, Memoriangosta, 1989. pp. 9-21.

Este párrafo está citado por Degregori en “Traspié entre dos estrellas”, que es el prólogo a “Del mito mariateguista a la utopía andina”, publicado como Volumen V de las Obras Escogidas de Degregori.

El lector o la lectora puede leer el texto completo de Flores Galindo. Como se aprecia, Flores Galindo ofrece una detallada crítica a Degregori, en la que además aclara su postura sobre la utopía andina y responde a muchas de las críticas que se le hacían. Por eso, el historiador Ricardo Portocarrero, discípulo de Flores Galindo, publicó este texto como una respuesta al politólogo del IEP Martín Tanaka, identificado con las posiciones de Degregori. Una respuesta a la críticas a Flores Galindo repetidas por los seguidores de Degregori.

Efectivamente, Flores Galindo expone muy solventemente los temas de fondo en debate:

en la cultura andina coexisten tanto la esperanza en el progreso como la vuelta al pasado, a veces de manera conflictiva y en otras ocasiones, conviviendo hasta en el interior de un mismo individuo. (…)La cultura andina es, de otro lado, el reclamo de la escuela, el entusiasmo por el cemento y la calamina, la esperanza en la migración a Lima.

Y le responde directamente a Degregori

Degregori supone que la migración es una ruptura con el pasado. En parte sí, pero las conexiones con esa tierra que queda atrás se mantienen través del parentesco, las instituciones regionales, el regreso periódico a la comunidad. Nuestra época, cuando supuestamente se produce el ocaso de lo andino, es también la época en que la organización comunal se propala por todos los Andes. Mientras desaparecen los gamonales y las haciendas, las comunidades llegarán hasta cerca de 5,000 (reconocidas). En la ciudad, las asociaciones de provincianos serán el soporte social que hace posible la reproducción, en el medio urbano, de la reciprocidad y la ayuda mutua. Es prematuro, a veces, dar por muerto al pasado. ¿Volver atrás? El desafío que implican ideas como la utopía andina es la posibilidad de encontrar un camino propio: esa explosiva aleación entre lo nuevo y lo viejo que Mariátegui resumió al hablar de la «heterodoxia de la tradición». Pero, ¿se trata de proponer una síntesis o de elaborar un proyecto radicalmente nuevo?

Flores Galindo deja ahí la pregunta. Para entender a este historiador es crucial advertir que lo importante en él son las preguntas que deja, más que las respuestas que no tenía, ni pretendía tener.

Y un punto acertado de Flores: el contrabando de la defensa del capitalismo en el Perú so pretexto de defensa de la “modernidad”:

Se corre el riesgo de que, al elogiar la modernidad, estemos haciendo una velada defensa del capitalismo. Por eso resulta imprescindible introducir en la discusión la perspectiva socialista.

Degregori, que conoce bien este texto de Flores Galindo pues admite que fue este texto el que tanto le molestó, resalta que Flores Galindo lo critica por estar en contra de lo andino in toto como “demasiada generalización” y “una homogenización inaceptable”, pero ignora del todo los argumentos, críticas de fondo y respuestas de Flores Galindo. Degregori se mecharía directa y exclusivamente con “Buscando un Inca”, sin aclaraciones posteriores.

Si el lector o la lectora lee el texto completo de Flores Galindo y su crítica a Degregori, notará también que Flores no se despeina ni arrebata con Degregori. Lo critica sin retórica ni alusiones personales. Muy diferente será la sobrereacción de Degregori contra Flores

3. “Le faltaba calle”
En “Traspié entre dos estrellas”, su prólogo a su ensayo de crítica a Flores Galindo, Carlos Iván Degregori lo trata con mucha condescendencia, como un tardío entusiasmado en las ideas revolucionarias en un contexto de desilusión con el pensamiento de izquierda. Remataría su condescendencia en una de sus últimas entrevistas proclamando ante sus seguidores que a Alberto Flores Galindo “le faltaba calle”. En una palabra Degregori trata a Flores Galindo como una suerte de “chibolo Pulpín”.

Este tipo de especulaciones y alusiones ocurren casi un cuarto de siglo de publicado “Buscando un Inca”, cuando el horizonte revolucionario y utópico de Flores Galindo ha caído en desgracia y es más bien el pensamiento de Degregori el que reina. Sin embargo, las cosas no ocurren así en tiempo real, en los años 80s, cuando los términos del debate y la ubicación de los contendientes son muy diferentes.

Lejos de ser Flores Galindo alguien “sin calle”, en los 80s es más bien Degregori quien recién hace sus pininos como un intelectual con propuesta. Flores Galindo estaba mucho más establecido tanto política como académicamente.

En el plano político, las tesis de Flores Galindo fueron más influyentes, como que fueron adoptadas por la mayoría del PUM, donde también militaba Degregori. En cambio la corriente de Degregori quedaría en minoría y saldría del partido para apoyar electoralmente a Alfonso Barrantes y luego disgregarse totalmente, pasando por la colaboración con las fuerzas armadas contra Sendero Luminoso.

En el plano académico, un simple indicador: Flores Galindo acaba su licenciatura en 1971 y su doctorado en 1984. Degregori recién acaba su licenciatura en 1983 y su doctorado en 2005. A mediados y fines de los 80s era Flores Galindo quien tenía una sólida producción e influyente trayectoria intelectual, no así un tardío Degregori, quien recién en 1986 recién tiene un libro en que se esboza algún tipo de propuesta, con su nueva posición ex-izquierdista.

La condescendencia de Degregori con Flores Galindo, es la condescendencia con que el converso descreído mira al que todavía tiene fe en la revolución. Es posible y aceptable a comienzos del presente siglo, en que los planteamientos de Flores Galindo han quedado marginalizados y abandonados incluso por quienes los secundaron. Recientemente, Nelson Manrique, cercano intelectualmente a Flores Galindo en los 80s y entonces ácido crítico de Degregori, celebraría el “le faltaba calle” de Degregori, aquí. Este tipo de expresiones hubieran sido imposibles en los años 1980s, dado el mayor peso político y académico de Alberto Flores Galindo. El horizonte izquierdista entonces era mucho más fuerte que ahora.

4. Los mitos en conflicto
El libro que Degregori publica en coautoría con Cecilia Blondet “Conquistadores de un nuevo mundo: De invasores a ciudadanos en San Martin de Porres,” (1986) proviene de un proyecto auspiciado por la Fundación Ford. Este libro forma parte de una corriente intelectual de los años 80s, que junto con la producción de Hernando de Soto, Fernando Villarán, Jürgen Golte y Norma Adams, entre otros, exaltan el emprendedurismo de las clases populares antes que su situación de explotación. Son las clases populares las que hacen un “desborde popular”, un “otro Sendero”, microempresario, que se constituye en una alternativa social y política al statu quo.

Alberto Flores Galindo es muy crítico con esta corriente intelectual. Entiende que es un afluente del neoliberalismo en el plano intelectual. Le hace una mención crítica, que pasaría desapercibida en el conjunto de la obra de Flores Galindo, si no es porque ésta es muy mal recibida por Degregori. Flores se metía con el debut intelectual de Degregori. Y además se metía con su cubil, que el IEP ocupaba el lugar intelectual que ante tenía el Instituto Riva Agüero. Esto, como me consta, les había molestado a todos los intelectuales del IEP.

Efectivamente, los caminos de ambos intectuales se bifurcan radicalmente. Lo que parece ser una fisura entre dos intelectuales de izquierda, se ensancha con los años.

Mientras Alberto Flores Galindo gana el premio Casa de las América y publica “Buscando un Inca” en Cuba, Carlos Iván Degregori publica con el auspicio de la Fundación Ford de los Estados Unidos.

Mientras Alberto Flores Galindo se centra en denunciar al estado en “Violencia y Campesinado”, Carlos Iván Degregori se conviverte en un senderólogo, centrado en denunciar a Sendero Luminoso, y auspiciador explícito de una alianza de la izquierda con las fuerzas armadas contra Sendero.

En La polémica Flores-Degregori (libios contra zorros) hemos discutido más sobre este debate. En futuros posts, volveremos sobre esta bifurcación de caminos, en particular sobre el camino seguido por Degregori.

5. Los hondos y mortales desencuentros en el ojo propio
En realidad el MIR Tapia del cual era parte Degregori se queda sin bases políticas. Pierde la batalla partidaria ante la mayoría dirigida por Javier Diez Canseco y opta por apoyar a Alfonso Barrantes. Finalmente este sector resuelve su desencuentro con las clases populares pasando de ser intelectuales de partido a ser intelectuales de ONG, como vimos en Del mito revolucionario al mito oenegista. Desde estas organizaciones no gubernamentales es que realizan una labor ideológica y de asesoría a entidades estatales, particularmente militares, en su lucha contra la insurgencia de Sendero Luminoso y el MRTA. Desde 1990 las izquierdas se oenegizan y fracasan en todo intento electoral posterior, por lo que recurren a alianzas e incorporaciones a otros partidos, como la UPP o el humalismo o a asumir un rol “técnico” ministerial. El gran “camino de las masas”, opuesto como alternativa al camino minoritario “varnguardista-militarista”, no funciona para estos sectores. Las clases populares votan por Fujimori, a quien apoyan. Como dirigentes de izquierda no la hacen, pero sí como directores y funcionarios de ONG, asesores, ministros, comisionados de la CVR. Paradójicamente, se aplica para este sector la idea de hondos y mortales desencuentros con las clases populares que se resuelve mediante una asimilación al sistema que antes cuestionaron, una “huída hacia adelante” dentro del sistema, que gustoso los recibe. Nótese que esta asimilación se produce a comienzos de los 1990s en pleno gobierno fujimorista, tema sobre el cual volveré en posts venideros.

6. GEIN intelectual
Muchos “libios” que chocaron con Degregori por el debate en el PUM entre “libios” y “zorros” hoy le reconocen a Degregori virtudes de tolerancia y de no guardarles rencor por haber sido ellos tan mordaces con Degregori. El “libio” y ex asesor de la CCP Victor Caballero lo elogia porque “nunca reclamó nada, ni guardó rencores”, aquí.

Cuando lo volví a ver en el IEP sentía un poco de vergüenza cruzarme con él porque recordaba la mordacidad con que a veces nos referíamos a su poca participación en reuniones partidarias, a su comportamiento huidizo de reuniones interminables y repetitivas en las que nos agotábamos. En cambio, cuando él me veía se ponía a conversar con alegría, con espíritu inquieto, valorando lo que se le decía.

Lo que ocurre es que gente como Caballero había abandonado las posiciones radicales de antes y había seguido un camino político similar al de Degregori. Caballero sería funcionario de la PCM durante el baguazo y Conga, totalmente abocado a criminalizar a los dirigentes sociales, ver aquí. Degregori recibiría con los brazos abiertos a quienes habían seguido su camino de asimilación y defensa del sistema. Esta misma bienvenida haría Degregori con alguien tan conflictivo y crítico con él como el historiador Nelson Manrique. En 1990, Degregori se lamentaba “Nelson Manrique ni me habla”. Yo le preguntaría “¿Y por qué?”. Degregori respondería “Es que hemos militado juntos”. Efectivamente, en esos años Manrique se mantenía en posiciones radicales, mientras Degregori estaba por la defensa del estado. Sin embargo, con el tiempo quien cambiaría de posición no sería Degregori, quien se consolidaría en su derechización, sino Manrique quien vallejianamente había llegado a seguir el mismo camino de Degregori. Normal que lo recibiera también con los brazos abiertos.

Sin embargo, en toda esta magnanimidad de Degregori, hoy queda claro lo que estaba ocurriendo: simplemente había preferido disparar a la cabeza de la corriente intelectual radical, cual era Alberto Flores Galindo. Una táctica a la GEIN, de capturar “High value targets” (metas de gran valor). No se mete duramente con Manrique ni con otros como se mete con Flores. Lejos de pelearse con todos, la mayoría “libia” del PUM, opta por darle duro a Flores, con su texto difundido entre sus seguidores, a la vez que se “reconcilia” y entra en acuerdos con los seguidores de éste. Efectivamente, Manrique sería un gran defensor del discurso intelectual de la CVR, decisivamente influído por las elaboraciones de Degregori. En los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI el debate entre Flores Galindo y Degregori es pura curiosidad intelectual, un debate sin mayor trascendencia. El triunfo de Degregori es total. Si bien había perdido la batalla en tiempo real, había acabado por ganar la guerra.

7. Degregori bebiendo chicha en el cráneo de Flores Galindo
En los años 1990s, con las izquierdas desradilizándose y retrocediendo políticamente, no tiene mucho sentido pelearse públicamente con Flores Galindo por “Buscarse un Inca”. Es mejor “let sleeping dogs lie” (dejar que los perros sigan durmiendo). A Degregori le basta con circular el trabajo entre sus estudiantes y más bien consolidarse como senderólogo, escribiendo a favor de los “Comités de Autodefensa”. Es recién a mediados y fines de los 2000 con una cierta reemergencia del pensamiento izquierdista en el Perú, que vuelve a haber interés en los plantamientos de Flores Galindo y por lo tanto en la crítica de Degregori a Flores. Para entonces, Degregori ya es un consolidado académico, con varios textos publicados y un doctorado. Es un reconocido intelectual que ha dirigido e inspirado a la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Desde esa posición triunfante, lamentablemente, tiene gestos poco elegantes con Flores Galindo, de una jactancia propia del nuevo rico intelectual, tanto en “Traspié entre dos estrellas” como en la entrevista que le concede a dos de sus seguidores. Una actitud tipo Aquiles arrastrando el cadáver de Héctor delante de los troyanos o se dice que hizo Atahualpa bebiendo chicha en el cráneo de su hermano. Ambos acabaron mal.

[Continuará. En la segunda parte del presente post analizaré el ensayo “Del mito mariateguista a la utopía andina”]

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Por - Publicado el 11-11-2015

[César Vallejo decía que dos personas que se encuentran en la calle no van en sentido contrario; van en el mismo sentido, pero una detrás de la otra. Algo así puede decirse del debate entre “libios” y “zorros” del PUM de los 80s y su contraparte intelectual, realizada en forma póstuma, en las figuras de Alberto Flores Galindo y Carlos Iván Degregori. En retrospectiva fue un debate entre dos corrientes políticas que al final llegaron a las mismas conclusiones y a las mismas prácticas, ambos asimilados al sistema que antes cuestionaron. Aparentemente estaban enfrentadas, pero en realidad iban por el mismo camino, sólo que unas iban detrás de las otras.

Con la publicación por el IEP del Volumen V de las “Obras Escogidas” de Carlos Iván Degregori el gran público puede tener acceso ahora a los escritos en que Degregori critica los planteamientos de Flores Galindo. Antes estos escritos habían circulado restringidamente, principalmente entre sus estudiantes y en grupos de estudios allegados al IEP. Con ello se consolidaba en ambientes intelectuales cercanos a Degregori un rechazo a la obra de Flores Galindo, que difícilmente podía ser respondido. Un reciente libro de “conversaciones con Carlos Iván Degregori” publicado por sus discípulos complementa la visión de Degregori sobre Flores Galindo, incluso con referencias personales de aquél sobre éste.

En el presente post y los que le continuarán, asumiré una posición más bien crítica con la visión y trayectoria de Degregori, que, dada la marginación intelectual a las posiciones más antisistema ocurrida en las últimas tres décadas, ha devenido en una corriente predominante en las ciencias sociales y política peruanas. La trayectoria de Degregori es una de derechización desde posiciones revolucionarias y guerrilleristas a posiciones derechistas y contrainsurgentes. El predominio de esta visión ha devenido en una actitud conformista y de defensa del sistema ante cualquier asonada que lo cuestione. Este no era para nada el clima intelectual de hace tres décadas en que Flores Galindo hizo una propuesta revolucionaria de cambio social en base a su análisis de la historia peruana. Una propuesta que definitivamente sigue siendo válida.]

El antropólogo Carlos Iván Degregori comienza sus estudios en la Universidad Católica, pero se cambia al poco tiempo a la Universidad de San Marcos. Tiene un temprano trabajo de colaboración con Jürgen Golte en el IEP, en un proyecto sobre los campesinos de Pacaraos, publicado en 1973 por el IEP. Gracias al apoyo de John Murra estudia en la Universidad de Brandeis de Boston y obtiene un B.A. (bachillerato) en 1970.

En los 1970s Carlos Iván Degregori es parte de un partido político, el MIR dirigido por Carlos Tapia, una de las organizaciones que proceden del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, organización insurgente derrotada en 1965. Este MIR aboga por una revolución armada basada en un desborde del campesinado. Ante la derrota de las guerrillas del MIR y el ELN este partido opta por promover y apoyar el trabajo de organización campesina, con el objetivo de que este sector eventualmente se levantara en una revolución, desde luego del campo a la ciudad. Se trataba de reiniciar la lucha armada iniciada por el MIR.

En este contexto, Degregori, militante del MIR dirigido por Carlos Tapia, es un intelectual de partido, un “intelectual orgánico” gramsciano en la Universidad San Cristóbal de Huamanga (UNSCH) y en el seno de la Confederación Campesina del Perú.

Nelson Manrique en Sendero Luminoso: ese oscuro objeto del conocimiento cuenta cuál es la posición del MIR de Degregori y Tapia en esos momentos:

La vertiente maoísta del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que desarrolló cierta presencia en la región [Ayacucho] y se enfrentó durante esa década a Sendero en la Universidad de Huamanga, por ejemplo, sostenía – como lo hacía SL – que la sociedad peruana era semifeudal y la Junta Militar de Gobierno fascista; el enemigo en el movimiento popular era el trotsko-revisionismo y el camino de la revolución era el desarrollo de la guerra popular del campo a la ciudad, bajo la dirección del proletariado en alianza con el campesinado.

El historiador Nelson Manrique sabía de lo que hablaba, pues él también había militado con Degregori en ese mismo MIR, según relata el mismo Degregori en un libro de entrevistas de autoría de Pablo Sandoval y José Carlos Agüero, publicado por el IEP.

Degregori en un texto publicado en 1978 y reproducido recientemente en sus “Obras Escogidas”, “Indigenismo, clases sociales y problema nacional”, explica cómo es “el problema nacional en la época del imperialismo”:

en la época el imperialismo, el problema nacional se funde con el problema general de las colonias (5).

La burguesía es ya incapaz de solucionar los problemas democrático y nacional, incapacidad histórica que venimos padeciendo. Pero paralelo a este ocaso, desde la Comuna de París (1871) hasta la primera revolución proletaria en Rusia, el proletariado toma relevo como fuerza revolucionaria. Es, entonces, un nuevo conjunto de fuerzas, con el proletariado a la cabeza, la alianza obrero-campesina como eje, que van a tener la capacidad de llevar a cabo la revolución democrática que la burguesía dejó pendiente. Esta revolución democrática llevada adelante por esta alianza de clases conduce en forma ininterrumpida al socialismo y es denominada por Mao Tsetung revolución de nueva democracia, diferente en cuanto a su composición de clases, objetivos y periodo histórico a la revolución democrática conducida por la burguesí, denominada ahora de vieja democracia (6).

Pero la cancelación histórica de la burguesía como fuerza revolucionaria no implica su colapso inmediato o su retirada voluntaria de la escena política en esos países. Persistirá, enarbolando sus viejas banderas cada vez más desvirtuadas, tratando de arrastrar tras de sí sectores populares y lograr la hegemonía en el ámbito del Estado, desplazando a las viejas clases ligadas al Estado semifeudal. la hitoria de nuestra patria en las últimas décadas es la del enfrentamiento entre tres fuerzas básicas: la vieja oligarquía hegemónica en el Estado semifeudal, las fuerzas burguesas que enarbolan variantes desvirtuadas del programa de la vieja democracia y las fuerzas obreras y populares cuyos intereses históricos son los de la nueva democracia y el socialismo.

(5) Ver Stalin [El marxismo y el problema nacional y colonial, Lautaro, Buenos Aires, 1946. ] :pág. 20).
(6) Mao Tsetung, “Sobre la nueva democracia”, En Obras Escogidas Tomo II, pp. 353-400. Ed. Lenguas Extranjeras, Pekín, 1971.

Desde luego que Degregori se ubica entre las fuerzas de “la nueva democracia y el socialismo” en rechazo no sólo a “la vieja oligarquía hegemónica en el Estado semifeudal”, sino a “las fuerzas burguesas” que parecen ser una alusión al velasquismo, siguiendo la caracterización de Cotler y Quijano del velasquismo como un “régimen burgués”.

Las actuales biografías de Degregori lo presentan como alguien en confrontación con Sendero Luminoso en los años 1970s, que regresó a Lima y se dedicó a escribir sobre Sendero en base a su conocimiento directo de este partido. Uno de los tantos discursos en ese sentido es el de JÜrgen Golte, en Carlos Iván Degregori como antropólogo:

Ya a su regreso a Huamanga [desde los Estados Unidos] esta tendencia [al “el estudio de los otros”] se afirmó aún más. Sus estudios se dirigían a la comprensión de su mundo y no de mundos ajenos. Estaba muy lejos de construir una otredad con el propósito de subalternizar a la sociedad en la cual vivía. Sus escritos a partir de ahí representan esfuerzos serios para comprender el mundo en el cual vivía y del cual formaba parte. Sus trabajos sobre Sendero Luminoso nacen de la confrontación personal y directa con Abimael Guzmán y su grupo en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Lo que estudia son los métodos con los cuales Guzmán lograba separar a sus adherentes de la experiencia de la cotidianeidad, convirtiéndolos en supeditados a un discurso cerrado que creaba una otredad que tenía origen en la mentalidad de un profesor provinciano en una universidad provinciana. La finalidad de Carlos Iván era la deconstrucción y análisis del discurso de Abimael Guzmán a partir de la inserción del líder de Sendero en la sociedad peruana y la instrumentalidad del discurso en una estrategia político militar en el mismo mundo en el cual Carlos Iván vivía.

Golte y otros reescriben la biografía de Degregori a partir de la postura de éste en sus últimos años de vida, no en base a su postura ideológica en tiempo real.

Más que confrontación era competencia con Guzmán, pues las tesis de Degregori, como se aprecia en la cita transcrita, son muy parecidas a las de aquél. “La vertiente maoísta del MIR”, como la llama Manrique, es muy cercana ideológicamente a Sendero Luminoso. No hay una verdadera confrontación de posiciones antagónicas como se repite en forma tergiversativa en la actualidad. El conflicto entre el MIR de Tapia y Sendero es un conflicto usual entre las diversas agrupaciones de la ultraizquierda peruana que se paran confrontando incluso a pesar de las coincidencias.

(Otro detalle tergiversativo, que se advierte en la cita de Golte, es que se pinta a un Degregori que llega a Lima de Huamanga a fines de los setentas y se pone a escribir sobre Sendero Luminoso en base a su experiencia de conocimiento de cerca de este partido. A Degregori le toma una década ingresar del todo a la senderología, como veremos en un siguiente post.)

Con el segundo gobierno de Belaúnde, el llamado “retorno de la democracia”, las tesis revolucionarias de estos relativamente pequeños grupos de intelectuales son dejadas de lado a favor de una asimilación a la democracia representativa. El brío de esta intelectualidad queda para la historia más como un brío antidictatorial, particularmente antivelasquista, que un brío revolucionario. Los que dijeron que Velasco era reformismo burgués no le ponen pegas a Belaúnde por burgúes, más bien le dan la bienvenida como un gobierno democrático.

Rápidamente los dirigentes partidarios clasemedieros dejan de lado la prédica revolucionaria al campesinado para dedicarse a aspirar a la labor legislativa o a la labor mediática. Es el caso de Degregori que se convierte en un intelectual de columnas de opinión, primero en el Diario de Marka y luego en diversas revistas, como El Zorro de Abajo.

(Este viraje crea desafección en muchos militantes de base de la izquierda, como expectativa y aprobación a las acciones subversivas de Sendero Luminoso y luego del MRTA. Un repentino viraje de timón no es capaz de cambiar la dirección de un vehículo que marcha a alta velocidad. La prédica radical que hace Degregori, como la que se lee en el texto citado, desde luego que influye en bases izquierdistas en optar por caminos radicales.)

Este es un proceso que involucra a mucha gente en la izquierda, y en el cual nunca hay una explicación o autocrítica de parte de los dirigentes otrora radizalizados, ni siquiera décadas después, en la CVR. Del discurso maoísta, revolucionario, se pasa de golpe a un discurso que revindica la democracia belaundista de los años 1980s, cuando estos grupos se consideraban herederos de los insurgentes que combatieron a la democracia belaundista de los 1960s. En este sector, lo “burgués” como reformismo militar genera rechazo, en cambio lo “burgués” como democracia belaundista genera aceptación. La oposición al velasquismo y luego a Morales Bermúdez de estos sectores es organizada en partidos. Ahora la oposición al belaundismo y luego al alanismo se caracteriza por un desplazamiento de los cuadros partidarios a las organizaciones no gubernamentales (ONGs u oenegés).

Degregori, sin abandonar la labor mediática, acaba su licenciatura en la universidad donde ya había sido profesor, y se convierte del todo en un intelectual académico, con su (re) ingreso al Instituto de Estudios Peruanos, junto con otras ex figuras partidarias, como Cecilia Blondet, Fernando Rospigliosi y otros ex compañeros de bregas políticas. Degregori, a diferencia de sus excompañeros, tiene un trabajo académico previo, de fines de los años 60s, impulsado por la Universidad de Cornell con el IEP.1

Degregori, si bien era profesor de la Universidad San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), en realidad había sacrificado su desarrollo intelectual por la militancia política, concluyendo su licenciatura en antropología en la UNSCH recién en 1983, con una tesis esencialmente descriptiva sobre el Departamento de Ayacucho (Degregori, C. I., 1986, “Ayacucho, raíces de una crisis”, Instituto de Estudios Regionales “José María Arguedas”, Ayacucho).

A comienzos de los años 1980s en el plano académico Degregori no tiene una gran producción académica ni mucho que proponer intelectual o políticamente, que no propusieran ya otros, como los sociólogos Sinesio López o Alberto Adrianzén. Su labor intelectual se expresa principalmente en revisiones bibliográficas o en artículos de opinión periodísticos. Si bien tiene una pluma inspirada y sugerente en sus escritos, no se le distingue aporte académico reconocible, un valor agregado al conocimiento, antes de su incorporación al IEP, posible gracias a José Matos Mar primero y luego a Julio Cotler. En sus “Obras Escogidas” que viene actualmente publicando el IEP se advierte que la mayor parte de sus escritos son posteriores a la segunda mitad de los años 1980s y publicados por el IEP.

En la segunda mitad de los años 80s, las izquierdas aparententemente tienen un gran poder, llegando a pasar a segunda vuelta en las elecciones de 1985. Sin embargo, es un poder ficticio, que oculta la desilusión, el viraje y la desintegración que vienen experimentando, al igual que su absorción ideológica por el discurso neoliberal. El discurso de Hernando de Soto crea una base ideológica sobre la que al poco tiempo se asienta un discurso político antipopulista, antiestatista, anti-clase trabajadora y pro-empresarial, neoliberal. El capitalismo se presenta como un sistema atractivo para los pobres, ante el estatismo velasquista y el populismo alanista suscrito por parte de las izquierdas. En el contexto hiperinflacionario y corrupto del primer alanismo, las reformas antioligárquicas, como la reforma agraria y la nacionalización de las empresas transnacionales, son presentadas como perjudiciales a los más pobres y por lo tanto como reformas a ser revertidas. El capitalismo, lejos de ser un sistema que debía ser derrumbado, resulta un sistema deseable que da posibilidades de ascenso social para los más pobres que son los “conquistadores de un nuevo mundo”,2 los migrantes existosos y emergentes, que son “apolíticos”, desechan el radicalismo, no se consideran obreros, etc. Este discurso es impulsado por proyectos de la Fundación Ford, USAID y la NED.3 Esta es la base ideológica para lo que después se convierte en el programa de reformas neoliberales llevadas a cabo por Fujimori a comienzos de los 1990s.

Alberto Flores Galindo en “Reencontremos la dimensión utópica” de diciembre de 1989 nota este proceso en forma (auto) crítica:

Ahora, muchos han separado política de ética. La eficacia ha pasado al centro. La necesidad de críticas al socialismo ha postergado el combate a la clase dominante. No sólo estamos ante un problema ideológico. Está de por medio también la incorporación de todos nosotros al orden establecido. Mientras el país se empobrecía de manera dramática, en la izquierda mejorábamos nuestras condiciones de vida. Durante los años de crisis, debo admitirlo, gracias a los centros y las fundaciones, nos fue muy bien y terminamos absorbidos por el más vulgar determinismo económico.

Es en ese contexto que Degregori, y otros luego, hace su definitiva reconversión de la militancia partidaria a la intelectualidad oenegista. Tampoco tiene entonces ya llegada a los sectores campesinos, en la Confederación Campesina del Perú, pues éstos se quedan con el sector mayoritario del PUM, de Javier Diez Canseco y Eduardo Cáceres. Tampoco tiene influencia en sectores urbanos ni obreros. Su grupo político queda reducido a tener una influencia mediática, en la izquierda, y apuesta por apoyar a Alfonso Barrantes en las elecciones de 1990, con malos resultados. Un discurso que aboga por un camino electoral y democrático, de rechazo a la insurgencia en base a la influencia de la izquierda en el movimiento social, “las grandes masas”, se queda sin piso alguno, sin influencia social ni electoral. En tal contexto, Degregori consolida su apuesta oenegista en el IEP, del cual llega a ser su director. Es desde esta organización y desde su elaboración intelectual que hace política ya no directamente partidaria. Así, Degregori pasa de ser intelectual de partido a ser intelectual de oenegé.

  1. En 1960s: el financiamiento del Pentágono y el IEP hemos comentado cómo así es que el interés del IEP en las actitudes de los campesinos ante la “modernidad” tiene que ver con el interés contrasubversivo de las agencias públicas y privadas de los EEUU en evitar un estallido revolucionario en el campo peruano. []
  2. Este es el título de un libro de Degregori, publicado en 1986 en coautoría con Cecilia Blondet y Nicolás Lynch, resultado del proyecto “Urbanización y Cultura Popular en Lima Metropolitana”, auspiciado por la Fundación Ford. []
  3. Al respecto es pertinente esta larga cita de Romeo Grompone, ya citada en El desbordepopulismo:

    “Antes que la teoría aparecen las metáforas y los personajes arquetípicos. En una sociedad urbana sometida a un proceso acelerado de cambios existe la tentación de buscar atajos, de llegar por fin al imprevisto camino que evite las confusiones y ayude a sortear las dudas. Primero acuden las metáforas. Los informales han trazado otro sendero emprendiendo una larga lucha por la propiedad privada, ampliando los márgenes de la economía de mercado ya acorralando a un Estado mercantilista. Otras veces, ellos provocan el desborde popular defindiendo nuevas reglas y construyendo nuevas instituciones. Los ayer marginalizados están marginando al Estado porque los migrantes invasores impusieron su estilo en todos los predios de la política y la sociedad. Los mismos migrantes descienden ahora del caballo de Troya “a paso de vencedores”, porque son guerreros pacientes y decididos y les toca enfrentarse a limeños que han olvidado las artes del combate, conformes con obtener un puesto seguro o recibir los favores de los gobiernos, la opción por una vida sin riesgos y sin posibilidades. En los nuevos barrios estos pobladores son los conquistadores de un nuevo mundo por obra de sus luchas individuales y colectivas. El triunfo esta vez ha sido lograr la democratización de la sociedad, afirmando sus derechos y adquiriendo así una identidad ciudadana que restringe los márgenes de la manipulación y control de las élites.
    (…)
    Pero repasemos otra vez los títulos: El otro sendero, Desborde popular y crisis del Estado, Los caballos de Troya de los invasores, Estrategias campesinas de conquista de la gran Lima, Conquistadores de un nuevo mundo. De invasores a ciudadanos en San Martín de Porres. Aires de epopeya y de canción de gesta se escuchan en una década de severa crisis económica, extensión de la pobreza urbana y rural, violencia política, tambaleante afirmación de la democracia por una débil institucionalización.”
    En “De Marginales a informales”, DESCO, 1990. []

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