Por - Publicado el 16-11-2017
Ustedes deben de suponer a quién me refiero.

Ha dicho que por cada conferencia le pagaron cien mil dólares. Hace algún tiempo dijo que fueron cincuenta mil.

En uno y otro caso son sumas fabulosas y, por lo tanto, increíbles.

Para determinar su verosimilitud se les debe someter a la prueba de las comparaciones a partir de ciertos referentes, como los méritos del expositor, el tema que trate, la institución que lo invite, la duración de la conferencia, la cantidad y la calidad de los asistentes.

Méritos del expositor

Académicos: no tiene ninguno; no es magister ni doctor; dice haberse recibido de abogado y, en el supuesto de que tenga el título, jamás ha intervenido en algún proceso judicial como patrocinante.

Políticos: ha sido constituyente en 1978-1979, pero no aportó nada a la redacción del texto constitucional; ha sido diputado entre 1980 y 1985, pero tampoco dejó alguna huella en la legislación; como presidente de la República de 1985 a 1990 arrojó al país al descalabro, y luego, entre 2006 y 2011, convivió con la corrupción impulsada por su amigo y adalid, Marcelo Odebrecht.

¡Linda hoja de vida!

Temas de las conferencias

Por las sumas que dice haber recibido tendría que haber dado a conocer algún invento, descubrimiento, fórmula o técnica en los que hubiere intervenido como autor, algo verdaderamente sensacional o útil para el conocimiento del universo, la vida o la conciencia, para la producción, la salud, el consumo, etc., algún aporte digno de un premio Nobel o que reportara millones por su comercialización. Este conferencista, que se sepa, nunca ha calificado para alguna innovación por pequeñita que sea. ¿De qué podría haber hablado, entonces?

Institución invitante y las sumas que pagarían

¿Hay alguna en el mundo que pueda pagar las sumas que dice haber recibido? Ninguna, ni en el mundo de la fantasía. La Universidad de Bolonia, una de las más prestigiosas de Europa, paga por conferencia unos 1,200 euros (unos 1,500 dólares USA), suma que comprende los gastos de viaje y hotel, y sólo admite como conferencistas a grandes académicos. La Universidad de París paga mucho menos. En las universidades de Estados Unidos, la tarifa por una conferencia de una hora varía entre 1,000 y 5,000 dólares, pero los expositores tienen que ser maestros de primera. En América Latina, las universidades financian el viaje y los viáticos de los profesores invitados.

Ayuda, en este trance, conocer la remuneración de los profesores universitarios. Alemania: entre 3,000 y 4,000 euros por mes, por tiempo completo, neto; España: de 1,800 a 2,300 euros por mes, por tiempo completo, neto; Estados Unidos: entre 100,000 y 200,000 dólares por año, a dedicación exclusiva, bruto, o sea un promedio mensual que va de 8,333 a 16,666 dólares; en Argentina: de 600 a 2,000 dólares por mes, a tiempo completo, bruto; Brasil: 4,000 dólares por mes a dedicación exclusiva, bruto. Para ingresar como profesor a estas universidades se requiere el grado de doctor, pasar el concurso y presentar un currículum de fuste. Estos países impulsan su desarrollo y progreso, en mucho, con la investigación y el conocimiento impartido por sus universidades.

Duración de la conferencia

¿Una hora, dos, tres? ¿Cuánto tiempo habló este doctus inflationis causa?

Asistentes

En las grandes universidades del mundo, los asistentes son, por lo general, sus estudiantes y profesores, y algunos invitados de prestigio. Pero su calidad y su cantidad no aumentan ni un céntimo la tarifa establecida.

André Rieu sí podría cobrar hasta más por una hora de presentación. Pero su equipo se compone de cientos de músicos, cantantes, técnicos y personal de apoyo, sus escenarios le cuestan millones y ofrece bellas piezas musicales ejecutadas a la perfección para miles de asistentes.

En conclusión, este conferencista no pasa la prueba. Con su currículum, el personal de seguridad de las grandes universidades lo dejaría en la puerta.

¿Por qué le habrían pagado, entonces, esas sumas?

En la lengua francesa existe la expresión pot-de-vin que significa la suma de dinero que se da aparte del precio para obtener alguna cosa, por lo general, de alguna autoridad. Su traducción literal es garrafa de vino. Apareció en el siglo XVI. Era el vino que se entregaba como soborno. Se le traduce en Castellano como soborno o coima.

Tal parece ser el caso de este conferencista. Las sumas que, dice, le pagaron por cada conferencia estarían encubriendo una contraprestación por hechos ilícitos cuando fue presidente de la República, situación que se corroboraría con las pruebas incriminatorias de los funcionarios que dependían de él, demostrativas de que fueron sobornados por Odebrecht.

¿Qué pasa con el Ministerio Público?

(16/11/2017)

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Por - Publicado el 06-11-2017

Por Jorge Rendón Vásquez

Ese día comenzó la revolución bolchevique rusa. Era el 24 de octubre de 1917, según el calendario juliano entonces utilizado en Rusia, y el 7 de noviembre de ese año en el resto del mundo, según el calendario gregoriano.
Fue el resultado de un proceso de conocimiento y de un acto de voluntad de Lenin.
El proceso de conocimiento consistió en su encuentro ininterrumpido con la dialéctica que Hegel había descubierto como la causa del movimiento y la transformación de las ideas, y que Marx situó en el campo de la realidad material: el universo, la sociedad y la conciencia.
Desde que tuvo uso de razón política siendo muy joven, Lenin se enfrascó en el estudio de la Lógica, la Fenomenología del Espíritu, la Filosofía del Derecho y otros trabajos de aquel filósofo alemán, y de las obras de Carlos Marx y Federico Engels en las que desarrollaron sus descubrimientos conceptuales e ideas a partir de la Ideología Alemana y el Manifiesto Comunista. Los leía y comentaba durante los largos años que sufrió prisión en Siberia y vivió exiliado fuera de Rusia por la persecución de la Ojrana, la temible policía política del zarismo. De esas reflexiones han quedado sus Cuadernos Filosóficos con sus comentarios y notas. De la dialéctica decía: “La condición para el conocimiento de todos los procesos del mundo es su «automovimiento», en su desarrollo espontáneo, en su vida real, es el conocimiento de los mismos como una unidad de contrarios. El desarrollo es la «lucha» de contrarios” ; lucha que origina pequeños y sucesivos cambios cuantitativos que, en cierto momento, dan lugar a un cambio cualitativo.
Lenin nunca dejó de estudiar la evolución dialéctica de la realidad económica, social, política y cultural de Rusia y Europa, buscando e identificando sus términos contrarios; y es posible que haya percibido, en cierto momento, que él podía ser el impulsor de un cambio cualitativo en Rusia. Todos sus actos fueron dictados por esta concepción que le permitió vislumbrar los momentos en que su contribución, como ideólogo de la clase obrera y dirigente del partido Bolchevique que había creado, podía ser una parte del motor de la historia, del “automovimiento” de la sociedad.
La voluntad de hacer de Lenin se asociaba estrechamente a su concepción filosófica. Pero, ¿cómo podría contraponerse al capitalismo y a su democracia construida para manipular al pueblo y entronizar a los políticos que lo servían?
La idea surgió de los propios medios obreros en 1905, tras la revolución burguesa para la instauración de una democracia a la europea a raíz de la derrota del ejército ruso por el Japón. Luego de una huelga por mayores salarios, un grupo de obreros constituyó en Petrogrado un primer consejo (soviet en ruso), al que pronto adhirieron los delegados de más de cincuenta empresas, convirtiéndose en un pequeño poder deliberante frente a la duma zarista. Viendo claramente lo que ese soviet representaba, Lenin hizo aprobar en el partido Bolchevique que sus militantes se integraran a él. Estaba entonces en Estocolmo, muy cerca de Petrogrado. En octubre, el soviet, reunido en el Instituto Politécnico, llegó a agrupar a los delegados de unos 200,000 obreros, el 50% de la ciudad. La consigna de Lenin fue difundir la idea de la revolución proletaria para abatir al gobierno, frente a la oposición de los mencheviques y socialrevolucionarios. Trotsky fue el gran orador de esas jornadas. Mientras tanto el gobierno seguía disolviendo las manifestaciones a balazos. El sepelio de los obreros muertos fue anunciado por el soviet, pero ante el propósito del gobierno de reprimir la manifestación con una masacre y un pogromo de judíos, Trotsky tuvo que pedir la suspensión del acto. La huelga cesó, y el soviet se disolvió. Quedó, sin embargo, como experiencia de una nueva forma de democracia.
En 1914 estalló la Primera Guerra Mundial a la que Lenin se opuso, calificándola de carnicería emprendida por las potencias imperialistas en su disputa por los mercados. En cambio, los socialdemócratas apoyaron a sus gobiernos.
Las matanzas y la miseria acarreada por la guerra, sobre todo entre las clases trabajadoras y los campesinos, de donde salían los soldados que se mataban mutuamente en los campos de batalla, generó poco a poco un sentimiento hostil a la guerra.
En febrero de 1917 estalló una revolución en Petrogrado que depuso al zar e impuso un gobierno burgués. Pero Kerensky, su jefe, y los partidos burgueses continuaron la guerra. La resistencia obrera se acentuó y poco después se organizó un soviet de obreros en esta ciudad que eligió como sede el instituto educativo Smolny, al que se sumaron otros soviets de campesinos y, luego, de soldados. Era un poder paralelo que renacía, cobrando día a día más importancia. La consigna de Lenin fue entonces: “Todo el poder a los soviets”. En abril, Trosky llegó a Petrogrado, y Lenin en mayo.
En el soviet, la mayoría, compuesta por delegados de los partidos Menchevique y Socialrevolucionario, se opuso a esa propuesta y planteó la integración de los grupos representados a la asamblea constituyente, impulsaba por el gobierno de Kerensky. Pero, perdieron apoyo, que ganó el grupo bolchevique. El soviet eligió a Trotsky como su presidente. Desde fuera, Lenin, en la secretaría general del partido Bolchevique, seguía instando a la revolución, consigna que Trotsky difundía con sus discursos y movilizándose de una fábrica a otra y de un cuartel a otro.
La situación hizo crisis cuando el gobierno de Kerensky se preparó para trasladar su sede a Moscú, lo que significaba, como lo hizo notar Trotsky, que Petrogrado quedaría inerme frente a las tropas alemanas. Esto justificó la constitución por el soviet de un comité militar revolucionario para defender la ciudad. En el comité central del partido Bolchevique no había, sin embargo, unidad de criterio en cuanto al desencadenamiento de la revolución. Kámenev, Zinoviev, Ríkov y otros se oponían, propugnando, en cambio, acudir a la asamblea constituyente. Finalmente, Lenin y Trotsky lograron que la mayoría aceptara sus propuestas, y Trotsky se lanzó a organizar el golpe de Estado. Una infidencia de Kámenev y Zinoviev, deslizada en el periódico del partido, sobre la inminencia de la revolución, la puso en peligro. Pero Trotsky logró sortear la dificultad en el soviet, y el 24 de octubre emitió una orden al comité militar y a los marineros del crucero Aurora para actuar. Esa noche los Guardias Rojos y los regimientos regulares bajo su comando ocuparon el Palacio de Taúrida, sede del gobierno, las oficinas de correos, las estaciones de ferrocarril, el Banco Nacional, las centrales telefónicas, las plantas de energía eléctrica y otros servicios. Kerensky huyó en el automóvil de una embajada.
Al día siguiente, el soviet de Petrogrado, al que se presentó Lenin, aprobó la toma del poder por el voto de los delegados bolcheviques y de otros grupos que adhirieron a esa posición contra los delegados más recalcitrantes de los mencheviques y socialrevolucionarios. Se aprobó también un mandato para hacer la paz y el decreto de entrega de la tierra a los campesinos que había preparado Lenin, y se conformó el nuevo gobierno. A propuesta de Trotsky se le denominó Consejo de Comisarios del Pueblo. Fue integrado por dirigentes del partido Bolchevique con Lenin como su presidente.
La revolución, el cambio cualitativo en la sociedad rusa que tanto había estudiado Lenin y a la que había dedicado su vida, era un hecho, aunque no todavía irreversible.
Unos días después un grupo de soldados halló en los sótanos del Palacio Real una gran cantidad de botellas de vino y vodka, y decidieron probar un trago al que siguieron otros. Pronto muchos otros soldados y obreros los imitaron, buscando en las bodegas de otros palacios y residencias. Fue una borrachera general que duró varios días y contagió incluso a los soldados enviados por el nuevo gobierno para acabar con ella. Los trabajadores, los soldados, los campesinos y el lumpen se alegraban a su manera, hasta que el gobierno dispuso verter al río Neva el vino y el vodka restantes.
Para neutralizar el frente alemán, el nuevo gobierno se vio obligado a firmar la paz de Brest-Litovsk como un mal necesario y a costa de pérdidas territoriales.
Siguió la socialización de los grandes medios de producción masivamente. Y, entonces, apareció un problema mayor. Los bolcheviques no estaban preparados para administrar y hacer marchar las empresas estatizadas. Lenin mismo no había pensado en eso con la intensidad aplicada al cambio de la sociedad que acababa de realizarse. Además, muchos obreros se resistieron a trabajar, sintiéndose dueños de las empresas.
Mientras tanto la guerra se asomaba. Los ejércitos blancos, azuzados y financiados por las potencias imperialistas, atacaron, y Trotsky, como comisario de Defensa, tuvo que desplegar toda su inteligencia, movilización, elocuencia y energía en la organización del Ejército Rojo, cuya composición fue renovada con la incorporación de jóvenes trabajadores. Mientras se combatía para salvar la revolución, se decretó la conscripción para el trabajo, como parte de una política de comunismo de guerra.
La disolución de la propiedad terrateniente por la reforma agraria, que se ejecutó de inmediato en cada aldea, hizo aparecer unos 25 millones de pequeñas propiedades en la inmensidad de la estepa y la taiga rusas.
Para sobreponerse a la disminución de la producción industrial y agraria y la parálisis de muchas empresas, Lenin, a propuesta de Trotsky que veía muy claramente la realidad de la economía como soporte de la campaña bélica, hizo aprobar en 1920 la Nueva Política Económica que consistió en la devolución de una gran parte de las industrias nacionalizadas a sus antiguos propietarios, y la producción se reactivó
El 22 de mayo de 1922, Lenin sufrió un ataque cerebral que lo incapacitó totalmente. Falleció el 21 de enero de 1924.
Tras el alejamiento de Lenin, sus sucesores en la dirección del partido Bolchevique y del gobierno soviético abandonaron el análisis dialéctico de su propia realidad. La oposición de las clases sociales se daba en otros países y pueblos, y no en el suyo. Luego, Stalin y quienes lo rodeaban impusieron una burocracia partidaria en el control del Estado, que devino clase dominante, fiel a su jefatura y a su persona.
Por orden de Stalin, León Trotsky fue asesinado el 20 de agosto de 1940, en su casa de Coyoacán, México, luego de un atentado en mayo de ese año en el que participó el pintor comunista David Alfaro Siqueiros.
Las contradicciones entre la clase dirigente y los trabajadores llevaron finalmente a los países socialistas a un cambio cualitativo a fines de la década del ochenta y comienzos de la del noventa del siglo pasado.
La revolución rusa de noviembre de 1917 quedó como una efeméride en el panorama de la historia, una esperanza frustrada para los trabajadores que sirvió, sin embargo, como un catalizador de los cambios a favor de los trabajadores en los países europeos, cuyo nivel de vida se elevó más que el de los trabajadores de la Unión Soviética.
(6/11/2017)

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Por - Publicado el 13-10-2017

Hace un momento pensé que en el primer documento organizativo de Cataluña independiente, al que se denominaría Bases de la Constitución Política de la República Catalana, se diría:

“Art. 1º.- Todas las provincias de Cataluña reunidas en un solo cuerpo forman la Nación Catalana.

Art. 2º.- La soberanía reside esencialmente en la Nación: esta es independiente de la Monarquía Española, y de toda dominación extranjera.”

El 16 de diciembre de 1822, los representantes elegidos para conformar el primer congreso constituyente del Perú, bajo la protección del ejercito libertador del general José de San Martín, aprobaron algo igual en los términos siguientes:

“Art. 1º.- Todas las provincias del Perú reunidas en un solo cuerpo forman la Nación Peruana.

Art. 2º La soberanía reside esencialmente en la Nación: esta es independiente de la Monarquía Española, y de toda dominación extranjera.”

Parece que el tiempo no hubiera transcurrido desde entonces, y hoy la monarquía española continúa en el dominio de la Nación Catalana, como hace 200 años dominaba a las naciones de América Latina.

Resulta, por eso, execrable la actitud del gobierno peruano que expresó ayer su rechazo a cualquier acto o declaración unilateral de independencia de Cataluña por ser “una acción abiertamente contraria a la Constitución y las leyes españolas”. Si esta declaración hubiera sido emitida cuando el general San Martín o el Libertador Bolívar estuvieron en el Perú, en la campaña por la independencia, lo menos que hubieran hecho con sus autores habría sido embarcarlos para que se fueran del Perú, si antes un jacobino como Bernardo de Monteagudo no se hubiera ocupado de ellos.

La declaración del gobierno peruano es una copia de la que profirió hace unos días Emmanuel Macron, el presidente de Francia.

¿Qué quiere decir esto? ¿Que si la independencia de Cataluña no está prevista en la Constitución de España no es procedente? ¡Qué tal absurdo! No está prevista porque las mayorías castellanas, aragonesas y de otros grupos en la actual Constitución española de 1978 no han reconocido la identidad nacional catalana ni el principio de autodeterminación de los pueblos. Este principio está por encima de las constituciones de las naciones o comunidades dominantes. Y en Europa se le conoce y practica asiduamente. De otro modo no existirían los Estados que antes formaban parte de otros Estados que los abarcaban. De no ser por ese principio tampoco existirían los Estados independientes surgidos luego de la Segunda Guerra Mundial por la descolonización.

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966, declara: “1. Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural.”

Los pueblos de América Latina, por su formación y desarrollo, no pueden ni deben ser ni siquiera indiferentes ante el deseo del pueblo de Cataluña de ser independiente como nación. Por el contrario, es nuestro deber manifestarle solidaridad y simpatía.

Doscientos años después de nuestra independencia de España y a pesar de la tentativa de la monarquía española de reconquistarnos en 1866, guardamos otro trato con el pueblo español y con su gobierno, pero no abdicamos de los ideales que nos llevaron a obtener nuestra independencia y que hoy muchos compartimos con el pueblo y la nación catalanas.

(12/10/2017)

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Por - Publicado el 01-08-2017

Por Jorge Rendón Vásquez

La actual Constitución de la República Boliviariana de Venezuela, con la cual han sido elegidos los poderes del Estado y nombrados los funcionarios de este país, dice:

Capítulo III
De la Asamblea Nacional Constituyente

Artículo 347. El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución.

Artículo 348. La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrán tomarla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de la dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildo, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; o el quince por ciento de los electores inscritos y electoras inscritas en el registro civil y electoral.

Artículo 349. El Presidente o Presidenta de la República no podrá objetar la nueva Constitución.

Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente.

Una vez promulgada la nueva Constitución, ésta se publicará en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela o en la Gaceta de la Asamblea Nacional Constituyente.

Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

El domingo 30 de julio se han realizado las elecciones para la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente, constitucionalmente convocadas por el presidente de la República, de conformidad con el art. 348º de la Constitución. Y los electores han concurrido a las urnas a votar, voluntariamente, como dispone también la Constitución. Quienes se abstuvieron de votar estuvieron también en su derecho. Los resultados de la elección se determinan por los votos válidos.

(Artículo 63. El sufragio es un derecho. Se ejercerá mediante votaciones libres, universales, directas y secretas.)

Y estos son hechos reales e inobjetables.

Quienes los discuten, en Venezuela y en el exterior, deberían citar las normas que respalden sus afirmaciones. ¿Pueden hacerlo? Es verosímil que no, pues en la Constitución de este país no hay ninguna para lo que quieren y hacen. ¿Quienes están entonces con el Estado de Derecho?

(1/8/2017)

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Por - Publicado el 27-07-2017

Por Jorge Rendón Vásquez

Por un inveterado hábito profesional, sigo los avatares de la legislación del trabajo y, por supuesto, también me interesa lo por venir, una manera de ver el futuro, que en esta materia consiste en hurgar en lo que se cocina.

La cocina está en el Ministerio de Trabajo, a cargo de un cocinero que ni de lejos llega a la altura del buen Gastón, cuyas mixturas han despertado en el extranjero la curiosidad y el gusto por la comida peruana.

Los dos últimos platos de ese cocinero son dos proyectos de ley remitidos al congreso de la República por PPK (quien hace rato se ha quitado la careta populista. ¡Y pensar que tuvimos que votar por él!).

Por uno de ellos quiere modificar el Texto Único Ordenado de la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo (LRCT) y, por el otro, modificar la Ley de Inspección del Trabajo, in peius (latinajo que quiere decir para peor) para los trabajadores.

Veamos el primer proyecto (nº 1436/206-PE): Se dirige a eliminar del art. 65º de la LRCT, la facultad de los árbitros de atenuar las propuestas finales de las partes.

Para los que no saben de esto, les aclaro que cuando en la negociación colectiva las partes no llegan a una convención en las etapas de trato directo o de conciliación, les queda la vía voluntaria del arbitraje.

El texto de la LRCT fue una de las piezas clave determinantes del golpe de Estado de Fujimori el 5 de abril de 1992. Eliminó las convenciones colectivas suscritas hasta ese momento, impuso la caducidad obligatoria de las convenciones colectivas al año de su vigencia, suprimió en la práctica la negociación colectiva por rama de actividad e impuso un modelo de arbitraje trucado. Sólo en 2002 (a mi iniciativa cuando asesoraba a la comisión de trabajo del Congreso) se hizo permanente la duración de las convenciones colectivas.

Por ese modelo de arbitraje, las partes —sindicatos y empresarios— deben presentar al tribunal arbitral sus propuestas finales, y el tribunal arbitral debe elegir una u otra, íntegramente, sin combinarlas (sistema de última oferta). Pero, por un desliz de último momento, en el art. 65º de la Ley que regula este aspecto, se añadió la frase: “Sin embargo, por su naturaleza de fallo de equidad (el tribunal arbitral) podrá atenuar posiciones extremas.”

El sistema de última oferta es pésimo para los trabajadores y además un contrasentido inconstitucional, puesto que los árbitros prefieren, por lo general, las ofertas de los empresarios, y no están obligados a justificarlas. Lo que quiere decir que los aumentos de remuneraciones son los montos que los empresarios quieren dar y no, como debería ser, determinados por la situación de la empresa y las necesidades de los trabajadores, como disponía el D.S. 007-71-TR. El 95 % de los arbitrajes adoptan la propuesta de los empresarios.

En ciertos casos, los árbitros, ante la desconsideración de los empresarios han aplicado esa facultad de “atenuar posiciones extremas” y han concedido aumentos mayores a los propuestos por los empresarios.

Ahora, el ministro de Trabajo, Pedro Pablo Kucsynski y su gabinete quieren que no haya atenuación. Por lo tanto, los árbitros al elegir la propuesta empresarial, como siempre lo hacen, no podrán cambiarla, ni en una coma.

¡El colmo del abuso!

Los trabajadores tendrán que optar por la huelga como alternativa legal.

Este modelo de arbitraje fue copiado de la legislación laboral chilena, impuesta por Pinochet. Pero quienes perpetraron la ley peruana de relaciones colectivas fueron más drásticos. En Chile la propuesta de última oferta sólo se aplica en los casos de arbitrajes obligatorios, que son aquellos en los que la huelga está limitada en los servicios públicos considerados esenciales. En los arbitrajes voluntarios se tiene en cuenta varios factores, y los árbitros deciden los aumentos de remuneraciones según ellos. Los empresarios y sus abogados neoliberales fueron aquí más papistas que el Papa.

Otra modificación del proyecto es la inclusión en la LRCT del arbitraje llamado potestativo, que ahora figura en el Reglamento de esta Ley. No hay necesidad de este cambio, porque ya el Tribunal Constitucional ha dicho que el arbitraje potestativo no contraría a la Constitución. Lo incluyen para acompañar y disimular la supresión de la atenuación en el arbitraje, que es lo que realmente les interesa al gobierno y a sus mentores, los empresarios.

Veamos el segundo proyecto (nº 1437/2016-PE, 22.05.17): pretende suspender el procedimiento sancionador cuando en una inspección se ha constatado que el empresario ha infringido las normas laborales en contra de los trabajadores. Para ello bastaría que el empresario le diga a la autoridad administrativa de trabajo que lo han demandado “por el incumplimiento de las mismas obligaciones, períodos y trabajadores comprendidos en el acta de infracción”. La demanda podría hacerla cualquiera, y el propio empresario podría hacerse demandar, y ¿cómo probarlo? La suspensión del procedimiento sancionador está destinada a permitirle al empresario violar impunemente la legislación que protege de alguna forma a los trabajadores.

Tampoco se requiere una norma como tal, puesto que la Constitución ya dispone que “ninguna autoridad puede avocarse a causas pendientes ante el órgano jurisdiccional” (art. 139º-2) y la Ley Orgánica del Poder Judicial reproduce este texto (art. 4º). Y esto lo sabe todo el mundo en el ámbito de la justicia.

Corro traslado a los dirigentes sindicales y a los trabajadores de base.

(26/7/2017)

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Por - Publicado el 22-07-2017

por Artemón Ospina

Lima ya no es sólo la horrible, sino que se ha vuelto cruel. Caminar por sus calles es toda una odisea. Es un lugar común el “achoramiento”. Desde los extremos, desde los conos populares, Limase ve copada por miles de ciudadanos en busca de su sustento diario.

Tomar el carro para ir a trabajar entre las 6 a.m. y 8.30 a.m. es un acto heroico, donde la moral “sálvese quien pueda” campea. Para empezar, a esa hora los micros no paran, sobreparan un instante, unos metros más allá donde la gente espera y desespera. En esos segundos se produce un zafarrancho en el cual veinte a treinta personas se lanzan en busca de un lugar para el pie en el estribo del micro. En la carrera caen los débiles, sólo tres o cuatro se colgaran del vehículo. Todo el secreto para abordar el microbús está en acompañarlo en su parada, corriendo cerca de él hasta que sobrepare. Claro que en esta carrera uno nunca está solo, pero los codos ayudan a eliminar a los competidores; hay quienes ponen zancadillas a los que van adelante, pero esos ya son truco de mala fe.

Por lo extensa que es Lima, generalmente se necesita de media a una hora para poder llegar al centro de trabajo. Son treinta o sesenta minutos, defendiendo –con  más pundonor que Bolognesi ante los chilenos el suele patrio- un pedazo de lugar dentro del micro. Sin contar que cuando usted siente un golpe en el cuerpo, lo más probable es que algún ladrón lo esté insensibilizando para robar.

Las horas de trabajo no son tema de este artículo. Así que las pasamos. Entre las 5.30 y 8.30 p.m., otra vez el infierno de los micros. Un paseo a las seis de la tarde por el centro de Lima, vía La Colmena, uniendo Plaza Dos de Mayo, Plaza San Martin y rematando con sello de oro en el Parque Universitario, nos permite ver los rostros de los limeños de hoy: Jose Antonio, su pañuelo blanco y su caballo de paso, no existen. Las veredas siempre resultan angostas. La multitud se desborda. Entre esquinas estratégicas, como la de Tacna y La Colmena, es posible apreciar a marciales guardias de asalto cuidando el orden público,  mientras ríen del último programa de Risas y Salsa.

La vergüenza y el deseo clarito se aprecian en las colas para ingresar al cine Colón. Estoicos frente al qué dirán, esperan que la ventanilla se abra, para poder escabullirse en el paraíso de los placeres “masquesea” como mirones…Los domingos, en la Plaza San Martín, es fácil encontrar a evangelistas o israelitas proclamando el fin del mundo y vendiendo seguros para el alma. El Parque Universitario encerrado es mudo testigo de que los tiempos cambian. Ahora es tán sólo un lugar de paso.

Hasta aquí el horror no aparece, pero los periódicos ya comienzan a manchar las manos, pero no de tinta, sino de sangre y esto ya es de todos los días. Parecía que algo iba a cambiar, pero las aguas siguen como en los días del arquitecto…Para quienes no creen en el sonido del trueno vuelve la llamarada de la dinamita y las cosas se ponen como para volverse sordo. Es invierno, otoño o primavera y empezamos a vernos solos antes muestras vidas. No estamos en el año cero, ni en la hora del comienzo, pero se anuncia la muerte que ronda por los poros de la indiferencia.

Recordemos cuando el horror se apoderó de las calles de Lima (algunos pensarán en los senderistas masacrados, pero eso es historia reciente) me refiero cuando la multitud huyó a sus casas, desde donde se podía apreciar, magia de la televisión, lo que acontecía en el Sexto, hoy demoliéndose. El bodeguero de la esquina, la empleada, el maestro, el magnate, la niña bien, el obrero, etc…, observaron almorzando, cómo el horror les salpicaba. Seguramente se escandalizaron, se sobresaltaron, pero sus miradas siguieron fijas, como atrapadas por algo superior, ante el rito de la muerte, y sin embargo más tarde le dieron las buenas noches a sus hijos deseándoles que sueñen con los angelitos. Fue una noche de terror, una noche de muerte y nadie se movió de sus televisores espectando el macabro desfile de torturas, primicia de primicias. Las señoras rezaron sin apartarse de la pequeña caja, el horror continuó y nadie le puso fin. Al contrario, días después, para quienes se la perdieron, algunos periódicos continuaron reproduciendo en ediciones especiales los detalles de la tragedia y las amas de casa murmuraron y los hombres opinaron formándose la gran ola pidiendo la pena de muerte. Una salvajada para otra salvajada, y a esto se le llama civilización.

Todo el horror de nuestros días, de nuestra civilización, fueron mostrados con violentísima  crudeza y casi nadie lo sintió así. Para la mayoría se trató tan sólo de un grupo de sicópatas que bien ganada tuvieron su muerte, ¿y la muerte de los periodistas?, bien gracias. Y el hecho de que unos pocos tengan todo y las mayorías nada, cosa de suerte. Podríamos continuar, pero no perdamos de vista que aquello tuvo responsables y que no fueron precisamente los rehenes por ser rehenes ni lo presos por dejas de ser humanos. Alguna jugarreta macabra del destino los puso como actores de una escena de terror que estremeció Lima, por eso cuando se supo que los senderistas habían tomado los penales, se empezó a temer lo peor. Algo indicaba que la muerte seria, otra vez, la estrella que a todos atemorizaría.

II

El terror ha traído a su compañero, el miedo. Primero las mujeres conservadoras se quejaban que era imposible caminar por el centro, muchos ladrones, muchos cholos, pero era un miedo superable, localizado y hasta exagerado. Pero vino Ayacucho para recordarnos lo poco que vale la vida en este país, desnutrido y sombrío. A cada hora, segundo, los vientos de la muerte venían de Ayacucho y apuntaban a Lima. Se está jugando en estas horas gran parte del destino del país para las próximas décadas, y pocos lo toman en serio. El historiador Pablo Macera(1) sale de sus cuárteles de invierno para decir que la guerra ya tiene su sitio en Lima. EL padre Gutierrez(2) sostiene que aún es tiempo. La iglesia pide respeto a la vida, pero los gobernantes dicen  “aquí no pasa nada”. Y la izquierda llama a luchar por la justicia y la paz, sin embargo se pelean entre ellos. Todo está en crisis: los partidos, las instituciones, las parejas, la economía, los valores, el deporte. Y no se encuentra salidas. Todo se pierde en la apuesta transitoria. Lo peor es la indiferencia que cada día gana más adeptos. Para algunos ya es tarde, las fotos de los desaparecidos cubrirán las paredes del zanjón,   y hasta se hacen apuestas sobre las embajadas en las que se refugiaran los senadores y diputados para fugar al extranjero, porque eso de quedarse aquí es de mal gusto. En el IEP, luego de la masacre de los penales, hubieron unas charlas, estaban todos los que se consideran intelectuales o casi, y se dijo que muchos ya tenían el pasaporte en regla, por si acaso. Lo  cierto es que pase lo que pase, los de siempre, los sin nombre aristocrático, sin plata, sin amigos en el gobierno, pagarán los platos rotos.

Los tambores de guerra se dejan sentir en Lima y nos lo recuerdan los operativos militares, donde nadie tiene galones, ni insignias de mando, sólo rostros cubiertos y embetunados. Sin embargo, esto no es percibido como algo importante por aquellos sectores que saben que con ellos no es la cosa. (3) Para la izquierda en cambio es el problema central del momento. Esta vez de a franco los militares están en la calles, y dan miedo.

Se llama a combatir la militarización del país, sin tomar en cuenta lo sostenido por Guillermo Rochabrún (4), en el sentido de que la militarización es la contrapartida del avance de los grupos alzados en armas; quitarles espacio político es también dejar sin filo a las bayonetas, pero la izquierda para variar, lanza el grito radical contra los militares y organiza el pueblo en la pelea por unas cuantas concejalías; el colmo es que hasta existen sectores dentro de IU que estén  trabajando para la derrota de Alfonso Barrantes, porque así el reformismo ya no tendría base social. Si serán…

La izquierda tiene todo que perder, sus sueldos los Diputados, y sus dietas los concejales, los aprendices para llegar a diputados. La tan mentada violencia estructural del país está mostrando su rostro y la Izquierda legal no está preparada para el susto. IU no está como para afrontar una guerra de exterminio, su supervivencia está dada por la democracia. Puestos los hombres, no las ideas, en la disyuntiva vida o muerte, cada quien se conoce. Y si para las elecciones municipales se siguen acciones armadas espectaculares, lo lógico es que las operaciones de rastrillaje casa por casa se vuelvan cotidianas y allí sí que la van a verde todos aquellos que compran revistas como “Amauta”, “Cambio”(ambas dejaron de salir), e incluso su Quehacer, porque los ilustrados soldados no entraran en sutilezas ideológicas: son comunistas y se acabó. Esas bravuconadas de tumbarse a Alan en lo inmediato no pasan también de pose de actor, pero de segundo plano.

Si es tragicómico ver como saltaron hasta el techo, dentro de IU, cuando Barrantes declaró que el enemigo principal a combatir en el plano ideológico, era Sendero. Que esos reclamos los haga gentes que están fuera de IU pasa, pero los de dentro, con qué cara.

Sendero no está cavando su tumba, está viviendo su guerra; pero de pasito está cavando la tumba de todos aquellos que considera reformistas, y su lógica resulta perfecta. En este caos ellos son de los pocos que saben lo que quieren: destruir el Estado Burgués para construir el Estado de Nueva Democracia y para ello están en guerra, son ya seis años y de Abimael ni la tos.

Era importante desenmascarar al APRA, mostrar su entraña fascista y tomaron los penales, calcularon cien pero fueron todos, eso no importa, importa la historia, el desenmascarar al Apra tuvo su precio y lo pagaron. Don Alan pierde iniciativa y cada día se vuelve más actor. Si hasta el general Noel aprendió: “Fueron los subordinados, ellos no me informaron, castíguenlos, se excedieron”.

Según Sendero, ellos construyen los rieles de acero que nos conducirán al socialismo. En el presente el único tren que camina por esas rieles es el de la muerte.

Otros que sí saben lo que hacen son los militares. La orden: detener indocumentados. Y no se salva ni la abuelita de uno. Cisneros(5) ya lo dijo: establezco el toque de queda y al que se mueva me lo bajo. “ si de 60 muertos, tres son senderistas, esas muertes eran justas”, y “democráticas”, agregaríamos. La imposición gana, es la triste realidad; como suele decir el Alcalde de Chorrillos(6) “en este país para hacer algo se necesitan cojones”, simplemente cojones y que otros obedezcan.

III

Como en todo “rollo” (palabra de actualidad) donde se habla de violencia, debe también tocarse a los militares. Para no ser menos pasamos a emitir, sin su permiso, nuestra no autorizada opinión sobre el tema. Los militares no son un partido político, por lo que no deberían tener ideología (como grupo se entiende) y en verdad creo que no la tienen. Los militares no ingresan a sus escuelas de cadetes teniendo como meta defender a Bedoya o Alan Garcia y matar a cuanto cholo con pinta de comunista se les ponga al frente. No, esa no pude ser una aspiración militar. Que sí puede ser la de algún grupo fascista. Entender al ejercito como un todo, predestinado a ser el guardián del Estado Burgués, es tener una visión mecánica (las instituciones son hombres), y ello ni siquiera por su carácter de clase. ¿Cuál es la extracción de clase de los militares peruanos?, es una pregunta que flota en el ambiente, y que por ahora no abordaremos. Lo que sí pueden tener los militares es una determinada visión de lo que se entiende por seguridad interna, por patria, porque eso sí, no hay militar que no se emocione por esas cuatro letras que dicen Perú. ¿Si el libreto de los militares ya estaba escrito, cómo entender a hombres como De la Flor o Leonidas Figueroa, para no hablar del cariñosamente recordado Chino Velasco?

El problema de los mandos es de capital importancia, ya que al ser una institución vertical por excelencia, como piensa el primero actúa el resto. Esto los sabía Belaunde, y el General Hoyos se cayó con helicóptero y todo. Los militares bien pueden pensar que la guerra civil en el país se está dando entre comunistas y apristas. Debiendo ellos intervenir para instaurar el orden. No todos son, pues, discípulos de Pinochet (ya citamos al gaucho, pero él no es el ejército, sin dejar de reconocer que él es una corriente de opinión dentro de éste). Son hombres con capacidad de servicio a la patria, la aman y están dispuesto a defenderla con las armas que tienen, pero su idea de patria es occidental y cristiana, y el país es costa, sierra y selva. Algo no encaja. Las escuelas de adiestramiento norteamericanas se encargan de que sólo vean el lado blanco de la historia. Deberían revisar la trayectoria del Mariscal Cáceres y no olvidar que fue el único que vencio a los chilenos en la gran batalla de Tarapacá que la historia oficial devalúa, sin contar que organizo las Montoneras en la Campaña de la Sierra junto al pueblo.

IV

En esta parte del camino retornemos a la calle para encontrar que casi siempre hay que hacerse de un lugar a punta de combo y patada; somos un país donde a las personas sistemáticamente se les niega las oportunidades; tenemos razas que se desprecian mutuamente. En lo alto el gringo y al final el indio; todos queriendo oprimir al de mas abajo, pero siempre transando.

Cuando el micro pasa y no recoge, se maldice en silencio, todos quieren todo y  no dan nada a cambio. La clase dominante es hipócrita hasta el cinismo, el gobierno de Belaúnde rompió record al respecto. Y su ministro Pércovich fue la expresión más descarnada, sin sangre en la cara. Como ministro del Interior decía fácilmente por ejemplo, cuando el asesinato de Jesús Oropeza, que no había muerto, que se había fugado de la justicia seguro para enrolarse a los terroristas; al día siguiente decía que se había suicidado y abrumado por las pruebas, finalmente prometía una  investigación de los sucesos. La realidad es que recién ahora marcha a paso de tortuga el esclarecimiento de ese asesinato, por eso cuando un periódico reveló que tenía amigos narcos y fue llamado a declarar, aquellos que dedicaron horas para esperarlo y mentarle la madre, tirarle monedas, escupirle, estaban construyendo Patria aunque a muchos les parezca exagerado, le estaban devolviendo la capacidad de indignación al país.

Tal vez desde la ciudad no se aprecie, pero en el Perú con sus cuatrocientos años de conquista española (7), todos tenemos algo de pongo (incluido el súper hombre de mundo Ulloa). Todos tenemos algo de resentimiento, un guardado, y en la mayoría de los casos la paciencia llega a su límite como los resortes que se presionan con las manos en algún momento se expanden y saltan. La gran venganza tiene patente nacional, es componente de la sangre, se está al acecho para dar el golpe que nos reivindique el ego.

Desde el oficinista que ve cómo sus años se van con el mísero mientras los grandes se llenan los bolsillos (contrato de Petro Perú, para ser actual), o el maestro que siente que no tiene los privilegios de los militares. El obrero que ve los lujos de sus patrones y sus viajes a Miami, en fin nadie está contento, salvo los que la hacen. La envidia motoriza los secuestros, no es casual que sean PIPs los que tengan que ver con esta inusual manera de redistribuir el excedente.

V

Terror, miedo, frustración, venganza, odio, son sentimientos que uno se los encuentra a cada paso en esta Lima que avanza al año dos mil, sin saber si llegará. La gran reina de todo esto es la muerte, que cada día se convierte en una alternativa de solución que gana más seguidores y no sólo para la política; los problemas personales se terminan de esa manera. Si es conmovedor ver cómo entre amantes, esposos infieles, novias celosas, el fin del triángulo es la eliminación del tercero. Hay otros casos dramáticos como el de aquella mujer que elimino a sus hijos porque no tenía cómo mantenerlos.

Ante el límite del abismo uno se avienta de cabeza y otros luchan hasta con las uñas por no caer; pero fíjense como estará el país que pone en esa situación a los peruanos, es como si el Perú entero viajara en microbús repleto, la supervivencia no cree en buenos modales. Hace un tiempo viajar en micro era molestoso, hoy es explosivo. Por citar un ejemplo en la línea 13 que va desde Santa Cruz, Miraflores, hasta el Retablo en el kilómetro 24 de la Panamericana Norte, suceden cosas como ésta: Hora: 7.45 am. Lugar: viajando por la Av. Tacna, pasando por el convento de Santa Rosa. Antecedentes: gente que viajaba aproximadamente 35 minutos, soportando el traqueteo del micro, sus paradas; como bien se sabe después de la odisea de subir, se busca un lugar donde sufrir el viaje con la menor cantidad posible de empujones, codazos, pisadas, etc. El lugar elegido jamás es una isla, siempre está la gente que sube y baja, las apretaderas son inevitables, pero como todo en la vida esto también es superable, aunque no siempre. Son situaciones neurotizantes que se hacen cotidianas. Si cuento esto es para que tengan una  idea del contexto en que se desarrolló la pelea. Los protagonistas: un tipo con guantes negros para el frío, maletín deportivo al hombro, facciones de criollo, clase media, autosuficiente, casaca azul sin cerrar. Su ocasional, permanente o histórico enemigo: un serrano maceteado, de chompa roja, 1.60 de estatura, pelo lacio o trinchudo como algunos prefieren decir. La bronca empezó cuando el serrano se paró al costado del blanco, pues el cholo le estaba amenazando “su espacio”. La primera escaramuza fue un rápido “pasa, pasa nomás flaco”; la respuesta “a dónde si el carro esta lleno”. Estaban uno al lado del otro y el silencio dio un empate para el primer round. Hasta que sucedió lo inevitable, alguien quiso  bajar y empujo al cholo, y por esas inercias de  frenada de micro el cholo se inclinó sobre el bacán del barrio; la ofensa fue replicada en el acto, cuestión de madrugar al adversario. Un limpio codazo le devolvió la estabilidad y le recordó al migrante ante quien estaba. Pero sucedió lo inesperado, el serrano le contestó en silencio con otro codazo. El de guantes negros dejó su maletín en manos de una señora y con un sonoro “¡¡QUE TE HAS CREIDO CHOLO DE MIERDA!!”, aplico una seguidilla de golpes. El resultado: más apretaderas para dejar campo a los combatientes, una que otra voz decía que parara el micro, pero el micro seguía avanzando. Pasó el momento de la sorpresa y de los golpes con guantes negros. La fortaleza del Ande se impuso, tenía a su rival doblado en dos sujetándolo de la cintura, impidiéndole cualquier movimiento; el carro seguía su marcha, las mujeres llamaban a la policía, pero la mayoría se preocupaba por su paradero para bajar. “suéltame y vamos afuera” exclamaba el de guantes negros, pero observadores imparciales fueron tajantes, “compadre ya te dieron, no sigas haciendo lío”. Otros opinaron reclamándole al de pelo lacio: “suéltalo, ya se dieron”. A lo que éste respondió: “Pero que se calme, él quiere seguirla”. No hubo respuesta la gente avanzó para bajar, ahora sólo hay dos paraderos de la línea 13  en la Av. Tacna. Vino la paz y los peleadores se revisaron las heridas, el de guantes negros tenía la boca ensangrentada y en la parte inferior del ojo derecho lucía una impresionante hematoma que rápidamente se le había inflamado, tenía el tamaño de una nuez. El de pelo trinchudo sólo se arregló la chompa roja; había vencido y no sabía cómo celebrarlo; hasta que sintió el guante negro en su hombro, volteó con cierto temor, pero sólo escuchó una voz nerviosa que decía, “fíjate lo que me has hecho, yo te denuncio, vamos a la comisaría”. El asombro invadió al de chompa roja, y ¡oh! Milagro, apareció un policía: “¿Qué ha pasado aquí?”, fue su saludo de presentación; los pasajeros desafiando a la física volvieron a dejar un espacio libre y luego de una rápida mirada el policía se convenció de  quién había pegado a quién, “quiero presentar una denuncia”, susurró suavecito la voz del blanquiñoso. “He sido agredido”, remató. El guardián del  orden inmediatamente sujetó de la chompa al serrano, diciéndole: “Con que te gusta abusar de la gente, eh?, ahorita vamos a la comisaría y se te quita todo lo valiente”.

  • “Solo fue una pelea, él empezó a darme codazos, yo me defendí”, exclamó en su defensa el andino.
  • “jefe yo voy a mi trabajo, si él no quiere que lo rocen que se vaya en taxi”, término diciendo.

El policía dudó, el micro seguía su marcha. Y entonces el de guantes negros sacó la carta guardada: “Mentira señor policía, lo que pasa es que se puso a mi lado para bolsiquiarme, es un ladrón, mírele la cara”.

La ira envolvió la cara del de pelo trinchudo, el policía se percató de esto  y “¡ah Carajo, con que esas tenemos, vamos a la comisaría¡  ¡chofer, pare el micro!”, ordenó. Entre los que observaban, alguien le dijo al policía: “Eso es falso, lo que pasa es que el señor (señalando al de guantes negros) no sabe perder, él empezó, ha sido una bronca por lo apretado que va la gente en este carro”. Esta vez el policía no dudó. El que había hablado tenía terno y estaba bien afeitado. Soltó al andino. “¡¡SI FUE UNA  MECHADERA ENTRE HOMBRES, QUE SE DEJE DE QUEJARSE COMO MUJER!!”, gritaron los del fondo.

_ De todos modos quiero hacer esa denuncia, mire lo que me ha hecho este serrano.

El tono de voz no le gusto al uniformado, miró al cholo.

_ Lo que pasa es que tiene la cara débil, sólo le dí un par de golpes de puño, dijo el andino.

_ Sí, tengo la piel fina, no soy hombre de broncas.

_ Entonces para qué la seguiste, solito te compraste el pleito.

_ Carajo, para esto me llaman, bueno, se han dado a la criolla, y a ti te adelantaron la Navidad, no hagas más lío, si quieren  vuelvan a encontrarse, pero sin fregar al resto. Dicho esto desapareció. Cosas  de la Ley y el Orden.

El de guantes negros bajo en la Av. Uruguay, y su rival se quedó pensando con la mirada fija en las manos. El en ningún momento lo había golpeado, sólo lo había sujetado con fuerza, esos golpes en la cara no tenían explicación.

Pocas personas se percataron de la realidad; todo fue tan rápido que en su frenesí por lanzar golpes, el de guantes negros perdió la estabilidad, cosa de la que aprovechó su contendor para prácticamente doblarlo en dos, es decir, la cabeza del blanquiñoso quedó a la altura de la cintura de su contrincante y en el forcejeo por librarse, que fue violento, le regalaron dos feroces patadas en el rostro. ¿Quién lo hizo y por qué?, vaya uno a saberlo, sólo diré que el anónimo agresor también era trigueño y dejó el micro tan luego la pelea se calmó. Cosas que pasan en un micro cualquiera.

Publicado en la revista “Los Caminos del Laberinto” N° 4, noviembre de 1986.
Formó parte del libro: Perú: Los Eslabones del Archipiélago, Ediciones El Laberinto, Enero 1993.

Citas:
1.- Pablo Macera; Revista DEBATE N° 36
2.- Gustavo Gutiérrez, Diario La República del 25.06.86, Editorial
3.-Carlos Franco, Revista QUEHACER N° 42, agosto-setiembre 1986, págs. 18-21.
4.-Guillermo Rochabrun. Revista Amauta N° 16, Julio 1986 pág. 9
5.-Gral.(r) Luis Cisneros Vizquerra, Revista QUEHACER N° 20, enero-febrero 1983, págs. 46-58.
6.-Pablo Gutiérrez. Entrevista en QUEHACER N° 28 abril-mayo 1984, págs. 72-87.
7.-Al respecto ver la revista DEBATES EN SOCIOLOGIA N° 11, el ensayo de Gonzalo Portocarrero “Castigo sin culpa, culpa sin castigo”.

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Por - Publicado el 19-06-2017

En la reciente ruptura del Frente Amplio entre Tierra y Libertad y Nuevo Perú me ha llamado la atención cómo se han venido manejando los números para evaluar el peso político de cada sector. El historiador Nelson Manrique repetía este argumento:

Militantes de TyL alegan que sus votos lograron esta representación parlamentaria, lo cual es absurdo: su líder, Marco Arana obtuvo en Cajamarca –la región donde mayor respaldo tiene– 8,500 votos, muy por debajo de los candidatos de la agrupación de Gregorio Santos, cuyos 5 primeros candidatos obtuvieron 20 mil votos y más cada uno. Arana llegó a parlamentario imponiéndose por 53 votos de diferencia sobre otro militante de su propia organización, que aún sigue alegando que le robaron la elección en mesa. Mientras tanto, Verónica Mendoza obtuvo cerca de 3 millones de votos. Sobran comentarios.
Edición Impresa del 13 de Junio de 2017
Vientos de ruptura en la izquierda

Y terminaba su intervención con esta frase:

Admiro el coraje de Marisa, su honradez, su capacidad política y su coherencia personal. No está de más recordar que es la congresista más votada de la izquierda.

(Las negritas son mías).

Es decir, hacía una comparación de papas con camotes: comparaba una votación congresal en una región de 800 mil votos emitidos con una votación presidencial nacional con casi 19 millones de votos emitidos. Una comparación que no es válida para nada, a pesar de que para él “sobran comentarios”.

Y más aún, establecía a una congresista de la región más poblada del Perú como “la más votada de la izquierda”.

Pero el asunto no queda ahí. Luego leo un comunicado de Nuevo Perú – Cusco con esta frase:

Los congresistas del Movimiento Nuevo Perú, tuvieron el 70% de votos del Frente Amplio, por lo que representan a un sector importante de la población. No se puede ignorar que ello ha sido posible en gran medida por el liderazgo de Verónika Mendoza

Es decir, una vez más se hace una suma de votos que pasa por alto el mayor peso demográfico de Lima en el Perú. Fácilmente, un/a congresista por Lima con un bajo porcentaje de votación puede ser “la más votada de la izquierda” y el grupo que tenga más presencia en Lima puede ser el que tenga la mayor parte de los votos de una bancada, como efectivamente está ocurriendo.

Y lo que me preocupa de este criterio claramente centralista es que proviene de una base cusqueña.

Como los ánimos en este sector de la izquierda están caldeados, todo vale, pero cuidado, que los criterios centralistas quedarán sembrados ahí, cuando las broncas hayan pasado. Entonces ese mismo criterio, centralista, discriminador y excluyente será el que prevalezca.

A continuación tenemos a los congresistas de la bancada del Frente Amplio según grupo político, región y votación personal:

Congresistas1

En base a esta información establecemos primero la distribución de la votación regional de los congresistas electos del Frente Amplio y la juntamos con el porcentaje de votación del Frente Amplio en cada región:

Congresistas2

Obtenemos un primer gráfico en que se aprecia el 37% de votación limeña y el 19% de votación puneña del Frente Amplio, seguida de un 9% de votación arequipeña y un 9% de votación cusqueña:

Congresistas3

Ahora vemos las regiones de mayor a menor votación porcentual del Frente Amplio:

Congresistas4

El porcentaje de votación es mayor en Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Tacna, y Puno en quinto lugar. El porcentaje de votación cajamarquina es el más bajo con 8.15%, y el de Lima Metropolitana es el segundo más bajo con 9.65%.

Vemos pues que la votación en Lima para el Frente Amplio fue baja, ligeramente por encima de la votación de Cajamarca. Pero claro, como Lima tiene una mucho mayor población electoral, según las métricas absolutas que se usan en algunos discursos, se crea la apariencia de que tiene una votación mucho mayor.

Veamos ahora la votación según grupo político, Tierra y Libertad y Nuevo Perú.

Efectivamente los congresistas de Nuevo Perú suman una votación que representa el 70% de la votación del Frente Amplio:

Congresistas5

Esto es así porque tienen a tres congresistas de una región muy poblada como Lima, que representa el 53% de ese porcentaje. Y en general su voto está muy concentrado en Lima y Puno que en total es más del 75% del voto de Nuevo Perú.

Congresistas7

Tierra y Libertad no tiene congresistas por Lima y su sector tiene un patrón de votación más descentralizado en el país:

Congresistas6

¿Da para decir que una congresista por Lima es “la más votada de la izquierda” cuando Lima es la región más poblada y la votación porcentual de esa región es la segunda más baja entre las regiones de la bancada?

Al final el poder de Lima se convertiría en un poder político sobre otras regiones sólo porque Lima es una región más poblada. Un sector político pequeño pero basado en Lima puede dominar a otros sectores políticos relativamente grandes en sus regiones. Bajo la apariencia de una disputa política se ratificarían esquemas de dominación centralistas.

En conclusión, habría que tener cuidado con usar los números a la ligera, haciendo comparaciones que no proceden, votaciones presidenciales nacionales con votaciones congresales regionales, y en general comparaciones entre regiones de diferente población en que una persona sale más votada no porque sea necesariamente más popular, sino simplemente porque hay más votantes posibles. En el caso del Perú algunas comparaciones además de ser falaces tienen el efecto de reforzar los prejuicios centralistas, discriminadores y excluyentes. Cuidado con ellas.

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Por - Publicado el 25-09-2016

Por Jorge Rendón Vásquez

La Segunda Sala de Derecho Constitucional y Social Transitoria de la Corte Suprema, integrada por cinco vocales provisionales (colocados allí sin concurso) les ha dado el gusto. Los jerarcas de los empresarios y sus inefables asesores deben de haberlo celebrado ñatos de risa y libando hasta el amanecer luego de haber leído la sentencia.

Analicémosla (Casación Laboral nº 00489-2015, Lima 7/6/2016. Las citas son de la sentencia.).

El demandante, un trabajador, pretendía “el reintegro de sus remuneraciones y su incidencia en el pago de gratificaciones y compensación por tiempo de servicios por el período de marzo de dos mil a diciembre de dos mil tres […] habiendo recién el demandante reclamado por la supuesta disminución de sus remuneración luego de que la demandada cursó la carta de cese por límite de edad de fecha doce de setiembre de dos mil doce”. Esta pretendida omisión de reclamar determinó al juez de primera instancia a declarar infundada la demanda. En la sentencia suprema se valida esta afirmación al decir: “la parte demandante no ha acreditado en su oportunidad la referida disminución de remuneración” (9º considerando). Por consiguiente, ni para el juez de primera instancia ni para la Sala suprema existe la Ley 27321, vigente desde el 23/7/2000, que dispone “Las acciones por derechos derivados de la relación laboral prescriben a los 4 años, contados desde el día siguiente en que se extingue el vínculo laboral.” Más todavía: para la Sala suprema se trata de “una supuesta disminución de su remuneración”, o sea que nunca sucedió. ¿Por qué entonces tuvo que justificarla?

La sentencia de segunda instancia declaró fundada la demanda, basándose en que el trabajador no había aceptado documentalmente la reducción de su remuneración, en aplicación de la Ley 9463.

La Sala suprema se lanzó a replicar este argumento con la especiosa articulación siguiente:

“Debe precisarse que la posibilidad de la reducción de las remuneraciones se encuentra regulada en nuestro ordenamiento jurídico, y esta puede ser consensuada o no consensuada. a) Será consensuada si es realizada de manera voluntaria, es decir, si existe un acuerdo libre, espontáneo, expreso y motivado entre el trabajador y el empleador, tal como se regula en la Ley Nº 9463. b) Será no consensuada si es adoptada por decisión unilateral del empleador, es decir, sin aceptación previa del trabajador. Esta posibilidad resulta de la interpretación en contrario del inciso b) artículo 30º del Decreto Supremo Nº 003- 97-TR y del artículo 49º del Decreto Supremo 001-96-TR, que consideran que la reducción inmotivada de la remuneración es un acto de hostilidad equiparable al despido si es dispuesta por decisión unilateral del empleador y sin causa objetiva o legal. En tal sentido, esta decisión resultará viable si se expresa los motivos por los que así se procede” (10º considerando).

Lo novedoso en esta afirmación de la Sala suprema es la creación de una reducción no consensuada de la remuneración. Pero es errónea: 1) porque el contrato de trabajo, como todos los contratos, “se perfecciona por el consentimiento de las partes” (Código Civil, art. 1352º); y porque la libertad contractual está garantizada por la Constitución del Estado: “Toda persona tiene derecho: 14. A contratar con fines lícitos, siempre que no se contravenga leyes de orden público.” (art. 2º). Son leyes de orden público las de protección de los trabajadores. La Constitución dispone además que “La libertad de contratar garantiza que las partes pueden pactar válidamente según las normas vigentes al tiempo del contrato. Los términos contractuales no pueden ser modificados por leyes u otras disposiciones de cualquier clase.” (art. 62º). En consecuencia, si ninguna ley puede autorizar la modificación de los términos contractuales, es obvio que el Texto Único Ordenado por el Decreto Supremo 003-67-TR no puede conferir esa autorización, y, en rigor, no la confiere. El artículo 30º de este texto, invocado por la Sala suprema, dice: Son actos de hostilidad equiparables al despido los siguientes: La reducción inmotivada de la remuneración o de la categoría.” ¿Que quiere decir reducción inmotivada? Una reducción sin causa. Pero esta causa, como en todos los contratos, sólo puede ser consensual. La ley no puede ordenarla, ni facultar a las partes contratantes a imponerla. Imaginemos que en un contrato de venta, locación, crédito, etc. se facultara a una de las partes a reducir el precio pactado. Sólo pensarlo sería absurdo. Además, el artículo 30º del Texto Único Ordenado citado, al hacer a la reducción inmotivada de la remuneración un acto equiparable al despido, lo considera un hecho prohibido para el empleador, prohibición que implica también la de reducir la remuneración y la categoría. Y, si la prohibe, no es posible inferir, contrario sensu, que la autorice; con mayor razón porque las facultades y las obligaciones, por su importancia, deben ser definidos explícita y claramente por la ley, siempre y cuando la Constitución lo permita. En la relación de trabajo no lo permite: “Ninguna relación laboral puede limitar el ejercicio de los derechos constitucionales” (art. 23º).

Los vocales provisionales de la Sala suprema autores de la sentencia legicida no podían ignorar los artículos 51º y 138º de la Constitución que declaran la prevalencia de esta sobre toda norma legal y la obligación de los jueces de preferir la primera. Tampoco podían desconocer que “En la relación laboral se respetan (el) carácter irrenunciable de los derechos reconocidos por la Constitución y la ley” y que debe haber una “Interpretación favorable al trabajador en caso de duda insalvable sobre el sentido de una norma.” (Constitución, art. 26º). El demandante no sólo no había renunciado al íntegro de su remuneración, sino que la reclamaba; y en el artículo 30º del Texto Único Ordenado en mención no hay duda insalvable, puesto que esta claro que no crea para el empleador el derecho de reducir la remuneración.

La sentencia comentada, que execra a sus autores sin atenuantes, es, por lo tanto, nula.

Ya algunas organizaciones sindicales se están movilizando contra ella. Aunque para evitar la protesta, un juez supremo ha salido a decir que esa sentencia no es vinculante, es decir que se aplica solo al caso juzgado, lo cierto es que, como pronunciamiento judicial de la más elevada instancia, estimulará a otros empresarios a utilizarla, pese a su inconstitucionalidad, pues para eso ha sido dada .

La pelota ha pasado al campo de los trabajadores en un partido más importante y grave que el de la Ley Pulpín.

(25/9/2016)

Un comentario

Por - Publicado el 02-06-2016

Por Jorge Rendón Vásquez

Y pasó lo que los opositores al gobierno de Nicolás Maduro querían: el 31 de mayo el uruguayo Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos, anunció que convocaría al consejo permanente de esta entidad para “realizar una apreciación colectiva de la situación (en Venezuela) y adoptar las decisiones que estime convenientes”, aplicando el artículo 20º de la Carta Democrática Interamericana de la OEA.

Se saltó a la garrocha el primer párrafo de este artículo que dice que esa medida podría ser adoptada “En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático”. No le interesó para nada que en Venezuela los poderes del Estado, elegidos o designados como la Constitución dispone funcionan regularmente, aunque haya discrepancias de opinión entre ellos y que, por lo tanto, no hay “una alteración del orden constitucional”.

Tampoco se han dado los casos de Honduras, cuando sacaron a Zelaya en junio de 2009, ni de la propia Venezuela cuando los mismos grupos que ahora dominan su Poder Legislativo apresaron al presidente constitucional Hugo Chávez en abril de 2002 y pusieron en su lugar al jefe de los empresarios Pedro Carmona, casos ante los cuales la OEA nada pudo hacer.

La actitud de Almagro revela que se siente como el capitan de un barco al que temerariamente lanza a la aventura en plena tormenta. Lo real es, sin embargo, que navega contra una tormenta de escenario fílmico en una cacerola, probablemente de esas que ciertas pitucas golpean en las calles.

Porque ¿qué puede hacer el Consejo Permanente de la OEA si condena sin pruebas fehacientes al gobierno de Maduro, como sería la intención de varios gobiernos de derecha que lo han puesto en el índex de los chicos malos? Respuesta: realizar “gestiones diplomáticas” y, si ellas no le dan resultado, llamar a la asamblea general de la OEA para que considere la suspensión de Venezuela como miembro, conforme dispone el artículo 20º de la Carta Interamericana Democrática. En otros términos, amonestarlo, con algunos improperios entre paréntesis, y, en el límite, excluirlo de los bailes al interior de un club privado.

Y nada más.

Porque la Carta Democrática Intermericana no estipula otras sanciones. Y, sobre todo, porque el artículo 19º de la Carta de la OEA, que es el documento constitutivo de esta organización, dispone que “Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro. El principio anterior excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen.”

La derecha venezolana, integrada por las huestes de los partidos Adeco y Copei y cierto número de empresarios sin partido, no lo ignoran. Pero, han echado a andar un operativo de propaganda internacional tras fracasar en el uso de la institucionalidad interna a la cual se sometieron para llegar al parlamento.

El pueblo venezolano sufre ahora las consecuencias de la caída del precio del petróleo que sustenta la mayor parte de su presupuesto público y es su principal fuente de divisas. En la década pasada el petróleo alcanzó más de 100 dólares el barril. Luego ese precio descendió hasta llegar a menos de 30. Ahora está a unos 49 dólares. Pero aún es poco para Venezuela. Por lo tanto, hay escasez de los bienes que se compran con los ingresos del petróleo, agravada por el boicot en la producción interna de bienes llevada a cabo por ciertos empresarios. Y esto es una tragedia para un país dependiente de la monoproducción, que no ha tenido tiempo de alcanzar una diversificación adecuada de su economía con los gobiernos de Chávez y Maduro. Es una emergencia frente a la cual todos los venezolanos debieran unirse como si estuvieran en guerra. A la derecha, sin embargo, le importa menos que un comino la suerte del pueblo. Tiene recursos para pasarla bien mientras la mayor parte vive agobiada por la escasez, unida al acaparamiento y la especulación practicados con celo ejemplar por muchos de los que hoy atacan a tiempo completo al gobierno de Maduro. La mayoría en el parlamento le sirve a la derecha para tratar de derrocarlo, en lugar de usar su poder para contribuir a superar la crisis económica. Y si llegara a tumbarlo no podría sobreponerse a la escasez cuya causa no es política ni depende de Maduro, sino del petróleo.

Tampoco a Luis Almagro le inquieta la crisis del petróleo. De repente su corazoncito derechista resolvió salir del armario y tratar de añadir a la OEA al cargamontón contra el gobierno de Maduro.

Cuando lo eligieron secretario general de la OEA muchos creyeron que por haber sido canciller de un gobierno progresista daría la talla de un diplomático ecuánime y confiable. Su connivencia con la derecha venezolana lleva a suponer que podría haber descubierto su vocación de pieza de ajedrez.

(2/6/2016)

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Por - Publicado el 23-05-2016

Por Jorge Rendón Vásquez

Muchos vieron el debate televisado de los dos candidatos a la presidencia de la República, organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (noche del 22/5/2016).

¿Pudo la mayoría que desconocía sus propuestas básicas enterarse de ellas al escucharlos, por lo menos a grandes rasgos?

Parece evidente que no.

Primero, porque es materialmente imposible que en solo tres minutos por tema un expositor pueda hacer conocer sus proyectos sobre lo que podría hacer desde la presidencia de la República. Tres minutos alcanzan apenas para una presentación somera de un punto de los muchos que comprenden cada tema, cuyo contenido es de por sí complejo y vasto.

Y, segundo, porque la capacidad de entendimiento de la mayor parte de electores de las cuestiones tan especializadas del gobierno es casi nula. En las aulas universitarias, los alumnos retienen no más de un 5% de la exposición del profesor si sólo la escuchan; si toman notas su retención puede ir de un 10% a un 20%. Y estos oyentes, de un nivel superior, están allí para entender lo que se les enseña.

Por lo tanto, el debate entre los dos candidatos fue más un show mediático complementado con los comentarios de algunos personajes y periodistas convocados para cumplir esta función.

Para los entendidos, Keiko Fujimori perdió: porque leyó un discurso que le prepararon otros y que ella probablemente no es capaz de redactar; porque se dedicó a mentir sobre el otro candidato; y porque se perdió en generalidades. Pedro Pablo Kuczynski estuvo más versado y aplomado, trasuntando conocimiento y experiencia.

En un comento sobre el debate entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori para la segunda vuelta de 2011 dije:

La impresión de los teleespectadores sobre este debate (29/5/2011) se configura por su nivel cultural, grado de comprensión de las exposiciones, madurez intelectual y hábito de ver televisión, además de otros factores de menor incidencia. Para los espíritus livianos acostumbrados a las telenovelas vacuas, talkshows escandalosos, noticias escabrosas y chismes de la “alta” sociedad, si es que pudieron aguantar la hora y media del programa, es posible que los rasgos relevantes hayan sido la manera de vestirse de los candidatos, su sonrisa y ciertas frases que atrajeron su atención.

[…]

Los opinólogos mercenarios, convocados para el comentario del debate, valoraron más la impresión del primer grupo de televidentes. Para eso los habían contratado, como una fase del plan de la derecha

[…]

En síntesis, lo que dijo (Ollanta Humala cuando prometía el oro y el moro) fue que promoverá el crecimiento de la riqueza nacional con inclusión social, lo que significa que esa riqueza deberá ir también a los trabajadores que la producen, a los sectores de la población de menores ingresos y a los que nada tienen, para desterrar definitivamente el estado de necesidad y la pobreza. […] Es insultante para las mayorías populares la multiplicación de edificios de departamentos al alcance sólo de quienes tienen los ciento cincuenta mil dólares o más que cuestan, el pantagruélico consumo de las clases ricas y medias en los restaurantes de lujo, los supermercados exclusivos para la gente de alto poder económico que reparten catálogos impresos en el papel más caro, el avisaje comercial en ciertos diarios de productos vedados, de hecho, para las clases pobres.

[…]

Y en esto los silencios de Keiko Fujimori la perdieron.

Calló lo que hicieron su padre y ella en la década del noventa cuando gobernaron el país, la razón de ser de las esterilizaciones de más de trescientas mil mujeres, el burdo y gigantesco latrocinio de los caudales del Estado, el despojo de una gran parte del poder de compra de los trabajadores, reduciendo sus derechos sociales y remuneraciones con la “flexibilidad laboral”, y, sobre todo, la manera como financiaría las ofertas que hace alegremente en las urbanizaciones populares, repetidas en su intervención de ayer. Es evidente que cualquier promesa de dar ciertos bienes y servicios sin redistribuir la riqueza es una mentira.

En el proceso electoral de 2011, Keiko Fujimori ganó en Lima, tanto en los barrios de más alto poder económico como en los de familias con ingresos bajos y en su mayoría paupérrimos. En este aspecto, la historia parece repetirse ahora. Que muchos de los ricos voten por ella se explica. Pero que los pobres le den su apoyo es aberrante. No es el primer caso en la historia del Perú, ni en la de otros países. Luego, los pobres reciben su merecido, cuando los candidatos de su preferencia no les dan lo prometido y hasta los oprimen con más saña y desprecio. (Más mi pegas, más ti quiero.) Es el juego de la democracia burguesa que se debería atacar para hacerla realmente democrática, haciendo a los electores más conscientes de su clase social y de sus expectativas de mejorar su condición económica.

Uno de los destinatarios de mis comentos (exdirigente sindical) me dijo que él no votará ni por Pedro Pablo Kuczynski ni por Keiko Fujimori. Le respondí que esa actitud era como un tul que no llegaba a ocultar su frustración de individuo aislado que no puede ni siquiera advertir la naturaleza y la fuerza de las grandes corrientes que mueven a las personas, incluso contra su voluntad. Era inútil recordarle la dinámica de la estructura de la sociedad y su marcha inexorable envolviendo a todos en sus términos antagónicos y llevándolos consigo.

La elección del próximo junio no tiene como fin cambiar la estructura de la sociedad. Con el dominio del congreso de la República por los representantes de Keiko Fujimori la suerte de nuestro país está casi echada. Darle también el puesto presidencial podría convertir al gobierno en una dictadura, que por sus raíces familiares y el arrejuntamiento de los políticos arribistas y de dudoso currículum económico que se le han plegado, repetiría la infausta década del noventa y podría hacer del gobierno la cabeza de un narcoestado.

Los electores obnubilados por Keiko Fujimori y por el voto viciado o en blanco deberían reflexionar sobre esto.

(23/5/2016)

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