Por - Publicado el 21-04-2016

El modelo económico actual se basa en las ganancias de las grandes empresas.1 Éstas, las que están y las que vienen atraídas por las ganancias, invierten y ganan, y de sus ganancias reinvierten, con lo cual el negocio crece y con él lo que usualmente llamamos “la economía”.

Para aumentar esta atracción por la ganancia, los gobiernos de turno les ponen hartas luces verdes, con lo cual por supuesto que ponen luces rojas a otros agentes. La libertad de otros acaba donde comienza la libertad de las grandes empresas.

  1. Así, las ganancias aumentan a costa de los trabajadores, que la tienen difícil para sindicalizarse, pueden ser despedidos expeditivamente, y se les recorta cualquier beneficio que tengan que pagarles los empresarios.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de los trabajadores.

  2. Las ganancias aumentan a costa del medio ambiente y de las comunidades vecinas, facilitándoles a las empresas que hagan “estudios de impacto ambiental” amañados, cambiados, hechos por empresas socias.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra principalmente de los campesinos e indígenas.

  3. Las ganancias aumentan a costa de los impuestos que las empresas deben pagar al estado (las empresas logran sus ganancias también gracias al uso de infraestructura pública). Los gobiernos de turno les rebajan los impuestos a través de diversos mecanismos, como exoneraciones tributarias, contratos ley, depreciaciones aceleradas, “obras por impuestos”, etc.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de la ciudadanía que paga sus impuestos completos y gracias a la cual estas empresas pueden operar en el país.2

  4. Las ganancias aumentan a costa de los consumidores, cuando las grandes empresas cobran precios de monopolio por sus servicios: tarifas elevadas por servicios públicos, altas comisiones por el mantenimiento de fondos de pensiones, tasas de interés sobrecargadas, etc.

    Y el gobierno de turno vigila que las ganancias aumenten por esta vía, siempre optando preferencialmente por las empresas en contra de los consumidores.

Se trata, pues de un modelo económico desproporcionadamente orientado hacia las grandes empresas privadas, so pretexto del crecimiento. El objetivo de la economía a nivel social no es el crecimiento. El crecimiento es un medio, no un fin. El objetivo de la economía es aumentar el bienestar de los integrantes de una comunidad. No se trata de tener un estado al servicio de la gran empresa privada, pensando que lo que es bueno para la gran empresa privada es bueno para la sociedad, pues no es así. Tiene que haber un óptimo, un punto medio entre el incentivo a las empresas a invertir y el bienestar de los toda la comunidad nacional: trabajadores, campesinos, indígenas, ciudadanos, consumidores, no sólo los grandes empresarios.

Y los resultados saltan a la vista. Tenemos crecimiento, recién en los últimos años, gracias principalmente a los elevados precios de las materias primas (hoy elegantemente llamadas “commodities”). Durante el fujimorismo no hubo crecimiento ni se redujo la pobreza (hubo primero una subida y al final, una caída, dejándose todo casi igual). El crecimiento y la reducción de la pobreza recién ocurren a partir de mediados de los 2000, pero los salarios nunca recuperaron el nivel que tenían en 1973. Y es un crecimiento que lo experimentan tanto países de modelo neoliberal como países de modelo “chavista”, pues ambos son exportadores de materias primas. No se trata, pues, de un crecimiento “gracias a este modelo”.

Resulta pues que estamos ante un modelo inercial, facilista, sesgado hacia las grandes empresas, y sobre todo en agotamiento, que se derrumbará el día que caigan los precios de la materias primas, que ocurrirá tarde o temprano, como ocurrió antes con el guano y el salitre, el caucho o en la crisis de los 1930s. Generosamente se les llama ganancias, pero en muchos casos en realidad se trata de una renta por la extracción de recursos naturales. En esos casos estamos ante la renta de la tierra, no ante una verdadera ganancia capitalista. Estamos en una época del guano con esteroides y celulares.3

El debate no debería ser ya si cambiamos de modelo porque el que tenemos es maravilloso, como pregonan los voceros oligárquicos más oscurantistas y retrógrados, sino comenzar a delinear las bases de un modelo alternativo.

  1. Una versión previa de este post apareció primero aquí, en Facebook. Es un post en referencia a este artículo de opinión:

    El maldito “modelo económico”, por Roberto Abusada Salah
    Este régimen económico ha transformado al país, cortado la pobreza a la tercera parte y disminuido la desigualdad.

    y continúa las ideas expresadas en estos dos posts:
    Los cinco mitos de Althaus
    ¿Cuándo creció el Perú? []

  2. Añadiría que un caso especial de 3 ocurre cuando el estado abandona su actividad empresarial, para traspasársela a empresas extranjeras, privadas o estatales, que no operan bajo la lógica de la reinversión en el país, sino de la extracción de las ganancias generadas en el país hacia otros países. El crecimiento ocurre cuando las empresas extranjeras traen inversión, pero se va cuando las empresas extranjeras se llevan sus utilidades y no las reinvierten. []
  3. Esa es otra. Se hace pasar el impacto positivo en el campo peruano por el uso de celulares, como un logro del modelo económico neoliberal. []
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