Por - Publicado el 22-10-2012

Viene de Liberalismo y neoliberalismo (1):

4. ¿Nuevos aguafiestas?
Ya son más de veinte años de la caída del muro de Berlín. Y seguimos en las mismas correrías de antes de “el fin de la historia”: crisis, desempleo, guerras, convulsión social. La desregulación financiera y laboral han perdido el aura de triunfo que tenían hace un par de décadas. Ahora “todos somos comunistas“: si las empresas privadas entran en crisis, es el estado que les hace los salvatajes. Si el estado entra en crisis, alguna entidad supranacional, un “estado de estados”, le hace el salvataje y le aplica electroshocks para reanimarlo. Es un contexto en que los esquemas neoliberales pueden ser muy elegante y estéticamente construídos, pero no tiene mucho gancho en la calle: ni en Wall Street ni en Main Street. Cuando hay crisis, todos quieren subirse al bote salvavidas, así sea de madera, no al buque sofisticado, pero en hundimiento.

Aquí no hay mucha fiesta que aguar: la propia fiesta se desanimó solita. No hubo ninguna elaboración que hiciera carne en algún sujeto social y la aguara. La racionalización está viviendo post festum, y se hace simplemente constatando, no anticipando. La propia economía académica moderna definitivamente ratifica la inoperancia del colectivismo, pero no en favor de una solución neoliberal, sino de una solución de economía mixta. El óptimo no es la intervención cero, sino la intervención no sólo cuando el mercado fracasa, y los fracasos del mercado ocurren a cada rato, sino previniendo y estabilizando. Pero el asunto no queda ahí. El discurso neoliberal ha quedado muy expuesto en los últimos años. No es sólo que el neoliberalismo no funciona para todos, sino que sí funciona para algunos. El neoliberal habla a favor de los pequeños informales y ciudadanos de a pie, pero para favorecer a las grandes empresas, los grandes grupos de interés. Ese es su sujeto social. Si habla de la libertad del fumador, no es porque le interese el fumador y su salud, sino porque le interesa las ganancias de las tabacaleras. El aura del neoliberal ha quedado más expuesta como siempre alineada con las megaempresas. No estamos ante el inclusivo crecimiento emergente de comienzos de siglo, ni en los clasemedieros y conservadores años eisenhowerianos de postguerra, sino en un mundo yuppie en crisis, en que el ganador se lo lleva todo. Ya se vio que muchos se la creyeron y quisieron ser ganadores, y algunos hasta tuvieron la oportunidad de serlo, pero el resultado es que sólo algunos lo son y el resto perdió. Estuvo lindo mientras duró la ilusión, pero a ver cómo se afronta ahora la realidad de haber perdido. No, la gente mira al estado. No es consuelo ni excusa haber tenido la oportunidad de timbear.

Pero la crisis también ocurre en la periferia de Europa Occidental, por lo que no faltan argumentos para reclamar que también estamos ante una crisis del estado de bienestar. Así como en los Estados Unidos hay un límite para salvar a los bancos, en Europa hay un límite para salvar estados. A un lado del charco se apunta a intervenir en el mercado, al otro se apunta a dejar de hacerlo. Paradojas del presente, pero que van en línea con la idea de óptimo que mencioné antes: la intervención óptima no es cero, ni es al 100%, sino un punto intermedio. Eso quiere decir que en contextos de fracaso de mercado e intervención insuficiente el camino es incrementar la intervención, mientras que en contextos de demasiada intervención estatal, el camino es reducirla. Algo así es por supuesto muy poco apasionante. La gente se suele movilizar en base a un “ismo” fuerte, no en base a una idea ecléctica, por más sensata que sea. Además tiene el problema que incluso coincidiendo en el principio de un punto óptimo, mucha gente no coincidiría en cuál sería ese punto: cada quien llevaría agua para su molino. Ya hemos visto en el Perú cómo hubo investigaciones que afirmaban que el sector AFP era muy competitivo y que las comisiones no podían bajar. Desde luego que tales investigaciones eran financiadas por las AFPs que ya estaban en el mercado. Además, para hacer las cosas menos entusiasmantes, el punto óptimo cambia en el tiempo: en condiciones de crisis, según el contexto, se requiere una mayor o menor intervención estatal. En los Estados Unidos se vuelven “comunistas” interviniendo, mientras que en Europa se vuelven “librecambistas”.

Y desde luego, los puntos medios aristotélicos a veces no son tales. En un mundo de “pensamiento único” no faltaron intentos de decir algo diferente. El inglés Tony Blair surgió encabezando una “tercera vía”, en base a las elaboraciones de su paisano Anthony Giddens. Todo muy sugerente, pero a la hora de alinearse con Bush, Blair estuvo en primera fila. Ahí quedó claro que la “tercera” era la misma vía de siempre. No había ningún contrapeso ni variedad dentro del sistema. Lo que sí quedó claro es que Alemania y Francia, menos requeridas de protección estadounidense, tenían su propio juego. Menos frente interno y más frente externo. Más intervenciones: en Medio Oriente y Norte de África.

¿Y el colectivismo?

Hoy como ayer el alimento de la idea colectivista es la indignación ante la concentración de la riqueza y el poder omnímodo de una minoría coexistentes con el desempleo y la pobreza de las mayorías. Una mente desprejuiciada entenderá que tal realidad no puede ser justa y se preguntará cómo es posible que no pueda haber una organización social que corrija estas desigualdades. Algún tipo de planificación o intervención que haga que los de arriba compartan con los de abajo en base a ideales de igualdad y fraternidad, las banderas “pariente pobre” de la revolución francesa. El problema está en la dura economía, que ha demostrado en la práctica, a nivel microeconómico, país tras país, que el colectivismo no funciona. Quienquiera que se replantee el tema, tiene ahí un gran dilema a resolver. La solución que mal que bien ha funcionado hasta ahora, como ya dije, ha sido de naturaleza mixta: impulso privado e individual con dirección pública y colectiva. No hay una gran fiesta, pero tampoco hay grandes aguafiestas.

Pero los rumbos están abiertos y suele ocurrir que cuando algo parece ya definido se vuelve a replantear una y otra vez. Por ahora no hay una estrella en el cielo, sólo un estela en la mar. No hay un “qué hacer” de Lenin, sólo un “qué será” de Chico Buarque (o, si quieren, de José Feliciano).

Yapa:
5. El neoliberalismo en el Perú

En el Perú no hubo ni liberalismo ni neoliberalismo fuerte. Ambos fueron tardíos. La independencia tuvo influencia liberal, pero no fue posible sin la intervención de países vecinos. En el Perú fue el absolutismo borbónico el que tuvo la mayor fuerza política y militar. No hay un San Martín, ni Bolívar, ni Belgrano peruanos. El monopolio comercial con España ya le iba bien a la élite limeña. Nada de burguesías portuarias que impulsen la libertad de comercio con Inglaterra. Los Zela que querían la independencia murieron en Bastillas panameñas, sin poder ver un Perú independiente. Lima no fue un centro de irradiación liberal, sino el destino de las corrientes liberadoras venidas de Venezuela y la Argentina. Estas corrientes liberadoras luego mutarían en corrientes de conflicto con el vecino del norte y el vecino del sur, conflictos de los cuales no hemos acabado de salir, tema de otro análisis.

Pero claro que tuvimos algún tipo de liberalismo, el de la oligarquía exportadora que quería importar productos europeos: liberalismo guanero, liberalismo azucarero y algodonero, liberalismo extractivista. Fue un liberalismo que nunca cayó, pero vio cómo el mundo cambiaba y entendió que en algún momento, de alguna manera, los cambios llegarían al Perú.

Así, en el siglo pasado, el gran líder espiritual del neoliberalismo es claramente Pedro Beltrán y es un neoliberalismo preventivo: no tiene un estado de bienestar o populista con el cual forjarse. Representa a una oligarquía terrateniente que gobierna cómoda y autoritariamente el país. Sin embargo, sí la ve venir, pues los países vecinos sí habían llevado a cabo políticas intervencionistas de masificación de la educación, nacionalización de los recursos y concesión de derechos laborales a los trabajadores. Y en el Perú ya había el germen aprista y socialista en las figuras aurorales de Haya de la Torre y Mariátegui La Chira.

Históricamente, el liberalismo en el Perú hubiera podido ser antifeudal, hubiera podido dirigirse y ser una ideología de libertad para los yanaconas oprimidos por los terratenientes. Pero no hubo liberales que se embarraran los zapatos por defender los derechos de los campesinos indígenas, su educación, su derecho al voto. En clave de huayno ayacuchano, con la letra de los hermanos Gaitán Castro, se le podría preguntar a quien se cree liberal:

Si fuiste tú
cometa en el viento,
¿por qué nunca te acordaste
de este barro caminante?

Pues no, los liberales no estuvieron con los campesinos, estuvieron con los terratenientes, y esto por una sencilla razón: los liberales eran terratenientes. Y lo siguen siendo. Es un liberalismo encomendero al estilo de los terratenientes del sur de los Estados Unidos.

El neoliberalismo en serio también comienza tardíamente, porque el estatismo llega también tardíamente al Perú. Surge en reacción al velasquismo, en los setentas. Allí se forja una generación de neoliberales que sí tienen ejemplos locales de cómo no quieren que se hagan las cosas en el país. En buena cuenta es una generación que ve cómo las tierras de sus padres, abuelos o tíos son repartidas al populacho, cómo sus familiares dejan de timonear el estado para que diversos advenedizos pasen a encargarse de esa responsabilidad. No son burgueses emergentes hechos a sí mismos.

Con Belaúnde 2 esta gente hace la reflexión doctrinaria, liderada por gente como Vargas Llosa y De Soto,1 que se imaginan una inexistente “tradición redistributiva” en el Perú. Las pocas y tardías reformas les parecen demasiado. Con García esta generación pasa a la acción política y logra expandirse y ganar influencia intelectual. De hecho, es una generación que triunfa ideológicamente con García, pero gobierna con Fujimori; mejor dicho desde Fujimori, pues no ha dejado de gobernar al país. Es una tecnocracia ascendida a poder fáctico que se cobra la revancha desmontando el estado velasquista y restituye el poder oligárquico, su poder, que siente que nunca debió perder.

Lo que ahora ocurre es que a estas alturas esta hegemonía neoliberal está a la defensiva y es cuestionada intelectual y políticamente por sectores importantes del país. El Perú ha vivido un microclima político en la región latinoamericana y en el mundo, con la sensación de que otra vez en nuestra historia nos atrasamos políticamente. El neoliberalismo en el Perú es ahora el incumbent, el defensor del título, y cada trampa con la que logra mantener su poder sólo crea más presión y más fuerza en sus retadores. En el Perú no tiene ya nada de novedoso que ofrecer. Todo ya lo ha hecho. No hay mucho más que privatizar o desregular. Es un modelo asediado, jugando a la defensiva.

La región también ha virado. No sólo los diversos países han virado hacia el estatismo, sino el país vendido como modelo (en América Latina, no en Europa, no en los Estados Unidos), está en problemas: Chile cruje. La educación voucherizada, privatizada, polarizada es rechazada por la ciudadanía. Ojo ahí.

Se suponía que Humala iba a significar un cambio de rumbo en el Perú, pero no lo ha hecho. Históricamente, sin embargo, lo único que ha hecho es postergar y embalsar la presión social contra el modelo neoliberal aplicado en el Perú. Cuanto mayor es la subida, tanto mayor es la caída.


Concentración de la riqueza, influencia política en el congreso de los Estados Unidos, brecha creciente entre productividad y salarios, gran población penitenciaria, con sobrerepresentación de afroamericanos, inmensos gastos en armas: realidades que dan aire e invitan a buscar soluciones colectivistas y planificadoras.

La libertad de Troya que muchos aceptan.


El neoliberalismo pionero lo instaló Pinochet en Chile. Una alianza de tecnócratas con militares, ambos anticomunistas.
En el Perú el neoliberalismo se instaló con Fujimori y fue una alianza similar. Ya lleva dos décadas gobernando al Perú.
Caricatura publicada en el Diario de Marka, 26 de junio de 1982.

  1. Sólo en el Perú, por influencia de Hernando de Soto en El Otro Sendero, se habla de “mercantilismo” en el sentido de “prebendario”. Las grandes prebendas pasan piola, pero cuando algún sector industrial pide algún apoyo similar es satanizado como “mercantilista”, haciendo creer que los “liberales” también se oponen a las prebendas a favor de todos los empresarios. El mismo Hernando de Soto escribió su “Otro Sendero” con un gran apoyo del estado: USAID le dio un millón de dólares (que no tuvo la transparencia de mencionar en su libro).

    En concreto, en el Perú el discurso del “mercantilismo” sirvió para debilitar a la industria nacional y dar todos los privilegios a los primario-exportadores (privatizaciones a manos de empresarios que se compraron las empresas, leyes laborales proempresariales, excepciones tributarias, subsidios de facto, jueces amigos, etc.) o a los financieros (banca, AFPs). []

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Por - Publicado el 21-10-2012
  1. Las tropas llegaron ya
  2. Continúa ataque político fujimorista
  3. La oposición es social: laboral y socio-ambiental
  4. La discriminación y las cuotas en el Perú

2 Comentarios

Por - Publicado el 15-10-2012

1. Liberalismo y neoliberalismo
El liberalismo es la ideología del burgués que insurge contra el feudalismo. El neoliberalismo es la ideología del burgués que insurge contra el comunismo, el socialismo, el fascismo y el estado de bienestar occidental, todo junto agrupado como un “estatismo” o un “camino a la servidumbre”.

Si el emblema de la lucha del liberalismo es la Bastilla, el emblema de la lucha del neoliberalismo es el Gúlag.

El liberalismo surge tras una larga lucha en todos los niveles, llega a derrotar al antiguo régimen feudal europeo, pero luego es derrotado más que por el socialismo y el comunismo, por sí mismo. La crisis de 1930 le acaba de poner fin. El neoliberalismo surge como resistencia a las soluciones intervencionistas a la crisis de 1930, florece intelectualmente con el crecimiento del capitalismo de la postguerra, contrataca con la crisis de los 1970s y triunfa en los 80s con Reagan y Thatcher en el poder, siendo su punto máximo la victoria en la guerra fría.

El liberalismo surge y se aplica en Europa y los Estados Unidos y de ahí se expande al mundo. El neoliberalismo surge en los Estados Unidos, pero se aplica primero en Chile, y luego rebota en Inglaterra y los Estados Unidos.

Los neoliberales equiparan su oposición al estatismo a la oposición de los liberales al feudalismo, pues les da una imagen de popularidad y una continuidad histórica. Sin embargo, históricamente fueron los mismos liberales aurorales quienes dieron pie a la crítica socialista del capitalismo.

Al neoliberal no le gusta que lo llamen así y reclama que lo llamen liberal, porque el término evoca el cantar de gesta, popular e insurgente, contra el feudalismo. Son inactuales Quijotes que reviven las andanzas de caballería de épocas pasadas: la lucha contra el “mercantilismo”, ser un “Tea Party” que se opone contra la opresión monárquica o evitar el camino a la servidumbre. El neoliberal ve gigantes mercantilistas donde sólo hay molinos prebendarios, gigantes que nos regresan a la servidumbre donde sólo hay molinos de políticas públicas.

El neoliberal gusta de equiparar las cosas que se le oponen: así como equipara feudalismo con estatismo, equipara dentro de lo que considera como “estatismo” al comunismo, socialismo, fascismo y al estado de bienestar capitalista. Cualquier intervención pública es un “camino a la servidumbre” que acaba por llevar al capitalismo por la vía del totalitarismo. El neoliberal se resiste a admitir que el mercado en diversas circunstancias fracasa y que entonces la intervención estatal es necesaria. El neoliberal solito ganó la guerra fría. No va a admitir que hubo un estado capitalista que intervino con políticas, programas públicos, funcionarios del estado, militares, planificación de concesiones a empresas.

El neoliberal que se viste de liberal es como un manganzón vestido con ropa de bebé. El liberal defendía al libre mercado impulsado por una burguesía emergente y pequeña; el neoliberal defiende a una megaburguesía monopolista y transnacional invocando una inexistente libre competencia. El neoliberal habla del pasado glorioso burgués, de los actuales pequeños empresarios y de soberanos consumidores, pero en realidad no defiende a ninguno de éstos, sino a los meganegocios que, para variar, son los que auspician sus elaboraciones intelectuales.

Pero tampoco digamos que no hubo ninguna continuidad. El liberal hablaba de libertad, igualdad, fraternidad, pero la esclavitud abierta seguía en las plantaciones de Haití y en el Sur de los Estados Unidos. Qué viva la propiedad privada, incluso de personas y qué ningún estado la cuestione. Y en las fábricas inglesas los obreros habían decidido libremente, sin que nadie los obligara, aceptar largas jornadas de trabajo y magras retribuciones. Tan libres como los cadetes del Leoncio Prado que elegían entre seis puntos y ángulo recto. Por su parte, el neoliberal habla mucho de libertad, no tanto de igualdad  y menos de fraternidad, pero el trabajo infantil amarrado a las máquinas continúa en las transnacionales fábricas en Pakistán, Filipinas o México. Cuidadito con contraproducentes intervenciones a esa libertad de elegir.

2. Los viejos aguafiestas
Los liberales iniciales fueron muy buenos intelectuales. Ingeniosos, hábiles y eruditos. Pero tuvieron su par de aguafiestas, no menos ingeniosos, hábiles y eruditos: el alemán Karl Marx encontró que detrás de la libertad de intercambio se escondía una relación de explotación. Y lo hizo limpiamente, derivando sus conclusiones a partir de los planteamientos del escocés Smith y el inglés Ricardo, impulsores de la teoría del valor trabajo. Una broma de pésimo gusto para los liberales. Echarles en la cara que su libertad venía con truco. Y más aún, Marx se puso lanza y anticipó el fin del capitalismo en base a una elaboración medio malthusiana medio hegeliana: la tendencia decreciente de la tasa de ganancia haría que el capitalismo sucumbiera y se autonegara, dando paso a una economía colectivista. La elaboración de Marx rápidamente hizo carne en los obreros que no llegaban a ninguna tierra prometida por la libertad del orden capitalista.

Pero Marx no fue el único aguafiestas. Hubo otro, también alemán, y también emigrado a un país anglófono, sólo que no a Inglaterra como Marx, sino a los Estados Unidos: Friedrich List. Este señor saldría con la idea que el librecambismo estaba bien, por un tiempo, para Inglaterra en cierto momento, pero no para otros países de industrialización tardía como Alemania o los mismos Estados Unidos. Estos países deberían fijarse más en la práctica de los ingleses que en su discurso. Y así lo hicieron el industrialista Lincoln contra los liberales terratenientes esclavistas sureños, como la Alemania de industria naciente de fines del siglo XIX.

Estos aguafiestas tuvieron su momento de gloria y campeonaron en la batalla de las ideas. El golpe al liberalismo fue tan fuerte que a comienzos del siglo XX los más brillantes intelectuales eran cuestionadores de la lógica liberal; sus producciones académicas eran las más interesantes.  Y no sólo eso, el par de fisuras que le abrieron al liberalismo no se quedó en lo intelectual, sino que atravesó estepas, desiertos y pampas. Los zares, emperadores, sultanes, señoritos o gamonales del mundo ya no caerían por la ideología liberal de un Jefferson o un Rousseau, sino por la ideología colectivista de un Lenin o un Mao. El antifeudalismo dejaba de ser cosa de la burguesía, ante la amenaza socialista. Los “liberales”, asustados por la rebelión de los oprimidos, estaban bien acurrucaditos con los opresores. En pocas décadas buena parte de la humanidad pasaría a ser gobernada por regímenes estatistas de diversos tipos.

3. El nuevo liberalismo
Un capitalismo en crisis en los 30s, desempleo, quiebras, deflación, con un desafío comunista en Rusia, con un fascismo al alza en Europa Occidental y movimientos anticoloniales en el mundo, no era el mejor contexto para predicar sobre las virtudes del libre mercado. De hecho, poca gente lo hizo. El problema era cómo corregir los fracasos de ese mercado e incluso cómo abandonarlo del todo para reemplazarlo por alguna otra institución. Treinta años después el capitalismo se recuperaba, volvía a crecer y mucho, y un liberalismo escarmentado, relanzado sobre bases diferentes a las del liberalismo primigenio incluso llegaba a derrotar económica y políticamente sus rivales ideológicos desde los más lejanos hasta los más cercanos y parecidos. ¿Cómo lo hizo?

Como suele ocurrir con las corrientes sociales, es una mezcla de calle con escritorio, de experiencia vivida con reflexión intelectual. La gran depresión es resuelta con una mayor intervención estatal. Los años de postguerra son años de crecimiento de una rápida expansión de la intervención del estado en la economía. Keynes y Roosevelt eran los emblemas de la época, definitivamente pro-capitalistas y definitivamente intervencionistas. Para nada son liberales, como no lo son las políticas que se llevan a cabo en los Estados Unidos ni en Europa Occidental en los años de postguerra. Hasta ese momento la guerra fría es un conflicto entre un estatismo total, el comunismo, y un estatismo moderado, el de la economía mixta occidental.

El contrataque de este nuevo liberalismo, o simplemente neoliberalismo, surge primero en el plano de las ideas como un cuestionamiento al estatismo de todo tipo. Se equipara al comunismo con el fascismo como totalitarismos. La viada antifascista de la segunda guerra mundial se la reorienta a una viada anticomunista de la guerra fría. El comunismo ya no es un ideal utópico de intelectuales y obreros, sino un régimen opresor. Los ideologos neoliberales realizan un trabajo de desconstrucción de un modelo político aparentemente colectivista (cosa que ya había sido hecha en forma pionera por Trotsky en diversos libros, y otros autores como el historiador marxista Isaac Deutscher). El aristócrata austriaco emigrado a Inglaterra y los Estados Unidos Friedrich von Hayek, que conocía de cerca a nazis, socialistas y comunistas, es quien sienta las bases de lo que es el nuevo liberalismo o neoliberalismo. En su caso es muy clara la reacción contra el estatismo y autoritarismo europeos que le toco vivir. Tuvo algo de audiencia en unos Estados Unidos que no había experimentado nada de lo que Hayek les contaba.

Pero la desconstrucción más agresiva y más importante no es la que se hace de lo que está lejos, se sabe poco, auque es más evidente, como es el régimen soviético, sino de lo que está cerca, se sabe más y tiene más sutilezas, como el estado de bienestar que los Estados Unidos estaban construyendo. Esta elaboración no la hizo un noble de privilegio como von Hayek, sino un hijo de inmigrantes, cuya madre trabajó en una sweatshop en New York, lo más proletario que había en la época, que tuvo la oportunidad de educarse y ascender social e intelectualmente gracias a la escuela y universidad públicas. Un emergente y vital Milton Friedman reinterpretaría la historia de la gran depresión como resultado no de las fuerzas de mercado, sino de la intervención estatal. Su mensaje era que el mercado libre hacía las cosas bien, innovaba, creaba empleo, generaba crecimiento para todos, eliminaba la discriminación racial, de género, etc. Era el estado el que fracasaba. El problema es que si bien sus puntos de vista eran respetados, no tenía mucha audiencia en un contexto keynesiano e intervencionista. El sueño americano fue y es el mercado y la libertad, pero también lo es la institucionalidad gubernamental, la igualdad de oportunidades y el sentido de pertenencia a una comunidad. El fin de la segregación educativa en el Sur no la traería el mercado libre, sino el estado encabezado por el texano Lyndon B. Johnson que enviaría la Guardia Nacional a “des-segregar” las escuelas públicas, es decir a proteger a los jóvenes negros que querían educarse de las agresiones de los blancos. Friedman y otros intelectuales avanzaban en moverla a nivel académico, pero a nivel político el horizonte seguía siendo keynesiano e intervencionista.

La crisis de los setentas fue grave, pero no fue considerada una crisis del capitalismo, sino una crisis de un modelo dentro del capitalismo, el modelo estatista-keynesiano que había ganado la batalla décadas antes. No fue la ofensiva mundial anticapitalista de los sesentas (descolonización del África, insurgencia en toda América Latina, rebeliones estudiantiles en Europa y los Estados Unidos) la que prevaleció. Ésta fue contenida dura y exitosamente por el capitalismo mundial. La crisis golpeó al statu quo de “ahora todos somos keynesianos” a nivel político como a nivel intelectual. Fue el momentum para el contrataque neoliberal, experimentado antes en un largamente trabajado Chile, donde tenían un enclave intelectual de contención del comunismo obrero y popular, con políticas que hasta ahora no han sido posibles en los Estados Unidos ni en Europa Occidental.

El nuevo liberalismo no se instaló por una insurrección como el viejo liberalismo, pero sí por una resurrección. Había que volver al liberalismo prekeynesiano. Algo se había hecho mal en el camino y había que regresar a las fuentes que indicaban que las intervenciones estatales, monetarias, fiscales, reguladoras, y peor si eran estatizadoras, eran totalmente perniciosas. Si la teoría del valor-trabajo llevaba a la explotación, no había problema, se proponía otra cosa, la teoría subjetiva y marginalista; chau explotación. Si se decía que el capitalismo se derrumbaba, se harían los cambios que evitarían ese derrumbe. Pero claro, el momento era muy diferente. Los monopolios desde hacía varias décadas que no eran solamente estatales, sino también privados. El neoliberalismo no iba a ser antimonopólico a secas: si tenía que elegir entre el monopolio estatal y el monopolio privado, elegiría al privado, y si tenía que elegir entre el monopolio privado regulado por el estado y el monopolio privado no regulado por nadie, elegiría la no regulación. Eso sí, los sindicatos quedaban dentro de la categoría de monopolios y tampoco deberían ser regulados: deberían ser desmantelados. Si había discriminación, el estado tampoco debería intervenir. No se debería hacer nada que atentara contra la libertad del discriminador. A esperar nomás a que el discriminador quiebre por no contratar a los o las mejores. Se volvía a la micro por oposición a la macroeconomía, a la oferta por oposición a la demanda.

Los neoliberales no tuvieron un visión anticipadora, sino simplemente una visión constatadora. Racionalizaron los visibles fracasos del anquilosamiento colectivista como de un estado de bienestar capitalista inoperante ante la crisis. No hubo que anticiparle nada al colectivismo con sutiles “tendencias decrecientes”; sus propias contradicciones lo llevaban a una catástrofe económica. A esto se sumaba el ajuste de cuentas con el modelo keynesiano en crisis. Cuando no había nada sobre la mesa, los neoliberales tenían algo que ofrecer. Sus elaboraciones ya estaban listas; habían pasado de la reflexión sugerente a la propuesta y hasta la experiencia en su almácigo chileno.

Los años de contraataque capitalista mundial y de superar la crisis económica en los setentas son seguidos de los años de Reagan en los Estados Unidos y de Thatcher en Inglaterra. Los personajes emblemáticos del neoliberalismo encabezan estados, Reagan, Thatcher o Pinochet, gente que privatiza y desregula y fortalece así a los monopolios privados. La liberalización del neoliberalismo es monopolista; el estado interviene a favor de los monopolios privados. Las reglas pueden estar ahí, pero ¿quién puede lograr que se apliquen con grandes empresas que juegan con ventaja sin ningún contrapoder? El resultado es una gran concentración del ingreso en los más ricos. La vuelta a políticas pre-rooseveltianas significó, no sorprendentemente, la vuelta a inequidades pre-rooseveltianas (ver gráfico abajo).

En los ochentas el comunismo, presionado por la expansiva economía capitalista, sucumbe por sus propias contradicciones y acaba por entrar en crisis y caer. Regímenes antipopulares y represivos ellos, el mundo era audiencia para una ideología que afirme la libertad y la individualidad. Gran victoria. A Reagan y Thatcher, como a sus ideólogos, les toca dar el cabezazo que da el mete-gol-gana y llevarse todo el crédito por un gol que se gestó desde atrás y por mucha gente. El mundo polar llegaba supuestamente a su fin, como la historia, como cualquier alternativa al capitalismo. Triunfo y triunfalismo.

Pero claro, esa idea de un mundo unipolar es tan candorosa como pensar que si se corta un imán por la mitad, uno se puede quedar sólo con el polo positivo y deshacerse del polo negativo.

Porcentaje del ingreso percibido por el decil más rico de los Estados Unidos.
La crisis de los 30s llevó a políticas intevencionistas que resultaron en una redistribución progresiva: más igualdad.
La crisis de los 70s llevó a políticas neoliberales que resultaron en una redistribución regresiva: más desigualdad.
Tomado de Piketty y Saez, 2001, “Income inequality in the United States, 1913-1998,”  NBER, aquí.

¿Cuál es la opción preferencial del neoliberal en este conflicto?

Dibujo de Ian Falconer “Out of the Mouths of Babes”, de The New Yorker, aquí.

[Continúa en un siguiente post.
4. ¿Nuevos aguafiestas?
y
Yapa:
5. El neoliberalismo en el Perú.]

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Por - Publicado el 14-10-2012
  1. Gobierno de derechas con oposición política de derechas. El fujimorismo se consolida como líder de la oposición. La oposición de izquierdas es social y extraparlamentaria.
  2. Humala se opuso a las bases estadounidenses en el Perú en 2008. ¿Hoy las aprueba?
  3. La fujimorización del chavismo. En el Perú se recanaliza el rechazo al fujimorismo hacia un rechazo al chavismo y a la posibilidad de un gobierno que haga cambio social. Son regímenes muy diferentes.
  4. Belaúnde, un gran violador de los derechos humanos.

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Por - Publicado el 12-10-2012

Mucho homenaje a Belaúnde y poca verdad y memoria sobre las masacres que cometió en sus dos gobiernos. La “comisión de la verdad” creada por un presidente belaundista, lo exculpó de la responsabilidad penal de las mismas (al igual que hizo con Alan García, luego apoyado políticamente por un par de comisionados de la CVR).

Markus Ronjam lo ha expresado muy bien en su Facebook; en APOCALIPSIS AQUÍ nos lo cuenta:

Sucedió en nuestro paisito hace (casi) medio siglo y, quiéranlo o no, forma parte de la historia del Perú, sólo que no se enseña en Historia del Perú.

A escolares y público de a pie se les puede florear sobre la “conquista del Perú por los peruanos”, no así a los antropólogos, especialmente a quienes pasaron gran parte de su vida en la selva aprendiendo a “reconocer un hombre y su vida”.

La presente quilca va a propósito de los fervorosos y lambizcones homenajes por el centenario del venerado “patricio de la democracia”, a quien tocó el “honor” de incendiar la selva y sus comunidades, en aras del progreso, desarrollo y avance de esa cosa llamada “la civilización feliz”.

También lo cuenta en su blog:

JUGANDO EN LOS CAMPOS DEL SEÑOR

«¿Es que solamente la gente necesita tierras? ¿Acaso los monos, los pájaros, las huanganas y los venados no necesitan también de la tierra para vivir?» (ashaninka Juaneco de Tsisontire)

No es raro ni casual que ante cada conflicto social con epicentro en la selva del Perú, hayan surgido encendidos llamados a meter bomba –específicamente napalm– para acabar con tanto “revoltoso”. Digo, no es raro, tampoco es cosa de chiste o broma, porque en realidad este evento sucedió en nuestro paisito hace (casi) medio siglo y, quiéranlo o no, forma parte de la historia del Perú, sólo que no se enseña en Historia del Perú.

Seguir leyendo.

Tiene toda la razón.

Markus también nos aporta esta notable caricatura:

Hacer click en la imagen para ampliarla.

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Por - Publicado el 11-10-2012

El presente blog cumple hoy ocho años de iniciado. Comenzó en 2004 como un espacio individual en que quería reflexionar sobre diversos temas, principalmente de la realidad peruana. Publiqué pocos posts hasta que vinieron las elecciones presidenciales de 2006 en que comencé a escribir regularmente en este espacio. Luego se sumaron más contribuyentes y el espacio se convirtió en un blog colectivo. Fue una buena etapa, pero fue un tanto ingenuo en pensar que podría haber un blog colectivo de gente que no comparte alguna idea fuerza. Lo que uno dice compromete a otro, y si no se comparte un cierto denominador común, no hay posibilidad de estar en el mismo barco. Ante eso, por cierto tiempo creé otro blog, Lapicero Digital, donde podía expresarme libremente, pero era una duplicación de esfuerzos que no podía sostener. Al final, luego de diversos debates, el Gran Combo Club volvió a ser un blog individual, cerrando una etapa colectiva a la que no volverá. No por eso hay menos discusiones, aunque los temas y términos son muy diferentes.

Definitivamente mi forma de ver las cosas ha cambiado desde que comencé este espacio y quisiera explicar a los lectores las razones de lo que llamaré mi “reizquierdización”. Llevo veinte años residiendo fuera del Perú. Salgo para estudiar, pero luego me quedo en el extranjero y vivo en los Estados Unidos, España y Canadá. La experiencia es de desarraigo, pero también de aprendizaje, tanto científico como vivencial. Es el estudio de la ciencia económica, pero también la experiencia de vivir en la sociedad norteamericana y europeo-occidental y sentir su contraste con el Perú. El asunto cambia cuando recalo en México, lo cual me hace regresar a la realidad latinoamericana. Entonces ocurren las elecciones de Calderón contra López Obrador y, si bien México es un país fascinante, viviendo en México pienso más en el Perú, lo visito más y comienzo a regresar a los temas peruanos, tanto como economista como ciudadano. Y parte de ese regreso fue la creación del Gran Combo Club

En los primeros posts la orientación del blog no es precisamente de derechas, pero sí de rechazo al estatismo y de una aceptación candorosa de lo que podemos llamar liberalismo, y más aún, neoliberalismo.1 Entonces mis esfuerzos eran por pensar al Perú desde la economía académica, en contraposición a lo que podemos llamar la ideología expresada con lenguaje económico, que es lo que prima en la prensa peruana. Mi visión es de un Perú que había cambiado, y el escenario arguediano de opresión terrateniente y transnacional había quedado atrás. Veo con mucha simpatía a Paniagua y a Toledo que hacían lo que era posible de hacer en la transición desde el fujimorismo, cuya caída vi con esperanza. Sin embargo, una cosa lleva a la otra. Enfrentarme a los diversos temas peruanos me llevan inmediatamente a enfrentarme a la realidad objetiva, pero también a la subjetiva. El Perú no había cambiado tanto finalmente, ni en la realidad social ni en lo que pensaba su gente. Las combis que iban en una y otra dirección no podían ocultar del todo el escenario arguediano que seguía ahí finalmente. El autoritarismo de la época fujimorista representado en buena cuenta por una tecnocracia constituída en poder fáctico que seguía ahí y más aún había reescrito la historia peruana pintándonos una arcadia prevelasquista idílica y añorada. Los de abajo habían perdido conciencia e identidad de clase, pero los de arriba desde luego que no: la seguían teniendo en forma terca y revanchista. Pensar en la libertad, igualdad y fraternidad al estilo de la revolución francesa, era cosa de giles que se la creyeron. Tampoco se vivía una post-guerra, sino que la guerra continuaba. Las izquierdas realmente existentes se habían vuelto parte del sistema en burocracias sindicales inoperantes o burocracias no gubernamentales serviciales al statu quo. El Perú crecía, pero sobre todo para los de arriba. La regulación a las grandes empresas era muy limitada.

Un punto de redefinición importante para mí en términos políticos es el intento de golpe contra Evo Morales en Bolivia. La intervención de los Estados Unidos queda totalmente expuesta, incluso a nivel académico. El racismo de los opositores a Morales es inaceptable, más allá de mi rechazo a tal o cual medida de política de Morales. Luego vinieron otros temas fuertes, como el seguimiento a las esterilizaciones forzadas, otra intervención de los Estados Unidos en el Perú, el golpe de estado en Honduras, la inoperancia alanista ante el terremoto de Pisco, el “baguazo”, la supeditación de la geopolítica peruana a la agenda de Uribe, y luego el intento de golpe en Ecuador. Por más que me opusiera a un modelo estatista, o los personajes atacados no fueran de mi simpatía (y el lector interesado podrá ver mis duros posts contra Chávez y Morales), de ninguna manera iba a sumarme o dejar pasar algo así. Estos hechos me abren las puertas para reflexiones ulteriores sobre el Perú y la importancia de un ajuste en el modelo económico y social que el país había adoptado. Pero claro, proponer un algo así en un contexto tan cerradamente oligárquico significa cuestionar a los poderes dominantes. Lincoln en el Perú iría a la olla como tantos otros. De ahí que intento documentarme en voz alta, compartiéndolo en el presente espacio, sobre la historia social peruana, la economía, y las tesis dominantes en los medios y en las ciencias sociales. Revisito las tesis de las ciencias sociales peruanas, como “el desborde popular”, la exaltación de los informales, la “pequeñología”, luego la conflictología, el estado mínimo, las izquierdas, el imperialismo, la post-guerra, así como diversos temas identitarios. En medio de diversos debates facilitados por la internet voy explicitando algunas definiciones.

El balance que hago de estos años es positivo. He ampliado mi trabajo intelectual hacia una reflexión sobre el Perú histórica como de coyuntura, que puedo expresar a través de este medio en forma totalmente libre. El blog se complementa con el Facebook, Twitter del Gran Combo Club, y con un programa semanal que emito por video y que ya va por el número 44. No puedo decir que llego a multitudes, pero es muy claro que este blog su público tiene y es leído en el Perú por algunos sectores de la prensa, política, sindicatos, estudiantes, intelectuales. No me identifico con la definición de “bloguero” que, por supuesto, también soy. Sin embargo, me considero más bien un intelectual que se expresa a través de un blog, así como otros intelectuales se expresan a través de columnas de opinión en los medios de prensa o en la televisión, según la línea editorial y la apertura de los dueños de los medios. Entiendo mi labor como intelectual y mi aporte específico al país como una contribución a un cambio social. ¿Y qué planteo? Pues, depende del tema. Uno va diciendo tantas cosas en cada post según la coyuntura particular que a veces todo queda disperso.

Por eso, celebro este aniversario creando páginas en que agrupo temáticamente diversos posts que he venido publicando. Va a continuación el índice como está hasta ahora. Las actualizaciones con más compilaciones temáticas aparecerán en la parte superior del blog, donde dice Temas.

- La CVR en el Gran Combo Club

- La intervención de los Estados Unidos en el Perú

- Las esterilizaciones forzadas en el Perú

- Economía 1
1. Pobreza y desigualdad
2. Mercados laborales
3. Seguridad social
4. Agricultura
5. Minería
6. La carrera de economista

- El factor religioso en el Perú

- El Perú prevelasquista

- La Universidad Católica

- Encuestas políticas

- La cultura peruana en el Gran Combo Club

- Análisis de la realidad peruana: política y sociedad

- Economía 2
7. Modelo económico y crecimiento
8. Ciclos y coyuntura económica
9. La crisis financiera
10. Rol del estado
11. El Banco Central
12. Comercio exterior
13. Algunas conferencias
14. Algunos blogs
15. Economía Dinámica
16. Miscelánea

- Geopolítica peruana

  1. Sobre este punto espero publicar un post en breve []
3 Comentarios

Por - Publicado el 07-10-2012
  1. El indulto en debate
  2. Guerra mediática: “tú liberaste más terroristas”. “No, tú liberaste más”.
  3. Panetta y Clinton en el Perú
  4. Protección militar de la economía extractiva: la guerra de los ductos

2 Comentarios

Por - Publicado el 30-09-2012
  1. Indulto en camino: mucho cálculo, poco principio
  2. Hillary y Panetta en el Perú: ¿hacia el “Plan Perú”?
  3. Dos cucos: el cuco senderista y el cuco fujimorista. Ambos refuerzan el continuismo económico y social.

5 Comentarios

Por - Publicado el 24-09-2012

En Gonzalistas vs gonzalistas comentaba lo siguiente:

Si vamos a hablar de “memoria”, la respuesta en la Universidad Católica [a Sendero Luminoso] no fue sólo ni fundamentalmente política, sino básicamente represiva y muy violenta. En esa universidad operaban grupos paramilitares, al parecer con el conocimiento y aprobación de las autoridades de esa época, entre las cuales se encontraba el Sr. Salomón Lerner Febres (integrante del consejo universitario, vicerector y luego rector). La CVR recogió testimonios muy claros en tal sentido, pero no investigó mucho más. Como que había un evidente conflicto de intereses, en una CVR dirigida por ex-autoridades de la PUCP. Estos grupos represivos fueron los que dinamitaron a los estudiantes de la Católica en San Bartolo y los que luego desaparecieron a Ernesto Castillo. La CVR se esforzó en determinar que estos jóvenes eran senderistas, con lo cual, según las peculiares definiciones de la CVR, dejaban de ser “víctimas”. Esto a diferencia de los estudiantes de la Cantuta para quienes se determinó que NO eran senderistas y, por lo tanto, sí eran víctimas.

*
Tampoco fue ningún secreto que había convenios entre la PUCP y la Marina, como que varios profesores y estudiantes de Sociales fueron a dar cursos a esa institución castrense y muchos marinos venían a Sociales a sentarse en las clases.

Efectivamente, la CVR hubiera podido investigar cómo así en la universidad operaban grupos represivos y cuál era la relación de éstos con las autoridades de la universidad. No parece haber habido mucho interés en investigar más al respecto. Es lo que ocurre cuando hay conflictos de intereses: no se investiga lo que pueda evidenciar la responsabilidad del investigador o gente cercana a éste en los hechos materia de la investigación.

La CVR tuvo un testimonio de un estudiante de la Universidad Católica que indica lo siguiente:

yo establecí 3 relaciones intensas y una un poco más lateral con los 4 muertos que hubieron en la Católica entre el año 89 y 91, ese fue el periodo. Yo parto de un criterio que hasta donde yo sé no es muy público, yo estoy segurísimo que sobre todo después de la muerte de los 2 primeros Abel y Lucho se desata una guerra interna dentro de la universidad. Yo no dudo que dentro de la universidad trabajaba alguna instancia de algún servicio de inteligencia, no se DINCOTE o un grupo paramilitar, pero que estaban ahí adentro estaban ahí adentro. La gran pregunta es ¿Por qué esa cosa no se hizo público? y ¿Por qué la universidad nunca quiso reconocer? que ha veces me hace pensar que es probable que la universidad sabía de estas cosas, la universidad en términos oficiales sabía, sospechaba o tenía indicios muy claro que no solo había gente de sendero trabajando y estaba por otro lado servicio de inteligencia, no se que podría ser no sé que instancia de las fuerzas de la represión.

Este testimonio forma parte del expediente del caso Abel Malpartida. Las buenas preguntas que se hace este testimoniante no fueron correspondidas con buenas respuestas por parte de la CVR.

Los agentes que operaban en la Universidad Católica obtenían información mediante detenciones y torturas:

Esto me lleva a pensar que había gente del servicio de inteligencia de la DINCOTE que conocía sino todo, una parte importante del trabajo que se hacía en la universidad a partir de estas torturas y detenciones y que ellos sabían lo que estaban sucediendo tal vez sabían que teníamos una gran periferia en la universidad que eso no era público, ni otros partidos de izquierda sabían la dimensión del trabajo den la universidad.

Y, al parecer, actuaron con brutalidad extrema con el fin de enviar un mensaje de terror a los estudiantes que podían simpatizar con Sendero Luminoso:

- (…) tú comenzaste diciendo que habían grupos infiltrados en la Católica, antes de esto ¿tú has visto cosas extrañas o de alguien que pudieran dudar?

– (…) ¿Por qué hacen esto las fuerzas paramilitares?, por qué por ejemplo en el grupo que participa Abel y Lucho ¿por qué no son asesinados con la misma saña con la que con ello? De repente solo fueron acribillados y muertos sus cuerpos los despedazan, pero por que presentarlo de esa manera no siendo mandos importantes y habiendo un mando importante y tal vez más simplemente aparecen con una bala ¿Por qué contra Abel y Lucho existe tanto salvajismo? Lo único que yo puedo entender es que es un mensaje bastante claro para la gente de la universidad.

Efectivamente, los casos de Abel Malpartida y Luis Álvarez salen en primera plana de los diarios de la época, particularmente en La República y en la Revista Sí. El mensaje es llevado por los medios de comunicación. Otros casos de asesinatos de estudiantes de otras universidades, estatales en su mayoría, no recibieron una atención similar. El ser de la Universidad Católica no protegería a ningún estudiante que pudiera tener simpatías radicales.

La CVR recoge este testimonio, pero no investiga más a los grupos represivos y paramiltares que operaban en la Católica. En cambio, la CVR sí utiliza este testimonio para presentar a Abel Malpartida y Luis Alvarez como senderistas:

Militantes del PCP-SL
Según un testigo3, consultado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, amigo de José Abel Malpartida Páez y Luis Alberto Alvarez Aguilar, los tres habían participado en las actividades de el PCP-SL en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Ver 2.32. LAS EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES DEABEL MALPARTIDA Y LUIS ÁLVAREZ (1989)

Con un testigo armaron su discurso.

En ese mismo documento se señala:

La Comisión de la Verdad y Reconciliación, al analizar todas las versiones e información existente, considera que los ciudadanos José Abel Malpartida Páez y Luis Alberto Alvarez Aguilar, fueron ejecutados arbitrariamente mediante el empleo de explosivos. Si bien las citadas personas probablemente mantenían vínculos con el PCP-SL, tal circunstancia no autoriza ni justifica los hechos que les produjo la muerte.

¿Por qué se omite de la declaración del mismo testigo que señala a estas dos personas como senderistas que en la Universidad Católica había una “guerra interna” en la que participaban grupos represivos o paramilitares?

Las autoridades de la Universidad Católica no sólo estaban al tanto de la presencia represiva, sino que apoyaron la versión del estado peruano, de Fujimori, sobre los estudiantes asesinados. Alberto Varillas Montenegro se distinguió por afirmar que Ernesto Castillo no era estudiante de la Católica:

Ahí, también pasó de todo. Incluso Alberto Varillas Montenegro, llegó a decir que Ernesto no era de la Católica y, como era insostenible, terminó diciendo que era mal estudiante.
Perú 21.

Además, el rector Hugo Saravia escribió una carta sosteniendo que Castillo no era estudiante de la Universidad Católica, carta que fue usada por el estado peruano en la CIDH, pero que fue considerada irrelevante por la corte:

60. La afirmación del Perú en sus alegatos finales, apoyada con el documento expedido por la Universidad Católica de Lima, en el sentido de que el señor Castillo Páez había sido reprobado en las materias del segundo semestre de la carrera de Sociología que cursaba y que, por lo mismo, no tenía en ese momento la calidad de estudiante, es irrelevante para el presente caso.
Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Castillo Páez Vs. Perú. Sentencia de 3 de noviembre de 1997

¿Estaba el Sr. Lerner Febres al tanto de todo esto? La CVR omite cualquier alusión al papel de las autoridades de la Católica en todos estos casos.

Es claro que el discurso de la CVR sobre Ernesto Castillo es diferente que sobre Malpartida: sólo determina una simpatía de aquél a un partido de la izquierda legal, no así a Sendero Luminoso:

Desde su ingreso a la universidad se identificó con los sectores estudiantiles de izquierda, acercándose inicialmente como simpatizante al Partido Unificado Mariateguista (PUM),36 integrante de la alianza electoral Izquierda Unida.
(…)
A pesar de los temores de amplios sectores estudiantiles que temían involucrarse en la defensa de una persona sobre la que existían sospechas de tener ideas radicales de izquierda, los gremios estudiantiles optaron por una posición de principio, exigiendo que cualquiera fuesen los cargos contra Castillo Páez, sus derechos fundamentales no debían ser violados y debía ser tratado con conformidad a la ley, pero de ninguna manera torturado o ejecutado.
(…)
la aparición de algunos mensajes de Sendero Luminoso atacando la campaña por la reaparición de Castillo Páez, como un supuesto uso político de los partidos de la izquierda legal, confundió y desanimó a la mayoría de los estudiantes de continuar participando.

3.6. LAS UNIVERSIDADES

El caso Castillo obtiene una sentencia favorable primero en la CIDH, y luego en el Perú, ver Una sentencia histórica de Carlos Rivera. El IDL, ONG que tuvo una fuerte influencia en el gobierno de Toledo, lleva el caso de Ernesto Castillo. Claramente, la CVR no afirma que Castillo era senderista, como sí lo hace de Malpartida y Álvarez.

El rol de la CVR en el caso Abel Malpartida fue nefasto. Dar a Malpartida por senderista tuvo como resultado que como tal ya no es una víctima de un asesinato y ni siquiera puede ser parte del Registro Único de Víctimas. Perdió la presunción de inocencia. Y desde luego que no se ha hecho justicia.

Los trámites de Martha para lograr que el nombre de Abel figure en el Registro Único de Víctimas (RUV) han sido infructuosos. Cuando Martha pidió que lo consideren una víctima del proceso de violencia política, la comisión del RUV tuvo reparos. Le dijeron que no lo podían incluir, pero no le explicaron por qué. Lo que habría generado este reparo es la información que aparece en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación: un testigo encubierto sindica a Abel como militante de la célula de Sendero Luminoso en la Universidad Católica. El testimonio da cuenta de reuniones y coordinaciones entre Abel Malpartida, Luis Alberto Álvarez y otros chicos de esa casa de estudios. Incluso señala que la detención de los estudiantes se produjo después de un enfrentamiento con un patrullero.

Martha niega la versión de que su hijo haya pertenecido a la organización terrorista. Muestra la orden fiscal con la que liberaron a su hijo de la detención que sufrió el 1° de mayo de 1989, en una marcha por el Día del Trabajo. Allí se lee que se le da libertad, tras quince días de investigación, pues no se le había detenido con propaganda subversiva ni se logró comprobar que perteneciera a Sendero Luminoso. La Policía revisó su habitación en la casa de su madre y tampoco encontró pruebas en su contra. Martha dice: “Si era militante de Sendero que me lo prueben. Y si lo hubiese sido quizás merecía hasta pena de muerte, pero esto fue una ejecución extrajudicial. Acá no hay justicia”.
Herida abierta: El asesinato de Abel Malpartida

Su madre niega que haya sido militante senderista. Pero claro, la CVR ya lo perjudicó. ¿Qué habría sido del caso Castillo si la CVR le hubiera dado el mismo trato que les dio a los casos de Malpartida y Álvarez? O mejor, ¿qué habría sido de los casos Malpartida y Álvarez si la CVR les hubiera dado el mismo trato que le dio al caso de Castillo?

La CVR no sólo evitó decir algo sobre los agentes de las fuerza represivas en la Universidad Católica y les dio un trato desigual a la víctimas. También omitió la publicación de un informe específico sobre la Universidad Católica que hubiera podido formar parte del Informe Final. Un informe inédito, en el cual bien habría podido estar la sección sobre la desaparición forzada de Ernesto Castillo, que sale en un informe general sobre universidades. La CVR fue muy cuidadosa con el tema de “la guerra interna dentro de la Universidad Católica”, pues se trató de una guerra cuyos actores eran parte del equipo de la CVR. Un gran conflicto de intereses que se refleja en el informe que escribieron.


PRIMOS HERMANOS. Abel junto a Ernesto Castillo Páez y su abuela. Se criaron juntos y los asesinaron en similares condiciones. Así dice La República en un reportaje. Sin embargo, estos dos asesinatos siguieron rumbos diferentes. La CVR estableció que Ernesto fue simpatizante del PUM, mas no de SL y hubo justicia y reparación. En cambio a Abel la CVR lo presentó como un senderista y no hubo ni justicia ni reparación. Más aún: la CVR evitó incluir en el informe final los claros indicios que obtuvo sobre la presencia de grupos represivos en la Universidad Católica, que torturaron y asesinaron a estudiantes de la universidad.

19 Comentarios

Por - Publicado el 23-09-2012
  1. Más muertes en protestas sociales.
  2. El gobierno acusa el golpe por la patinada de Nadine Heredia.
  3. Las derechas pidiendo el indulto a Fujimori.
  4. Contraataque mediático a favor de la CVR.
  5. El gobierno y sus asesores

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