Por - Publicado el 04-11-2012
  1. Municipalidad de Lima: caen dos regidores, pero cuatro muertes no mueven al gerente de “seguridad ciudadana”.
  2. Clima represivo: persecución en el Perú, persecución fuera del Perú.
  3. La post-insurgencia en el Perú: toca pasar a otra cosa.

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Por - Publicado el 01-11-2012

“Por una parte, la historia de la filosofía muestra en las diversas filosofías que van apareciendo una sola filosofía con diversos peldaños de formación y, por otra parte, muestra que los principios particulares, uno de los cuales subyace en cada una de las filosofías, son solamente ramas de uno y el mismo todo.”
Hegel1

1. Hegel en los Andes
Hegel decía que no hay diversas filosofías, sino una sola que se va desarrollando. ¿Qué tal seguirlo y ver a las diversas insurgencias ocurridas en el Perú como una sola que va mutando en el tiempo? Para eso hay que salir alguito de la la visión fragmentalista del pais y tratar de establecer conexiones entre lo que parece ser inconexo.2 “Son fenómenos muy diferentes que no pueden ser comparados. No se pueden mezclar papas con camotes” se suele escuchar o leer. Todo se puede comparar si hay un denominador común para hacerlo. La diferencia por más grande que sea no impide la comparación. Precisamente, establecer una diferencia ya es comparar. Pero claro, hoy como ayer, hay un ambiente represivo en el país, lo cual refuerza que las generaciones antes radicales rechacen que se establezca conexiones con los radicalismos más recientes. La gente cambia, pierde filo, reniega de sus actos de juventud y no quiere verse asociada con lo que hacen los que ahora son jóvenes. “No se puede comparar”. Aquí ensayaré ver las cosas de otra manera.


El padre de Mafalda: todas las generaciones fueron condenadas por las anteriores en tiempo real, pero cuando envejecen acaban por condenar a las nuevas generaciones como las condenaron a ellas.

2. Factor sorpresa y factor alerta
El estado estuvo alerta para combatir la insurgencia de los 60s, pero fue sorprendido por el discurso de la insurgencia derrotada.
El estado fue sorprendido por la insurgencia de los 80s:, pero estuvo alerta para combatir el discurso de la insurgencia derrotada.

En los 60s la contrainsurgencia de la CIA ya sabía que en el Perú se preparaba un intento insurgente, aquí. En seis meses las fuerzas armadas y policiales con apoyo de los EEUU derrotaron a la insurgencia. Sin embargo, la insurgencia ganó la batalla de las ideas después de ser derrotada. Tomó mucho tiempo, más de una década, derrotar al discurso insurgente metamorfoseado.

En los 80s, en plenas elecciones, pocos se esperaban un intento insurgente. Tomó mucho tiempo que el estado se pusiera las pilas; tuvo que realizar una larga lucha, de más de una década, para derrotar militarmente a la insurgencia. Sin embargo, el estado aprendió la lección de la insurgencia anterior y no ha dejado que ningún discurso insurgente metamorfoseado pueda recuperar terreno. En tal sentido, en el presente vivimos una situación de contrainsurgencia sin insurgencia, una contrainsurgencia preventiva.

3. Perdedor gana
Los romanos se impusieron militarmente a los griegos, pero éstos se impusieron culturalmente a aquellos. La insurgencia de los 60s fue derrotada militarmente, pero triunfó ideológica y moralmente. Y para hacer las cosas más paradójicas los propios represores de la insurgencia fueron los que asumieron su programa. Sin embargo, al hecerlo se enfrentaron a los mismos problemas que llevaron a la insurgencia a la derrota.

La falta de apoyo del pueblo que aisla al insurgente en el monte se repite con el militar reformista que queda aislado en su despacho de mando. Tanto los insurgentes como sus sucesores militares quisieron hacer una revolución para el pueblo. La de los insurgentes revolucionarios fue desde abajo, la de sus represores reformistas fue desde arriba. Si un De la Puente se chocaba con la realidad que sus promesas de darles las tierra a los campesinos no eran suficientes para lograr su apoyo, un Velasco se chocaba con la realidad que haberles dado la tierra a los campesinos tampoco era suficiente para lograr su apoyo.

4. Las masas asimiladas
En el Perú hubo un partido de cuadros y de masas que reclamaba cambios sociales: el APRA. Era la esperanza de mucha gente que quería cambiar el sistema opresivo y oligárquico. En los 30s las masas apristas, y comunistas en la sierra central, tenían un gran ímpetu revolucionario. Dos décadas después, salvo grupos radicalizados apristas, poco quedaba de ese ímpetu. La oligarquía se presentaba como indestructible y Haya de la Torre prefirió cambiar de rumbo: negociar la legalización de su partido a cambio de ser aceptado por el poder oligárquico. Algo parecido ocurrió con un desilusionado y amargado Eudocio Ravines, recibido con los brazos abiertos por la oligarquía. Las fuerzas del cambio social habían desaparecido del escenario político. Encima que poca gente podía elegir, que esta poca gente lo hacía con muy poca frecuencia, las opciones disponibles eran casi todas pro-oligárquicas. En estas condiciones, ¿cómo se podía hacer un cambio social que beneficiara a las mayorías que ni siquiera votaban?

Si el APRA, y en menor medida el PC, había abierto una fisura en el poder oligárquico en los veintes y treintas, décadas después ese caudal de apoyo se había malversado como fuerza de cambio, pero se había consolidado como fuerza electoral, que acabaría por reforzar el sistema. Si alguien quería hacer un cambio, tenía que volver a comenzar de nuevo, como en los veintes y treintas: armar discursos, formar líderes, hacer carne de nuevo en el pueblo peruano. Son cosas que no se hacen tan rápidamente. La revolución cubana daba momentum, había inquietud, pero no había tiempo. Las izquierdas habían sacado un magro, pero crítico 3.5% en las elecciones de 1962. Algo es algo, pero no era suficiente. Las soluciones eran vanguardistas: vanguardistas militaristas primero y vanguardistas militares luego. El grueso de la población políticamente activa reaccionaría con indiferencia y rechazo ante la primera y con indiferencia y rechazo ante la segunda, pero ambos vanguardismos moverían el piso de la sociedad oligárquica.

Es que aparte de la fisura política, se había abierto una fisura social: las clases medias habían logrado entrar a la universidad, los yanaconas de la gleba habían migrado a los ciudades, la expansión de las postguerra había chorreado alguito al Perú. Si los sectores más radicales quedaban impresionados por la revolución cubana, los más moderados quedaban impresionados por las promesas de Belaúnde, un oligarca que iba de democrático y modernizante que se percataría de la importancia del voto izquierdista antiaprista y lo capitalizaría a su favor. Había esperanza en cambios desde el estado sin necesidad de revolución alguna.

5. No una sino muchas metamorfosis
Los insurgentes abrirían la mente de los militares y ambos influirían en la población políticamente activa. El belaundismo abriría las puertas para el velasquismo, y en cierto sentido compartirían agenda. Los democristianos que trabajaron con Belaúnde se quedaron a trabajar con Velasco, pues la agenda era muy parecida: reforma agraria con Belaúnde, reforma agraria con Velasco. (Por eso el rechazo que Belaúnde aún despierta en los sectores más reaccionarios de raigambre beltranista.) De un 3.5% que sacan las izquierdas en 1962 pasan a sacar un 30% en 1978. Inusitado. Es un antes y un después. El mensaje de cambio venido desde arriba, desde el centro y desde abajo llega a un sector de una nueva y ampliada ciudadanía. Desde entonces no ha dejado de haber un voto izquierdista, más que capitalizado canibalizado por otros sectores políticos, ante la disgregación y asimilación izquierdista (voto dividido en 1980, por Barrantes en 1985, por Fujimori, por Toledo y finalmente por Humala). Se había pasado de la fisura al boquete y del boquete a la inundación. Sin embargo, con el paso del tiempo este caudal electoral no logró que se realizaran cambios sociales a su favor. Al igual que la consolidación electoral aprista, el voto neoizquierdista fue siempre malversado. Las elecciones acababan por no ser un medio sino un fin en sí, una formalidad con valor de entretenimiento, que daba la satisfacción temporal de ver ganar a un candidato con poco filo para atenuar a una omnipotente y resucitada oligarquía.

6. Pensamiento Artola
No todo el estamento militar se había visto erosionado por su combate a la insurgencia. Buena parte del mismo seguía siendo fiel defensora del sistema. El general Artola no estaba para sutilezas como distinguir el trotskismo del maoismo del castrismo. Pero esta aparente falta de ciudado para el detalle le permitía ver el bosque. En el Perú había habido una muy atrevida intentona subversiva que no había sido derrotada del todo, e incluso había logrado formar parte del gobierno militar. La subversión seguía latente y poder seguir ahí incluso habiendo sido derrotada militarmente. Podría ganar en ideas, podía influir incluso en sectores inauditos como los militares. Artola escribe su libro en 1976, en plena redefinición derechista del gobierno de Morales Bermúdez. Se había creado en el Perú una lógica auténticamente reaccionaria, que apuntaría a desmontar las reformas belaundista-velasquistas producto de la presión social de las mayorías.

7. La antítesis guzmanista
Parece muy pacífico, pero el Perú secreta violencia. Nuestro imaginario es Grau, pero nuestra realidad es Giampietri. El imaginario es también Guevara, pero la realidad es Guzmán. Eso es lo que nuestra sociedad produce.

En los ochentas tuvimos la negación de los sesentas. La insurgencia de Guzmán es la antítesis de la insurgencia de De la Puente y de Béjar, afirmación que ya sostuve en 1965: Guerrillas latentes.

Guzmán no la prepararía en un mes ni en un año, sino en una década. Tenía trabajado un apoyo que no tenían los foquistas de los sesentas, que siguiendo a Guevara creían que la presencia insurgente catalizaría el apoyo campesino. Guzmán había creado un tejido de afiliaciones y alianzas que sustentaron las primeras acciones insurgentes.

Guzmán sabría desde el primer momento que no habría una guerra caballerosa. A Lobatón lo lanzaron de un helicóptero, a De la Puente lo ejecutaron y le cortaron la cabeza. De poco serviría ser compasivo. Guzmán daría el primer golpe violento y abrumador. Sus seguidores irían a matar y a morir, dando lo que llamaron una “cuota de sangre”.

Guzmán sí contaría con el crucial factor sorpresa con el que no contó un infiltrado De la Puente. Al estado le tomaría tiempo salir de su incredulidad y demoraría tres años en movilizar al ejército. Ya en 1965 Lobatón había demostrado que la insurgencia podía resistir y hasta derrotar a la policía. Para Guzmán la lentitud estatal fue un factor crucial en la primera expansión senderista. A la sorpresa de sus acciones iniciales se sumaría además la sorpresa de constatar el apoyo inicial a la insurgencia. El hecho más emblemático de esta etapa sería el multitudinario entierro de Edith Lagos.

Guzmán sabría que las acciones violentas tenían el poder de intimidar y lograr apoyo campesino. La ejecución de los Carrillo, terratenientes locales, por el ELN en Oreja de Perro había animado a los campesinos explotados por estos terratenientes. El ELN con muy poco trabajo político en la zona había logrado la simpatía campesina en base a esa ejecución (incluso la CVR se refiere a esa ejecución en forma relativamente favorable). Algunas acciones violentas senderistas les darían apoyo en algunos sectores, como les provocarían el rechazo en otros, y sobre todo la credibilidad que estaban dispuestos a todo por tomar el poder.

Guzmán no se detendría ante el rechazo del pueblo, como le pasó a Heraud, o ante la delación como le pasó a De la Puente. La respuesta de la insurgencia guzmanista ante tal rechazo sería una mayor violencia, como en Lucanamarca, o en ejecuciones públicas como en tantos lugares del Perú. Rompería el tejido social existente, que le era totalmente desfavorable, y trataría de reemplazarlo por uno afín a su proyecto insurgente.

Tal negación le daría resultados. La insurgencia guzmanista se expandiría por casi todo el país, más que la insurgencia de los sesentas, ganaría simpatías de los segmentos más descontentos en un país en crisis económica. En el camino a Guzmán le surgiría la competencia de un grupo surgido de la vieja “nueva izquierda”, el MRTA, que comenzaría como una “insurgencia caballerosa” y seguidora de la insurgencia sesentera, pero en pocos años esta competencia convergiría en métodos a los de Guzmán, ejecutando a dirigentes sociales. No había “insurgencia caballerosa”, que respete los derechos humanos. Se había impuesto la dinámica impulsada por Guzmán y en realidad impulsada por el estado, que décadas antes ejecutó a los insurgentes.

Pero tal expansión no llegaría más allá de cierto nivel. No se expandiría lo suficiente para disputar realmente el poder. Y las razones de su fracaso fueron las mismas que las razones de su éxito inicial. La misma violencia guzmanista que expandió a su insurgencia allende a lo que llegó la insurgencia sesentera se volvió contra ella. Si Guzmán reaccionaba con violencia contra los campesinos que lo rechazaban, pues éstos colaborarían con el estado y reaccionarían violentamente también. Los senderistas y emerretistas serían ejecutados no sólo por las fuerzas policiales y militares, sino por paramilitares apristas y rondas campesinas. Y lo mismo pasaba en las ciudades. Mientras en El Salvador y Nicaragua los mismos dirigentes sociales simpatizaban con la insurgencia, en el Perú no había esa simpatía, y más bien Sendero los mataba o intimidaba. ¿Cómo podía triunfar intimidando o matando a quienes más necesitaba para ganar?

Cuando Guzmán finalmente es capturado, su organización había sido ya muy golpeada a nivel político y militar. Aparentemente estaba avanzando, pero el estado ya tenía la iniciativa y hasta se dio el lujo de postergar la detención de la jefatura, pues necesitaba validar su agenda de reformas neoliberales. Una organización caudillista y centralizada desde luego que tuvo “problemas de dirección” para proseguir. Tuvieron que dejarlo y negociar con el estado. El MRTA prosiguió y dio su último golpe importante cinco años después de la captura de Guzmán, sin ninguna negociación ni acuerdo. Igual la insurgencia llegaba a su fin.

8. La post-insurgencia
Veinte años después de la captura de Guzmán y quince después de la toma de la casa del embajador japonés, ya no hay ningún proyecto insurgente a la vista. Como resaca quedan bolsones de hombres armados en la ceja de selva, al parecer gravitando en torno al narcotráfico y al sabotaje de actividades extractivas. Los ex-insurgentes no están pensando en una nueva insurgencia. Ya cumplieron su ciclo. Lo intentaron y fracasaron, como antes otra insurgencias. Pero hoy el estado reacciona con una lógica de contrainsurgencia preventiva a lo Artola. El tema no es militar, sino político, y no es sólo cuestión de prevención a futuro, sino de aprendizaje del pasado: los sectores más conservadores aprendieron su lección de la lucha contra el APRA y el PC aurorales, de la insurgencia foquista y del desmontaje del velasquismo. Saben muy bien que la post-insurgencia puede llegar a tener un gran poder de cambio en el país. Su lógica no es de haber derrotado a una insurgencia y de haber comprendido que el Perú necesita cambios, como después de los 60s. Un sector similar sí que existe en la actualidad y el país lo advirtió en los “reservistas” de la década pasada, radicalizados ex-reclutas, que derrotaron a la insurgencia; pero es un sector hasta ahora mímino políticamente, que sirvió de trampolín de lanzamiento a Ollanta Humala. La lógica actual es reaccionaria: la insurgencia de los ochentas dio aire a reformas pro-oligárquicas, a diferencia de la insurgencia de los sesentas que dio aire a reformas anti-oligárquicas. Si la insurgencia de los sesentas implantó una “comisión de la verdad” en la conciencia de los militares, la insurgencia de los ochentas implantó el rechazo a la “comisión de la verdad” en la conciencia de los militares. Si la insurgencia de los ochentas fue la antítesis de la insurgencia de los sesentas, también la contrainsurgencia de los ochentas fue la antítesis de la contrainsurgencia de los sesentas.

Con los sobrevivientes insurgentes de los ochentas no hubo los indultos como los que dio Velasco a los sobrevivientes insurgentes de los sesentas, pero sí hubo la revisión de juicios de Paniagua y Toledo. El resultado es que comienzan a salir en libertad y comienzan a tomar otro camino, el de la lucha política. Y el estado reacciona tratando de extenderles las condenas, negándoles beneficios, censurando lo que puedan expresar, persiguiéndolos, negándoles oportunidades de reinserción laboral, etc. El escenario es completamente diferente al de hace veinte o treinta años, pero los discursos desde el poder siguen ubicándose en un escenario de guerra, en términos muy parecidos a los del general Artola en 1976 o a Cisneros Vizquerra a comienzos de los ochentas. Tienen muy claro que los post-insurgentes pueden reforzar la acumulación de fuerzas que lleve a cambios sociales que socaven el poder oligárquico reconstituído. Ya saben que se pudo y que se puede. Lo tratarán de impedir a como dé lugar. No pasa un conflicto social sin que encuentren alguna vinculación a algún ex-emerretista o ex-senderista. Si el ex-insurgente sigue un camino de movilización política y social, irá a la olla.

A esta reacción contra los ex-insurgentes se suma la reacción de la otrora “nueva izquierda” que también combatió a la insurgencia en los ochentas. En este sector también continúa la guerra de los ochentas y noventas en las nuevas condiciones. Las muertes de dirigentes sociales y campesinos hoy le pasan la factura a los ex-insurgentes. Es que la insurgencia de los ochentas avanzó política y militarmente mucho más que la insurgencia de los sesentas, pero aquella fue derrotada moralmente. Esa es la mayor derrota de esa insurgencia y es uno de los grandes pasivos de su post-insurgencia, que compromete totalmente a su asimilación actual. La cosa es que la asimilación viene en paquete: no sólo le piden una autocrítica o un “arrepentimiento” delator, sino una derechización.

Quienes ya pagaron su derecho de piso por asimilarse al sistema por las insurgencias anteriores hoy le niegan la asimilación a los ex-insurgentes del presente. Aquí también se actúa más que por temor a un resurgimiento de la insurgencia, por el temor a la agenda política de la post-insurgencia. Si la insurgencia del APRA fue sucedida por la superconvivencia de Haya, la insurgencia de De La Puente fue sucedida por la actual suerte de superconvivencia de la vieja “nueva izquierda”, reconvertida en el sector “caviar”, co-gobernante en el Perú post-fujimorista. Si la superconvivencia del Apra sirvió para reforzar la defensa del orden oligárquico, la superconvivencia de la vieja “nueva izquierda” sirvió para reforzar la restauraración del orden oligárquico. La post-insurgencia presente tiene en la post-insurgencia pasada a una enemiga, requerida de dar muestras de lealtad al sistema oligárquico, so riesgo de ir a la olla con quienes se muestre blanda.

Así es la asimilación, al menos en el Perú. La única asimilación sistémicamente compatible es que el ex-insurgente se asimile a las derechas. En ese caso hasta los sectores más reaccionarios lo recibirán con los brazos abiertos y hasta le pueden dar el Premierato, como a Yehude Simon. Ese es el único camino que le aceptaron a Haya y a los que le sucedieron. Quedará por verse cómo se da el proceso de asimilación post-insurgente actual.

En conclusión por ahora, las insurgencias en el Perú han seguido ciclos de levantamiento-derrota-asimilación. Ocurrió con el APRA y el PC, luego con el MIR y el ELN, y está ocurriendo ahora con SL y el MRTA. En el Perú se suele ver a estas insurgencias por separado, se evita compararlas, acaso por miedo a ser acusado de apología del terrorismo. Sin embargo, no cuesta mucho evidenciar que estas insurgencias son parte de un mismo proceso histórico, una secuencia de negación-continuidad muy visible para quien esté dispuesto a abandonar la visión fragmentalista del Perú.


“El remolino rompió la calma”. El Apra surgiría e insurgiría contra la sociedad oligárquica y sería criminalizada oficialmente en el Perú. Era ilegal porque el comunismo era ilegal. Y como el Apra era comunista, era también terrorista. Era un partido oficialmente proscrito en el Perú.
El comunismo y el aprismo eran ideologías ilegales, rechazadas oficialmente en el Perú.
(La segunda imagen procede de aquí).

El aprista Jorge Wong Chávez presentado como un terrorista, con armas de fuego, balas, literatura subversiva y bandera aprista.
Tomado del documento anterior.
Apristas capturados en la asonada de 1948: presentados como terroristas.


Ahistá, pues. Haya de la Torre ampayado por la oligarquía con los comunistas rusos. Gran peligro para el statu quo oligárquico.
Tomado del documento anterior.


Eudocio Ravines Pérez detenido (en una casa de la avenida Mariátegui) y escapado (con ayuda soviética como contaría después en “La gran estafa”).
Cinco años antes la misma Crónica pondría en primera plana la detención de José Carlos Mariátegui como uno de los más activos dirigentes del comunismo en Lima, aquí.
Tomado de “El deportado” de Federico Prieto Celi (Editorial Andina, 1979).


De la Puente Uceda: antes de iniciar la insurgencia dio una conferencia de prensa supuestamente clandestina. En realidad, la CIA le seguía los pasos: tenía infiltrado al MIR.

Un lampiño Hugo Blanco es capturado. Lo condenarían a muerte, pero sería amnistiado.
Tomado del libro de Artola.

Hugo Blanco, ya barbado, en el Frontón con otros dirigentes campesinos.
Tomado de Hugo Blanco, “Land or Death”. Versión en inglés de “Tierra o Muerte”.


Niños en la insurgencia de Luis de la Puente Uceda. Publicación del Ministerio de Guerra del Perú.


1966: Mitin en que se pide amnistía general, defensa de los derechos humanos, no a la pena de muerte, no a las desapariciones. Sale Hugo Blanco, Javier Heraud, Vicente Lanado. Conseguirían la amnistía general. Tomado de Hugo Blanco, “Land or Death”. Versión en inglés de “Tierra o Muerte”.


1976: Alerta de Artola. La subversión comunista seguía latente en el país. Artola busca con su libro reforzar la reoientación hacia la derecha del régimen de Morales Bermúdez, combatiendo la influencia izquierdista, que incluso provenía de la insurgencia de los sesentas.


El General Artola acusa de subversivos a dirigentes campesinos que apoyaban al régimen de Velasco. Artola era un general derechista que se oponía al rumbo reformista del gobierno velasquista. Su libro “¡Subversión!” de 1976, aparecido ya durante Morales Bermúdez, es parte de la presión de las derechas militares por abandonar el reformismo y restaurar el poder oligárquico. Finalmente lo lograrían.


1980: Sendero toma de sorpresa a la sociedad peruana.
El Diario de Marka, 19 de mayo de 1980. Informa sobre una incidencia en las elecciones nacionales: en Chuschi quemaron ánforas. Los militares se movilizaron en helicóptero a reponer el material electoral.

Dos caras de la insurgencia senderista.
Entierro de Edith Lagos, Ayacucho, hace 30 años. Imagen tomada de aquí
Ejecución cometida por senderistas, Canto Grande, Lima. Imagen tomada de aquí.


Ayer y hoy: zona de operación de Hugo Blanco, luego de De la Puente y hoy de “Gabriel”.
Hugo Blanco se establece en una zona campesina, Luis de la Puente en una zona alta de difícil acceso, y “Gabriel” al acecho de una zona extractiva.
Tomado del citado libro de Artola: zona de operación de la “guerrilla Pachacútec”. Edición en azul mía.

Encuentre Vd. la diferencia: un diario es de la “derecha bruta y achorada” y el otro es de “los caviares”.
Ninguna protesta social en el Perú actual se ha salvado de ser acusada de terrorista.

Otro caso: un diario es de la “derecha bruta y achorada” y el otro es de “los caviares”.
Ambos mantienen en la opinión pública la idea de continuidad y latencia de la insurgencia. No se ubican en una realidad de post-guerra.

  1. “La última filosofía, según el tiempo, es el resultado de todas las filosofías anteriores y ha de contener por ello los principios de todas; por esta razón, aunque es filosofía de otra manera, es la más desarrollada, la más rica y la más concreta.” Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1830). []
  2. El fragmentalismo gruñón y carrasperoso merece un post aparte. A ver si lo escribo. []
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Por - Publicado el 29-10-2012

El discurso oficial de la CVR indica que las decisión de hacer una proyección de las muertes y no quedarse sólo con los casos documentados se produjo “en el fragor de la elaboración del informe final”. Sin embargo, esta fue “una decisión muy meditada y discutida, y sustentada”, que contó con la opinión favorable de un prominente estadístico, presidente de la Asociación Americana de Estadística. Así lo señala el secretario ejecutivo de la CVR, Javier Ciurlizza:

Cuando, en el fragor de la elaboración del informe final, la CVR tuvo que tomar la decisión sobre las cifras que serían presentadas, se opto por la proyección porqué se pensó que ella reflejaba tanto un dato más cercano a la evasiva realidad,como también por el hecho claro y concreto que en el Perú es muy fácil que un campesino, pobre y quechuahablante se extravíe sin que nadie lo note. Esta fue una decisión muy meditada y discutida, y sustentada además con la opinión favorable de quien era en ese entonces Presidente de la Asociación Americana de Estadísticas, y expertos de las Naciones Unidas.
Javier Ciurlizza, Los debates por las cifras de la CVR peruana en la Internet, p. 146

Expertos y nada menos que el presidente de la Asociación Americana de Estadística habrían aprobado el trabajo estadístico de la CVR.

Declaraciones en el mismo sentido provienen de Daniel Manrique y David Sulmont, coautores de las proyecciones de la CVR:

“El trabajo estadístico de la CVR, antes de ser publicado fue sometido a una revisión crítica por parte de diversos académicos expertos en temas estadísticos, entre ellos el propio presidente de la Asociación Norteamericana de Estadística”.
FAQ Estadísticas CVR. Daniel Manrique y David Sulmont

El trabajo estadístico de la CVR habría sido sometido a una revisión crítica por expertos en temas estadísticos, entre ellos “el propio presidente de la Asociación Americana de Estadística”, dijeron.

Suena a que el trabajo estadístico fue debidamente evaluado por gente imparcial y de alto nivel.

Sin embargo, las cosas fueron muy diferentes a cómo los funcionarios de la CVR las presentaron.

En la revista Caretas el estadístico Fritz Scheuren, entonces presidente de la American Statistical Association, aparece como casi un coautor del trabajo estadístico de la CVR:

“Es un método impecable”, señala Farid Matuk, jefe del Instituto Nacional de Estadística e Informática, quien fuera convocado por la CVR junto al equipo de especialistas que revisó las cifras antes de su presentación oficial. Lideraron el equipo Jane Archer, Fritz Scheuren -presidente de la Asociación Estadounidense de Estadística-, y Patrick Ball como consultores invitados. David Sulmont y Daniel Manrique fueron quienes dirigieron el trabajo en la CVR.
Los 69,280 Muertos. Caretas, 4 de setiembre de 2003

Efectivamente, Scheuren co-lideró el equipo, como que sale en la página de la ONG de Patrick Ball como un consultor contratado por Patrick Ball:

Fritz Scheuren

Fritz Scheuren, Ph.D., is a statistical consultant for HRDAG. Recently, Dr. Scheuren consulted on the methods of statistical analysis for Peru’s Truth and Reconciliation Commission and reviewed the report of the analysis. In late August of 2003, he visited Peru, along with Dr. Ball and Jana Asher, to meet with representatives of political, military, and civil society groups to explain the technical basis of the findings detailed in the report.
HRDAG. People Fritz Scheuren.

Es decir, Scheuren fue al Perú a sostener reuniones con autoridades y “explicar la base técnica de los hallazgos detallados en el reporte” del equipo técnico de la CVR, encabezado por Patrick Ball.1

Aquí hay un conflicto de intereses en que el evaluador es a la vez un consultor contratado por el evaluado. O es consultor y coautor del trabajo, en cuyo caso no debe ser presentado como un evaluador, o es evaluador del trabajo estadístico de la CVR, en cuyo caso no puede tener ningún vínculo como consultor con los autores del trabajo.

Esto se suma a lo que ya señalé en El “método impecable” de la CVR: el trabajo estadístico la CVR nunca fue evaluado de forma independiente no sólo a nivel nacional, sino tampoco a nivel internacional.

Fritz Scheuren es un prominente estadístico estadounidense. Fue contratado como consultor para liderar el equipo que hizo las proyecciones de la CVR. Sin embargo, no figuró como co-autor del trabajo. Más bien fue presentado como un evaluador del trabajo estadístico hecho por el equipo de Patrick Ball …. para quien trabajó como consultor.
Foto de NORC, Universidad de Chicago.

.

  1. Y, más aún, fue precisamente la asociación profesional presidida por Scheuren la que premió a Ball:
    Habría que mencionar que en el 2002, Patrick Ball y Jana Asher recibieron el “Premio Especial por Logros Distinguidos” que otorga la Asociación Norteamericana de Estadística en virtud del trabajo que hicieron sobre la estimación de las muertes y desplazamientos durante el conflicto de Kósovo a fines de los años 90.
    FAQ Estadísticas CVR. Daniel Manrique y David Sulmont

    []

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Por - Publicado el 28-10-2012
  1. La Parada desplaza a la revocatoria
  2. El manejo del conflicto social por la Municipalidad de Lima: cuatro muertos y varios heridos
  3. La carta del terrorismo
  4. Trasfondos económicos, políticos y sociales.
  5. Delincuencia y sectores pobres marginales
  6. Gobierno de izquierdas parecido al gobierno de las derechas.


El conflicto de La Parada en el reporte de conflictos sociales de septiembre de la Defensoría del Pueblo.
No había diálogo. Los comerciantes señalaban que la MML pretendía trasladarlos de forma violenta. La MML lo negaba (según la Defensoría lo “desmentía”). ¿Quién tuvo razón?

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Por - Publicado el 24-10-2012

“La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente”.
Rosa Luxemburgo

1. Libertad de expresión para todos
La destitución sufrida por Máximo Laura de Marca Perú, que la Municipalidad de Lima excluya al grupo de Teatro “Fondo y Forma” o la censura de exposiciones de obras de presas por terrorismo u otros delitos es parte del mismo proceso represivo, impulsado por los mismos sectores oscurantistas, que ahora restringe la libertad de expresión de Cristina Planas, Jesús Cossío, Álvaro Portales y Juan Acevedo.

Quien respeta la libertad de expresión rechazará que se la limite en TODOS los casos, incluso estando en desacuerdo con los contenidos expresados. Incluso las presas tienen derecho a la libertad de expresión (como parte de la rehabilitación social en todos los países del mundo se hacen talleres literarios, de pintura, de teatro, de danza, estudian idiomas, o carreras profesionales). Rechazar la censura, restricciones y represalias sólo cuando se está de acuerdo con los mensajes de los censurados es moverse sólo por afinidad de ideas, no por un verdadero respeto a la libertad de expresión. Ya se ven los resultados de haber dejado pasar la censura, las represalias y el bullying por ideas en algunos casos, pues cada vez se censura a más gente.


¿Debe ser censurado este huaco? ¿Hace apología del terrorismo? Muchos tal vez digan que no. Sin embargo, fue censurado. ¿La razón? Fue hecho por Elena Iparraguirre, ver La Mujer en la Historia Peruana – Obras Censuradas. Ante eso ¿mejor nos quedamos callados y dejamos pasar la censura? Que otros hagan el trabajo sucio de censurar expresiones artísticas por nosotros. ¿Y qué tal si mejor defendemos la libertad de expresión de todos así estemos en desacuerdo con las ideas y acciones de quienes quieren ejercerla?

2. Sacan a Lama, sacan a Laura
Así es la cosa, mientras algunos piden y justifican que saquen a Lama de la Municipalidad de Miraflores y otros piden y justifican que saquen a Laura de Marca Perú. Algunos protestan por Lama, pero mandan a la hoguera a Laura.

Un caso patético de macartismo lo tenemos en la forma cómo Gustavo Faverón Patriau justificó que sacaran a Máximo Laura de su cargo de embajador de Marca Perú:

“Esta entrevista a Máximo Laura, el tejedor ayacuchano que era hasta ahora uno de los así llamados “embajadores” de la Marca Perú, ha causado protestas y molestias que, me parece, están largamente justificadas: ¿cómo es posible que el plan de promoción turística que los peruanos quieren colocar en lugar de cualquier ideario, por encima de toda ideología, más allá del bien y del mal y, por supuesto, también más allá de cualquier concepto interesante de nación, sea promovido en el exterior por alguien que, básicamente, cree que Sendero Luminoso fue (o quizás es) un movimiento político positivamente transformador (“que pudo cambiar el Perú”) y que su violencia era necesaria y por tanto estaba históricamente justificada?”
http://gustavofaveron.blogspot.com/2012/08/abimael-el-seductor.html

Faverón no sólo se metió con el cargo de Máximo Laura, sino que se puso muy vehemente con quien pudiera decir algo a favor del artista:

“Cynthia Sanborn, profesora de la Universidad del Pacífico y directora de su Centro de Investigación, afirma, según veo citado en una página de FB, lo siguiente:

“No conozco a [el tejedor ayacuchano Maximo] Laura y no me interesan sus ideas políticas. Pero me parece lamentable que el Estado censure a un extraordinario artista visual, por algunas palabras desafortunadas. ¿Desde cuando aplicamos exámenes ideológicos a los artistas?”

Algunas observaciones sueltas:

a. A la extraña pregunta final (“¿desde cuándo aplicamos exámenes ideológicos a los artistas?”) hay que responder que desde siempre. La mayor parte de la crítica de arte lo hace, en el Perú y en todo el planeta, y todas las sociedades tienen el derecho e incluso el deber de juzgar a sus artistas desde ese punto de vista.

b. Nadie ha censurado a Máximo Laura. Le han quitado un puesto que obviamente no puede ocupar. No se puede tener como “embajador” de la imagen turística y comercial de un país que aspira a la paz a una persona que ante la primera pregunta que se le formula desarrolla una defensa de la brillantez intelectual de Sendero Luminoso, su inevitabilidad histórica y el carácter necesario de su violencia para la transformación de la sociedad. Del mismo modo, nadie pondría como vocero oficial de la Universidad del Pacífico a alguien que sostuviera que para convertirla en una institución justa primero hay que destruirla por completo. Si la profesora Sanborn lo duda, que haga la prueba.

c. Cualquier discurso destructivo podría ser excusado si lo llamamos “algunas palabras desafortunadas”. En el Perú de hoy es poco serio decir que una reivindicación de la importancia transformadora de Sendero Luminoso no es sino un conjunto de “palabras desafortunadas”.

d. ¿Qué se esperaba? ¿Que nadie respondiera, que nadie se ofendiera, que nadie replicara? ¿Y qué se esperaba de una empresa estatal como Promperú? ¿Que reafirmara una situación en la que uno de sus voceros expresa defensas de senderismo y ya está? ¿Que el silencio o la inacción fueran toda su reacción? ¿Se supone que el Estado peruano ahora debe aceptar de facto que sus propios “embajadores” defiendan discursos que propusieron la aniquilación de ese mismo estado?

e. Aceptemos que a Cynthia Sanborn “no le interesan las ideas políticas” de Máximo Laura. Creo que es obvio que a la sociedad peruana sí le deben interesar las ideas políticas de aquellos que son nombrados para representarla dentro o fuera del país. No tiene nada de raro, no es macartismo, no es censura, no es silenciar a un artista, no es marginar a nadie de nada: es una cuestión de pura y simple representatividad.”

http://www.facebook.com/gustavo.patriau/posts/10151074207189635

La realidad era muy otra:

Máximo Laura: “Dejo en claro mi repudio a Sendero Luminoso”

Laura fue muy enfático en su condena a Sendero Luminoso. Igual lo sacaron.

Pero Faverón seguía insistiendo (y sigue hasta ahora) con que Laura no puede ser embajador de Marca Perú. Se sumó al coro de los medios derechistas que pedían la cabeza de Laura:

“Me pareció sumamente obvio que no se puede defender a los asesinos senderistas y ser embajador comercial del país al mismo tiempo, eso sí.”
http://www.facebook.com/gustavo.patriau/posts/292513844181831

Muy obvio justificar que saquen a Laura de Marca Perú y hasta criminalizarlo. Macartismo de anticuario.


3. El gran inquisidor
Estas actitudes de Faverón no son nuevas ni sorprendentes. Antes ya le había quitado a Melissa Patiño el derecho a la presunción de inocencia, cuando ésta estuvo en prisión, acusada injustamente:

Lo que sí quiero decir es que por primera vez en mucho tiempo, quizá por primera vez desde los años de la fascista e infame Operación Cóndor, en América Latina hay un puñado de gobiernos decididos a apoyar y promover el terrorismo coordinadamente, y que la reciente bravata matonesca de Hugo Chávez lo demuestra claramente.
http://puenteareo1.blogspot.com/2008/03/la-inocencia-del-poeta.html

Según Faverón resulta que Chávez, Correa y Morales promovían el terrorismo coordinadamente. ¿Fue cierto? ¿Hubo una “Operación Cóndor” chavista? Su barajo para tal impresentable discurso fue que él sólo criticaba que la condición de poeta hiciera automáticamente inocente a Melissa Patiño. Una persona está en la cárcel y Faverón le buscaba pegas a los argumentos de quienes la defendían, pues Faverón sospechaba que Patiño era terrorista. Ante la duda, a la reja.

Faverón apoyó las revisiones vejatorias en las cárceles de Lima:

Una requisa en la cárcel de mujeres ocasiona protestas de gente de izquierda por el hecho de que se haya inspeccionado particularmente a ciertos miembros de Sendero Luminoso, como Marissa Garrido Lecca. Pero, ¿a quién habría que inspeccionar cuando se organiza una requisa con el fin expreso de impedir que los senderistas encarcelados cuenten con medios de acción vedados por el régimen carcelario? ¿O es que se espera que las cárceles sean territorio autónomo donde los miembros de Sendero Luminoso sigan organizándose más allá del control de las autoridades?
http://puenteareo1.blogspot.com/2010/07/la-izquierda-y-la-violencia.html

También cada cierto tiempo terruquea a sus adversarios en la literatura, quienes sin excepción tienen mucho mejor pluma que él y que todos sus amigos literatos juntos. Parece que es su forma de ajustar cuentas con quienes sí reciben el cariño de las musas.

4. Gustavo “credibilidad cero” Faverón
Con todos estos antecedentes llama la atención que este crítico literario aspirante a escritor se queje porque la Municipalidad de Miraflores sacó a Luis Lama, o por un intento de censura en Villa el Salvador, que en realidad vino del sector caviar en el gobierno, de la CMAN, Comisión Multisectorial de Alto Nivel que se encarga de las reparaciones en cumplimiento con las recomendaciones de la CVR. A ver, pues, que alguien se meta a acusar a la CMAN, que trabaja con ONGs de derechos humanos como APRODEH o IDL en el tema reparaciones, de censuradora.

LA CENSURA ES UN CRIMEN dice Faverón. ¿Con qué credibilidad? No protesta contra TODAS las censuras, sino que ardientemente apoya y justifica algunas: restricciones, limitaciones, represalias, sanciones por expresar ideas. Todo eso es censura. Y los incautos que se prestan a esa lógica lo único que hacen es reforzar el doble estándar, la exclusión, la discriminación y finalmente las restricciones a la libertad de expresión. No se puede apoyar a quienes sólo saltan cuando tocan a su gente,1 pero cuando otros van a la hoguera, se quedan calladitos nomás, acaso disfrutando del calorcito.

  1. No está demás el dato que Faverón fue invitado a ser un contribuyente de la exhibición de Cristina Planas, por cuya censura ahora protesta con especial interés:

    “Hace unas semanas, Cristina Planas me contactó para saber si podía colaborar con algunos textos para el catálogo de su exhibición. Cristina, como se sabe, es una de las más destacadas y originales artistas plásticas de las últimas generaciones en el Perú, y se toma una cosa de estas con enorme seriedad. No pude aceptar su invitación, pero ….”
    http://gustavofaveron.blogspot.com/2012/10/la-censura-es-un-crimen.html

    []

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Por - Publicado el 23-10-2012

Un trabajo cuantitativo de la importancia de la CVR necesita un mínimo de arbitraje imparcial. El Sr. Salomón Lerner Febres le pidió al Sr. Farid Matuk de la Universidad Católica, entonces también en el INEI, que emita su opinión técnica al respecto y Matuk opinó en forma muy favorable, y más aún, en forma entusiasta. Al poco tiempo de acabado el trabajo de la CVR Matuk salió en la revista Caretas declarando que el método utilizado por Patrick Ball y su equipo era “impecable”:

“”Es un método impecable”, señala Farid Matuk, jefe del Instituto Nacional de Estadística e Informática, quien fuera convocado por la CVR junto al equipo de especialistas que revisó las cifras antes de su presentación oficial. ”
Los 69,280 Muertos. Caretas, 4 de setiembre de 2003

No fue una buena elección de un árbitro. El Sr. Lerner hubiera podido y debido elegir a un árbitro no sólo más imparcial, sino que al menos supiera algo del tema.

Años después, en 2009, Matuk escribió provocadoramente:

“Pasados ya varios años, a pesar de que la lista de los padrones es de acceso público, nadie ha elaborado una medición alternativa a la efectuada por la CVR donde la suma aritmética de poco mas de veinte mil víctimas es calculada estadísticamente a poco menos de setenta mil víctimas. Todas las críticas a la cifras de la CVR son puramente retóricas, y hasta ahora nadie ha mostrado un método científico alternativo.”
¿Mejor una balsa que una fosa? (4-III-09)

Así decía la introducción a un curioso cálculo sobre víctimas mortales por periodo presidencial, en que asignaba ratios de expansión por persona según localización y luego los atribuía a un periodo presidencial. No replicaba lo que Ball hizo por periodo de gobierno..

Bueno, pues ahí he señalado exactamente cuáles son las deficiencias del método aplicado por Patrick Ball y su equipo y he propuesto un método científico alternativo. Ver Las sobreestimaciones de la CVR.

Las críticas a las cifras de la CVR NO SON retóricas, nunca lo fueron, como desmereció quien arbitró el trabajo estadístico de Ball y otros, y debió rechazarlo, pues contiene errores garrafales.


Portada de La República al día siguiente de publicado el informe final, 29 de agosto de 2003.
“Sendero provocó 69mil muertes”. Y abajo “Informe no responsabiliza penalmente a Alan” y “Belaúnde cumplió su deber contra el terrorismo”.
Definitivamente, las cifras proyectadas por el equipo de Ball y otros fueron cruciales para el discurso político de la CVR.

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Por - Publicado el 22-10-2012

Viene de Liberalismo y neoliberalismo (1):

4. ¿Nuevos aguafiestas?
Ya son más de veinte años de la caída del muro de Berlín. Y seguimos en las mismas correrías de antes de “el fin de la historia”: crisis, desempleo, guerras, convulsión social. La desregulación financiera y laboral han perdido el aura de triunfo que tenían hace un par de décadas. Ahora “todos somos comunistas“: si las empresas privadas entran en crisis, es el estado que les hace los salvatajes. Si el estado entra en crisis, alguna entidad supranacional, un “estado de estados”, le hace el salvataje y le aplica electroshocks para reanimarlo. Es un contexto en que los esquemas neoliberales pueden ser muy elegante y estéticamente construídos, pero no tiene mucho gancho en la calle: ni en Wall Street ni en Main Street. Cuando hay crisis, todos quieren subirse al bote salvavidas, así sea de madera, no al buque sofisticado, pero en hundimiento.

Aquí no hay mucha fiesta que aguar: la propia fiesta se desanimó solita. No hubo ninguna elaboración que hiciera carne en algún sujeto social y la aguara. La racionalización está viviendo post festum, y se hace simplemente constatando, no anticipando. La propia economía académica moderna definitivamente ratifica la inoperancia del colectivismo, pero no en favor de una solución neoliberal, sino de una solución de economía mixta. El óptimo no es la intervención cero, sino la intervención no sólo cuando el mercado fracasa, y los fracasos del mercado ocurren a cada rato, sino previniendo y estabilizando. Pero el asunto no queda ahí. El discurso neoliberal ha quedado muy expuesto en los últimos años. No es sólo que el neoliberalismo no funciona para todos, sino que sí funciona para algunos. El neoliberal habla a favor de los pequeños informales y ciudadanos de a pie, pero para favorecer a las grandes empresas, los grandes grupos de interés. Ese es su sujeto social. Si habla de la libertad del fumador, no es porque le interese el fumador y su salud, sino porque le interesa las ganancias de las tabacaleras. El aura del neoliberal ha quedado más expuesta como siempre alineada con las megaempresas. No estamos ante el inclusivo crecimiento emergente de comienzos de siglo, ni en los clasemedieros y conservadores años eisenhowerianos de postguerra, sino en un mundo yuppie en crisis, en que el ganador se lo lleva todo. Ya se vio que muchos se la creyeron y quisieron ser ganadores, y algunos hasta tuvieron la oportunidad de serlo, pero el resultado es que sólo algunos lo son y el resto perdió. Estuvo lindo mientras duró la ilusión, pero a ver cómo se afronta ahora la realidad de haber perdido. No, la gente mira al estado. No es consuelo ni excusa haber tenido la oportunidad de timbear.

Pero la crisis también ocurre en la periferia de Europa Occidental, por lo que no faltan argumentos para reclamar que también estamos ante una crisis del estado de bienestar. Así como en los Estados Unidos hay un límite para salvar a los bancos, en Europa hay un límite para salvar estados. A un lado del charco se apunta a intervenir en el mercado, al otro se apunta a dejar de hacerlo. Paradojas del presente, pero que van en línea con la idea de óptimo que mencioné antes: la intervención óptima no es cero, ni es al 100%, sino un punto intermedio. Eso quiere decir que en contextos de fracaso de mercado e intervención insuficiente el camino es incrementar la intervención, mientras que en contextos de demasiada intervención estatal, el camino es reducirla. Algo así es por supuesto muy poco apasionante. La gente se suele movilizar en base a un “ismo” fuerte, no en base a una idea ecléctica, por más sensata que sea. Además tiene el problema que incluso coincidiendo en el principio de un punto óptimo, mucha gente no coincidiría en cuál sería ese punto: cada quien llevaría agua para su molino. Ya hemos visto en el Perú cómo hubo investigaciones que afirmaban que el sector AFP era muy competitivo y que las comisiones no podían bajar. Desde luego que tales investigaciones eran financiadas por las AFPs que ya estaban en el mercado. Además, para hacer las cosas menos entusiasmantes, el punto óptimo cambia en el tiempo: en condiciones de crisis, según el contexto, se requiere una mayor o menor intervención estatal. En los Estados Unidos se vuelven “comunistas” interviniendo, mientras que en Europa se vuelven “librecambistas”.

Y desde luego, los puntos medios aristotélicos a veces no son tales. En un mundo de “pensamiento único” no faltaron intentos de decir algo diferente. El inglés Tony Blair surgió encabezando una “tercera vía”, en base a las elaboraciones de su paisano Anthony Giddens. Todo muy sugerente, pero a la hora de alinearse con Bush, Blair estuvo en primera fila. Ahí quedó claro que la “tercera” era la misma vía de siempre. No había ningún contrapeso ni variedad dentro del sistema. Lo que sí quedó claro es que Alemania y Francia, menos requeridas de protección estadounidense, tenían su propio juego. Menos frente interno y más frente externo. Más intervenciones: en Medio Oriente y Norte de África.

¿Y el colectivismo?

Hoy como ayer el alimento de la idea colectivista es la indignación ante la concentración de la riqueza y el poder omnímodo de una minoría coexistentes con el desempleo y la pobreza de las mayorías. Una mente desprejuiciada entenderá que tal realidad no puede ser justa y se preguntará cómo es posible que no pueda haber una organización social que corrija estas desigualdades. Algún tipo de planificación o intervención que haga que los de arriba compartan con los de abajo en base a ideales de igualdad y fraternidad, las banderas “pariente pobre” de la revolución francesa. El problema está en la dura economía, que ha demostrado en la práctica, a nivel microeconómico, país tras país, que el colectivismo no funciona. Quienquiera que se replantee el tema, tiene ahí un gran dilema a resolver. La solución que mal que bien ha funcionado hasta ahora, como ya dije, ha sido de naturaleza mixta: impulso privado e individual con dirección pública y colectiva. No hay una gran fiesta, pero tampoco hay grandes aguafiestas.

Pero los rumbos están abiertos y suele ocurrir que cuando algo parece ya definido se vuelve a replantear una y otra vez. Por ahora no hay una estrella en el cielo, sólo un estela en la mar. No hay un “qué hacer” de Lenin, sólo un “qué será” de Chico Buarque (o, si quieren, de José Feliciano).

Yapa:
5. El neoliberalismo en el Perú

En el Perú no hubo ni liberalismo ni neoliberalismo fuerte. Ambos fueron tardíos. La independencia tuvo influencia liberal, pero no fue posible sin la intervención de países vecinos. En el Perú fue el absolutismo borbónico el que tuvo la mayor fuerza política y militar. No hay un San Martín, ni Bolívar, ni Belgrano peruanos. El monopolio comercial con España ya le iba bien a la élite limeña. Nada de burguesías portuarias que impulsen la libertad de comercio con Inglaterra. Los Zela que querían la independencia murieron en Bastillas panameñas, sin poder ver un Perú independiente. Lima no fue un centro de irradiación liberal, sino el destino de las corrientes liberadoras venidas de Venezuela y la Argentina. Estas corrientes liberadoras luego mutarían en corrientes de conflicto con el vecino del norte y el vecino del sur, conflictos de los cuales no hemos acabado de salir, tema de otro análisis.

Pero claro que tuvimos algún tipo de liberalismo, el de la oligarquía exportadora que quería importar productos europeos: liberalismo guanero, liberalismo azucarero y algodonero, liberalismo extractivista. Fue un liberalismo que nunca cayó, pero vio cómo el mundo cambiaba y entendió que en algún momento, de alguna manera, los cambios llegarían al Perú.

Así, en el siglo pasado, el gran líder espiritual del neoliberalismo es claramente Pedro Beltrán y es un neoliberalismo preventivo: no tiene un estado de bienestar o populista con el cual forjarse. Representa a una oligarquía terrateniente que gobierna cómoda y autoritariamente el país. Sin embargo, sí la ve venir, pues los países vecinos sí habían llevado a cabo políticas intervencionistas de masificación de la educación, nacionalización de los recursos y concesión de derechos laborales a los trabajadores. Y en el Perú ya había el germen aprista y socialista en las figuras aurorales de Haya de la Torre y Mariátegui La Chira.

Históricamente, el liberalismo en el Perú hubiera podido ser antifeudal, hubiera podido dirigirse y ser una ideología de libertad para los yanaconas oprimidos por los terratenientes. Pero no hubo liberales que se embarraran los zapatos por defender los derechos de los campesinos indígenas, su educación, su derecho al voto. En clave de huayno ayacuchano, con la letra de los hermanos Gaitán Castro, se le podría preguntar a quien se cree liberal:

Si fuiste tú
cometa en el viento,
¿por qué nunca te acordaste
de este barro caminante?

Pues no, los liberales no estuvieron con los campesinos, estuvieron con los terratenientes, y esto por una sencilla razón: los liberales eran terratenientes. Y lo siguen siendo. Es un liberalismo encomendero al estilo de los terratenientes del sur de los Estados Unidos.

El neoliberalismo en serio también comienza tardíamente, porque el estatismo llega también tardíamente al Perú. Surge en reacción al velasquismo, en los setentas. Allí se forja una generación de neoliberales que sí tienen ejemplos locales de cómo no quieren que se hagan las cosas en el país. En buena cuenta es una generación que ve cómo las tierras de sus padres, abuelos o tíos son repartidas al populacho, cómo sus familiares dejan de timonear el estado para que diversos advenedizos pasen a encargarse de esa responsabilidad. No son burgueses emergentes hechos a sí mismos.

Con Belaúnde 2 esta gente hace la reflexión doctrinaria, liderada por gente como Vargas Llosa y De Soto,1 que se imaginan una inexistente “tradición redistributiva” en el Perú. Las pocas y tardías reformas les parecen demasiado. Con García esta generación pasa a la acción política y logra expandirse y ganar influencia intelectual. De hecho, es una generación que triunfa ideológicamente con García, pero gobierna con Fujimori; mejor dicho desde Fujimori, pues no ha dejado de gobernar al país. Es una tecnocracia ascendida a poder fáctico que se cobra la revancha desmontando el estado velasquista y restituye el poder oligárquico, su poder, que siente que nunca debió perder.

Lo que ahora ocurre es que a estas alturas esta hegemonía neoliberal está a la defensiva y es cuestionada intelectual y políticamente por sectores importantes del país. El Perú ha vivido un microclima político en la región latinoamericana y en el mundo, con la sensación de que otra vez en nuestra historia nos atrasamos políticamente. El neoliberalismo en el Perú es ahora el incumbent, el defensor del título, y cada trampa con la que logra mantener su poder sólo crea más presión y más fuerza en sus retadores. En el Perú no tiene ya nada de novedoso que ofrecer. Todo ya lo ha hecho. No hay mucho más que privatizar o desregular. Es un modelo asediado, jugando a la defensiva.

La región también ha virado. No sólo los diversos países han virado hacia el estatismo, sino el país vendido como modelo (en América Latina, no en Europa, no en los Estados Unidos), está en problemas: Chile cruje. La educación voucherizada, privatizada, polarizada es rechazada por la ciudadanía. Ojo ahí.

Se suponía que Humala iba a significar un cambio de rumbo en el Perú, pero no lo ha hecho. Históricamente, sin embargo, lo único que ha hecho es postergar y embalsar la presión social contra el modelo neoliberal aplicado en el Perú. Cuanto mayor es la subida, tanto mayor es la caída.


Concentración de la riqueza, influencia política en el congreso de los Estados Unidos, brecha creciente entre productividad y salarios, gran población penitenciaria, con sobrerepresentación de afroamericanos, inmensos gastos en armas: realidades que dan aire e invitan a buscar soluciones colectivistas y planificadoras.

La libertad de Troya que muchos aceptan.


El neoliberalismo pionero lo instaló Pinochet en Chile. Una alianza de tecnócratas con militares, ambos anticomunistas.
En el Perú el neoliberalismo se instaló con Fujimori y fue una alianza similar. Ya lleva dos décadas gobernando al Perú.
Caricatura publicada en el Diario de Marka, 26 de junio de 1982.

  1. Sólo en el Perú, por influencia de Hernando de Soto en El Otro Sendero, se habla de “mercantilismo” en el sentido de “prebendario”. Las grandes prebendas pasan piola, pero cuando algún sector industrial pide algún apoyo similar es satanizado como “mercantilista”, haciendo creer que los “liberales” también se oponen a las prebendas a favor de todos los empresarios. El mismo Hernando de Soto escribió su “Otro Sendero” con un gran apoyo del estado: USAID le dio un millón de dólares (que no tuvo la transparencia de mencionar en su libro).

    En concreto, en el Perú el discurso del “mercantilismo” sirvió para debilitar a la industria nacional y dar todos los privilegios a los primario-exportadores (privatizaciones a manos de empresarios que se compraron las empresas, leyes laborales proempresariales, excepciones tributarias, subsidios de facto, jueces amigos, etc.) o a los financieros (banca, AFPs). []

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Por - Publicado el 21-10-2012
  1. Las tropas llegaron ya
  2. Continúa ataque político fujimorista
  3. La oposición es social: laboral y socio-ambiental
  4. La discriminación y las cuotas en el Perú

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Por - Publicado el 15-10-2012

1. Liberalismo y neoliberalismo
El liberalismo es la ideología del burgués que insurge contra el feudalismo. El neoliberalismo es la ideología del burgués que insurge contra el comunismo, el socialismo, el fascismo y el estado de bienestar occidental, todo junto agrupado como un “estatismo” o un “camino a la servidumbre”.

Si el emblema de la lucha del liberalismo es la Bastilla, el emblema de la lucha del neoliberalismo es el Gúlag.

El liberalismo surge tras una larga lucha en todos los niveles, llega a derrotar al antiguo régimen feudal europeo, pero luego es derrotado más que por el socialismo y el comunismo, por sí mismo. La crisis de 1930 le acaba de poner fin. El neoliberalismo surge como resistencia a las soluciones intervencionistas a la crisis de 1930, florece intelectualmente con el crecimiento del capitalismo de la postguerra, contrataca con la crisis de los 1970s y triunfa en los 80s con Reagan y Thatcher en el poder, siendo su punto máximo la victoria en la guerra fría.

El liberalismo surge y se aplica en Europa y los Estados Unidos y de ahí se expande al mundo. El neoliberalismo surge en los Estados Unidos, pero se aplica primero en Chile, y luego rebota en Inglaterra y los Estados Unidos.

Los neoliberales equiparan su oposición al estatismo a la oposición de los liberales al feudalismo, pues les da una imagen de popularidad y una continuidad histórica. Sin embargo, históricamente fueron los mismos liberales aurorales quienes dieron pie a la crítica socialista del capitalismo.

Al neoliberal no le gusta que lo llamen así y reclama que lo llamen liberal, porque el término evoca el cantar de gesta, popular e insurgente, contra el feudalismo. Son inactuales Quijotes que reviven las andanzas de caballería de épocas pasadas: la lucha contra el “mercantilismo”, ser un “Tea Party” que se opone contra la opresión monárquica o evitar el camino a la servidumbre. El neoliberal ve gigantes mercantilistas donde sólo hay molinos prebendarios, gigantes que nos regresan a la servidumbre donde sólo hay molinos de políticas públicas.

El neoliberal gusta de equiparar las cosas que se le oponen: así como equipara feudalismo con estatismo, equipara dentro de lo que considera como “estatismo” al comunismo, socialismo, fascismo y al estado de bienestar capitalista. Cualquier intervención pública es un “camino a la servidumbre” que acaba por llevar al capitalismo por la vía del totalitarismo. El neoliberal se resiste a admitir que el mercado en diversas circunstancias fracasa y que entonces la intervención estatal es necesaria. El neoliberal solito ganó la guerra fría. No va a admitir que hubo un estado capitalista que intervino con políticas, programas públicos, funcionarios del estado, militares, planificación de concesiones a empresas.

El neoliberal que se viste de liberal es como un manganzón vestido con ropa de bebé. El liberal defendía al libre mercado impulsado por una burguesía emergente y pequeña; el neoliberal defiende a una megaburguesía monopolista y transnacional invocando una inexistente libre competencia. El neoliberal habla del pasado glorioso burgués, de los actuales pequeños empresarios y de soberanos consumidores, pero en realidad no defiende a ninguno de éstos, sino a los meganegocios que, para variar, son los que auspician sus elaboraciones intelectuales.

Pero tampoco digamos que no hubo ninguna continuidad. El liberal hablaba de libertad, igualdad, fraternidad, pero la esclavitud abierta seguía en las plantaciones de Haití y en el Sur de los Estados Unidos. Qué viva la propiedad privada, incluso de personas y qué ningún estado la cuestione. Y en las fábricas inglesas los obreros habían decidido libremente, sin que nadie los obligara, aceptar largas jornadas de trabajo y magras retribuciones. Tan libres como los cadetes del Leoncio Prado que elegían entre seis puntos y ángulo recto. Por su parte, el neoliberal habla mucho de libertad, no tanto de igualdad  y menos de fraternidad, pero el trabajo infantil amarrado a las máquinas continúa en las transnacionales fábricas en Pakistán, Filipinas o México. Cuidadito con contraproducentes intervenciones a esa libertad de elegir.

2. Los viejos aguafiestas
Los liberales iniciales fueron muy buenos intelectuales. Ingeniosos, hábiles y eruditos. Pero tuvieron su par de aguafiestas, no menos ingeniosos, hábiles y eruditos: el alemán Karl Marx encontró que detrás de la libertad de intercambio se escondía una relación de explotación. Y lo hizo limpiamente, derivando sus conclusiones a partir de los planteamientos del escocés Smith y el inglés Ricardo, impulsores de la teoría del valor trabajo. Una broma de pésimo gusto para los liberales. Echarles en la cara que su libertad venía con truco. Y más aún, Marx se puso lanza y anticipó el fin del capitalismo en base a una elaboración medio malthusiana medio hegeliana: la tendencia decreciente de la tasa de ganancia haría que el capitalismo sucumbiera y se autonegara, dando paso a una economía colectivista. La elaboración de Marx rápidamente hizo carne en los obreros que no llegaban a ninguna tierra prometida por la libertad del orden capitalista.

Pero Marx no fue el único aguafiestas. Hubo otro, también alemán, y también emigrado a un país anglófono, sólo que no a Inglaterra como Marx, sino a los Estados Unidos: Friedrich List. Este señor saldría con la idea que el librecambismo estaba bien, por un tiempo, para Inglaterra en cierto momento, pero no para otros países de industrialización tardía como Alemania o los mismos Estados Unidos. Estos países deberían fijarse más en la práctica de los ingleses que en su discurso. Y así lo hicieron el industrialista Lincoln contra los liberales terratenientes esclavistas sureños, como la Alemania de industria naciente de fines del siglo XIX.

Estos aguafiestas tuvieron su momento de gloria y campeonaron en la batalla de las ideas. El golpe al liberalismo fue tan fuerte que a comienzos del siglo XX los más brillantes intelectuales eran cuestionadores de la lógica liberal; sus producciones académicas eran las más interesantes.  Y no sólo eso, el par de fisuras que le abrieron al liberalismo no se quedó en lo intelectual, sino que atravesó estepas, desiertos y pampas. Los zares, emperadores, sultanes, señoritos o gamonales del mundo ya no caerían por la ideología liberal de un Jefferson o un Rousseau, sino por la ideología colectivista de un Lenin o un Mao. El antifeudalismo dejaba de ser cosa de la burguesía, ante la amenaza socialista. Los “liberales”, asustados por la rebelión de los oprimidos, estaban bien acurrucaditos con los opresores. En pocas décadas buena parte de la humanidad pasaría a ser gobernada por regímenes estatistas de diversos tipos.

3. El nuevo liberalismo
Un capitalismo en crisis en los 30s, desempleo, quiebras, deflación, con un desafío comunista en Rusia, con un fascismo al alza en Europa Occidental y movimientos anticoloniales en el mundo, no era el mejor contexto para predicar sobre las virtudes del libre mercado. De hecho, poca gente lo hizo. El problema era cómo corregir los fracasos de ese mercado e incluso cómo abandonarlo del todo para reemplazarlo por alguna otra institución. Treinta años después el capitalismo se recuperaba, volvía a crecer y mucho, y un liberalismo escarmentado, relanzado sobre bases diferentes a las del liberalismo primigenio incluso llegaba a derrotar económica y políticamente sus rivales ideológicos desde los más lejanos hasta los más cercanos y parecidos. ¿Cómo lo hizo?

Como suele ocurrir con las corrientes sociales, es una mezcla de calle con escritorio, de experiencia vivida con reflexión intelectual. La gran depresión es resuelta con una mayor intervención estatal. Los años de postguerra son años de crecimiento de una rápida expansión de la intervención del estado en la economía. Keynes y Roosevelt eran los emblemas de la época, definitivamente pro-capitalistas y definitivamente intervencionistas. Para nada son liberales, como no lo son las políticas que se llevan a cabo en los Estados Unidos ni en Europa Occidental en los años de postguerra. Hasta ese momento la guerra fría es un conflicto entre un estatismo total, el comunismo, y un estatismo moderado, el de la economía mixta occidental.

El contrataque de este nuevo liberalismo, o simplemente neoliberalismo, surge primero en el plano de las ideas como un cuestionamiento al estatismo de todo tipo. Se equipara al comunismo con el fascismo como totalitarismos. La viada antifascista de la segunda guerra mundial se la reorienta a una viada anticomunista de la guerra fría. El comunismo ya no es un ideal utópico de intelectuales y obreros, sino un régimen opresor. Los ideologos neoliberales realizan un trabajo de desconstrucción de un modelo político aparentemente colectivista (cosa que ya había sido hecha en forma pionera por Trotsky en diversos libros, y otros autores como el historiador marxista Isaac Deutscher). El aristócrata austriaco emigrado a Inglaterra y los Estados Unidos Friedrich von Hayek, que conocía de cerca a nazis, socialistas y comunistas, es quien sienta las bases de lo que es el nuevo liberalismo o neoliberalismo. En su caso es muy clara la reacción contra el estatismo y autoritarismo europeos que le toco vivir. Tuvo algo de audiencia en unos Estados Unidos que no había experimentado nada de lo que Hayek les contaba.

Pero la desconstrucción más agresiva y más importante no es la que se hace de lo que está lejos, se sabe poco, auque es más evidente, como es el régimen soviético, sino de lo que está cerca, se sabe más y tiene más sutilezas, como el estado de bienestar que los Estados Unidos estaban construyendo. Esta elaboración no la hizo un noble de privilegio como von Hayek, sino un hijo de inmigrantes, cuya madre trabajó en una sweatshop en New York, lo más proletario que había en la época, que tuvo la oportunidad de educarse y ascender social e intelectualmente gracias a la escuela y universidad públicas. Un emergente y vital Milton Friedman reinterpretaría la historia de la gran depresión como resultado no de las fuerzas de mercado, sino de la intervención estatal. Su mensaje era que el mercado libre hacía las cosas bien, innovaba, creaba empleo, generaba crecimiento para todos, eliminaba la discriminación racial, de género, etc. Era el estado el que fracasaba. El problema es que si bien sus puntos de vista eran respetados, no tenía mucha audiencia en un contexto keynesiano e intervencionista. El sueño americano fue y es el mercado y la libertad, pero también lo es la institucionalidad gubernamental, la igualdad de oportunidades y el sentido de pertenencia a una comunidad. El fin de la segregación educativa en el Sur no la traería el mercado libre, sino el estado encabezado por el texano Lyndon B. Johnson que enviaría la Guardia Nacional a “des-segregar” las escuelas públicas, es decir a proteger a los jóvenes negros que querían educarse de las agresiones de los blancos. Friedman y otros intelectuales avanzaban en moverla a nivel académico, pero a nivel político el horizonte seguía siendo keynesiano e intervencionista.

La crisis de los setentas fue grave, pero no fue considerada una crisis del capitalismo, sino una crisis de un modelo dentro del capitalismo, el modelo estatista-keynesiano que había ganado la batalla décadas antes. No fue la ofensiva mundial anticapitalista de los sesentas (descolonización del África, insurgencia en toda América Latina, rebeliones estudiantiles en Europa y los Estados Unidos) la que prevaleció. Ésta fue contenida dura y exitosamente por el capitalismo mundial. La crisis golpeó al statu quo de “ahora todos somos keynesianos” a nivel político como a nivel intelectual. Fue el momentum para el contrataque neoliberal, experimentado antes en un largamente trabajado Chile, donde tenían un enclave intelectual de contención del comunismo obrero y popular, con políticas que hasta ahora no han sido posibles en los Estados Unidos ni en Europa Occidental.

El nuevo liberalismo no se instaló por una insurrección como el viejo liberalismo, pero sí por una resurrección. Había que volver al liberalismo prekeynesiano. Algo se había hecho mal en el camino y había que regresar a las fuentes que indicaban que las intervenciones estatales, monetarias, fiscales, reguladoras, y peor si eran estatizadoras, eran totalmente perniciosas. Si la teoría del valor-trabajo llevaba a la explotación, no había problema, se proponía otra cosa, la teoría subjetiva y marginalista; chau explotación. Si se decía que el capitalismo se derrumbaba, se harían los cambios que evitarían ese derrumbe. Pero claro, el momento era muy diferente. Los monopolios desde hacía varias décadas que no eran solamente estatales, sino también privados. El neoliberalismo no iba a ser antimonopólico a secas: si tenía que elegir entre el monopolio estatal y el monopolio privado, elegiría al privado, y si tenía que elegir entre el monopolio privado regulado por el estado y el monopolio privado no regulado por nadie, elegiría la no regulación. Eso sí, los sindicatos quedaban dentro de la categoría de monopolios y tampoco deberían ser regulados: deberían ser desmantelados. Si había discriminación, el estado tampoco debería intervenir. No se debería hacer nada que atentara contra la libertad del discriminador. A esperar nomás a que el discriminador quiebre por no contratar a los o las mejores. Se volvía a la micro por oposición a la macroeconomía, a la oferta por oposición a la demanda.

Los neoliberales no tuvieron un visión anticipadora, sino simplemente una visión constatadora. Racionalizaron los visibles fracasos del anquilosamiento colectivista como de un estado de bienestar capitalista inoperante ante la crisis. No hubo que anticiparle nada al colectivismo con sutiles “tendencias decrecientes”; sus propias contradicciones lo llevaban a una catástrofe económica. A esto se sumaba el ajuste de cuentas con el modelo keynesiano en crisis. Cuando no había nada sobre la mesa, los neoliberales tenían algo que ofrecer. Sus elaboraciones ya estaban listas; habían pasado de la reflexión sugerente a la propuesta y hasta la experiencia en su almácigo chileno.

Los años de contraataque capitalista mundial y de superar la crisis económica en los setentas son seguidos de los años de Reagan en los Estados Unidos y de Thatcher en Inglaterra. Los personajes emblemáticos del neoliberalismo encabezan estados, Reagan, Thatcher o Pinochet, gente que privatiza y desregula y fortalece así a los monopolios privados. La liberalización del neoliberalismo es monopolista; el estado interviene a favor de los monopolios privados. Las reglas pueden estar ahí, pero ¿quién puede lograr que se apliquen con grandes empresas que juegan con ventaja sin ningún contrapoder? El resultado es una gran concentración del ingreso en los más ricos. La vuelta a políticas pre-rooseveltianas significó, no sorprendentemente, la vuelta a inequidades pre-rooseveltianas (ver gráfico abajo).

En los ochentas el comunismo, presionado por la expansiva economía capitalista, sucumbe por sus propias contradicciones y acaba por entrar en crisis y caer. Regímenes antipopulares y represivos ellos, el mundo era audiencia para una ideología que afirme la libertad y la individualidad. Gran victoria. A Reagan y Thatcher, como a sus ideólogos, les toca dar el cabezazo que da el mete-gol-gana y llevarse todo el crédito por un gol que se gestó desde atrás y por mucha gente. El mundo polar llegaba supuestamente a su fin, como la historia, como cualquier alternativa al capitalismo. Triunfo y triunfalismo.

Pero claro, esa idea de un mundo unipolar es tan candorosa como pensar que si se corta un imán por la mitad, uno se puede quedar sólo con el polo positivo y deshacerse del polo negativo.

Porcentaje del ingreso percibido por el decil más rico de los Estados Unidos.
La crisis de los 30s llevó a políticas intevencionistas que resultaron en una redistribución progresiva: más igualdad.
La crisis de los 70s llevó a políticas neoliberales que resultaron en una redistribución regresiva: más desigualdad.
Tomado de Piketty y Saez, 2001, “Income inequality in the United States, 1913-1998,”  NBER, aquí.

¿Cuál es la opción preferencial del neoliberal en este conflicto?

Dibujo de Ian Falconer “Out of the Mouths of Babes”, de The New Yorker, aquí.

[Continúa en un siguiente post.
4. ¿Nuevos aguafiestas?
y
Yapa:
5. El neoliberalismo en el Perú.]

24 Comentarios

Por - Publicado el 14-10-2012
  1. Gobierno de derechas con oposición política de derechas. El fujimorismo se consolida como líder de la oposición. La oposición de izquierdas es social y extraparlamentaria.
  2. Humala se opuso a las bases estadounidenses en el Perú en 2008. ¿Hoy las aprueba?
  3. La fujimorización del chavismo. En el Perú se recanaliza el rechazo al fujimorismo hacia un rechazo al chavismo y a la posibilidad de un gobierno que haga cambio social. Son regímenes muy diferentes.
  4. Belaúnde, un gran violador de los derechos humanos.

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