Por - Publicado el 31-05-2013

A fines de los 90s la protesta social va al alza. La crisis económica y el hartazgo por los abusos del gobierno fujimontesinista lanzan a la gente a las calles a protestar. Esa ola de protestas acaba con la caída del fujimorismo, ver Las protestas en el Perú entre 1995 y 2006.

El regimen paniagüista y luego el toledista bajan la tensión social, pero sólo por un tiempo. Nuevamente vuelve la embestida oligárquica primero colocando a personajes neoliberales y fujimoristas en posiciones de gobierno que intenta relanzar una ola de privatizaciones. La protesta social vuelve a detenerlos. Principalmente el arequipazo de 2002 detiene las privatizaciones. Toledo se ve obligado a dar marcha atrás. La ultraderecha le pasa factura y lo demuele mediáticamente. Lo intentan vacar. El descontento es tal que en 2005 hay una asonada humalista en Andahuaylas. Toledo se acaba por portar bien, le ponen asesores y acaba decorosamente su gobierno, pero Humala abre una fisura que capitaliza electoralmente.

Alan García baja las tensiones por unos años, con lo que la protesta social remite, pero también coloca a personajes neoliberales y fujimoristas en posiciones de gobierno. Al poco tiempo lanza el discurso de “el perro del hortelano”. La reacción popular es masiva. Las protestas sociales en el país llegan a su nivel máximo y acaban sangrientamente en el “baguazo”. El gobierno alanista, por orientación de los EEUU, da marcha atrás. La protesta social vuelve a remitir.

Entra Humala con nuevos bríos. Vuelve a poner a personajes neoliberales y fujimoristas en posiciones de gobierno. Se desdice de sus promesas electorales. La protesta social vuelve a ir al alza y acaba sangrientamente en Madre de Dios, Espinar, Sechura, Bambamarca, Celendín. Humala parece dar marcha atrás. Las protestas sociales vuelven a remitir. La oligarquía no se lo perdona y lo demuele mediáticamente. Humala hace juego de cintura por algunos meses, hasta que vuelve a la carga nuevamente y lanza un paquetazo neoliberal a favor de la oligarquía. Las protesta social vuelve a estar al alza. La resistencia popular está servida.

Así, la historia del Perú reciente es una historia de luchas sociales entre el pueblo peruano y la oligarquía. La oligarquía pugnando por mayores ventajas de los gobiernos de turno, sus gobiernos, y el pueblo peruano resistiendo y no logrando aún tener un gobierno que verdaderamente represente sus intereses.

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Por - Publicado el 30-05-2013

La globalización reciente reforzó la tendencia ya existente en el capitalismo a desconcentrar las tareas de producción en la fábrica y delegarlas a talleres externos de pequeñas empresas supuestamente independientes. El gran capitalista ya no contrataba a un obrero, sino que subcontrataba a un pequeño empresario, que hacía las mismas tareas que el obrero. Con eso aparentemente la relación entre capital y trabajo era superada por una relación entre dos empresas, una grande y una pequeña. Los trabajadores destajeros ahora eran y se identificaban como empresarios, pequeños, pero que podrían llegar a ser grandes. Era un nuevo modelo de producción y de desarrollo que desdibujaba cualquier identidad proletaria y cualquier idea de superación del capitalismo, más aún en el contexto de un fuerte crecimiento de las actividades de servicios y globalización, con la particularidad además de las crisis económicas en países pobres, los ochentas en América Latina. Una relación personal en una empresa de producción o de servicios era reemplazada por una maraña de redes entre entidades económicas impersonales.

Esta tendencia del capitalismo al subcontratismo se potencia en el imperialismo, que también desconcentra actividades centrales y recurre crecientemente a la subcontratación. Las grandes empresas transnacionales no sólo montan grandes fábricas en países de mano de obra barata, sino que recurren a pequeñas unidades en las que evitan una relación laboral directa con los trabajadores: pueden ser maquilas en México, Pakistán o las Filipinas. Una empresa transnacional megaextractiva no contrata a todo su personal en una relación laboral directa de producción, sino que recurre a subcontratistas precarios que le prestan “servicios”.

Pero la tendencia al subcontratismo en el imperialismo no se limita a la producción privada. Si algo caracteriza al imperialismo es que las empresas privadas reciben todo el apoyo de su estado. La embajada de un país imperialista está ahí para apoyar a sus empresas. Y por supuesto, las aventuras militares, las acciones encubiertas, las intervenciones en áreas de influencia, como la lucha con otras potencias imperialistas, las hace el estado con las grandes empresas monopólicas. Los soldados, reclutados entre los pobres de un país, son la avanzadilla de las grandes empresas de los millonarios de ese mismo país. La intervención puede ser para controlar la producción de petróleo, bananas, diamantes, un canal interoceánico, una salida al mar estratégica, o evitar un “efecto dominó” en algún lugar del mundo. En estas acciones también se aprecia una tendencia creciente a la subcontratación.

Las intervenciones militares no sólo son llevadas a cabo por el ejército regular organizado por el estado, sino por subcontratistas privados. Pueden ser subcontratistas militares, comerciales, de logística, de inteligencia, de información, de derechos humanos, etc. El imperialismo ha dejado de ser tan “estatista” y va más por el privatismo, con lo cual otorga suculentas prebendas a poderosos grupos afines y forma además toda una red de intereses locales de personas, empresas u ONGs.

Se ha visto subcontratistas privados en la invasión de Iraq, Afganistán, en el norte de África, en la intervención soterrada en América Latina,en particular en el área andina, en la lucha antinarcótica o para la “transición democrática”, en que han formado toda una red de subcontratistas. Pueden ser Blackwater, Haliburton, Chemonics o DAI, pero también pequeñas empresas locales u organizaciones no-gubernamentales subcontratistas. Los tiempos han cambiado. Ya no es “la ‘huachafita’ que puede atrapar un yanqui empleado de Grace o de la Foundation”, que contaba Mariátegui; ahora es una empoderada directora de ONG que goza de un financiamiento de USAID, la NED, el IRI, el NDI o Soros.

Así como el trabajador subcontratado bajo el capitalismo adquiere una falsa conciencia de independencia y se computa empresario, acaso sin ver que forma parte de una red de producción deslocalizada, el subcontratado por el poder imperialista adquiere también una falsa conciencia de independencia y se computa libre, acaso sin ver que forma parte de una red de dominación imperialista. En el imperialismo subcontratista se multiplica por mil el fetichismo de la mercancía y la enajenación, que Marx analizó para el capitalismo incipiente. Pero claro, también hay quienes han cruzado la línea hace rato y saben muy bien para quién trabajan, lo justifican y lo hacen con gusto. Dejaron la etapa de aprendiz, y pasaron a ser oficiales, cual pasó con Eudocio Ravines en el Perú, aquí, o Lionel Sisiniega Otero en Guatemala, aquí.

Pero igual la vida no deja de ser dura. Si algo les pasa a estos subcontratistas (que les corten la cabeza en Iraq, que Assange les exponga sus visitas a la embajada de los EEUU, que los capturen en Cuba, etc.), dado que no hay una relación laboral directa, el estado imperialista se desentiende de ellos, como se ha visto últimamente. Más protección de sus estados habrían tenido los mercernarios y corsarios, que siempre hubo en la historia, que el precario subcontratista del presente.1

  1. Ver el caso de Alan Gross contratado por DAI, subcontratista a su vez del gobierno de los EEUU. Lo mandan a una misión en Cuba, lo capturan, su familia la reclama a su empleador, no le hacen caso, luego reclama a USAID, no le hacen caso, le hace juicio al gobierno, el poder judicial rechaza admitir su caso en un juicio, aquí y aquí. []
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Por - Publicado el 18-05-2013

[Esta es una versión con algunas correcciones del post aparecido antes en la Página Facebook del presente blog, aquí.]

Veo cómo algunos columnistas neoliberales se desgañitan en dar gato por liebre usando términos económicos que no manejan o manejan muy superficialmente. Varios son abogados hablando de economía con un conocimiento de la economía francamente limitado. Se nota que han leído bien los libros de divulgación de Friedman, y le intentan copiar el estilo desafiante, pero hay un par de cosas básicas que parece que no dominan.

En teoría el mercado libre lleva a un óptimo económico, pero sólo cuando se cumplen ciertos supuestos, que en la realidad rara vez se cumplen. El gran problema del mercado libre es que en la práctica no es libre. Así, cuando hay información asimétrica o formación de hábitos (por ejemplo, cuando hay adicción), por mencionar dos puntos pertinentes a debates recientes en el Perú, el mercado “libre” fracasa.

En esos casos el consumidor pierde soberanía y capacidad de decisión, y el resultado es económicamente ineficiente, por lo que se justifica una intervención pública que corrija esa situación, usualmente llamada regulación.

Información asimétrica es lo que ocurre con la publicidad de comida chatarra (salen “expertos” jurando y perjurando que se trata de comida saludable), con la publicidad a favor de la leche Nestlé en contra de la leche materna (que la transnacional suiza le hacía creer a las madres de países pobres que su “fórmula” era mejor que la leche materna), con la publicidad de las tabacaleras (que tratan de negar a como dé lugar que el tabaco perjudica a la salud), con la crisis financiera en los EEUU (en que te venden activos basura asegurándote que es el negocio de tu vida), con la megaminería en el Perú (en que salen “expertos” que te aseguran que la megaminería no contamina), con la política económica peruana (en que salen “expertos” que te aseguran que la única política económica posible es la neoliberal) y en tantas otras cosas.

Formación de hábitos es lo que ocurre cuando te acostumbras a un producto y ya no lo puedes dejar de consumir. El caso extremo es la adicción a una sustancia. Tú puedes “decidir” concientemente dejar de consumirla, pero el cuerpo te la pide. En ese caso has perdido parte de tu soberanía y capacidad de decisión, pues ya no eres un consumidor tan racional, sino que necesitarás mucho más fuerza de voluntad que antes de acostumbrarte. Es el problema que sufren los adictos al tabaco, al alcohol, a las drogas, pero también a muchos otros productos.

El discurso a favor del “libre mercado” en el Perú como en otros paíes niega y oculta estas realidades. A la hora de la hora este discurso defiende a los ricos y poderosos y a las ganancias de las grandes empresas, que se benefician de la falta de regulación en el Perú, todo un paraíso de la información asimétrica. Es un discurso ideológico disfrazado de ciencia económica, un gato por liebre.

La realidad es que la ciencia económica para nada respalda una solución de “libre mercado” fracasado. El consenso en la economía moderna está con el sentido común de la gente de a pie: que tiene que haber regulación pública en estos temas.

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Por - Publicado el 28-04-2013

[Este post salió en mi página de Facebook, aquí.]

Hoy varios columnistas se han puesto a opinar sobre economía. Comencemos por RM Falacias, quien aquí: Empresas Públicas, ¿por qué no? escuelea sobre economía sin que éste sea precisamente su tema. Veamos algunos de sus lugares comunes que nos brinda.

“Cuando se crea una empresa se crea un riesgo. Se puede perder o se puede ganar. Si se gana, todos felices. Cuando se trata de privados, el Estado se lleva 30% de la utilidad solo por Impuesto a la Renta. Pero si se pierde ¿quién es el que pierde? Si el privado pierde, lo hace solo. Si el Estado pierde, pierde toda la sociedad. La pérdida no la asume un particular, sino que se socializa. ¿No es acaso mejor ser un socio que se lleva 30% sin asumir ningún riesgo?”

La autora no dice las cosas completas. Si la empresa es estatal. el estado se lleva, gane o pierda, el 100% de la utilidad (la utiilidad puede ser negativa). Si la empesa es privada, el estado se lleva el 30% de la utilidad, si ésta es positiva y 0, si la utilidad es negativa.

La autora sólo se pone en el escenario de pérdida, no de ganancia. Podría haber dicho. “Si el estado gana, gana toda la sociedad. Y es mejor ganar 100% que ganar 30%.”

Y tampoco es cierto que si el privado pierde, lo hace solo. El estado también pierde porque deja de recibir impuestos. ¿Acaso que las empresas extractivas sean privadas implica que una caída de los precios internacionales no perjudica al estado peruano? Es decir, es falso que la privatización cubra al estado totalmente del riesgo existente en una actividad económica. El estado y con él la sociedad en su conjunto siguen corriendo riesgos.

El argumento de la autora, que expone cual maestra de escuela que se lo explica por quinta vez a su alumnito, sobre el riesgo es también inexacto. No hay ninguna inversión estatal o privada que no implique algún riesgo. Y si se quiere darle rentabilidad a un dinero, no hay otra forma que asumir algún riesgo. Sin embargo, en el caso de Petroperú ocurre que el negocio petrolero es un negocio de riesgo relativamente bajo. Es una actividad basada más en la extracción de una renta ya existente que en la innovación.

Entonces, si el estado peruano puede ganar 100% en vez de 30%, a riesgo bajo, ¿por qué dejar ese negocio peruano a empresas estatales extranjeras?

“El segundo problema a resolver es el del botín político.”

El ejemplo que usa la autora es el manejo de Petroperú durante el primer alanismo. ¿Por qué no usa como ejemplo los faenones durante el segundo alanismo? ¿Que las empresas sean privadas acaso evitó faenones, aceitadas, irregularidades y corrupción, en empresas como Petrotech (a la cual la pedagógica autora estuvo/está vinculada ), Doe Run, Discovery? ¿La retracción del estado de la economía evitó los botines políticos de los voraces alanistas a quienes la plata les llegó sola?

“El tercer problema es más bien un mito. El militarismo peruano extendió la idea de que existían sectores “estratégicos”, ya sea para la defensa o para el desarrollo y que estos debían estar en manos del Estado. Nada de esto es cierto. No hay ninguna estrategia en administrar malos servicios públicos esenciales, infraestructura básica o cualquier industria.”

¿Nota el lector alguna sustentación o sólo ve que la autora niega el enunciado que intenta refutar sin mayor argumento que su palabra? Claro que hay sectores estratégicos, por seguridad nacional. ¿Cuál fue la experiencia histórica de que empresas chilenas exploten el salitre boliviando? Cuando Bolivia les subió el impuesto al quintal de salitre, Chile los invadió. ¿Acaso países como los EEUU permiten que empresas iraníes controlen sus puertos? Tampoco es cierto que una mayor “integración económica” disminuya las tensiones internacionales. El dogmatismo de un supuesto mercado libre hace que alguna gente no tenga ojos para ver estas simples realidades (esas son las derechas que graciosamente acusan a las izquierdas de dogmáticas e ideológicas).

“El cuarto problema es el de los subsidios a los precios. Las empresas públicas son populares por dos razones. La primera, como hemos explicado, por ser potenciales agencias de empleo para sectores desempleados. Pero en segundo lugar, porque subsidian. Es decir, trabajan a pérdida para llevar un precio falso pero popular, por lo general a quienes menos lo necesitan. ”

Un subsidio puede otorgarse sea la empresa pública o privada. Que la empresa sea estatal sólo facilita la implementación del susbidio, pero tampoco tanto. Es también fácil que el estado dé subsidios incluso si la empresa es privada. Pero lo más grave de este argumento no es eso.

Tanto le gusta a la derecha repetir su discurso contra los subsidios que en este caso no se percata de algo evidente: si algo ocurre con la gasolina no es que el consumidor reciba precios subsidiados, sino que buena parte del precio que paga el consumidor final son IMPUESTOS. Si la política pública es beneficiar al consumidor, no se estaría precisamente dando subsidios, sino reduciendo impuestos. ¿No es esto algo que deberían celebrar quienes gustan de autoetiquetarse de “liberales”?

“El quinto problema son las consecuencias económicas de esta política. El Estado quiebra pero ¡sorpresa! nunca cierra. Sigue operando. ¿Cómo cubre sus pérdidas entonces? Con tributación, deuda pública o con emisión inorgánica. Es decir, inflación y endeudamiento.”

La autora anuncia vacas flacas si el Perú llega a tener una ENAP, ECOPETROL o PETROBRAS, en sus respectivos países totalmente compatibles con el modelo neoliberal y con la estabilidad macroeconómica. Basada en sus argumentos tembleques se apresura a concluir que el estado pierde, que habrá un botín político, que habrá subsidios masivos, etc., etc. y por lo tanto habrá crisis económica como con Alan García 1.

En fin. Allá quienes le crean.

Mi comentario final es que el neoliberalismo no tiene la fuerza que tuvo a finales de los 80, ante las corruptelas, hiperinflación y desmanejo económico de Alan García. Hoy sus argumentos son los mismos de entonces, repetidos ad nauseam. No se han actualizado. En tiempos de Petrobras siguen peleándose con el primer alanismo (con la adicional ironía de tener a Alan García como su líder). Sus voceros no se ponen a tono con la experiencia de dos décadas de la gente que ya vivió el modelo privatista y no está conforme. El neoliberalismo oligárquico es un cuchillo desafilado que ya no corta; sólo sirve para untar mermelada.

El consenso económico, social y político se ha revertido. Hoy el neoliberalismo está a la defensiva como un lobo asediado por una presión social que ya no sabe cómo contener. Su caída en el Perú es cuestión de tiempo.

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Por - Publicado el 15-04-2013

Levitsky, muy interesado él en “darle línea” a la izquierda (¿por qué?), sigue con sus argumentaciones tramposas y falaces, ver Dilemas Para la Izquierda .

Ahora recurre a la vieja falacia del tercero excluído, o el “falso dilema”, consistente en presentar dos opciones como si fueran las únicas posibles.

Ejemplos Wikipedia:

– «¿Reelegirá usted al partido en el gobierno, o le dará alas al terrorismo?».

– «¿Está usted con nosotros, o con las fuerzas del mal?».

Según él, la izquierda peruana tiene dos y sólo dos opciones: o es “una izquierda más liberal o social democrática” o es “una izquierda muerta”.

Buen intento, Steven.

Pero esa no es la única trampa. Tiene un par más.

1. Por un lado, Levitsky dice que “Santos tiene algo de razón” en rechazar “ser la izquierda que la derecha necesita”, para al final descalificar la idea como “infantil”.

No es creíble que alguien que honestamente acepta algo como razonable lo acabe descalificando como infantil. Se advierte que Levitsky hace una finta argumentativa-pedagógica, pretendiendo acompañar la preocupación izquierdista por cubrir el espacio contestatario, arguyendo que los partidos “necesitan una marca”. Pero luego ridiculiza la posición de Santos porque el conservadurismo limeño rechaza la radicalización. Juega insinceramente con las preocupaciones izquierdistas como el gato con el ratón.

2. Por un lado, Levitsky pregona que “construir una organización es difícil. Requiere años de trabajo, y muchas veces no rinde frutos inmediatos.” Por el otro, explica que “en una democracia, la izquierda necesita votos. Santos no los tiene, sobre todo en Lima.”

¿En qué quedamos? Si el objetivo es construir una organización y una corriente política fuerte, la izquierda no tiene por qué ganar la primera elección que se plantee, rebajando su agenda para contentar a los sectores sociales conservadores. La izquierda puede cubrir el espacio político no representado, que es SU espacio político histórico, de los sectores más contestatarios, que forman parte de un movimiento social al alza. Estos son, además, los sectores más maltratados por políticos que, uno tras otro, deshonran sus promesas. ¿Le conviene a la izquierda seguir el camino de esos políticos? Sería suicida. Por otro lado, que la izquierda logre un número de congresistas como los tuvo Humala en 2006, así no gane las elecciones nacionales, sería un gran avance, pues la representación del movimiento social en el congreso en 2011 es peor que la de 2006. Tan erróneo como plantear que la izquierda se coma todo de un solo bocado es utilizar que no lo puede hacer para justificar su derechización.

Pero no sólo es que estamos ante un camino inconveniente para la izquierda. El mismo dilema planteado por Levitsky no corresponde a la realidad. Es totalmente irreal presentar a la izquierda como si fuera Humala en las segundas vueltas de 2006 y 2011, optando entre mantenerse radical o “moderarse”. Por favor. La acumulación de fuerzas comienza siempre en los sectores más receptivos, no en los más desconfiados. Cuando la izquierda logre una cierta masa crítica el dilema sobre moderación-radicalización podrá estar en el orden del día.

Concluiré señalando que Levitsky no es el único que anda muy alborotado intentando “orientar” a la izquierda desde fuera de ésta con sesudos seudo-argumentos. Hay toda una avalancha de lobbistas intelectuales, muy interesados ellos en que la izquierda siga por cauces “modernos”, “moderados”, “socialdemócratas”, “liberales”, es decir, derechistas. Quieren más de lo mismo. No tienen suficiente con lo ocurrido en las últimas décadas y que destruyó a la izquierda: la masiva derechización de izquierdistas que constituyen la verdadera “izquierda muerta”.

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Por - Publicado el 14-04-2013

Supongamos por un momento que la derechización de Humala viene con sorpresa y que ésta tiene algo de táctico, es decir, que conserva alguito de su pensamiento primigenio. Démosle una oportunidad a esta lógica, que podría ser la que siguen algunas personas de identidad izquierdista que todavía lo apoyan (las que creen que Humala es una suerte de Lenin aplicando la NEP, o aceptando la paz de Brest-Litovsk, dando un paso atrás para dar dos adelante). Viaja a Cuba, elogia a Chávez, apoya Petroperú, etc. Según esto Humala habría sacrificado su prometida agenda anti-extractiva (a la Lula y Mujica, pero también a la Chávez, Correa y Morales, a la TIPNIS), pero habría conservado su lógica de “compensación social”, asociada desde luego a la crucial “reelección” de Nadine Heredia, que sería un rasgo que lo emparentaría con el “chavismo” latinoamericano. Es decir, se derechiza como Lula y Mujica, porque busca reelegirse como Chávez, Correa y Morales. Acaso esta lógica se complemente con la esperanza de que un segundo gobierno humalista sí atienda las demandas sociales postergadas. Humala instrumentalizaría su gobierno de “izquierda buena” porque luego habría una siguiente etapa de “izquierda mala” (según la clasificación del mexicano Jorge Castañeda).

El problema de esta lógica está en su credibilidad y en su viabilidad. Es difícil creerle algo a Humala, pero también hay que ver cuáles son sus incentivos y posibilidades. Nadine Heredia no está lista para prescindir del apoyo vargasllosista y, por lo tanto, toledista como de la izquierda oenegista. Y eso sólo se logra, por un lado, con Humala derechizándose, y, por el otro, con el escenario acaparado por algo peor que Nadine Heredia, como Fujimori o tal vez García.

Nadine no puede hacer la izquierdización de Chávez, Correa o Morales sin un apoyo tipo Chávez, Correa o Morales. Eso implica ganar en primera vuelta, y por lo tanto, sin compromisos que la derechicen (seguimos bajo el supuesto de un humalismo derechizado sólo por táctica) ¿Puede hacerla? Veamos. Heredia podría llegar a captar un 30 ó 35% del voto en primera vuelta, pero ir más allá requiere disputarle la base social al fujimorismo y al toledismo. Heredia tendría que desmantelar el tejido social construido por el fujimorismo en los 90s, en forma similar a cómo el fujimorismo desmanteló el tejido social construido antes por Barrantes, en los 80s. De ahí que haya sido crucial quebrar el antiguo PRONAA y su cambio por Qali Warma, y de ahí también la resistencia fujimorista a ese cambio en medios como Expreso, P21, El Comercio, Correo, etc. Nadine Heredia necesita ser ella, y no Keiko, la benefactora que dé el combo. La gente tiene que abandonar el mito de un Inkarri fujimorista retornando a gobernar y cambiarlo por el mito de una dadivosa Nadine-Evita-Cristina. Sólo de esta manera Heredia podría conseguir el 15% que le falta a su 35% esperado, que afanosamente viene monitoreando con la ayuda de la encuestadora Giovanna Peñaflor. Tiene que cargar harto niño, salir en harta foto y usar harto traje típico todavía.

El asunto es que tener algo que repartir es una condición necesaria, pero no suficiente. El voto contestatario en el Perú es una realidad, por lo que el humalismo necesita también canibalizarlo. Hasta el momento la apuesta, más nadinista que humalista, ha sido dar por sentado que al voto contestatario no le quede otra que apoyar a Humala (De ahí ha venido el 30% conseguido hasta ahora en las primeras vueltas de 2006 y 2011). No queda claro que esta lógica sirva después del desacato de sus promesas electorales. Al estilo Perón-Evita, el humalismo apostaría a una silenciosa demolición social de las izquierdas y de las derechas. Supuestamente este sería el camino para en una segunda etapa hacer un viraje de timón a la izquierda.

La otra posibilidad para Humala-Heredia es que no le funcione la estrategia izquierdista-primeravueltista y se resigne a una estrategia de negociación con algún sector derechista moderado, como el vargasllosista-toledista (últimamente llamado paniagüista) y continúe con su llamada “hoja de ruta” a ninguna parte. Es decir, si Heredia la hace en primera vuelta, se convierte en Chávez, y si no la hace, sigue siendo Lula. Todo sería cuestión de cuánto apoyo pueda tener.

Pero claro, eso depende también de qué alternativas tenga el sector “paniagüista”. Si el adversario es Fujimori, el escenario sería similar al del 2011: “todos con Humala”. Pero si el adversario es García o PPK, el escenario podría ser más similar al del 2006: “todos contra Humala”. La estrategia humalista de encabezar la “coalición paniagüista” pasaría entonces por mantener viva la amenaza de un retorno de Fujimori.

En cualquier escenario, primera o segundavueltista, en el supuesto de un humalismo derechizado en forma meramente táctica no hay una representación política consecuente del voto contestatario, que busca un cambio social y que no se va a someter a las posibilidades electorales del humalismo. Es un sistema taponado, sujeto a cubileteos políticos que hasta el momento sólo han servido para hacer continuismo económico del sistema montado por el fujimorismo. El movimiento social sigue al alza, pero sin representación política, por lo que en el país hay condiciones para un outsider contestatario. Que estas condiciones sean aprovechadas por alguien, ya es harina de otro costal.

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Por - Publicado el 20-03-2013

[Este post salió ayer en Facebook, ver aquí.]

No hay que equivocarse: cuando hablan de “izquierda moderna” de lo que te hablan es de una izquierda más derechizada.

“Moderno” es un eufemismo para simplemente perder radicalidad, callarse ante la intervención de los EEUU en el Perú, hacer la vista gorda ante la negación de los derechos de los trabajadores, rechazar la intervención del estado en la economía, desmarcarse de la defensa de los derechos de la mujer, de los indígenas, de los afrodescendientes, de los LGTB, ante el pensamiento conservador, machista y racista, y de la defensa del medio ambiente ante las transnacionales extractivas.

Eres “moderno” si eres como Bachelet en Chile reprimiendo a los mapuches. Eres “moderno” si eres como Humala diciendo “agua y oro” cuando prometiste otra cosa. Eres “moderno” si eres como Felipe González o como José María Aznar en España y alineas a tu país con los EEUU en aventuras militares. Eres “moderno” si eres como Yehude Simon y te alías con las derechas. O mejor aún, como Fernando Rospigliosi o Juan de la Puente y te conviertes en un corrrevedile de la embajada de los EEUU.

Si eres así de “moderno”, desde luego que las derechas te alabarán y te recibirán con los brazos abiertos como parte del sistema. Si te resistes a esa “modernidad”, te atacarán como “arcaico”, como “dinosaurio” y hasta te criminalizarán o patologizarán.

Tú decides.

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Por - Publicado el 19-03-2013

¿Cómo explicar un resultado electoral en que Villarán no es revocada, pero sí la mayoría de sus regidores?

Tenemos que ver la información disponible, dada por la ONPE hasta ahora. Veamos este gráfico:

Ubicedularevo

Se aprecian los puntos críticos en la ubicación 1, 21 y 31.

Se aprecia que como tendencia el voto en blanco es claramente creciente en la ubicación en la lista y que tanto los votos para el SI o el NO son tendencialmente decrecientes en la ubicación en la lista (con algunas excepciones).

Cualquier análisis de preferencias electorales tendrá que tomar en cuenta este “efecto cédula”, de marcación decreciente en la ubicación de la lista.

Ahora desagreguemos según distritos.

Tenemos distritos que gana el SI en todos los casilleros:

UbiceduSItodo

Distritos que gana el NO en todos los casilleros:

UbiceduNOTodo

Distritos en que gana el SI en todos los regidores, pero gana el NO para Villarán:

UBIceduSIexcepV

Distitos en que gana el NO en Villarán y todos los regidores, excepto Castañeda:

UbiceduNOCasta

Y dos distritos que sí son “cruzados”, Punta Hermosa y Santa María del Mar, con el siguiente patrón de votación:

UBIcedulacruzados

En esta desagregación se confirma que no hay un “voto cruzado” a nivel desagregado que explique el “voto cruzado” resultante a nivel total. El voto “cruzado” que revoca a los primeros veinte regidores ocurre sólo en el agregado, pero no sistemáticamente a nivel distrital.

Hay un efecto cédula en todos los distritos con un par de puntos críticos: el 1, Villarán, del 20 al 21 y el 31 que es Castañeda.

En todos los distritos hay menos efecto cédula para el NO y más para el SI. Los que votan NO votan más parejamente (“40 veces NO); en cambio los votos en blanco son votos perdidos por el SI. El efecto cédula los afecta más. Y sin embargo, en la suma salen revocados los primeros 20 regidores .

Ventaja

Finalmente, podemos graficar las ventajas del SI sobre el NO en distritos en que gana el SI junto con las ventajas del NO sobre el SI en distritos en que gana el NO (excluyendo los otros distritos). Tenemos lo siguiente:

La ventaja para el SI en distritos en que gana el SI en todo es mayor que la ventaja para el NO en distritos en que gana el NO en todo. Este patrón de voto decreciente por el SI es un espejo del voto en blanco creciente en la ubicación de la lista.

Esto sin contar los distritos “no puros” (en que gana el SI en todo excepto en Villarán o que gana el NO en todo excepto Castañeda, o los dos distritos “cruzados”). Contándolos es que se salvan los regidores 21 y 22, de Fuerza Social, pero también, el 24 y 26, Salinas y Danos, y el 39, Altuve.

(Nótese que también resaltan el 7 y el 17, Valer y Tito).

En conclusión, más que votos concientemente (por lo tanto, individualmente) “cruzados” estamos ante un efecto composición (algo que ocurre sólo en el total pero no en cada una de las partes). Una evidencia crucial para cualquier análisis electoral.

A. Con la ONPE al 54.35% de actas contabilizadas, vemos el diferencial, votos del SI menos votos del NO, según ubicación en la cédula:

ONPETotalDif5435

Se aprecia algunos atípicos en la tendencia. Dejo a los lectores la interpretación de esta imagen, muy evidente también.

Eso sí, nótese que también revocan al 26, Danos Ordóñez. Si la cosa sigue así los siguientes revocados podrían ser el 21, el 24 y el 39.

A2: Un cuadrito más (21 de marzo de 2013, 18:47)

Elecciones2010Revocacion2013

A mayor apoyo a Villarán en las elecciones de 2010, menor apoyo a Villarán en la revocación de 2013.

Viendo los datos se aprecia que tendencialmente los distritos de Lima que más la apoyaron antes, los más pobres, son los que menos la apoyan ahora.

Ha ocurrido un viraje social similar al que ocurrió con Humala, que antes era apoyado por las zonas y sectores más pobres y ahora es apoyado por las zonas y sectores más ricos del Perú.

A3. El cambio del voto por Villarán según pobreza en Lima.

Votacion20102013vsPobreza2009b

En las elecciones de 2010 los distritos con un mayor porcentaje de pobres son los que más votan por Villarán.
En las elecciones de 2013 los distritos con un menor porcentaje de pobres son los que más votan por Villarán.

Datos electorales tomados de la ONPE: datos finales para 2010 y datos en lo que va del escrutinio para 2013.
Datos de pobreza tomados del INEI:
http://www.mef.gob.pe/contenidos/pol_econ/documentos/mapa_pobreza_2009.pdf

A4. “Odría ganó en barriadas” o cincuenta años no es nada.

La persistencia de la política limeña: a mayor votación por Bedoya en 1963, mayor votación por no revocar a Villarán en 2013.

Una miradita a los datos de las elecciones municipales de 1963 ganadas por Luis Bedoya a María Delgado de Odría. Un patrón de votación muy similar al del voto por el NO (Bedoya o AP-DC) y el SI (Odría o APRA-UNO).

VotoNO2013votoBedoya1963

Eje horizontal: porcentaje de votación por Bedoya en 1963.
Eje vertical porcentaje de votación por el NO en 2013.

Datos del Blog de Fernando Tuesta:
http://blog.pucp.edu.pe/fernandotuesta/files/1963%20Elecciones%20Municipales%20LIMA.pdf

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Por - Publicado el 18-03-2013

Este post salió ayer como nota en Facebook.

Levitsky en este artículo responde a los cuestionamientos a su análisis equiparador de Chávez y Fujimori. Se desmarca de Vargas Llosa, que califica a Chávez de “caudillo”, y reconoce que Chávez fue una fuerza democratizadora que benefició a los sectores más pobres y postergados de Venezuela.

Sin embargo, se aferra a su identificación de Chávez con Fujimori. Quien la cuestione, dice, incurre en “confundir las preferencias ideológicas con el análisis”, como sí Levitsky no introdujera sus propias preferencias ideológicas en su análisis.

“Sugerir que el régimen de Chávez no era autoritario –o que no se compara con el autoritarismo de Fujimori– es ignorar parte de la realidad venezolana (y confundir las preferencias ideológicas con el análisis).”

Algo sistemáticamente ausente en los análisis de Levitsky es la reacción popular al golpe de 2002. Allí no hubo el Chávez personalista, sino el Chávez ausente, secuestrado. La palabra la tuvo la ciudadanía y está habló y muy claramente. Fue un momento crítico y una prueba de fuego para un regímen “personalista” y “autocrático”, “autoritario competitivo”, puesto en jaque por unos supuestos “demócratas”, “perseguidos”, “encarcelados”, “sometidos”, etc. Allí se vio cuan profundamente los sectores más pobres se sentían representados por ese gobierno. Tal vez Levitsky también se anime a equiparar ese hecho con la triste renuncia por fax de Fujimori.

Nótense estas construcciones de Levitsky:

“No hizo un autogolpe, como Fujimori, pero utilizó mecanismos plebiscitarios para construir un régimen muy parecido.”

“El chavismo no robó elecciones, pero gracias a la politización de las instituciones judiciales y electorales, la intimidación de los medios, y el abuso masivo de los recursos del Estado, la competencia política se volvió injusta.”

Siguen la estructura: “el chavismo no hizo lo que el fujimorismo, pero….. finalmente es lo mismo”.

Si el fujimorismo se hubiera limitado en el Perú a hacer lo que Levitsky dice que el chavismo hizo en Venezuela, el fujimorismo habría caído mucho antes. El fujimorismo no permitió los espacios que permite el chavismo en Venezuela. En tal sentido, Levistky sigue también ignorando que el chavismo contó con la oposición de los poderes fácticos (clase empresarial, embajada de los EEUU, clero, medios oligárqucos y hasta sectores militares, como se vio en el golpe), mientras en el Perú el fujimorismo no sólo contó con el apoyo de esos sectores, sino que fue el gobierno de esos sectores contra un debilitado movimiento social. El asunto no es tan trivial como decir que un régimen fue de izquierda y el otro de derecha. Este punto es uno de los grandes problemas de los politógos que hacen análisis politicos formalistas sin basarse en las fuerzas sociales detrás de los regímenes políticos. Acaban equiparando lo diametralmente opuesto en base a un par de apariencias.

Y más aún, a cada nombre que Levitsky pueda dar de algún opositor “perseguido”, “encarcelado” o “exilado” por el chavismo le podríamos dar el nombre de alguna persona tal vez no “encarcelada” o “exilada”, pero sí muerta por los escuadrones de la muerte del fujimorismo (y ya puestos, también de regímenes previos a Fujimori) y esterilizada en forma forzada. ¿Qué no habría dicho Levitksy de un chavismo con escuadrones de la muerte y esterilizaciones forzadas?

Será pues que una Patricia Poleo, periodista venezolana procedente de un clan familiar propietario de un diario, “exilada” en el Perú, vale mucho más que un Javier Ríos Rojas, niño de ocho años asesinado en la masacre de Barrios Altos.

O tal vez Guillermo Zuloaga, dueño de Globovisión, sea más importante que María Mamérita Mestanza, campesina que murió tras ser esterilizada por un programa impulsado por USAID, UNFPA y la Fundación Japón y ejecutado por el gobierno de Fujimori.

Y desde luego, el nombre de la jueza María Luisa Afiuni, acusada de corrupción, merece ser mencionado con mucho más volumen de voz que el nombre del profesor de la Cantuta Hugo Muñoz Sánchez, asesinado por un escuadrón de la muerte de Fujimori.

Aún así, Levitsky insistirá en forzar lo que no es más que una analogía resultona, una construcción política que refuerza un discurso político en el Perú que apunta a “fujimorizar a Chávez”. No sea que en algún momento el Perú se sume al conjunto de países de la región que toman el rumbo “chavista”.

Dejémonos de pretender lo que no es. En América Latina que un gobernante concentre poder, sea electo por el voto ciudadano, o sea un dictador, es el estándar. Así ocurre en México, Colombia o Venezuela (con Chávez y antes de Chávez). Lamentablemnente, así son las reglas de juego político “realmente existentes”.1 Maquiavelo sigue siendo el gran cientista político entre nosotros. Esta concentración ocurre en gobiernos de orientación neoliberal y en gobiernos de orientación “chavista”. Es muy tramposo ser selectivo en declarar como “no democráticos” sólo a los regímenes izquierdistas, que buscan un cambio. Equipararlos a regímenes como el de Fujimori o Yeltsin no “equilibra” tal trampa (como para que se diga “yo critico por igual a Chávez que a Fujimori”), sino que la hace aún mas grave.

  1. Las reglas de juego políticas “realmente existentes” en nuestros lares me recuerdan a los partidos de hockey sobre hielo en los EEUU y Canadá, en que parece que los golpes, empujones y peleas están permitidos y hasta son parte del juego. []
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Por - Publicado el 10-03-2013

Se ven comparaciones económicas en diversos medios y por diversos columnistas (Althaus, el IPE, Castagnola, etc.) con el mensaje que la economía venezolana va mal por culpa de Chávez.

Lo real es que la economía venezolana, dirigida por gobiernos corruptos y por la oligarquía que hoy quiere regresar al poder, iba muy mal mucho ANTES de Chávez. Manejaron el país como quisieron, para los de arriba, sin escuchar a la gente de abajo, a la cual reprimieron duramente. ¿Alguien se acuerda del “caracazo”? Más bien Chávez es el resultado de su mal manejo de la economía. Si algo, la economía venezolana en los últimos 14 años volvió a crecer, menos que otros países de la región, pero tampoco mucho menos.

En el Perú también hemos tenido gobiernos corruptos y una oligarquía similares que hoy andan muy nerviosas por que su poder también se venga abajo. Al igual que en Venezuela, no escuchan a los de abajo y los reprimen duramente. Es la propia clase dominante la que con su voracidad y represión viene creando, día a día, nuestro propio “chavismo”.

VNPeruPIBpc

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