Por - Publicado el 23-03-2014

1. Un ejemplo del agotamiento
Veía esta presentación titulada “El liberalismo en el Perú” del abogado Enrique Ghersi en la Universidad Católica:

Sentía que lo que decía este señor ya lo había visto o escuchado en alguna parte. No me tomó mucho tiempo encontrar que lo había visto en la introducción que este mismo señor hizo a las 25 Lecturas sobre la Libertad, una serie de fragmentos de diversos pensadores neoliberales aparecidos en marzo de 1989. Esta publicación procedía de la “Comisión de ideología del Movimiento Libertad” presidida por Enrique Ghersi y editada por una organización llamada “PRODESARROLLO” presidida por Miguel Vega Alvear, entonces presidente de la CONFIEP.MLibertadideologia

Y sí, eran el mismo formato y las mismas ideas: un recuento de las diversas escuelas de pensamiento “liberal”. Como se puede apreciar de una comparación entre lo que dice Ghersi en el video de octubre de 2012 y lo que escribió casi un cuarto de siglo antes su mensaje cambió muy poco. Lo único saltante es que añade al “Hall de la fama” de las escuelas “liberales” las reflexiones de Any Rand. Nada más. El resto de su conferencia es el mismo recuento de hace tiempo.

No es un caso aislado. Los neoliberales domésticos llevan tiempo repitiendo su discurso sin alteración alguna. Tienen más difusores y comunicadores, más espacio en los medios de comunicación, más puestos de gobierno que hacen políticas en base a sus postulados, pero no tienen ideas nuevas, diferentes a las que ya emitieron hace un cuarto de siglo. La realidad sigue avanzando, pero los neoliberales no avanzan con ella.1

2. Neoliberalismo cebiche con huevo frito.
El recuento de Ghersi es muy interesante pues diagnóstica que el “colectivismo” tiene la primacía ideológica enel Perú, ante lo cual propone difundir “las ideas de la libertad”:

Cuando hace algún tiempo publicamos la “Bibliografía de la Libertad” nos propusimos editar a continuación una selección de los principales textos sugeridos en ella, a fin de romper el aislamiento ideológico que ha impuesto el colectivismo en nuestro país.

en los colegios, universidades, bibliotecas y demás centros académicos los libros disponibles por lo general han sido seleccionados con prescindencia de las ideas de la libertad.

La penetración marxista ha difundido, adicionalmente, la idea de que no existe nada monerno ni valioso al margen de sus postulados. De esta manera se ha producido una carencia de literatura que ha puesto a los peruanos de vocación democrática en la posición de carecer de fuentes de información y de reflexión indispensables para la defensa de sus principios.

A continuación Ghersi ofrece al lector u oyente una gama de escuelas liberales. Habría una “variante ortodoxa” de “las ideas de la libertad” “integrada por cinco escuelas económicas: autríaca, la monetarista, la de los derechos de propiedad, la del capital humano y la de la elección pública”. A su vez la rama heterodoxa estaría integrada por el ordoliberalismo y la economía de la oferta.

Supuestamente “las ideas de la libertad” son una actitud y no una escuela en sí, por lo que varias “escuelas” encontrarían cabida en esta corriente de pensamiento. Es un liberalismo “Rayuela”, “hágalo Vd. mismo”, un juego de Lego para armar. Dos puntos muy obvios al respecto:

  1. estas “escuelas” económicas presentan contradicciones entre sí. Por ejemplo, los “austríacos” cuestionan los métodos y las conclusiones de las otras escuelas. Cuestionan los aportes de Paul Samuelson y tampoco tienen a Milton Friedman en gran estima. Así también es fácil ver que un teórico de la elección pública rechace los criterios monetaristas o austriacos. Una reunión de economistas de estas escuelas puede tranquilamente llevar a acaloradas discusiones y hasta descalificaciones.
  2. varias de estas “escuelas” no son “liberales”. Un economista que suscribe la teoría del capital humano puede ser tranquilamente apoyar una mayor regulación laboral, o una subida del salario mínimo. Lo que hace Ghersi es una grosera confusión entre ciencia e ideología, vendiendo como “liberales” teorías que no necesariamente lo son. Con el agravante que lo ha venido haciendo por casi un cuarto de siglo.

No es que este sector político tenga un pensamiento coherente, a pesar de que lo empaquetan como tal. Es más bien un sancochado de cosas contradictorias, con algunos puntos de énfasis común.

3. La reacción neoliberal
En el Perú, efectivamente, el pensamiento “colectivista” tuvo su momento de auge. Las ideas de Manuel González Prada, José Carlos Mariátegui, José María Arguedas y muchos otros peruanos hicieron carne en el pueblo peruano. El liberalismo era más bien la ideología de una opresiva y excluyente casta oligárquica, de terratenientes dueños de esclavos y explotadores de yanaconas y pongos. En los ochentas, escaldados por las reformas antioligárquicas de los militares, resultado de una gran movilización del pueblo peruano, esta oligarquía buscó su relanzamiento reaccionario, y lo hizo creando un producto ideológico que tuviera alguna opción de influir en las masas.

Así fue que hace tres décadas Hernando de Soto vino a decir que un vendedor ambulante era esencialmente un empresario. Un microbusero ya era un Romero en potencia; un ambulante, un Brescia; habitante de una choza, un terrateniente urbano. La informalidad no era sinónimo de pobreza y marginalidad, sino de una gran creación de riqueza. Sus capítulos y fotos mostraban cómo se evolucionaba desde el comercio itinerante hacia la gran propiedad de mercados; de microbusitos a grandes flotas de omnibuses, de “iglús” de esteras en chacras a grandes inmuebles.

Para lanzar este discurso Hernando de Soto contó con el millonario apoyo económico del estado, a través de las agencias gubernamentales de los Estados Unidos. El gobierno de este país así impulsaba a alguien que muy convenientemente sostenía que “las cosas malas que suceden en América Latina no son mayormente culpa nuestra, sino casi siempre el resultado de alguna imposición externa”. ¿El imperialismo? Era un mito inventado por la izquierda. Ver 1984: La NED y Hernando de Soto, USAID le jala las orejas al ILD y El imperialismo está en la mente.

Funcionó.

Lograron crear un discurso reaccionario neoliberal que dio el paso a la política, con Mario Vargas Llosa quedando primero en la primera vuelta de 1990 y luego trasvasando su programa de shock y privatizaciones a Alberto Fujimori. El neoliberalismo en el Perú pasaba así primero de la ideología a la política y luego de la política al gobierno.

4. División de los neoliberales: fujimoristas vs. vargasllosistas
Los neoliberales la hicieron linda, pero tuvieron sus buenas broncas entre ellos.

Hernando de Soto constituye una de las escuelas neoliberales, la otra es la de Felipe Ortiz de Zevallos con APOYO y la tercera es la de Roberto Abusada con el IPE. Todas son organizaciones receptoras de fondos externos con los que se impulsan las reformas neoliberales de Fujimori: privatizaciones, eliminación de derechos laborales, concesiones extractivas, etc. Mario Vargas Llosa se opone a Fujimori, pero la mayoría de sus seguidores del Movimiento de Libertad (Fernando Trazegnies, Alberto Bustamante, Rafael Rey, etc, etc.), casi todos, le dan la espalda y se apuntan con el fujimorismo (hasta Ghersi, supuestamente muy fiel a Vargas Llosa le entra al merengue fungiendo de abogado de los Crousillat).

Aparentemente, Vargas Llosa se queda en su nube ideológica, mientras que los neoliberales fujimoristas están bien aterrizados en las concretas reformas noventeras. Se abre así la división entre neoliberales fujimoristas y neoliberales vargasllosistas, que tendrían, éstos últimos, su momento durante el post-fujimorismo.

De cualquier forma, la reacción neoliberal de los noventas logra por fin desmontar las reformas antiologárquicas de los setentas. El ocaso del poder oligárquico, título de un libro de Henry Pease, se convierte en un nuevo amanecer.

5. Alternancia neoliberal con rechazo popular
Cuando cae el fujimorismo cae, Vargas Llosa recupera acogida en los grupos de poder. El gobierno de los Estados Unidos, que había apoyado a Fujimori en las reformas neoliberales, apoya su caída y una transición que continúa su modelo económico. Como había ocurrido en Chile: los EEUU impulsaron el golpe de Pinochet, pero luego apoyaron su caída y la continuidad de su modelo económico. El neoliberalismo en Chile y en el Perú demostraba una fortaleza tal que pese a la alternancia política sus fundamentos seguían intocables. Las cosas se voltean: Vargas Llosa asume apoya al toledismo y sus seguidores, varios procedentes de la izquierda, pasan a ser funcionarios del gobierno, mientras que los neoliberales fujimoristas pasan a la oposición al toledismo. Con el segundo alanismo se vuelven a voltear (vargasllosistas en la oposición y fujimoristas en el gobierno) y con el humalismo otra vez se alterna (vargasllosistas en el gobierno y fujimoristas en oposición). Hay alternancia entre sectores neoliberales, sin cambiar el modelo en sí. Un bipartidismo sin partidos, un bipartidismo informal.

Sin embargo, en el Perú de la última década y media los electores han venido votando por un cambio. Ya se ha visto que ganan opciones políticas que prometen cambios y llegadas al gobierno no cumplen. Evidentemente hay un desgaste del programa neoliberal. El gobierno de Toledo no pudo privatizar la electricidad en Arequipa en el 2002. El gobierno de García no pudo imponer “las leyes de la selva” en 2009, debido a la gran movilización amazónica, principalmente en Amazonas. El gobierno de Humala encuentra un claro rechazo a la concesiones megamineras, principamente en Cajamarca. Si bien sigue teniendo a sus seguidores en el gobierno y en los medios, el programa neoliberal es rechazado en las urnas y en las calles y carreteras del país. No pueden imponer su programa como lo hicieron hacía una década bajo una dictadura.

Más aún, el neoliberalismo es crecientemente visibilizado como ocurrió en las jornadas de protesta del años pasado, con la consigna “El neoliberalismo mata”:
el neoliberalismo mata

Esta consigna fue adoptada por el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) sacando roncha en algunos sectores neoliberales, asombrados por el cuestionamiento a su doctrina de parte de sectores LGTB, ver aquí. No advierten que una persona discriminada requiere protección del estado. El mercado libre por sí solo no hace nada contra la discriminación. Los neoliberales podrán expresarse en contra de la discriminación, y qué bueno que lo hagan, pero su doctrina no hace nada por quien es discriminado/a.

6. Decadencia neoliberal
Es claro que el neoliberalismo no tiene la fuerza que tuvo a finales de los 80s, que el consenso económico, social y político se ha revertido y que hoy el neoliberalismo está a la defensiva como un lobo asediado por una presión social que ya no sabe cómo contener. El año pasado hicieron todo un despliegue propagandístico contra el relanzamiento de Petroperú mediante la compra de activos de la empresa española Repsol, asustada por las nacionalizaciones en la región. Acaso entienden que lo ocurrido en Argentina y Bolivia les puede ocurrir en el Perú, como hace siglos Francia vendió Luisiana, asustada por la revolución de Haití. Lograron que el gobierno dé marcha atrás en el relanzamiento de la empresa petrolera estatal, pero ¿por cuánto tiempo? Ver Neoliberalismo sin filo contra las empresas públicas peruanas.

Otra campaña fue la que hicieron a favor de la comida chatarra, con sus lobbistas a la defensiva, abusando de su poder mediático, pero sin poder de convencimiento, movilizando incluso al manipulador “líder espiritual” del catolicismo doméstico. Quedó claro que su defensa del mercado libre y su oposición a la defensa del consumidor no agarraba carne en las mayorías. Ver El neoliberalismo contra la defensa del consumidor.

También se los vio argumentar a favor de la concentración de medios, a favor el grupo El Comercio, en nombre de la libertad de expresión y la libertad de empresa. Un argumento “de lujo” fue el de Roque Benavides: “No hay control de los medios en esta época de Internet”. Es muy poco creíble defender el monopolio de una familia oligárquica en nombre de la libertad.

En el largo plazo no ha funcionado empaquetar al neoliberalismo como una ideología a favor de los “micro empresarios”. La gente se da cuenta que en la práctica es una ideología de los megaempresarios.2

7. Neoliberalismo más-de-lo-mismo.
El neoliberalismo ya no tiene qué proponer. ¿Más privatizaciones? ¿Privatizar el agua como propone Enrique Pasquel de El Comercio?

“¿Se les puede negar a los pobres comprar pan? No. Entonces, ¿por qué se les prohíbe comprar agua?”
Enrique Pasquel

Según él los pobres van a estar mejor comprándole el agua a un dueño (que la compró al estado) que recibiéndola del estado. Uno se imagina a los pobres respondiéndole: “no me defiendas, compadre”.

¿Más recortes de derechos laborales? Sí, véase lo que vienen diciendo a partir del debate del salario mínimo.

¿Más concesiones extractivas? Pues sí, “agilizar los permisos”, que ya no haya Estudio de Impacto Ambiental, crear el Ministerio del Medio ambiente fue un error, etc, etc.

Estas recetas son las que uno lee y escucha respectivamente en los monocordes columnistas de los diarios y locutores de la radio y televisión. Más de lo mismo que se ha venido haciendo durante casi un cuarto de siglo.

8. Todavía vence, pero ya no convence.
Las presentes generaciones están experimentando algo similar a lo que experimentaron las antiguas generaciones de peruanos durante el Perú prevelasquista: que una minoría rica y poderosa y grupos de poder extranjeros manejan el Perú como si fuera su chacra. Un liberalismo al estilo de Manuel Prado y Pedro Beltrán, que no genera sino rechazo en las grandes mayorías del país.

Desde luego que tienen recursos, pero no tienen ideas. Todavía vence, pero ya no convence. Propagandiza y difunde, y tiene muy bien aceitados pero desgastados voceros, pero todos dicen más de lo mismo y la gente no les cree. El agua popular no se mezcla con el aceite oligárquico. El neoliberalismo no trae ideas nuevas, atractivas a las mayorías sociales del país.

Su caída en el Perú es cuestión de tiempo. A seguirle dando duro.

  1. Para una reflexión sobre la diferencia entre “liberalismo” y “neoliberalismo” ver Liberalismo y neoliberalismo (1) y Liberalismo y neoliberalismo (2) []
  2. Ver más argumentos pueriles en Anti-Editoriales de El Comercio:

    Los editoriales de El Comercio no tienen desperdicio. Son de una combinación de facilismo argumentativo con una gran rigidez intelectual. Mucho dogmatismo neoliberal que ya cae en la ridiculez.

    []

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Por - Publicado el 02-02-2014

El mundo ideal de los neoliberales es que no haya defensa del consumidor. Que las empresas hagan lo que quieren y que los consumidores no tengan con quién quejarse.

¿Cómo hacen para socavar la defensa del consumidor?

El primer mecanismo es infiltrarse en los organismos públicos de defensa del consumidor, sentar sus criterios y siempre optar por defender a los grandes intereses, que son los que mejor les pagan. En el Perú es muy evidente cómo funciona la cosa.

Pero el segundo es más ideológico y consiste en socavar la necesidad en sí de la defensa del consumidor. Primero, calificándola de “populista” o “paternalista”:

para hacer la concesión política, Indecopi entraría en una espiral cada vez más y más intervencionista. Y sería un intervencionismo con una tendencia natural al populismo: darle al consumidor lo que pide, sin importar que al final ello aleje los productos de su alcance y afecte la competencia en el mercado.

Así dice Bullard en Populismo para Pitucos.

Y segundo, descalificándola como algo frívolo, de los privilegiados.

Y basta revisar las propias estadísticas de Indecopi para ver que los bienes y servicios más quejados no son necesariamente los consumidos por los más pobres: servicios bancarios y financieros, transporte (no concentrado en combis asesinas sino en pasajes aéreos), electrodomésticos, seguros y similares. Incluso en segmentos más democráticamente representados como educación, los casos se concentran en colegios privados y no precisamente en los más baratos. En el puesto 10 de quejas atendidas recientemente aparece vestido y calzado (posiblemente de prendas compradas en boutiques de las amigas de la China Tudela). Más abajo aún, en el puesto 15, aparece, cerca de la cola, alimentos.

Y más aún, Bullard introduce términos como “pituquería”:

De lo que sí podemos hacer al Indecopi responsable es de impulsar una espiral de populismo con tendencia a la pituquería.

Que definitivamente no le va a gustar que sean usados contra él.

En primer lugar, la defensa del consumidor no es para nada populista. El consumidor requiere de una intervención pública que contrapese el gran poder de mercado y mediático de las grandes empresas. Es muy fácil de entender.

En segundo lugar, los servicios bancarios y financieros son usados por las grandes mayorías. No es sólo una cuestión de ricos, por favor.

Es un recurso argumentativo muy usual en la derecha contraponer al pobre con el más pobre. Si alguien recurre a un banco, ya es un pituco. El verdadero pobre es el que tiene la plata en el colchón. Y si uno se queja porque el banco abusa de uno con cobros por todos lados, uno ya es una “China Tudela”. Y lo más alucinante es que quienes dicen estas cosas son los oligarcas y privilegiados de toda la vida, los más excluyentes del Perú. ¿Quién está más cerca de ser una China Tudela? ¿Alfredo Bullard o el peruano promedio que se queja porque los bancos le cobran comisiones indebidas?

Lo mismo ocurre con los abusos de las aerolíneas, como la monopólica LAN que hace lo que le da la gana. O los electrodomésticos. ¿Es que alguien ya es “pituco” por poder comprarse un electrodoméstico, digamos, una licuadora?

Y ni porque se trate de vestido y calzado el deshonesto Bullard acepta que se trate de reclamos sentidos de los consumidores de a pie. Tiene que venir a insinuar que son boutiques de la China Tudela. Le faltó nomás sugerir que en el rubro alimentos hay sólo restaurantes de lujo.

No hay que equivocarse. Por más que estemos ante un lenguaje agresivo y provocador, los argumentos neoliberales hacen agua por todos lados y sus partidarios saben muy bien que están a la defensiva. Se esmeran inútilmente en justificar lo injustificable con patéticos personajes que no convencen a nadie.

4 Comentarios

Por - Publicado el 29-01-2014

1. El reducto ideológico de la oligarquía
El país está listo para desmontar el tinglado neoliberal creado por el fujimorismo: recuperar los derechos laborales, regular y acotar a los grupos de poder, liquidar las prebendas pro-empresariales, defender los derechos ciudadanos de los más pobres. Sin embargo, la oligarquía ha creado un ideología-cuco, cual es que si ésta no gobierna como le da la gana las plagas de Egipto asolarán al Perú.

En el Perú habría existido una idílica “arcadia prevelasquista” de crecimiento acelerado, arruinada de repente por la obra de algunos malvados. En la actualidad el Perú vive otra vez unos “años maravillosos”, de crecimiento acelerado. Esta vez no hay que dejar que sean arruinados por los mismos malvados.

Este discurso es una construcción falaz y tiene como centro machacar a las reformas antioligárquicas que se dieron durante el velasquismo (reforma agraria, nacionalización de las transnacionales estadounidenses, derechos laborales, afirmación nacional) las que arruinaron al Perú en los ochentas.1 Por supuesto que evitan decir que esas reformas en su momento fueron sentidos reclamos de las mayorías nacionales, prometidas por TODOS los partidos que compitieron en las elecciones en 1962. Fueron el resultado de una larga lucha que se remonta a la irrupción de figuras como Haya de la Torre y Mariátegui en la vida nacional. Y más interesante aún: las reformas antioligárquicas fueron previamente reclamadas y apoyadas en tiempo real por el grupo El Comercio (que ahora cobija a varios de los ideologos oligárquicos), aquí, como por la revista Caretas de Enrique Zileri, aquí. La reformas no fueron el resultado antojadizo de la voluntad de una persona o de un grupo pequeño. Había un consenso nacional de que éstas eran necesarias.

Para validar esta construcción ideológica recurren a lecturas sesgadas de las evidencias cualitativas y cuantitativas: el “velasquismo” comenzaría en 1963 con Belaúnde (JJ Garrido K), Morales Bermúdez, Belaúnde 2 y García 1 serían también “velasquistas”. No sólo eso: en los años 60s, 70s y 80s el Perú habría tenido gobiernos “socialistas”. Así de extremista y deshonesta es esta gente.

2. Un discurso contestatario no puede basarse en un discurso histórico reaccionario
El tema de fondo es que la tergiversación derechista apunta a descalificar cualquier propuesta de cambio social en el presente. Tergiversan el pasado para continuar gobernando en el presente.

En tal sentido, una propuesta de cambio social en el Perú requiere de una acertada evaluación de la historia peruana reciente. Un discurso contestatario no puede basarse en el seguidismo al discurso histórico reaccionario. Esto implica esclarecer lo ocurrido y exponer al discurso revisionista de la historia peruana. El tema de fondo no es para nada que haya que defender al gobierno de Velasco, o que haya que ser velasquista. De hecho, ese gobierno fue responsable de muertes en diversas luchas sociales, como en Huanta, Ayacucho, Cobriza, Puno. Sin embargo, sus reformas no se agotan en quienes las realizaron desde arriba, sino que fueron el resultado de una larga lucha del pueblo peruano contra el régimen oligárquico. Cuando esas reformas fueron desmontadas por el fujimorismo en los noventas, quien perdió no fue el “velasquismo”, sino el pueblo peruano en su conjunto. Esta claridad es crucial para hacerle frente al discurso oligárquico.

3. El IPE: un ejemplo de falta de rigor intelectual
Un ejemplo de este discurso lo tenemos en esta presentación del IPE y en esta presentación (con olor a plagio, pues no cita la presentación del IPE) de JJ Garrido K.

En estos materiales el discurso oligárquico cacarea que la pobreza aumentó por las reformas antioligárquicas del velasquismo.

El IPE así lo asegura:
IPEVelascopobreza

Y Garrido K (sin citar el trabajo anterior) así lo repite, aunque con diferente énfasis:
GarridoVelascopobreza

Y aquí tenemos una simpática dramatización del asunto:

¿Es cierto esto?

Primero preguntémonos si los datos que nos dan tan animadamente son correctos.

El IPE reporta como fuentes de estos datos a Figueroa y Moncada. El trabajo de Figueroa (1989) puede verse aquí y el de de Moncada (1996) puede verse aquí (cuadros 13 y 14). El IPE tampoco cita la fuente para los datos de 2004, que no pueden estar en el trabajo de Moncada, pues éste data de 1996. Tal vez además de la presentación en Powerpoint exista algún documento más riguroso, pero si fuera así, que no parece, no existe la cita correspondiente en la presentación.

Lo más grave en todo esto es que lo que el IPE reporta como datos de pobreza citando a Figueroa está mal hecho.

El trabajo de Figueroa señala una “pobreza extrema” de 50% en 1970:

Según un conocido estudio de CEPAL (Altimir, 1978), 50% de la población peruana era calificada, en 1970, como grupo de “pobreza extrema”. Este grupo se encontraba por debajo de una “línea de pobreza”, definida como el ingreso necesario para adquirir una canasta de bicncs y servicios considerados esenciales en el Perú.
página 228.

Tampoco es Figueroa la fuente de ese dato, sino la CEPAL: Oscar Altimir (1978). La dimensión de la pobreza en América Latina. CEPAL, Santiago.

En el pie de página 4, p. 229, Figueroa complementa:

Si la línea de pobreza se trazara en referencia al ingreso necesario para satisfacer las necesidades mínimas de alimentación solamcnte, la proporción de familias en pobreza muy extrema, que se podría llamar “indigencia” era de 25% en 1970 y de 32% en 1986.

Si en vez de pobreza “extrema” y “muy extrema” usamos las simples definiciones de “pobreza” y “pobreza extrema”, las cifras para 1970 son 50% y 25%, respectivamente, y no 35% y 15%, respectivamente, como reporta el IPE.

Es decir: si el IPE hubiera hecho este mismo ejercicio de mezclar fuentes de pobreza y decir cosas categóricas, citando correctamente los datos señalados por Figueroa, tendríamos una reducción de la pobreza de 1970 a 1985 de 50% a 42% y de la pobreza extrema en el mismo periodo de 25% a 18%.

Y si el IPE hizo algún ajuste a los datos de 1970, éste debe ser debidamente reportado, cosa que no se ve.

En realidad, no es una práctica comúnmente aceptada en economía andar mezclando fuentes tan alegremente. Se tiene al menos que advertir a los lectores, como sí hace Figueroa en su trabajo. Luego de señalar que “la pobreza extrema” en 1986 es de 57% en base a la ENNIV, advierte:

Aunque los datos de 1970 y 1986 no son estrictamente comparables, ellos nos permiten tener una estimación clara del orden de magnitud de la pobrea en el Perú: la pobreza extrema es masiva. Ademrás, como tendencia, la población que sufre de pobreza extrema parece que está en ascenso.

“parece que está en ascenso” dice un cuidadoso Figueroa. Como debe ser.

4. ¿Se redujo o aumentó la pobreza con Velasco?
El ex-director del INEI Farid Matuk calcula la pobreza según gobierno para un largo periodo histórico:

Pobrezagobiernosa

Imagen tomada del libro “Velasco” de Héctor Béjar, quien posiblemente se haya basado en este artículo de Matuk. El cuadro de la imagen no se ve en el artículo de LR, pero sí se ve aquí.

Lamentablemente, Matuk no comenta el cuadro ni aporta detalles metodológicos al respecto. Posiblemente se trate de pobreza monetaria calculada estableciendo alguna línea de corte. El autor tendría que complementar el cuadro con más información.

Según esta fuente, al final del velasquismo la pobreza llegó a su nivel de incidencia más bajo. Luego subiría sustancialmente para recién reducirse en la última década, desde finales del toledismo.

5. Más documentación sobre pobreza y distribución: Escobal, Saavedra y Torero
Pero claro, diversos investigadores tienen diversas medidas de pobreza. Un 17% de pobreza con Velasco suena curioso (no menos curioso que una pobreza no mayor de 27% con Belaúnde, Prado y Odría). Es prudente ver otros estudios.

EscobalSaavedraTorero1999

Imagen tomada de Escobal, Saavedra y Torero (1999) “Los activos de los pobres en el Perú”.

Estos dos cuadros son de Javier Escobal, Jaime Saavedra (actual ministro de educación y muy apoyado por la derecha) y Máximo Torero, en base a la ENCA (Encuesta Nacional de Consumo de Alimentos) para 1971-2 y la ENNIV (Encuesta Nacional de Niveles de Vida) para años posteriores.

Muestran una reducción de la pobreza de 64% en 1971-2 a 43% en 1985. La reducción, contrariamente a lo que decían Webb y Figueroa en 1975 en su libro del IEP, ocurre PRINCIPALMENTE EN LA ZONA RURAL: allí la pobreza baja de 85% a 55%.

Esta información lamentablemente no está desagregada por gobiernos, pero es difícil pensar que esta reducción de la pobreza se dio principalmente en los gobiernos de Morales Bermúdez o de Belaúnde. Si bien habría que investigarlo más, esta reducción es consistente con un gran cambio en niveles de vida, principalmente en las zonas rurales y tradicionales del país. Definitivamente una candidata a explicarla es la reforma agraria y la eliminación del poder terrateniente en el campo.

Si bien los niveles de pobreza de Escobal, Saavedra y Torero son mayores que los reportados por Matuk, ambas estadísticas coinciden en señalar una sustancial reducción de la pobreza en la decada del setenta y primera mitad de los ochentas, dando una evidencia que contradice rotundamente la afirmación de un Perú arruinado y empobrecido por las políticas redistributivas, como repiten cual dogma los Du Bois, Abusada, Koechlin, o los Miró Quesada.

Pero hay más, la distribución del ingreso también mejoró sustancialmente esos años. El 50% más pobre del Perú pasó a ganar el 19% del ingreso nacional en 1985, cuando en 1971-2 ganaba el 11% del mismo. En cambio, el 20% más rico que ganaba el 61% del ingreso nacional en 1971-2 pasó a ganar el 51% del mismo.

Es decir, hubo una fuerte redistribución que benefició principalmente a los sectores rurales del país, donde están los más pobres.

Autores como Richard Webb y José Rodríguez señalan que la ENCA y la ENNIV no son comparables y habría mucho margen de error, con lo que habría que tomar con pinzas la reducción de la pobreza y la mejora en la distribución del ingreso en los setentas. Es un comentario aceptable, que de taquito también cuestiona las afirmaciones de los lobbistas del neoliberalismo que aseguran a rajatabla que el Perú se empobreció con la reformas de los setentas. Lo que hay indica más bien una reducción de la pobreza.

6. John Shehan: de 1970 a 1979 se reduce la pobreza
Joen Sheahan en The Persistence of Poverty in Peru: Possible Answers, their Limits and their lmplications for Latin America de 2002, reporta un cuadro basado en la CEPAL sobre la pobreza y la pobreza extrema en el Perú:

Shehan2002

Nótese que se repite el dato citado por Figueroa para 1970: 50% de pobreza y 25% de pobreza extrema en el Perú. Según esta fuente, para el año 1979 la pobreza se había reducido a 46% y la pobreza extrema a 21% según la misma y por lo tanto comparable fuente, la CEPAL.

7. Londoño y Székely (1997) tendencias no monotónicas
Juan Luis Londoño y Miguel Székely en Persistent Poverty and Excess Inequality: Latin America, 1970-1995 (1997), del Banco Interamericano de Desarrollo, señalan tendencias más matizadas. De 1970 a 1973 hay un ligero aumento de la desigualdad acompañado de una ligera reducción de la pobreza y pobreza extrema, mientras que de 1973 a 1986 hay una sustancial reducción tanto de la desigualdad como de la pobreza.

londonoszekely1997

Tanto la desigualdad, medida en el coeficiente Gini, como la pobreza se reducen de 1970 a 1986, contrariamente a lo que señala el Instituto Peruano de Economía.

8. Una discusión: Francisco Verdera (2007)
El economista de la Organización Internacional del Trabajo Francisco Verdera aporta una discusión sobre lo ocurrido de los setentas a los ochentas, en La pobreza en el Perú: un análisis de sus causas y de las políticas para enfrentarla. En el segundo capítulo

Verdera, siguiendo a Richard Webb, cuestiona el trabajo de Escobal, Saavedra y Torero, mencionado arriba. Además de señalar que las encuestas, ENCA y ENNIV, no son comparables y que se podría estar sobrestimando la tasa de pobreza en 1971-72 para luego subestimarla en 1985-86, los resultados no le parecen verosímiles:

Estos resultados son de difícil aceptación. Habría habido entre 1971 y 1985 una extraordinaria bonanza en el área rural, al lado de un virtual estancamiento del gasto en el área urbana. Webb (1989: 107) opinará en contra de la bonanza en el área rural pero a favor de la caída del ingreso urbano: “La homogenización de los ingresos laborales en los últimos veinte años sería consecuencia, no de un aumento en el ingreso real en las áreas más pobres, sino del empobrecimiento de Lima y, en particular, del sector moderno de la economía”.
p. 113.

Igualmente en términos de distribución dle ingreso, en la página 102 señala cómo las diversas fuentes indican una reducción de la desigualdad entre 1971-2 y 1985-6:

En 1993 ya se habían utilizado dos encuestas para evaluar la desigualdad en la distribución del ingreso al nivel nacional. La Encuesta Nacional de Consumo de Alimentos (ENCA) de 1971-72 analizada por Amat y León (1981) y la Encuesta Nacional de Niveles de Vida (ENNIV) de 1985-86, analizada por el INE (1988) y de Habich (1988). Al comparar el grado de concentración de los ingresos familiares entre estas dos encuestas se encuentra que el grado de concentración se habría mantenido según los estimados presentados por de Habich, e incluso que podría haber disminuido de acuerdo al INE. Los coeficientes Gini fueron de 0.55 para 1971-72, y de 0.54 para 1985-86 según de Habich y de 0.49 de acuerdo al INE.

Es decir, en los setentas habría habido una reducción de la desigualdad.

Es la conclusión a la que también llega el economista José Rodríguez :

Entre 1971-72 y 1985-86, asumiendo que la ENCA y la ENNIV son comparables, no existe evidencia de una mayor concentración. O se mantuvo constante o disminuyó.

Sin embargo, tanto Rodríguez como Verdera siguen a Richard Webb, quien recalca que las encuestas no pueden compararse, y por lo tanto “No sería posible sostener que la distribución en 1985-86 habría mejorado respecto a 1971-72.” Es decir, estos autores se alejan de afirmar con cuidado lo que indican los datos, una reducción de la desigualdad, como hizo Figueroa en el trabajo mencionado anteriormente (y la mayoría de autores), y optan por decir que no se puede decir nada, como pregona Webb.

En cambio, según Rodríguez sí habría habido una mejora distributiva a lo largo de los setentas en Lima Metropolitana.

9. Webb y Figueroa
En tiempo real la reducción de la pobreza y de la desigualdad de los setentas fue insuficiente para Webb y Figueroa (1975), pues, decían, la redistribución del ingreso producida por las reformas antioligárquicas sólo se daba dentro del sector más moderno y rico de la economía (de terratenientes a trabajadores rurales de haciendas modernas, de empresarios a trabajadores de industrias modernas), no así del sector moderno al sector tradicional que era y es el más pobre. Esto lo afirmaron en base a datos de 1971 y algunos datos de 1973, cuando las reformas recién se estaban ejecutando. No hicieron un trabajo de campo o se basaron en encuestas evaluativas (que aún no había). Simplemente dedujeron en base a algunas simulaciones de elaboración propia cuál sería el impacto distributivo de las reformas.

Es muy comprensible que en plan de negar la reducción de la pobreza y la desigualdad en los setentas Webb adopte un criterio rígido para este asunto y se esmere en desmerecer del todo algunas tendencias meridianamente discernibles. En un próximo post comentaré algo sobre el nada concluyente y muy apresurado y especulativo trabajo de Webb y Figueroa sobre la distribución del ingreso en el Perú de 1975. Fueron estos dos autores quienes contribuyeron a crear la imagen de que las reformas de los setentas tuvieron, si alguno, un impacto muy limitado en el país, y sin mucha evidencia llevaron agua al molino de la derecha más recalcitrante.

En los ochentas Webb se apuntó con la restauración belaundista mientras Figueroa fue crítico la misma. Después ambos se entusiasmaron con Alan García, quien les compró la idea de las “pirámides” de ingreso, que sirvió de sustento para los créditos chicha en la ciudad y el campo, que para nada superaron a las reformas de los setentas en aliviar la pobreza y mejorar la desigualdad.

Después Webb se apuntó con el “Consenso de Washington”, participando de su lanzamiento, mientras Figueroa se apuntó con Fujimori e intentó hacer un ajuste económico sin shock. Fujimori choteó a Figueroa para seguir los consejos de Carlos Rodriguez Pastor y luego Carlos Boloña.

En la actualidad Figueroa insiste en la necesidad de la redistribución, mientras Webb, desde la U . San Martín de Porres, vinculada a Alan García, es un apologista del actual modelo económico y un protector de un agresivo lobbista megaminero como es Miguel Santillana. El mismo Webb se prestó a formar parte del lobby de los notarios que se sintieron atacados por Hernando de Soto, ver Las ganancias de la formalización (con César Martinelli) y Webb-De Soto: ¿el firme vs el chanta?.

Webb dice que ahora, cuando se aplica un modelo neoliberal, sí hay un “despegue rural”, una revolución comunicativa y de ingresos en el sector rural (agrario y no agrario) peruano. Ahora sí habría una gran redistribución del sector moderno al sector tradicional, basada en las transferencias públicas vía educación, salud, caminos, etc.

Habrá ocasión de comentar también las falacias y trampas de ese trabajo, pero reflexionemos sobre un par de preguntas muy simples: si fuera cierto, ¿sería posible este “despegue” sin la eliminación del poder gamonal pre-velasquista? ¿Si siguieran mandando los señores de horca y cuchillo como los Romainville en La Convención o los Carrillo en La Mar? ¿Si la gente que hoy maneja combi y usa celular trabajara de pongo, yanacona o mitani de algún patrón como ocurría con sus abuelos y abuelas?

10. Algunas conclusiones
No hay ninguna sólida evidencia que sustente las temerarias y facilistas afirmaciones del discurso oligárquico, que las reformas de los setentas produjeran un empeoramiento de la pobreza en el Perú. El tema está muy manoseado por la necesidad ideológica de la oligarquía de legitimar y conservar el modelo que actualmente se ejecuta en el Perú. Es un cuco que se siembra en la mente de la ciudadanía peruana para asustarla e inculcarle resignación e impotencia. Que no exista el menor asomo de posibilidad de hacer algo diferente en el Perú, no sea que caigamos nuevamente en la hiperrecesión y la hiperinflación alanista o acaso en la insanía terrorista.

Es crucial comprender que tal discurso no tiene ni pies ni cabeza. No está basado en una lectura ciudadosa de la evidencia disponible. Está hecho en forma interesada con fines de manipulación ideológica, con el objetivo de que el poder de la oligarquía nunca sea cuestionado en el Perú. Ojalá que este post haya contribuído a esclarecer este asunto.

  1. Este discurso le debe mucho al fundador de Apoyo. Ver “¿En qué momento se jodió el Perú?” de Ortiz de Zevallos, Felipe. Debate; vol.8, nro.39. Lima 1986. []
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Por - Publicado el 16-01-2014

Hoy en día hasta los ex-velasquistas como Juan Paredes Castro de El Comercio, ver aquí, acusan a otros de velasquismo.

La realidad es que El Comercio apoyó el golpe de Velasco, e incluso participó en la conspiración que lo llevó a cabo (como lo contó el ex-embajador estadounidense Frank Ortiz, ver Velasco: el golpe que la embajada americana no impidió.

Algo similar ocurrió con la revista Caretas de Enrique Zileri Gibson, que, aunque con cierta cautela y una mínima crítica, apoyó diversas reformas velasquistas, como la reforma agraria, la expropiación de la IPC, la ley de minería, la ley de comunidad industrial, el control del tipo de cambio, etc.

Luego las cosas cambiaron, principalmente con la intervención por el gobierno de los medios de prensa. Entonces los dueños de los medios se opusieron en bloque a Velasco. Sin embargo, una cosa es que las cosas cambiaran y otra, muy diferente, es que se cambie la historia y se nieguen los hechos.

Hubo una época en que el país pedía cambios, reformas, redistribución del poder. Y estos cambios llegaron y tuvieron el apoyo de vastos sectores, incluso de los que hoy más niegan que reniegan de haberlos apoyado.

CaretasVelasquista0

Diciembre 1970 – Enero de 1971. Caretas celebrando la comunidad industrial.

CaretasVelasquista-Octubre1970-3

Octubre de 1970 Caretas celebrando el apoyo popular a Velasco.

Pueden verse los archivos completos en pdf (lamentablemente en esa época Caretas era de formato grande y no entra bien en el scanner):

CaretasVelasquista-Octubre1970a1

CaretasVelasquista-Octubre1970a2

CaretasVelasquista-Octubre1970b

CaretasVelasquistaDiciembre1970

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Por - Publicado el 13-01-2014

(o Adam Przeworski en los Andes y pampas, ver aquí)

  • Pacto social-demócrata en Europa: el sistema capitalista se legitima y logra consenso cuando al capitalista no le queda otra que renunciar a parte de la ganancia y concede aumentos de salarios a los trabajadores asalariados.
  • Pacto oligárquico-populista en América Latina: el sistema oligárquico primario-exportador se legitima y logra consenso cuando al oligarca no le queda otra que renunciar a parte de la renta extractiva a través de la imposición estatal (impuestos, canon, etc.) y concede recursos para la inversión y programas sociales de las personas pobres no asalariadas.

Bajo el esquema oligárquico como el que se aplica en el Perú este “pacto” ocurre sin una contraparte social organizada. Por el contrario, la oligarquía desincentiva la organización social y política de las mayorías a través de la estigmatización y represión. Bajo el esquema populista histórico, aplicado en Brasil, Argentina y México, este “pacto” ocurre con el líder populista organizando a los sectores ricos y pobres en una sola entidad.

Bajo el esquema oligárquico no se construye capitalismo, sino rentismo extractivo. Bajo el esquema populista se construye capitalismo.

El esquema populista es hijo antitético del esquema oligárquico, de su caída por un fin de ciclo de exportaciones y de la presión de las mayorías sociales. Ante bajos precios internacionales no queda otra que industrializar.

En la actualidad, hay algún tipo de “síntesis”. Antes la oligarquía no daba canon, ni el populismo incentivaba la exportación primaria. En la actualidad, se puede seguir un esquema oligárquico con programas sociales y se puede hacer populismo basado en expandir la renta extractiva.

Y también ambos esquemas son inherentemente inestables: en ambos, cual el viejo dilema del prisionero, los “pactantes” tienen claros incentivos para almorzarse a su contraparte. La cosa es si pueden.

[Este post salió antes en Facebook, aquí.]

przeworski
Adam Przeworski. El presente post está inspirado en su teorización aplicada a la dinámica del consenso en una economía capitalista y en la relación capital-tabajo. Sin embargo, varias de las economías de América Latina, en particular la economía peruana, se basan en la renta extractiva y en bajas tasas de salarización.
Imagen tomada de aquí, una interesante entrevista en la Argentina, en que dice cosas que los politólogos domésticos levitskistas no suelen decir:

En el prefacio de su último libro usted afirma que sin salarios decentes y sin ciertos niveles de educación mínima, la democracia no es posible. ¿Cuán extendido cree que está el fenómeno de las democracias sin ciudadanías efectivas?

Yo creo que es un fenómeno que nació en varios países con el sufragio universal. Antes de su implementación primaba la idea de que solamente podían votar los ciudadanos que eran capaces de ejercer sus derechos. Con el sufragio universal, ciudadanos que no estaban en condiciones de ejercer sus derechos entraron a la política. Cuando volvió la democracia en América Latina y en Europa del Este en los años 80, había mucho de esto y todavía existe. Sin embargo, creo que con el desarrollo de la democracia y el crecimiento político la situación mejoró considerablemente. La mayor paradoja se da en los Estados Unidos, un país que tiene instituciones representativas hace 200 años pero en el que casi la mitad de su ciudadanía no vota, posee el grado más elevado de desigualdad, la mayor población carcelaria y la mayor penetración abierta del dinero en la política de todo el mundo desarrollado.

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Por - Publicado el 11-01-2014

Informe al congreso de los EEUU, aquí. El crecimiento del Perú se asienta en la exportación de recursos naturales. Con ellos se financian programas sociales que ayudan a reducir la pobreza. Sin embargo, ésta continúa muy alta, 60% en zonas rurales, lo que impulsa las protestas sociales.

A este nivel (información para la toma de decisiones de los congresistas estadounidenses) el panorama está claro. No hay demagogia ni propaganda. No se niega que estamos ante un modelo primario exportador como niega Garrido K. No se discursea sobre una gran reducción de la pobreza en zonas rurales como hace Webb, ni del gran crecimiento de la clase media como hace Arellano, ni se minimiza los conflictos sociales como hace Tanaka. La situación del Perú está lejos de ser estable.

En el Perú podría haber políticas “más radicales”, pero éstas son bloqueadas por un fuerte sector empresarial, una élite rica y conservadora, una clase media centrista y un congreso dividido.

El informe es de junio de 2013. Cuando la derecha estaba acusando a Humala de “chavismo” por lo de Petroperú, en EEUU no le daban mucha importancia al asunto y seguían simpatizando con las políticas de Humala.

“Since 2001 Peru’s economy has been stronger than all others in the region, with its growth due mostly to the export of natural resources. High economic growth, along with social programs, has helped to lower Peru’s overall poverty rates. Nonetheless, in some jungle, mountain, and rural areas of the country, over 60% of the population continue to live in poverty. The income distribution gap remains quite large as well. This economic disparity has contributed to rising social unrest. President Humala submitted, and the legislature approved, a bill increasing royalties mining companies must pay. The government estimates the royalties will generate about US$1 billion a year, which it will use to finance social development programs intended to narrow both the social divide and the economic distribution gap.”

“Forces that resist more radical policies include a strong
business sector; a conservative, wealthy elite; a centrist middle class; and a divided Congress. If communities in conflict believe that the Humala administration is ignoring the prior consultation law, those divides may deepen.”

Peru in Brief: Political and Economic Conditions and Relations with the United States
Maureen Taft-Morales
Specialist in Latin American Affairs
June 7, 2013

[Post aparecido antes en FB, aquí]

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Por - Publicado el 02-01-2014

1. Plagio
El artículo La ruptura chino – soviética firmado por Antonio Zapata publicado ayer en La República es un plagio volteado del artículo Ni Pekín ni Moscú: un solo comunismo para el Perú. A medio siglo de la ruptura chino soviética de Ernesto Toledo Brückmann.

Ernesto Toledo:

“En 1960 la URSS retiró a sus técnicos y asesores que trabajaban en China en cooperación internacional. China acusó a los asesores de espías. Jruschov calificó a Mao de irresponsable al supuestamente no querer entender que el planeta estaba dividido en dos campos, cada uno de los cuales estaba armado con un arsenal nuclear capaz de destruir el mundo. Por ello, era necesario encontrar alguna forma de colaboración con Occidente que evite una conflagración mortal.”

Antonio Zapata:

“En 1960 la URSS retiró a sus técnicos que trabajaban en China, mientras que Mao sostuvo que eran espías y que felizmente se iban de regreso a su país. Jruschov replicó que los chinos no entendían que el planeta estaba dividido en dos campos, cada uno de los cuales estaba armado con un arsenal nuclear capaz de destruir el mundo. Por ello, era necesario encontrar alguna forma de colaboración con Occidente que evite una conflagración mortal. Esa fórmula era la coexistencia pacífica y, según el PCUS, los chinos la rechazaban con irresponsabilidad.”

Ernesto Toledo:

“A partir de ese año empezaron a dividirse los partidos comunistas del mundo entero; los partidarios de Moscú expulsaban a los simpatizantes de Pekín o viceversa. La ruptura estaba consumada en 1963 y para 1964 Jruschov fue defenestrado por la nueva cúpula soviética. Con la división del Movimiento Comunista Internacional se concretó el factor de mayor debilidad del comunismo en el curso de la Guerra Fría.”

Antonio Zapata:

“Entonces empezaron a dividirse los partidos comunistas del mundo entero. Los partidarios de Moscú expulsaban a los simpatizantes de Beijing o viceversa. La ruptura terminó de consumarse comenzando 1964, cincuenta años atrás, cuando los comunistas peruanos también se dividieron.”

Ernesto Toledo:

“China rechazaba las duras críticas que Jruschov hacía del desaparecido Stalin y se sentía fastidiada por el hecho que la URSS cobrase por el material de guerra que le había proporcionado durante la guerra de Corea. Le parecía que la URSS no actuaba pensando en el comunismo mundial, que se negaba a entregarle armas nucleares y que actuaba aplicando acuerdos subterráneos con EEUU para evitar la proliferación atómica. Estas tensiones se agravaban al punto de generar esporádicos conflictos limítrofes.”

Antonio Zapata:

“Mao pensaba que la ayuda soviética era insuficiente. Durante la guerra de Corea, Rusia incluso había cobrado el material de guerra que China había empleado para enfrentar a EE.UU. Asimismo, la URSS no había entregado armas nucleares a China, puesto que aplicaba acuerdos con EE.UU. para evitar la proliferación atómica. Por su parte, una larga frontera de miles de kilómetros daba ocasión para disputas limítrofes entre los gigantes comunistas.”

Debo a Andre Ventocilla señalarme la fuente de la “inspiración” de Zapata, en este comentario en Facebook.

2. Mucho mejor es el artículo original
Ya analizando el contenido, a diferencia del artículo fusilado por Zapata, el artículo original de Ernesto Toledo Brückmann sí tiene un balance histórico y autocrítico:

“Como fuera, ya no es tiempo de satélites, “socialimperialismos”, ni “sección peruana” de nadie; nuestras particularidades y los problemas propios del siglo XXI nos hacen poner los pies sobre la tierra, recurrir al marxismo como método para comprender y transformar la sociedad, e identificarnos como comunistas que seguimos los dictados de un solo dirigente: el Perú.”

En cambio el artículo de Zapata va por otro lado.

3. Metiendo cizaña en la izquierda
Antes de percatarme de la deshonestidad intelectual del columnista de La República escribí un comentario crítico a su artículo, aquí, que va a continuación:

Un artículo godoyesco, sin profundidad, lleno de lugares comunes, mañosamente reavivando anacrónicas cizañas en un momento en que la izquierda requiere de unidad, sin balance histórico, que es lo que se supone debería hacer un (buen) historiador.

Tres puntos:

1. En realidad las diferencias entre “prosoviéticos” y “prochinos” en el PC (Partido Comunista) no eran tan insalvables como se sostenía y se sigue sosteniendo. Era un problema de poder, de gerontocracia, de prácticas autoritarias, y de apoyo internacional. Lo disfrazaron y dignificaron poniéndolo como discrepancias ideológicas, al amparo de la proactiva política internacional china y soviética. Finalmente había mucho más en común que de diferente entre ambos sectores, como que varias décadas después se volvieron a juntar. El historiador francés Axel Ranque ha investigado el asunto.1

El PC ya había tenido varias divisiones a lo largo de su historia antes de su división de 1964. La vieja guardia encarcelada chocó más de una vez con la gente más joven. Jorge Del Prado fue prácticamente expulsado por el Comité Regional de Lima, dirigido en parte por Isaac Humala (abogado de sindicatos que rochosamente se voltearía y se convertiría en abogado de la patronal), y se tuvo que establecer en su natal Arequipa. Igualmente, gente como Javier Heraud, Guillermo Lobatón o Héctor Béjar se alejaron del PC antes de la ruptura chino-soviética.

Como diría Mao Tse Tung, las condiciones externas (ruptura chino-soviética) actuaron a través de las internas (contradicciones internas del PC).

2. Se exagera las divisiones en los PCs en el mundo (y no es casual que quien lo haga sea un ex-izquierdista anti-PC derechizado). En realidad, y veamos la evidencia, el Perú fue uno de los pocos países en que el maoísmo tuvo alguna importancia, con Colombia más. En ningún país de América Latina, por ejemplo, hubo una gran división como en el Perú. Menos en Europa en que los PCs eran algo menos seguidistas que en el Perú. El Perú presenta la singularidad histórica de ser el país en que el maoísmo ha tenido una gran influencia. A ver qué algún historiador la explique.

3. “Así, la causa última de la derrota del comunismo fue su incapacidad para mantenerse unido después de Stalin. Los rusos no toleraron la aparición de un nuevo disco solar en su horizonte.”

Nada que ver, pues. El “comunismo” cayó por sus contradicciones internas, señaladas pioneramente por Trotsky en “La revolución traicionada” (que Zapata como ex-trotskista no ignora), como posteriormente por diversos economistas que dieron base intelectual al neoliberalismo. No fue por la desunión internacional.2

China bajo Teng Hsiao Ping hizo algo más que una alianza con los EEUU; dio un viraje pro-capitalista. Esa fue la verdadera “división”, el abandono del modelo “comunista” por uno autoritario con grandes inversiones extranjeras. La Unión Soviética no se vio debilitada para nada por este viraje chino. En los 80s su crisis, como la de los países de Europa Central y del Este, fue básicamente interna. Fue el reclamo de apertura política, el ya inocultable atraso económico, los conflictos étnicos y nacionales reprimidos hasta entonces. Motivo de un análisis aparte.

La división de la izquierda peruana, en cambio, sí tuvo y tiene un efecto devastador y sí contribuyó a la instauración del neoliberalismo en el Perú. “Divide y vencerás” es desde siempre la regla de oro de la dominación. Así fue como Pizarro se impuso. Para el opresor es crucial meter cizaña y exacerbar la división de las fuerzas contestatarias.

  1. Ver el artículo de Axel Ranque afortunadamente en línea (en francés), aquí.

    A partir de la polémica ideológica chino-soviética los de la “vieja guardia” del PCP pasan a ser “los revisionistas criollos”. Se usa la ruptura internacional para legitimar una diferenciación interna.

    Y este artículo y este comentario del sociólogo Ricardo Caro []

  2. * A pesar de las agrias discrepancias, la Unión Soviética y China se unieron para apoyar a Vietnam en su lucha contra los EEUU a finales de los 60s. Le impusieron una gran derrota a los EEUU. En cambio, en América Latina, China aún bajo Mao fue uno de los primeros países en reconocer al gobierno de Pinochet en 1973 (e incluso habría apoyado a Chile en caso de guerra con el Perú en 1975). Si la Unión Soviética apoyaba a la Argentina videlista, China apoyaba al Chile pinochetista. []
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Por - Publicado el 30-12-2013

SanMartinBolivarBolívar no entró en vainas. Tuvo claro que tenía que derrotar al realismo afincado en Lima. Luchó frontalmente contra los realistas y los derrotó en varias batallas.

San Martín, en cambio, entendió que Lima era un bastión realista, que no estaba por la causa patriota. Por eso propuso que la entidad gobernada por Lima fuera una monarquía. El antirealista San Martín era un “realista” político. ¿Pero cuán realista era un Perú monárquico e independiente a la vez? No suena a que esta estrategia continuista resolviera la cuadratura del círculo de lograr un cambio que la élite limeña no quería, a diferencia de la élite caraqueña o porteña argentina.

En 2006 Humala (y Chávez) siguieron la estrategia de Bolívar. Se fueron con todo contra el poder afincado en Lima. Fue una lucha frontal. No les funcionó. En tiempos de Bolívar no había una embajada de los EEUU que manejara los recursos y la red local que hoy maneja.

En 2011 Humala (¿y Castro?) parece que siguieron la estrategia de San Martín1. Entendieron o creyeron que no había condiciones para derrotar frontalmente al bastión oligárquico limeño más la embajada. En forma “realista” cedieron y dejaron que el Perú siga políticas continuistas, gobernado por un monarca fáctico oligárquico, acaso con la esperanza de hacer cambios pequeños y clave ahora y que con el tiempo las cartas se barajen de nuevo, venga una mejor mano y se puedan hacer cambios mayores. La vieja estrategia de ceder espacio para ganar tiempo.

El problema es que tanto la oligarquía como la embajada desconfían de Humala. Por un relanzamiento de Petroperú se imaginan un autogolpe de estado. Cualquier pequeña desviación de su libreto es una fisura en su férreo sistema de gobierno. Cualquier cambio clave en el aparato estatal es causal de guerra total. El espacio cedido es insuficiente y no hay nada de tiempo a cambio. Ahora se habla abiertamente de golpe de estado, pero impulsado por la ultraderecha. ¿Quién vencerá a quién?

Todas estas estrategias se basan en el juego de cintura, en la política en la alturas y no en la movilización ciudadana. El destino del Perú no debería estar a cargo de ningún Bolívar, San Martín, Chávez, Castro ni la embajada de los Estados Unidos, sino a cargo de la propia ciudadanía peruana. Se sigue bajo la concepción velasquista de hacer cambios desde arriba para los de abajo, que ya demostró su fracaso. Concepción que por supuesto continúa el manejo oligárquico y vertical del país y empata perfectamente con el control tecnocrático de éste desde algunas embajadas y agencias multilaterales. Paradójicamente el manejo desde arriba no es lo que se ve en Venezuela, Bolivia o Ecuador, donde la movilización popular es indispensable para la gobernabilidad con cambios sociales. En el Perú tenemos una seguidilla de gobiernos pseudo-benefactores, no de gobiernos de arraigo popular. A diferencia de los intentos de golpe en Venezuela, Bolivia y Ecuador, la gente no va a sentir que tenga nada que defender si hay alguna intentona contra el gobierno de Humala. Para lo que está haciendo, la oligarquía no lo necesita. Y el pueblo tampoco.

[Esta es una versión corregida de este post aparecido en el muro Facebook del Gran Combo Club. Imagen tomada de aquí.]

  1. Ver La hipótesis de la derechización táctica de Humala []
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Por - Publicado el 28-12-2013

[Post publicado ayer en la página Facebook del Gran Combo Club, aquí]

Avanza el pensamiento facho: Bullard pasa de basarse en Robert Nozick a basarse en Dante Bobadilla.

Qué justicia social ni qué justicia social, envidia cochina.

¡Bravo!

¡Un, dos, tres, Bullard otra vez! ¡Tres, dos, uno, como Bullard no hay ninguno!

“El concepto de justicia social (sea lo que quiera decir) parece vincularse más a la envidia y al concepto igualitario. La igualdad debe generarse porque quien tiene algo genera la envidia de quienes no lo tienen. La justicia socialista tendría ese origen emocional. La reacción, muchas veces virulenta, para alcanzar la llamada justicia social se explicaría por ese sentimiento. La envidia acompañaría una justicia como la que propuso Chávez en Venezuela, mientras que la ira acompañaría la justicia de atrapar al ladrón que huye con nuestra cartera luego de arrancharla.”
Entre la ira y la envidia Por Alfredo Bullard. Publicado en El Comercio el 14 de diciembre de 2013

Ya que él habla de monos, yo hablaré de ardillas. Cuando les doy de comer a éstas, siempre hay alguna que es más fuerte y que no le gusta que las otras reciban comida. La más fuerte agrede a todas las otras y acaba siendo la única que come. La envidia parece estar en esta ardilla fuerte que no soporta que las otras reiciban alguito. (Así tal vez son algunos de los ideologos de los ricos del Perú, que no soportan que los pobres tengan aunque sea alguito de educación, salud, etc. Hablan del dinero público como si fuera “su plata”).

Los seres humanos tendemos a ser algo más civilizados que estos animalitos y tenemos sentimientos de solidaridad y empatía más desarrollados1 Aunque no falte quien diga que ahuyentar a las otras ardillas es un esfuerzo que hace merecedor a comer más, a la mayoría de seguro que no nos parece justo que sólo una ardilla coma y las otras no. Tratamos de darles a todas. Y tratamos de vivir en sociedades más justas.

  1. Aunque a veces, como diría Roberto Carlos, uno quisiera ser tan civilizado como los animales. []
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Por - Publicado el 27-12-2013

[Los editoriales de El Comercio no tienen desperdicio. Son de una combinación de facilismo argumentativo con una gran rigidez intelectual. Mucho dogmatismo neoliberal que ya cae en la ridiculez. Como señalo en uno de los posts de abajo:

con estos editoriales, ejercicios de solfeo de gastadas partituras neoliberales, El Comercio parece estar ahora liderado por una sarta de niñatos sin visión política, tipo los de la cuatrinca de Willax, que no llegan ni a empatarle a las columnas de Juan Paredes Castro. Una reedición de los hiperideologizados “jóvenes turcos” que contribuyeron al fracaso de Vargas Llosa.

En este último mes del año los he comentado en la página facebook del Gran Combo Club. Aquí van los posts que he escrito al respecto.]

25 de diciembre de 2013, Post Facebook
Desde luego que los editorialistas de El Comercio no van a celebrar la más mínima reflexión espiritual que cuestione el consumismo.

No les gusta que se hable de consumismo cuando se hacen reflexiones espirituales por la navidad. Cuestionar el consumo no esencial, el despilfarro y la frivolidad para intentar revalorar el aspecto espiritual (una reflexión que comparten todas las religiones como cualquier pensamiento ético no religioso) es distorsión, demagogia, discurso político. Mal el curita del barrio que reflexiona contra el consumismo. Mal todos los que lo hagan.

Desde luego que esta es una posición que le conviene a los empresarios, que para nada quisieran que los consumidores se cuestionen lo que consumen (si es no esencial, si daña al medio ambiente, si no es reciclable, si hace daño a la salud, etc.). Les aterra el pensamiento crítico a favor de los consumidores.

“no faltan quien intenta aprovechar estas ciertas y oportunas reflexiones espirituales para distorsionarlas y transformarlas en discursos políticos. Personas que quieren convencernos de que el consumo en general (y en cualquier época) es frívolo, de que él nos ha transformado en una sociedad egoísta y despilfarradora, y de que todo tiempo pasado fue mejor. ”

“El consumo de hogares, de hecho, es una de las principales razones por las que el Perú de hoy es más próspero que el de hace unas décadas. Él es el principal motor del crecimiento del país, habiendo sido responsable de casi el 60% del PBI el 2012. Él, en buena cuenta, viene permitiendo la formación de una pujante clase media que cada vez tiene más oportunidades y que progresivamente nos aleja del subdesarrollo.”

“descalificar a una sociedad tachándola de “consumista” suele ser demagógico. El consumo no es malo en sí mismo y, más bien, puede traer mucho bienestar a la sociedad. Por esto, en esta fecha, deseamos que cada peruano pueda, dentro de su corazón, rescatar el mensaje de amor que trae la Navidad, aquel que se ha venido diluyendo en los últimos tiempos. Pero, a la vez, pedimos por que en el Perú sea posible tener cada vez más consumo.” (Editorial) El regalo del consumo

24 de diciembre de 2013, Post Facebook
Otro pueril editorial de El Comercio.

China exporta prendas de vestir a precios predatorios, de dumping. Esas no son condiciones de competencia limpia con los industriales peruanos. Ante eso es lógico que el Perú, como hacen otros paises comenzando por los Estados Unidos recupere la competencia limpia mediante un arancel o algún otro pago de derechos por los exportadores chinos. Pero a El Comercio, vinculado a intereses primario-exportadores, le importa un olluco que la industria peruana sea depredada. En su defensa de los megamineros, los Graña Miró Quesada vienen a anunciar plagas de Egipto por esta medida. Dicen que China, por lo demás una economía totalmente estatista con las que no simpatiza El Comercio, respondería con alguna medida contra las exportaciones primarias, mineras principalmente. Que un arancel antidumping “será muy mal visto por la comunidad internacional”.

Lo más irónico es que acusan a los industriales de “mercantilistas” (léase prebendarios. El mercantilismo es otra cosa: es la creencia que exportar más de lo que se importa es sinónimo de mayor bienestar), cuando los prebendarios son ellos, unos lobbistas mediáticos desembozados a favor de los empresarios primario-exportadores.

“La decisión de la comisión (que ni siquiera ha sido unánime y que para colmo ha sido calificada de poco técnica por varios expertos) además tiene el potencial de causar un grave daño a nuestro comercio internacional. China, en respuesta a la medida peruana, podría poner trabas a nuestras exportaciones y retirar sus fondos de cooperación. Incluso, si este incidente le hace sentir que el Perú no es un socio comercial confiable, podría reconsiderar proseguir con sus inversiones en el país, las cuales son de enorme relevancia, especialmente en los campos de la minería y la infraestructura. Todo ello sin contar que un precedente así será muy mal visto por la comunidad internacional.”
(Editorial) Peritonitis

21 de diciembre de 2013, Post Facebook
Dos décadas de recortes de derechos laborales y la informalidad sigue a un nivel alto, 68%. El Comercio cree que los recortes laborales no han sido suficientes e insiste con que el Perú es un país donde prima la rigidez laboral. Los neoliberales han hecho de la informalidad su excusa para justificar las políticas anti-laborales. Es la típica: el gran empresario utiliza al “informal” contra el trabajador formal. Para abusar de éste no reconociéndole derechos, para socavar su acción colectiva exaltando la acción individual empresarial, para legitimar su discurso ideológico.

Veamos.

1. El Reporte Global de la Competitivdad reporta al Perú en el puesto 129 en 2013-4 (y 107 en 2012-3) en facilidad para contratar y despedir trabajdores, no en el puesto 104 como dice El Comercio. Sin embargo, ese mismo reporte ubica al Perú en el puesto 53 en flexibilidad de determinación de salarios y 51 en costos de despido. El Comercio oculta esta información que contradice su discurso.

2. Que el “especialista” Jorge Toyama, un abogado patronal de grandes empresas, “considere que nuestro régimen laboral es uno de los más rígidos de la región (que es a su vez, de las más proteccionistas del mundo)” es literalmente la voz del patrón. Dos décadas de recortes de derechos laborales y siguen repitiendo la misma cantaleta. Nunca les es suficiente.

3. “los costos no salariales del empleo representan en el país el equivalente al 64% del sueldo”. OK, ¿qué quieren eliminar de ahí? ¿Las vacaciones? ¿Las gratificaciones? ¿La CTS? ¿Las contribuciones a las AFPs? Supongamos que eliminan todo y se logra ese mundo ideal neoliberal en que los costos no salariales sean cero. ¿Cuál sería la diferencia entre ese régimen y el que ahora tienen los trabajadores informales, sin seguridad laboral, sinproteccion laboral, sin pensiones, sin derechos?

El discurso neoliberal dice que se preocupa por el trabajador informal, pero en realidad lo instrumentaliza. Su camino para supuestamente beneficiar al trabajador informal es quitarle los derechos al trabajador formal. El informal entraría en una formalidad que sería muy parecida a la informalidad. Una promesa que no se ha cumplido en casi década y media de neoliberalismo bananero.

*****

El Comercio:

“En el “Panorama laboral 2013” que presentó esta semana la OIT se lee que el Perú es el país donde más bajará el desempleo urbano en América Latina. Al mismo tiempo, sin embargo, el estudio resalta que el 68% de la población empleada peruana trabaja en la informalidad: no goza de seguridad social, no aporta a un sistema de pensiones y no tiene, en general, las protecciones propias de la ley laboral.

Para al menos una parte de nuestra izquierda, este persistente problema parece estarse volviendo en el argumento-salvavidas para atacar el modelo económico de mercado (más o menos) libre que nos ha venido rigiendo en las últimas décadas. ”

” el argumento se vuelve como un bumerán contra la propia izquierda. Después de todo, las regulaciones laborales que nosotros tenemos son todo menos liberales. Según el Reporte Global de Competitividad, ocupamos el puesto 104 de 144 países en facilidad para contratar y despedir trabajadores. Lo que ayuda a explicar que el especialista Jorge Tomaya considere que nuestro régimen laboral es uno de los más rígidos de la región (que es a su vez, de las más proteccionistas del mundo). Por otra parte, los costos no salariales del empleo representan en el país el equivalente al 64% del sueldo. Y todo el peso de estar bajo los radares laborales estatales solo se ha agravado con la creación de la Sunafil y sus bastante discrecionales poderes para imponer multas draconianas.”
(Editorial) El bumerán

El “Panorama laboral 2013” de la OIT: aquí.

El “Reporte Global de la Competitividad” de 2013-4: aquí.

17 de diciembre 2013, Post Facebook
Cantinfladas de El Comercio explicando que la manera correcta de ver el vaso es que éste “podría estar completamente lleno”.

“Cuando el gobierno recibe este tipo de críticas, suele responder pidiendo que no nos concentremos tanto en lo pendiente, sino en lo avanzado, tomando en cuenta que seguimos siendo uno de los países que más crece en la región. Suele pedir, en otras palabras, que veamos el vaso medio lleno en vez de medio vacío. En nuestra opinión, sin embargo, de lo que se trata es de ser consciente de que, si se hiciesen bien las cosas, el vaso podría estar completamente lleno.” (Editorial) El significado de un 1%

14 de diciembre de 2013, Post Facebook
El Comercio no tiene suficiente con que Humala lance una reforma privatizadora de la salud.

Si Humala dice demagógicamente “la salud no es un negocio”, ahí mismo El Comercio tiene que saltar a justificar paporretera y talibanamente que la salud sí es un negocio.

Aquí los mensajes de fondo están entre líneas.

Obviamente que siguen desconfiando de Humala. Si “la salud no es un negocio” lo hubiera dicho Fujimori, Bedoya, García, Vargas Llosa o cualquier otro derechista, quedaría entendido que es un discurso para las galerías de un convencido privatizdor. Como es Humala los delegados de los Miró Quesada Graña tienen que salirle al frente (y hasta meterse con su familia). La marcación es dura. (Ensimismados en su coyuntural posición de poder, sin ninguna sabiduría o aprendizaje histórico, esta familia oligárquica establece un estándar de lucha política que antes ya los perjudicó, y acaso los perjudique en el futuro).

Por otro lado, con estos editoriales, ejercicios de solfeo de gastadas partituras neoliberales, El Comercio parece estar ahora liderado por una sarta de niñatos sin visión política, tipo los de la cuatrinca de Willax, que no llegan ni a empatarle a las columnas de Juan Paredes Castro. Una reedición de los hiperideologizados “jóvenes turcos” que contribuyeron al fracaso de Vargas Llosa. Normal que sigan así.

“Aparentemente, en algún nivel, el presidente cree que un negocio y un buen servicio son incompatibles. O, en todo caso, que al menos los servicios que están directamente relacionados con el bienestar de las personas y los negocios son incompatibles. Aunque, como decimos, esto parece ser solo en algún nivel. Después de todo, su propia familia nuclear se atiende en clínicas-negocio cuando tiene un problema de salud –sin ir más lejos, todos recordamos las imágenes del presidente visitando a la primera dama en la clínica Angloamericana luego de que ella viviese un choque automovilístico–. Y sus hijos (al menos el último nació en una clínica-negocio) se educan también en centros privados.”

“El gobierno del presidente Humala, en suma, acaba de plantear una reforma de la salud innovadora y bien encaminada, que merece y tiene buenas posibilidades de prosperar. Bien haría, pues, el presidente en subirse al barco. Al fin y al cabo, es suyo.” (Editorial) Negocios saludables

8 de diciembre de 2013, Post Facebook
Argumentos primarios de los exportadores primarios

O El Comercio y su lobby anti-industrial.

Ahora dice, basado en el IPE del cual Fritz Lo Bois fuera director, que más valor agrega la minería que la industria.

Si uno compra una computadora, una cocina o una refrigeradora, ¿la mayor parte del precio es el mineral que estos productos contienen?

Si alguien compra una joya de oro, ¿la mayor parte del precio es el mineral o diseño y el trabajo del artista?

Si alguien compra ropa, ¿la mayor parte del precio es el algodón que la ropa contiene?

El IPE es especialista en torcer las estadísticas para justificar sus propios negocios vinculados a los exportadores primarios.

Además, si el mineral en el cerro no vale nada, así el concentrado de cobre cueste 1 centavo, el aumento de valor agregado será infinito=1/0, comparado con cualquier incremento posterior en la cadena de agregación de valor.

En un mundo en que los países se esfuerzan por avanzar en la cadena de agregación de valor mediante la tecnificación de sus pueblos, la oligarquía más reaccionaria de América Latina nos viene a decir que el modelo de desarrollo es la extracción tipo Potosí o Huancavelica, al estilo de la colonia, modelo que históricamente no sólo no ha generado progreso, sino que ha generado atraso. No han aprendido nada en siglos de dominar a la población peruana.

“Hace poco, la ONG Lampadia publicó una entrevista a Miguel Palomino del Instituto Peruano de Economía que mostró lo falaz de estas creencias con un dato sencillo: el mineral extraído y listo para venderse como concentrado vale muchísimas veces más que el mineral enterrado en la tierra, pero convertir luego este mismo mineral en una plancha de cobre o en alambre no aumenta su valor ni siquiera en un 10%. ¿No es este un ejemplo concreto de que hay oportunidades en que las actividades extractivas modernas pueden agregar más valor que las industriales? ¿Y no es una muestra de que es solo un muy extendido prejuicio el que nos alecciona sobre la necesidad de “transformar” el mineral en el país para “generar valor agregado”?” (Editorial) El discreto encanto de las chimeneas

Lampadia (una suerte de Altavoz de mayores), medio dirigido por derechistas mediáticos (Althaus, Baella, Ponce, Bustamante, Webb, etc.) entrevista al actual director del IPE, aquí:

“El incremento del valor del concentrado de cobre a este refinado es, dependiendo de como estén los tiempos, de entre diez y 15 centavos de dólar, sobre un precio de tres dólares y pico por el concentrado. Entonces no es ni 5% de incremento. Y si yo, además, a este cobre que ya lo he fundido y lo he refinado, lo convirtiera en alambre de cobre para darle un procesamiento manufacturero adicional, le agrego otro tres o cuatro por ciento más. Entonces, el valor más grande, como lo demuestra el mercado, está en la actividad minera misma. Las demás actividades agregan más valor, por eso también son buenas, pero la actividad que más valor agrega, largamente, es la actividad minera.”

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