Por - Publicado el 03-02-2006

Se acaba de aprobar la libre desafiliación de la AFPs. Esta consistiría en:

La desafiliación
  • Los asegurados mayores de 40 años incorporados al SPP podrán afiliarse o reafiliarse al SNP (DL 19990), que administra la ONP, en cualquier momento.
  • La AFP en la que se encuentre inscrito el trabajador deberá transferir a la ONP los aportes realizados más los intereses generados.
  • De ser el caso, deberá transferir también el valor del bono de reconocimiento en 10 días.
  • Los aportes voluntarios y los intereses generados serán devueltos al asegurado.
  • Los trabajadores abonarán la diferencia existente en el monto de los aportes, sin ningún tipo de recargos, moras, multas, ni intereses, por parte de la ONP.
  • Si el asegurado está en la AFP como facultativo o está inscrito en este sistema pero no realiza aportes, la deuda la cancelará directamente con las facilidades que le otorgue la ONP.
  • La ONP establecerá, previamente, a solicitud de parte, en 15 días, el monto adeudado al SNP por cambio de sistema.
  • La ONP deberá conceder, en todos los casos, facilidades de pago.
  • Los intereses generados en las cuentas individuales en las AFP y los aportes voluntarios servirán para compensar la deuda que tenga el asegurado con el SNP.

FUENTE: Proyecto aprobado por el Congreso.
Tomado de Perú21.

La reacción del primer ministro Kucynski y del ministro de economía Zavala no se ha hecho esperar. Nos dan algunas cifras:

Cifras
  • 2,700 millones de dólares es el costo fiscal de la libre desafiliación de las AFP.
  • 200 mil trabajadores volverían al SNP.
  • 143 millones de soles costaría al Fisco en el primer año. La cifra iría subiendo.
  • 6,500 millones de soles anuales del presupuesto son destinados al pago de pensiones de la 20530 y de la 19990.

FUENTE: MEF.
Tomado de Perú21.

Y ante el posible hecho consumado proponen:

Zavala reiteró que se propondrá observar la ley
MEF propondrá que se cree comisión que evalúe casos de libre desafiliación
03 feb (Peru21.com) El ministro de Economía, Fernando Zavala, afirmó esta mañana que le propondrá al presidente Alejandro Toledo la conformación de una comisión que evalúe casos específicos de nulidad de afiliación a las AFP.

Así están las cosas. Las comentarios al respecto tampoco se han hecho esperar

Como se va a necesitar, como mínimo, unos US$50 millones anuales para solventar esta salida y este Congreso nos cuesta alrededor de US$100 millones al año, pues sencillamente que el MEF le recorte la mitad de su presupuesto para que ese dinero se destine a las pensiones. También se podría crear un impuesto que se dedique sólo a ese fin, el cual debería ser bautizado como el “tributo Dora Núñez”, para que nos acordemos de ella cada vez que lo paguemos (y ayer han cometido también la irresponsabilidad de sacar al SNIP del ámbito del MEF).
En fin, el MEF tiene mucho de culpa en esto, pues efectivamente existían los casos de unas 15 mil personas muy afectadas por el cambio previsional y que deberían ser atendidas. Hace rato que ese problema debió haber sido solucionado, en lugar de optar por la política del avestruz. Ahora no van a ser 15 mil los que se pueden pasar, sino hasta 200 mil, porque, entre la desinformación y la demagogia, podría haber un efecto estampida.
Y, desgraciadamente, la palabra de las AFP vale muy poco ante la opinión pública desde que nos pasearon a todos con ese cuento de que “las comisiones no podían bajar” (¿no se acuerdan de Jaime Cáceres y Eduardo Morón declarando siempre al respecto?), hasta que entró Prima a competir y las bajaron calladitos.

Aldo Mariátegui. El Congreso y sus Matemáticas. Diario Correo, 3/02/2006

También leemos:

Se habría evitado toda la discusión de la libre desafiliación si hace diez años –cuando las AFP llegaron al Perú– el Estado hubiese informado a los pensionistas que percibían pocos ingresos y estaban cercanos a la jubilación, de que de pasarse al Sistema Privado percibirían una baja pensión.

Para Gamero el costo fiscal de US$ 2,710 millones que señala el MEF es alarmante y muy grande, y solo se podría dar en un “caso extremo”.
(…)

REFUERZO. Según Gamero, la presión tributaria y el crecimiento económico de los últimos años, podría reforzar los recursos para pagar a los afiliados que se trasladen al SNP.

ORDEN. Otra solución es tener una comisión que analice a las personas que opten por el SNP, las cuales tendrían que cumplir ciertos requisitos para que el traslado sea justo y ordenado.

La República. Economía. 03/02/2006

Bueno, algunos comentarios al respecto:

  • Abrir la posibilidad de que el afiliado (mayor de cuarenta años) regrese o ingrese al sistema público es como añadir una gran AFP privilegiada. Las AFPs no tendrían por qué quedarse inmóviles ante este cambio. Esperaríamos que reaccionen ofreciendo incentivos a sus afiliados, opción que obviamente no les gusta. No todos los afiliados se van retirar en masa de las AFPs. En todo caso, eso ocurrirá si las AFPs no hacen nada por retener a nadie. Por lo tanto, el costo fiscal de esta medida está por verse.
  • Más aún, con la tranquilidad de la libre desafiliación, un contribuyente al sistema público podrá pasarse al sistema privado, sabiendo que puede volver. Este efecto dependerá de los incentivos que den las AFPs a sus afiliados.
  • Lo real es que se abren las puertas para una mayor competencia en el sector, que
    hasta ahora contaba con una clientela cautiva, obligada a recurrir a las AFPs. Éstas tendrán que dinamizarse y dejar de lado la política de colusión que hemos venido constatando.
  • Se ha estado diciendo cosas como que el sistema privado de pensiones es competitivo o, más sofisticado aún, “contestable”. Todo menos que sea un sector oligopólico con alta colusión. Efectivamente, la entrada de una sola AFP ha roto este mito.
  • Los argumentos económicos para nada cuestionan abiertamente la libertad del afiliado de elegir en qué sector quiere estar. El problema es el costo para el estado, es decir, para el resto de los contribuyentes. Sin embargo, el tema de la libre desafiliación viene de una transición mal hecha que produjo un subconjunto de perdedores de tal cambio. Un grupo de perdedores que ha podido defenderse y ha hecho valer sus intereses, tan legítimos como los de cualquier otro ciudadano. El costo fiscal que ahora se paga es fruto de un recorte previo que se ha estado negando.
  • El MEF plantea ahora crear una comisión que evalúe la desafiliación caso por caso. Eso ya no sería “libre desafiliación”, sería una “desafiliación supervisada”, con lo cual si se afecta contra la libertad de elección del afiliado. Si se va a mantener el sistema público, se tendría que lograr cierta convergencia entre el sector público y el sector privado, de manera que a la larga un afiliado se quede indiferente entre uno u otro sistema.
  • Finalmente, mi opinión al respecto es que en el fondo tanto el sistema público como el privado son sistemas de ahorro forzado. Ambos quitan libertad al contribuyente. Detrás suele estar una idea paternalista: “la gente no sabe ahorrar, la gente es irracional”. Más rentable para una persona es disponer de sus propios recursos. He visto a gente mayor protestando porque no le pagan la pensión a la que contribuyeron durante su vida. Nunca he visto a gente mayor protestando para que le paguen una pensión sin haber contribuído a ella. El gran tema en Latinoamérica es que en los sistemas públicos el gobierno de turno usa los ahorros de los contribuyentes para otros fines, con el resultado que cuando toca pagar la pensión ya no hay dinero. A esto se suma que hay casos en que se dan pensiones desfinanciadas, con lo que tampoco hay dinero cuando se toca pagar. Sin embargo, el sistema privado también tiene sus riesgos. Miremos sino lo que pasó en la crisis argentina con sus corralitos y la compra forzada de bonos del gobierno impuestas a las AFJPs, como se llaman allá.

Riki. Así es, pues.

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Por - Publicado el 26-01-2006

Parece que la escena política peruana es muy importante ser nacionalista. Algo como lo siguiente, seguramente chocará a más de uno y una:

El Perú

¡Abyección y podredumbre!
Bajo el peso de la infamia,
Viene y va la muchedumbre.

¿Dónde aquí la noble idea?
En el fango de la charca
Todo se hunde o chapotea.

Falta en pechos juveniles
Vuelo de águilas ; abundan
Reptaciones de reptiles.

Todo viejo, todo rancio;
El joven lleva en su frente
Las arrugas de Bizancio.

¿Dónde hallar el gradioso anhelo,
Si hasta en la sangre del niño
Hay las nieves del abuelo?

Busco luz, y busco en vano;
Aire quiero, y sólo aspiro
Bocanadas de pantano.

Con el tedio en las entrañas,
con las náuseas en la boca,
Vivo en cueva de alimañas.

Y si aquí rodo mi cuna,
Soy aquí tan extranjero
Como en Londres o en la Luna.

A mi pueblo y a mis gentes,
¿Qué me liga, qué me enlaza?
Yo me siento de otro mundo,
Yo me siento de otra raza.

¿Será el producto de la mente alucinada de algún antipatriota que habría que censurar? Para nada.

Este poema fue escrito por Manuel González Prada y salió publicado en “Libertarias”, Ed. Alfredo González Prada. París: Louis Bellenand, 1939, pp. 280-281.


El patriota iconoclasta, “el primer instante lúcido de la conciencia del Perú”, el gran orientador de las generaciones que lo siguieron.

No tuvo condescendencia alguna con nadie, ni con su propio país.

Esperaba mucho del Perú. Por eso denunciaba sin misericordia lo que consideraba negativo. Como debe ser.

Fue lo contrario al nacionalismo cucufato que parece predominar en la escena peruana actual.

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Por - Publicado el 23-01-2006

Pareciera como si las elecciones peruanas ya estuvieran completamente polarizadas entre dos candidatos (Humala y Flores), máximo entre tres (con García más). Humala ha pasado en dos meses del 11% al 28% de intención de voto, constituyéndose así en otro tsunami, wayko, o fenómeno parecido: un disparo.

La concentración del voto

El 15 de diciembre de 2005 APOYO publica su encuesta de intención de voto con el título Humala se dispara. En este informe se registra el aumento de intención de voto para Humala de 11% a 22%. Veamos estos tres cuadros de ese informe.


De noviembre a diciembre, cuando se produce el disparo de Humala, caen las simpatías por los candidatos Flores y Fujimori (todavía en campaña), y se estancan Paniagua y García. Sin embargo, la gran contracción no se da entre entre los cinco primeros candidatos, sino con los “otros” que caen en conjunto de 14% a 4% de simpatía.


En este cuadro se aprecia también el trasvase de votos: la caída relativa de intención de voto de todos los candidatos principales y la verdadera desaparición de las posibilidades electorales de los candidatos minoritarios.

El 16 de enero de 2006 APOYO publica un informe titulado La elección se polariza donde se confirma el disparo de Humala, quien pasa a encabezar las encuestas.


Continúa así la tendencia que viene de lo meses anteriores. La subida de Humala coincide con la caída y estancamiento de Flores, Paniagua y García, pero fundamentalmente con la salida de Fujimori de la contienda electoral. Hay una segunda contracción y trasvase de votos. El caudal electoral de las opciones que van perdiendo el favor del público alimentan el caudal de Humala.

Si bien, como advierte Torres de APOYO, Humala no habría llegado todavía a su techo, podría seguir aumentando, estamos ante un efecto de perfilamiento de los candidatos, un prelavado. La ciudadanía recién ha elegido a sus candidatos, descartando a los candidatos minoritarios y reorientando su voto ante el atasco de Fujimori en Chile y su final exclusión de la contienda.

Los anticuerpos

Una vez que los candidatos se pongan a competir frontalmente, no sólo importará a quién caigan bien, sino también a quién caigan mal. Aquí hay algunos pasivos arrastrados por los principales candidatos (verlo tambien aquí).

  1. Las encuestas nos muestran que si Humala no gana en primera vuelta, su única esperanza es que García sea su rival. En cualquier otro escenario pierde. En tal sentido, es un voto casi perdido.
  2. Según las encuestas García, de pasar a segunda vuelta, no tiene opción alguna: cualquiera, incluyendo Humala, le gana. Por lo tanto, el voto por García es un voto completamente perdido.
  3. Flores tiene el pasivo de tener una identificación muy de derechas. Es algo de lo cual se percató brillantemente Fernando Belaúnde. Las derechas abiertas no ganan las elecciones el Perú; en Lima nomás. Bedoya no ganó ninguna elección nacional y Belaúnde siempre rechazo cualquier alianza electoral con ese sector del espectro político. Evaluó, correctamente, que le restaba votos. Fue lo que le pasó a Vargas en 1990 contra Fujimori y fue lo que le pasó a Flores en 2001, quien fue desplazada de la segunda vuelta por García.

Estos anticuerpos sin lugar a dudas saldrán a relucir en la contienda electoral. Lo que se viene es una guerra sucia. Ya ha comenzado: denuncias a Humala por violaciones a derechos humanos y otras que vendrán. Las aguas se comenzarán a agitar para todos los candidatos. Habrá mucho pan por rebanar.


Encuesta de enero de 2006: sólo el 7% “definitivamente” votaría por Paniagua, pero 41% “podría votar por él”. Es el mayor potencial. El nivel de anticuerpos de Paniagua es bajo: 36% “definitivamente” votaría por él. Olivera bate el récord con 72%, seguido por Chávez con 63% y García con 62%.

Los temas

Veamos los temas. Al parecer Humala tiene mejor nota en términos de seguridad ciudadana y combatir la corrupción. Esto es curioso pues no es parece que esto fuera lo principal de su discurso. Lo que es notable es la identificación del votante con Humala. Por su parte, Flores es la candidata de la inversión, empleo, educación y salud, pero el público se identifica menos con ella. Paniagua es el que tiene mejor nota como posible presidente (esto fue en diciembre cuando ya había caído a cuarto lugar en las preferencias electorales), y muestra un patrón de preferencias parecido al de Flores. En cuanto a temas, García sale perdiendo con todos; en particular, tiene una imagen que no le interesa la gente, y pensar sólo en lo que le conviene.


Encuesta de diciembre de 2005: los temas de la corrupción y la seguridad ciudadana son para Humala. La inversión, el empleo y la educación, para Flores.

Encuesta de diciembre de 2005. El publico se identifica con Humala, siguen Paniagua y Flores. García no tiene credibilidad.

Encuesta de diciembre de 2005. Paniagua tiene la nota más alta.

Encuesta de enero de 2006. Se confirma la tendencia: corrupción y seguridad para Humala, educación, salud y empleo para Flores. Humala no es el candidato que mejor la situación económica de los votantes. ¿Entonces por qué se votaría por él?

¿Quién dijo que todo está perdido?

En la encuesta de APOYO de diciembre, se le preguntó al público que votaría por un candidato o candidata, por qué razones o haría(ver aquí). Se muestra lo siguiente.

Razones del voto:

  • Flores: es mujer 53%, buenas propuestas/plan 22%, capaz, inteligente, preparada 14%;
  • Humala: combatirá la corrupción 17 %, nacionalista 16%, partido nuevo 15%;
  • García: experiencia 30%, buena gestión 17%, buenas propuestas/plan 16%;
  • Paniagua: buena gestión 42%, honesto 19%, experiencia 16%.

En ningún lugar del mundo el votante se orienta sólo por los programas. Importa mucho quién sea el candidato o la candidata. Veamos:

  • Buena parte de las razones del voto por Flores radica en su condición de mujer. Es una dimen
    sión importante, pero ¿es sostenible?
  • Humala presenta una gran pluralidad de razones emitidas por quienes votarían por él. El público no identifica claramente por qué votaría por él. En tal sentido es el candidato más ambiguo. Esto no necesariamente es malo para ganar las elecciones. Por el contrario, puede ser lo más conveniente: los discursos más generales, sin concreción, venden.
  • García tiene su “nucleo duro” de votantes. Para decir que tiene “experiencia”, “buenas propuestas” y que realizó una “buena gestión”, pues hay que apreciarlo mucho.
  • Paniagua tiene una imagen de experiencia, honestidad y haber realizado una buena gestión. Sin embargo, ¿hasta que punto es algo del pasado?

En fin, elementos a tomar en cuenta. Todavía estamos ante cuatro candidatos y dos meses es mucho tiempo. Se viene ahora la campaña sucia y un evidente desorden y pugnas en la confección de listas. En mi opinión, el escenario tiene mucho que a ofrecer a algún candidato de centro: todavía tiene espacio político, aprobación, no tiene muchos anticuerpos, la gente votaría por él, se le reconoce honestidad, a la vez que capacidad y preocupación en resolver los problemas de la gente. Es cuestión de hacer las cosas mejor que los/as otros/as.


Valentín Paniagua: tiene espacio político y buena imagen. Sin embargo, necesita cobrar vigencia, de lo contrario quedaría como una venerable figura… del pasado.

Ed Wood
(J. Depp), convencido de que Bela Lugosi (M. Landau) sería su gran estrella…

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Por - Publicado el 08-11-2005

Figueroa, Adolfo, (2003). La Sociedad Sigma: una teoría del desarrollo económico. Pontificia Universidad Católica del Perú y Fondo de Cultura Económica, Lima.

Por Sílvio Rendon

La discriminación por raza, sexo, origen, religión, discapacidad, edad u orientación sexual ha demostrado tener una gran persistencia. En el área andina 10 millones de runas [1] ,ciudadanos y ciudadanas de segunda clase en sus propios países, son los más excluidos, los más pobres y las principales víctimas de la violencia política. Sea abierta o sutil, la discriminación condena a las personas excluidas, desde aquellas pertenecientes a las clases medias hasta las más pobres, a desarrollarse por debajo de su potencial. Igualmente, perjudica a las economías al privarse del talento de las personas más capaces.

El libro de Adolfo Figueroa se inscribe en el estudio de la exclusión social como fuente de persistencia de la pobreza y la desigualdad. El autor en esencia rescribe Figueroa (1992), incorporando a la exclusión social en su análisis. Al igual que en aquel trabajo, comienza por una discusión metodológica, avanza en una discusión de modelos económicos, y culmina con una aplicación de éstos a las economías en desarrollo. El autor mantiene como tema central el debate sobre la capacidad de los modelos económicos de ofrecer interpretaciones adecuadas para las realidades que aspiran a representar. En tal sentido, el autor ofrece una discusión de conjunto de “la economía estándar”, a través de tres formalizaciones, de precios flexibles, salarios fijos y precios fijos, a las que denomina neoclásica, clásica y keynesiana, respectivamente. Después de concluir que estas versiones canónicas no son adecuadas ni para las economías desarrolladas ni en desarrollo, el autor expone tres versiones ampliadas: con salarios de eficiencia, sobrepoblación y sobrepoblación y exclusión social. A estos modelos estáticos los llama “sociedades”, reservando la denominación de “economías” para sus extensiones dinámicas o de economías abiertas, o con bienes públicos. Con estos modelos, calificados de “teorías parciales”, el autor afirma haber construido una “teoría general” del capitalismo consistente con las economías desarrolladas y en desarrollo: “Las tres sociedades capitalistas abstractas que fueron desarrolladas en este libro se convierten en modelos de esta teoría general” (p. 299).

En este libro el autor pasa claramente de la sobrepoblación o “subacumulación”, según él insuficiente ya, a la exclusión social como aspecto medular en el análisis de una economía en desarrollo. Esta exclusión es un “legado colonial” que el autor incorpora como un supuesto de su modelo: mientras un tipo de trabajadores participa, otro está excluido del mercado laboral, vive del autoconsumo, y carece de derechos sociales y políticos. Estamos así ante dos grupos inconexos, cada uno con sus propias reglas y hasta con su propio sector de subsistencia. Contrariamente a los esquemas dualistas de los sesentas, se trata de un sistema estable, incapaz de evolucionar hacia la eliminación del dualismo: “Nadie tiene el poder y el deseo de cambiar la situación” (p. 329). Las economías con grandes desigualdades viven en el desorden social, pues los agentes, reiterando lo expresado en Figueroa (1993), presentan una “tolerancia limitada” a la desigualdad. Este desorden sin embargo, es parte de un equilibrio, y no conduce a ningún cambio social. Más aún, los pobres, por excluidos, problemas de coordinación o falta de recursos, no pueden realizar una acción colectiva en demanda de derechos sociales o políticos. Ante tal situación, el autor propone un cambio revolucionario, al que denomina un “shock refundacional”, que redistribuya los “activos sociales” y otorgue derechos sociales y políticos a los excluidos. Con esta revolución todos los agentes saldrían ganando y sin embargo ninguno de ellos la lleva a cabo. Ni los capitalistas, ni los trabajadores, ni los gobiernos, ni las organizaciones internacionales tienen capacidad o interés en realizar esta revolución.

Una primera pregunta que podemos hacernos sobre este planteamiento es si la imagen de un cerrado dualismo, mucho mas rígido que el dualismo de la “heterogeneidad tecnológica” predominante en los ochentas, corresponde a las economías en desarrollo. Si bien según el autor las evidencias otorgan plena validación empírica a esta visión, en este punto convendría recordar algunas enseñanzas aportadas por la investigación sobre la economía campesina:

“Como quiera que la mitad del ingreso campesino en la región más tradicional del Perú es resultado del intercambio con el mercado, no hay base que justifique la tesis de la “auto-suficiencia” o de la dualidad. (…)
Cuando se habla de países se les denomina “economías abiertas” cuando exportan el 15-20% de su Producto Nacional Bruto. Sin embargo, la economía campesina se la ha visto como “economía cerrada” a pesar de exportar el 50% de su producto total. (…)
La familia campesina de hoy es también proletaria. Estas fuentes de ingreso[se refiere a datos estadísticos en una frase] muestran, pues, las características principales de la economía campesina en su presente forma histórica en el Perú”.

Esta cita proviene del seminal estudio de Figueroa (1989, p. 131), cuya primera edición data de 1981. No es que la economía campesina después de más de dos décadas haya pasado de ser una economía abierta y asalariada a una economía desconectada del mercado nacional de bienes y de trabajo. Es la visión del autor la que ha cambiado y reorganiza los hechos bajo un enfoque dualista. Más aún, en su visión presente la economía campesina deja de compartir rasgos esenciales con otras entidades económicas, cual era el caso en su estudio pionero. Si antes el autor resaltaba las decisiones de portafolio y la eficiencia económica de los campesinos (“pobres pero eficientes”), hoy subraya que “los campesinos rara vez se comportan como inversionistas de bolsa” (p. 223).

Lamentablemente, la validación empírica con la que el autor intenta respaldar su actual visión dualista es agregada y general. No se trata de un estudio de detalle como el de hace más de dos décadas. Al parecer, la persistencia de la pobreza y la exclusión es la principal evidencia para validar su visión dualista. Sin embargo, en esta misma evidencia se basan una serie de formalizaciones, por ejemplo, los modelos de “trampa de la pobreza” que dan explicaciones medianamente satisfactorias sobre el tema. En cualquier caso, poner como supuesto lo que debería emerger como una conclusión no es el mejor camino para encontrar respuestas, y menos aún para validar una teoría de este tipo. Decir que una sociedad nació fragmentada en dos sectores y se trata de una herencia colonial no aporta mucho a nuestro conocimiento. Se requiere explicar cómo funciona y se reproduce la exclusión social y cuál es su repercusión sobre el desarrollo económico. En tal sentido, cabe recordar que exclusión social, dualismo y entrampamiento económico no son términos identificables. Añadir la exclusión al análisis de una economía es una extensión valiosa, pero, ¿por qué bajo un enfoque dualista? ¿La conclusión de estar ante una economía entrampada no es acaso consecuencia directa haber supuesto desde el comienzo dos sectores inconexos?

Esto lleva a un segundo
aspecto, muy llamativo al leer este trabajo, cual es el profundo pesimismo tanto en la capacidad analítica de la “economía estándar” o “convencional”, ya no sólo de la “neoclásica”, sino también sobre la “clásica” y la “keynesiana” (p. 114), como en las posibilidades de cambio en las economías en desarrollo. Esta actitud contrasta con el entusiasmo con que el autor comunica y califica su propia opción metodológica y teórica. Hacía una década bastaba incluir sobrepoblación en el análisis basado en alguna de estas corrientes para generar modelos realistas sobre las economías en desarrollo:

“Las teorías clásica y keynesiana, así reformuladas para ser aplicadas a una economía sobrepoblada, generan proposiciones tipo beta que son consistentes, en muchos aspectos, con la realidad de América Latina” Figueroa (1992, p 238).

En la visión actual del autor esta extensión es insuficiente. Sin embargo, lo que el autor demuestra, paradójicamente, es que los marcos teóricos expuestos pueden funcionar, sólo que no en su versión de libro de texto, sino en alguna versión más compleja. Entonces, ¿por qué desecharlos? ¿No es mejor pensar en las extensiones particulares necesarias para que los grandes marcos teóricos puedan dar una estilización adecuada de las realidades? En realidad, ¿no es eso lo que han venido haciendo una gran cantidad de científicos sociales? El desencanto es extensivo a las derivaciones de política económica. Hacía una década “no era claro” que las políticas económicas basadas en estas teorías tuvieran algún efecto sustancial en cambiar las realidades:

“No es claro que esta corriente neoliberal esté resolviendo esas limitaciones y que esté buscando que transformar las relaciones centro-periferia” Figueroa (1992, p 239).

Hoy para el autor es muy claro que tampoco las otras corrientes de pensamiento existentes resuelven los problemas de desarrollo económico. Sólo una política económica basada en la “teoría general”, la del autor, podría otorgar derechos políticos y sociales a los excluidos, es decir, el “shock refundacional” que abra las puertas para el desarrollo económico. El gran tema es que “nos hemos quedado sin agentes de cambio” (p. 332). En este punto tal vez el autor hubiera debido dar más reconocimiento a los múltiples esfuerzos por cambiar el estado de cosas, tanto en el pensamiento como en la acción, de diversos académicos e instituciones. Es, por lo menos, prematuro declararlos acabados para concluir proclamando que la propia creación intelectual es la única que da las claves para un entendimiento adecuado de la realidad.

Aún así, es muy poco creíble, y más parece una cuestión de estilo del autor, otrora un ardiente partidario de la redistribución del ingreso, del impulso de la economía campesina, y hoy además de la eliminación de la exclusión social, deje las cosas en un callejón sin salida. Como lectores podríamos interpretar este pesimismo recordando el final de “El alma buena de Sechuán” de Bertolt Brecht. En esta obra de teatro los dioses salvadores bajan del cielo a constatar las tragedias de los mortales, para finalmente abandonarlos a su suerte en la situación más dramática posible. Después de esta cruel escena, la protagonista invita a que al cerrar el telón el público se plantee sus propias respuestas. Intentando ver más allá de diversos aspectos cuestionables, esperemos que esta obra de Adolfo Figueroa contribuya a impulsar una investigación en estos temas que supere las limitaciones señaladas.

Referencias
Figueroa, A. (1993) Crisis Distributiva en el Perú. Fondo Editorial, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.
__________ (1992) Teorías Económicas del Capitalismo. Fondo Editorial, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.
__________ (1989) La Economía Campesina de la Sierra del Perú. Universidad Católica del Perú, Cuarta edición (primera edición 1981) Lima.


[1]Según J. M. Arguedas, el ciudadano quechua-hablante jamás se llama a sí mismo “indio”. Por el contrario, usa la denominación de runa, que quiere decir “ser humano”. Denominaciones similares se dan en otros grupos étnicos.

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Por - Publicado el 11-10-2004

Jaime Bayly en un artículo en Correo sostiene que los latinoamericanos, y los peruanos en particular, somos tontos.

La mejor prueba de que somos tontos es que elegimos malos gobiernos. Generalmente elegimos una opción mediocre habiendo mejores alternativas que desechamos. En los últimos años sólo Chile escapa a esa fatalidad. No es casual que sea el país que más ha prosperado en la región.

(…)

la única manera objetiva de medir si un presidente ha tenido éxito o ha fracasado es midiendo, al final de su gobierno, si hay más pobres o menos pobres que cuando comenzó su mandato y si ha respetado las leyes de su país. Porque si un gerente aumenta las ganancias haciendo trampa, su gestión no puede ser considerada positiva; las suyas son unas ganancias deshonestas. Del mismo modo, si un presidente consigue reducir el número de pobres pero viola al mismo tiempo las leyes y libertades que protegen a esos ciudadanos, esa gestión sólo puede ser repudiada.

Según el autor elegimos mal, elegimos a los mediocres e ineficientes. Nos lo dice muy clarito:

Nos va mal porque somos tontos y elegimos mal. Sin ir más lejos, los peruanos hemos elegido mal desde que tengo uso de razón: Bedoya era mejor que Belaunde el 80 y mucho mejor que García el 85; Vargas Llosa era infinitamente mejor que Fujimori el 90 y Pérez de Cuéllar era infinitamente mejor que el golpista

Fujimori el 95 y cualquiera era mejor que el tramposo Fujimori el 2000; y Lourdes Flores era muchísimo mejor que Toledo el 2001.

Es decir, no se queda en decirnos qué es lo malo, sino que nos dice lo que es bueno. Finalmente, nos propone:

Por último, así como ninguna empresa contrataría a un gerente por cinco o seis años y lo mantendría en el cargo si su gestión es un fracaso en los primeros

dos, ningún país latinoamericano debería entregar el poder a un gobierno por tanto tiempo sin pedirle cuentas al cabo de los primeros dos años. Es injusto tener que aguantar cinco o seis años a un presidente consistentemente inepto sin poder hacer nada, dentro de la ley, para liberarse de él. Debería ser posible, a mitad de la gestión, que los ciudadanos evalúen su trabajo y determinen si ese gobierno merece quedarse o debe irse, así como los dueños de una empresa echarían a un gerente inepto o corrupto apenas tuvieran evidencias de sus malos resultados.

No queda del todo claro, pero parece que los plazos de gobierno en nuestro continente debería ser de dos años.

Cuatro cosas:

1. Supongamos que fuéramos tontos, como afirma el autor. En tal caso, ¿por qué deberíamos tener elecciones? Lo lógico sería negarle el voto a los tontos y que un grupo de inteligentes gobierne el país. No es una propuesta nueva. En el mundo antiguo, los gobernantes serían los filósofos. En el mundo moderno, los tecnócratas. Tampoco es algo nuevo desde el punto de vista práctico: las veces que hemos sustituído el mecanismo democrático por una dictadura, no nos ha ido mejor.

2. Sigamos con la analogía de la empresa, tomado como por el autor como modelo de eficiencia. Un gerente de una empresa puede lanzar un gran producto al mercado, pero si no se lo compran, ¿quién tiene la culpa? ¿El gerente o los “tontos” que no le compraron? Mario Vargas Llosa puede haber sido mejor que Fujimori, que Alva y que Barrantes juntos. ¿Y? Es un gerente que no ha vendido. El autor tiene razón, ese gerente debería ser despedido. Lourdes Flores puede ser la “mejor”, según el autor, pero no vende, pues. Tiene derecho a seguir intentándolo. Es decir, la eficiencia de los gerentes-políticos se debe medir también en su capacidad de llevar su mensaje político a los electores. Los electores son el juez. Esto es así tanto en la democracia como en el mercado. El cliente siempre tiene la razón. No hay clientes tontos.

3. ¿Y qué pasa con la gestión gubernamental? ¿Somos tontos como dice el autor? Pongamos el ejemplo del Perú. Después de la gestión de Belaúnde, su partido quedó reducido a un cinco por ciento de los votos. Los electores le dieron la oportunidad a García (en segundo lugar a las izquierdas). Después de García, los electores le negaron el voto tanto al sucesor de García, Alva, como a las izquierdas (ninguna de estas opciones pasó a la segunda vuelta) y se orientaron por Vargas Llosa y Fujimori. Ganó Fujimori. Éste dio un golpe en 1992, con un altísimo apoyo popular. La economía del país mejoró en esa época y el terrorismo fue duramente golpeado. Fujimori fue reelegido (con algo de trampa, pero con un innegable apoyo electoral). Después de doce años, Fujimori, atrapado en un mar de denuncias sobre escándalos de corrupción, se va del país, y sus seguidores pierden las elecciones a manos de Toledo. Lourdes Flores, “mejor opción” según el autor, no llega a pasar a la segunda vuelta. No puede evitar ser asociada con las políticas y estilos fujimoristas. Pasa García. En conclusión, no parece que seamos un pueblo enfermo o un pueblo que no le entre a la alternancia. Puede ser que al autor no le gusten las opciones que obtienen el apoyo mayoritario. Es posible que las opciones políticas que él suscribe necesiten mejores gerentes, pues los que tienen no venden.

4. ¿Se debe acortar el periodo presidencial? ¿Para qué? Si somos tontos, seguiremos eligiendo alternativas tontas, a los dos años, a los cuatro o a los seis. Tal vez el autor abriga alguna esperanza en que los tontos sean menos tonto en dos años. Hay otros criterios en esto, como la continuidad del gobierno y la posibilidad de que una administración pueda llevar a cabo su programa. No podemos estat en una situación de elecciones permanentes. Tal vez alguna minoría de inteligentes pueda estar así, pero la mayoría de “tontos” ya tiene suficiente con elecciones cada cuatro años.

5. Uno suele escuchar este mismo tipo de argumentos en otros contextos. “Los californianos son tontos porque eligieron a Schwarzenegger”; “los americanos son tontos porque eligieron a Bush”; “los italianos son tontos porque eligieron a Berlusconi”, etc., etc. El llamar tontos a los electores no es privativo de los autores latinoamericanos. Sin embargo, los “tontos” de esos países parecen salir adelante y no viven con el complejo de creerse tontos. Posiblemente el argumento se pueda completar diciendo que los tontos son tales porque acaban siguiendo a los “perfectos idiotas latinoamericanos”. Es curioso, pero este tipo de argumento es muy parecido al del izquierdista Michael Moore con sus “estúpidos hombres blancos” que votan por Bush, que ignoran lo que ocurre en su país, etc., etc. Alguna vez Bertolt Brecht se burló del gobernante que se queja de su propio pueblo diciendo que no se puede disolver al pueblo para elegir otro nuevo.

Una forma alternativa de ver las cosas es pensar que no somos tontos y que el problema está en el nivel general de nuestros políticos y sus ofertas electorales. Todos los países tienen sus alternativas populistas, privatizadoras, estatizadoras, etc., lo que ocurre es que hay una precariedad muy grande que atravieza a todas estas opciones. Motivo de otro post.

Un comentario

Por - Publicado el 11-10-2004

Bueno, este es un esfuerzo por poner algunas ideas en orden. Llevar la bitácora de este viaje fabuloso, quién sabe a dónde.

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