Por - Publicado el 13-02-2007

Leo Educación: Demasiado Mala,Demasiado Buena del profesor Javier Iguiñiz donde hace un excelente señalamiento: no se trata sólo de decir que hay que aumentar el nivel educativo de la población, pues también hay que analizar el desajuste educativo (educational mismatch) o la “discordancia profesional” como él la denomina. La demanda doméstica absorbe y paga poco y tiene un fuerte componente de autoempleo, por lo que mucha gente acaba sobre-educada (en oficios para los que su nivel educativo es mayor, o ganando mucho menos que sus potencialidades). En esta situación, los trabajadores/as calificados/as (o cualificados/as) prefieren emigrar:

Podemos decir, pues, que en el Perú no solo faltan calificaciones sino que también están de hecho sobrando, que las desperdiciamos.

El autor concluye su artículo con las siguientes preguntas:

Después de todo, ¿para qué mejorar la calidad de la educación si es que no habría suficiente demanda por ella? (….) Es seguro que buena parte de la educación es demasiado mala, pero a la vez demasiado buena para lo que la economía actual demanda en realidad.

Dos comentarios:

I.

El problema de la sobre-educación se da en muchos países del mundo, incluso y especialmente en países industrializados. El concepto fue acuñado por Thurow (1975) y Freeman (1976) en los setentas del siglo pasado en su análisis de la economia americana, pero desde entonces su uso se ha extendido a todo tipo de economía. Uno de los temas de debate al respecto es si este desajuste es temporal o permamente. Según Becker (1957) es un fenómeno temporal, pues es la transición a una nueva situación de equilibrio: los más educados que sobran y ganan salarios bajos desplazan a los menos educados con lo que se socava el incentivo para adquirir capital humano y con ello corrigiendo la sobreoferta de mano de obra cualificada. Un enfoque relacionado que también considera al fenómeno como temporal, señalado por autores como Rosen 1972, Jovanovic 1979, Sicherman y Galor 1990, entre otros, considera a la sobreeducación como un aspecto de la movilidad de los trabajadores. Los sobreeducados son jóvenes, con altas tasas de rotación laboral, pero que a través de la recolocación laboral van ocupando trabajos que se acercan más a su nivel educativo. Otros enfoques, basados en la teoría de la señalización (signalling) o competencia por los empleos (job competition) concibe a la sobreeducación como un fenómeno más permamente: los trabajadores sobreinvierten en educación para señalizar mayor productividad innata o menores costos de entrenamiento, o desplazar a la competencia proveniente de otros trabajadores. Así también, la sobreinversión en educación puede servir para compensar desventajas en el mercado laboral: no hablo bien el idioma predominante en el mercado laboral, pero soy un experto en computación; o me discriminan por razón de mi raza, origen étnico, género, orientación sexual, pero el mercado me prefiere porque soy el más educado de todos (ver más en este artículo de Maite Blázquez y mío).

Al mejorar la calidad de la educación se incrementará la oferta de trabajo. Habrá más empleo, sí, pero a un menor salario. Las mejoras en la educación repercuten en el mercado laboral presionando a los salarios a la baja y al desempleo. Esto no quiere decir que no deba haber inversión pública en educación. Es un efecto de equilibrio, pues la masa de nuevos educados quisiera ganar los salarios prevalecientes antes de su llegada, pero ahí viene el “no hay cama pa’ tanta gente” de Celia Cruz. Sin embargo, para el conjunto de nuevos educados lo que suele ocurrir es que la educación haya tenido un efecto no-negativo: algunos están mejor, otros están igual, pero no están peor de lo que estarían sin haber recibido la educación. Según el trabajo del Banco Mundial del colega Daniel Cotlear Un Nuevo Contrato Social para el Perú el Perú tiene una buena cobertura educativa. Ahora toca mejorar la calidad de la educacion. Es lo que toca. La sobreeducación existente no debería ser una razón para no hacerlo…

(La pregunta final del autor de “para-qué-invertir en educación-si-después-no-hay-trabajo” me recuerda a la canción de Rubén Blades “¿Amor pa’ qué? si al fin y al cabo siempre termina y se transforma en un no sé qué“. Algo así como “educación pa’ qué si al fin y al cabo no hay empleo”. Es similar a preguntarse, ¿para qué un campesino va a invertir en fertilizante y semilla mejorada si después hay sobreproducción y los precios de lo que vende acaban por caer? La respuesta, criollaza como la pregunta, sería “Ah, pues entonces nos quedamos con la educación misia que tenemos” o “Ah, pues entonces no hay nada que hacer sobre el atraso en el campo peruano”. Claro, eso sería quedarse en un nivel de análisis pre-económico. Es mejor, aprendemos más, desarrollar el tema un poco más…¿no?)

Definitivamente, se trata de atacar al problema también por el lado de la demanda, cuyo aumento genera una presión hacia una expansión del empleo y a mayores salarios. Si las empresas adoptan nuevas tecnologías (para lo cual requieren de trabajadores cualificados), tienen un ambiente económico favorable a la inversión y pocas restricciones a la contratación de trabajadores, pues a lo largo del tiempo la demanda de trabajo se expandirá, corrigiendo o al menos mitigando el problema de la sobreeducación.

Toca ver el tema no como un ejercicio de estática comparativa, sino en forma dinámica. Se trata de desencadenar un proceso de crecimiento económico donde haya también una expansión de la capacidad productiva, más empresas, de todo tamaño, más producción, y más demanda de trabajadores/as cualificados/as.

Finalmente, habría que poner en el centro del análisis al individuo, no al estado. Cuando se dice ¿para qué invertir en educación? pareciera que estuviéramos pensando en el estado y no en las múltiples decisiones individuales. Es cada persona la que tiene que tomar su decisión óptima sobre su nivel de educación, y en la economía debería haber mecanismos para que esto ocurra: educación pública, becas, préstamos educativos, etc. Así, los agentes, heterogéneos ellos, tendrían una expansión de sus capacidades y en sus libertades al estilo de lo que proponía Amartya Sen; y no que alguien decida por ellos restringirles la calidad de la educación…

II.
Quisiera hacer notar algunas frases del artículo del colega:

Este es, dicho sea de paso, uno de los múltiples ejemplos de la táctica de muchos denominada “acusar a la víctima” para evadir responsabilidades.

Esa situación humilla y desmoraliza a los profesionales y técnicos que el pa

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Por - Publicado el 13-02-2007

Hablando del regreso del dependentismo:

¡¡No puede ser!!

Este tipo de imágenes ha conseguido más adeptos que cualquier intento de hilvanar algún razonamiento coherente…

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Por - Publicado el 12-02-2007

Continuación de El regreso del dependentismo (I)

Entrándole al Consenso de Washington

Al final de la década de los ochentas del siglo pasado, quedó muy evidente el fracaso de los gobiernos democráticos latinoamericanos en, ya no hablemos de crecer, sino en estabilizar sus economías. Algunas ideas emblemáticas de la época eran:

  • el déficit fiscal no tiene impacto sobre la inflación. Esto era un mito para muchos economistas latinoamericacos y, por consecuencia, para muchos gobiernos.
  • el gasto público servía para aumentar la demanda efectiva. La composición del mismo era irrelevante. Keynes ilustaría este punto afirmando que prefería construir pirámides a construir ferrocarriles.
  • ningún gobierno de esa época tuvo gran interés en aumentar la presión tributaria.
  • los gobiernos de esa época fueron campeones en los controles de precios, control del tipo de cambio y del comercio exterior, del tipo de interés, pesada regulación.
  • en el caso del Perú, tuvimos un intento de estatización, de la banca.

En fin, este paquete de medidas no funcionó (ver el trabajo de Pastor y Wise). Eso sí. No hubo ningún “consenso populista”, ni “consenso de Rio, Buenos Aires o Lima”, ni fue el “consenso de Boston” (en homenaje a Lance Taylor cuyos discípulos y seguidores pusieron en práctica este tipo de recomendaciones de política), ni fue el consenso de la la Fundación Friedrich Ebert (que auspició una gran cantidad de trabajos y propuestas económicas heterodoxas).

(En esa época tuvieron gran notoriedad en el Perú las fundaciones de los entonces tres principales partidos políticos oestealemanes: la Friedrich Ebert del SPD, la Friedrich Naumann del FDP y la Konrad Adenauer de la CDU. Todas ellas en competencia e impulsando a sus propias ideas y a su propios políticos afines).

Y sí, esta política económica tuvo un momento de gloria. No fueron sólo presidentes populistas los que hicieron locuras por su cuenta: fue la corriente de pensamiento económico predominante en la época. Dornbusch (que descanse en paz) vino un par de veces al Perú y no fue precisamente opuesto a los planes de Garcia (aunque sí fue muy claro en desmarcarse de éstos una vez que no funcionarion). Las multilaterales (las primeras en aplicar razonamientos keynesianos en sus recomendaciones de política) no fueron tampoco precisamente opuestas a las políticas de los ochentas. Los programas keynesianos de esa época fueron aplicados porque gozaban de consenso y correspondían a una corriente de pensamiento que entonces ganó la batalla de las ideas. Sí, la batalla, pero no la guerra….

Los resultados fueron los que todos conocemos. Hay alternancia no sólo en los gobiernos, sino en las políticas económicas. Si una política no funciona, se pasa a darle oportunidad a alguna otra. Pues en Washington John Williamson organizó una conferencia con diversas instituciones multilaterales, bancos centrales americanos y think tanks. La idea era crear un consenso en cómo debía ser la política económica futura. Así surgió lo que se dio en llamar el “Consenso de Washington“, cuyos puntos eran:

  1. Disciplina fiscal
  2. Reordenamiento de las prioridades del gasto público
  3. Reforma Impositiva
  4. Liberalización de los tipos de interés
  5. Tipo de cambio competitivo
  6. Liberalización del comercio internacional
  7. Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas
  8. Privatización
  9. Desregulación
  10. Derechos de propiedad

Es decir, exactamente lo contrario a lo que se había hecho en los ochentas. Efectivamente, los gobiernos latinoamericanos cambiaron de rumbo y siguieron los cánones establecidos en el consenso de Washington, con los resultados que también todos conocemos…

Llegado a esta punto merece la pena hacer notar algunos detalles. El “Consenso de Washington” en algunos enfoques aparece como algo

  1. externo a la región, como una receta de las multilaterales. (en cambio, el consenso populista previo, aparece como algo autóctono, como una corriente de pensamiento regional)
  2. conspirativo, como algo ordenado por entes opresores (cuando en realidad es una reacción al fracaso del consenso populista previo).
  3. por lo tanto, irracional, dogmático, fundamentalista, no aplicable a nuestras economías (como si el consenso previo no hubiera tenido pecadillo alguno, como no prestar atención a la disciplina fiscal, un tema de sentido común)

Puesto así, pareciera que estamos una vez más ante el imperialismo puro y duro. Ahí está la dominación de siempre: alambicados dictados que vienen de fuera, que restringen nuestro margen de acción y atienden a las conveniencias de nuestros dominadores, traidores locales que los aceptan. ¿No ve? Ahí está el imperialismo pues, imponiendonos políticas económicas lesivas a la soberanía nacional. Es el “Consenso de Washington”, una simple conferencia internacional de la cual salió un pinche libro, como sin en los ochentas no hubiéramos tenido en Latinoamérica una gran cantidad de conferencias y propuestas de política económica. Pero claro, detrás de todo esto se creía ver algo así como la “Alianza para el Progreso” de Kennedy, denunciada en Punta del Este por Ernesto Guevara como un parte de un plan de dominación imperialista. Sólo que la “Alianza” vino con inversiones gubernamentales americanas a la Plan Marshall, mientras que en el “Consenso” no hay nada de eso: los países bailan con su pañuelo.

Por la época de la Conferencia de Williamson, al final del gobierno de García, surgieron en el Perú algunas propuestas de estabilización:

  1. el plan Paredes-Sachs, que básicamente sintonizaba con las pautas del “Consenso” (ver el trabajo de Carol Wise al respecto).
  2. el plan Amaru, propuesto por un grupo de profesores de la PUCP, que proponía acelerar la dolarización de todos los precios y una reforma monetaria donde la nueva moneda (el Amaru) quedara anclada al dólar (A Ezequiel Ataucusi, el candidato a la presidencia por los “israelitas” en 1990, le preguntarían cuál era su plan económico para controlar la inflación. “Ah, vamos a hacer una reforma monetaria”, contestaría. “La esterlina será la nueva moneda”, añadiría. Tal vez mi memoria le hace injusticia a más de uno/a, pero que yo recuerde fue el único candidato a la presidencia que propusiera una reforma monetaria.)

También había un plan llamado el “shock antimopólico”, propuesto por un grupo de economistas entonces asociado a la revista “Actualidad Económica”, que consistía en una reducción del markup y, por lo tanto, era un ajuste a las ganancias, sin que aumenten los precios ni baje el salario. Algo así. (Entre que no lo acabé de entender cuando me lo explicaron y que se me pierde en la memoria, es lo que puedo decir por ahora… ) En esa época, la estrella de la Ebert ya había caído. Tal vez más dedicados a la unificación alemana, tal vez más resignados a que no la estaban haciendo en Latinoamérica, quién sabe….No se los vio auspiciando un plan de gobierno para el nuevo gobierno, como sí hicieron estruendosamente en 1985.

No es que
en 1990 no hubiera opciones en el país. El tema es que el populismo ya se había quemado. No se trataba de estatizar nada. No es coincidencia que el comunismo cayera estrepitosamente en 1989. Tampoco la cosa iba por expandir demanda agregada alguna. Los únicos que tenían algo diferente que decir eran los ortodoxos, no los heterodoxos. Era su momento de gloria. El capitalismo había ganado la guerra fría. En la misma región los sandinistas perdían las elecciones en Nicaragua. ¿A alguien se le podía ocurrir seguir las políticas económicas de los perdedores?

(En el “Pez en el Agua” Mario Vargas Llosa cuenta cómo el embajador americano en el Perú le confirmó lo que se había filtrado a un diario aprista: que el gobierno de los EEUU apoyaba a Fujimori. Vargas Llosa pensaba que los americanos debían apoyarlo naturalmente a él, pero resultó que no…. Años después, Fujimori pensaría que él mismo era, que él era a quien los americanos apoyarían decididamente, y resultaría que no, que los americanos apoyaban a los “caviares” de Transparencia…. Cómo cambian los tiempos, qué te parece, como dirían Los Compadres…..)

Los oídos del gobernante estaban listos para sólo escuchar a ese sector de pensamiento. Así, Fujimori, renegando de su promesa de no-shock, rapidito no más se orientó por seguir por la vía del “Consenso”. El paquetazo de Hurtado (“que dios nos ayude”) no tuvo gran resistencia de nadie. (En Ecuador, Bucaram quiso hacer lo mismo y la gente salió a las calles). Las izquierdas, todavía fuertes, tenían ministros en el gobierno de Fujimori. Tampoco estaban por la protesta. Digamoslo de la siguiente manera: así como en los ochentas el consenso en el pensamiento económico lo ganó la corriente “heterodoxa” o “populista”, en los noventas el consenso lo ganó la corriente “ortodoxa” o “liberal”. ¿Por qué atribuir siempre lo que ocurre al voluntarismo del gobernante (García en los ochentas y Fujimori en los noventas)? Cada gobernante echó mano de lo mejorcito que había en su momento. En fin… (sobre las llamadas “reformas estructurales” durante Fujimori,ver el trabajo de Pascó-Font).

Las cosas van por acción y reacción. El populismo fue una reacción a una etapa ortodoxa que no funcionó tampoco. La reacción al populismo pudo sintetizarse en el “Consenso”. Y la reacción al “Consenso” no ha quedado claro qué es. Por lo pronto, Joseph Stiglitz nos ofrece diversas críticas al “consenso”, tenemos las respuestas de John Williamson o las propuestas de Dani Rodrik de un Consenso de Washington aumentado con:

  • gobierno corporativo,
  • anti-corrupción,
  • mercados de trabajo flexibles,

entre otros. Algunos ajustes al “Consenso”, pero el “consenso” al fin…

Me dejo algunas cosas en el tintero para un próximo post. Creo que es importante entender estos cambios de política para no hacernos bolas con teorías conspirativas misias, que lamentablemente han vuelto a ser predominantes en los últimos años.

(Continuará)

Un comentario

Por - Publicado el 11-02-2007

El Mercurio dice muy claro lo que es un secreto a voces:

  • La trama tras la silenciosa jugada del El pacto Fujimori-García que presiona a Chile
    ….
    Los contactos fueron varios. Primero, la visita de Alan García a Chile donde habría tratado con la Presidenta Michelle Bachelet los efectos negativos que generaría la presencia de Fujimori en Lima.
    ….
    Si bien al interior de La Moneda hay coincidencias en que lo mejor para las relaciones con Perú es que Fujimori no sea extraditado, también hay discrepancias sobre la señal a enviar a la Corte Suprema, cuyo fallo definitivo se espera para mayo de 2007.
    Ello, porque la propia Bachelet no está convencida. En noviembre de 2005, cuando aún era candidata, lanzó duras declaraciones en contra del ex Presidente. En ese tiempo La Moneda estaba alineada con detener a Fujimori, alimentada por el entonces presidente Alejandro Toledo.

Se sabe que hay una alianza aprofujimorista. Sólo faltaba darle concreción y referirla a las cabezas de cada grupo. Es evidente que García no quiere extraditar a Fujimori. Y no es que no puedan estar activos cuando se trata de ajustar las cuentas con alguien, pues hemos visto cómo el partido en el gobierno se ha dedicado a perseguir a Toledo. No han querido hacer un buen caso por la extradicción de Fujimori. Con la sentencia de la CIDH han distraído la atención diciéndole al público que se le iba a pagar indemnizaciones a los terroristas, cuando esa sentencia era un espaldarazo a la extradicción.

Las reacciones (en El Comercio) han sido:

Tanto apristas com fujimoristas insultan nuestra inteligencia contándonos cuentos de hadas. Según unos, es una reacción de la “ultraderecha chilena” frente a “la firme posición peruana”. ¡Por favor! Hemos visto el gran teatro y las llamadas de atención del presidente al canciller sobre la capacidad operativa de la fuerzas armadas peruanas (otro secreto a voces). De firme no hay nada…. Según otros, es la “izquierda caviar”, como si este fantasma pudiera decidir lo que publica El Mercurio. No, pues. No digan barrabasadas. El diario chileno lo único que ha hecho es publicar lo que buena parte de la prensa peruana no se ha atrevido a decir. Nada más.

A Chile no le conviene estar metiéndose en nuestros líos. El poder judicial chileno tendría que devolver a Fujimori al Perú. Punto. Que esto le convenga o no a tal o cual partido político en Chile o que esto beneficie o perjudique a quien detenta el poder en el Perú debería ser irrelevante. El señor Fujimori tiene acusaciones pendientes y no sufre ninguna persecución política. El único tema es si en el Perú puede tener un juicio justo. Y lo puede tener. Chile tiene mucho que perder si sacrifica la aplicación de la ley por un serie de camanduleos políticos de república bananera, como “dejar gobernar” a García, que supuestamente ha sido tan amistoso con Chile. En fin. Los criterios que sigan allá ya son sus líos. Entiendo la publicación de El Mercurio como que hay preocupación en cierto sector de opinión porque les están salpicando problemas que no son suyos y el gobierno socialista se podría estar prestando a ello. Es una advertencia a Bachelet para que no se involucre en pactos entre oscuros personajes como García y Fujimori.

(Si alguien cree que García se metió a Bachelet al bolsillo con su invitación al desfile militar peruano, que mire aquí cómo se burlan de nuestro desfile. García no se ha ganado a nadie; locas ilusiones suyas si piensa que puede usar a Bachelet como carta de negociación con Fujimori…)

Por la parte peruana, lo que conviene al Perú es que Fujimori regrese para ser juzgado. Es irrelevante cualquier cálculo político al respecto: si esto hace aparecer a Fujimori como víctima, si esto beneficia o perjudica a tal o cual grupo político. Fujimori debe ser juzgado como se ha hecho con Montesinos. Lo que nos interesa es que no haya impunidad, que haya un debido proceso judicial, que se consoliden las instituciones democráticas en el país. Cualquier otra cosa es reforzar la precariedad politica y jurídica que ha caracterizado al Perú en las últimas décadas.

En tal sentido, la publicación chilena no es ninguna reacción por ninguna “firme reacción peruana”. Esa visión no es sino un burdo intento por apelar a sentimientos nacionales, como si los intereses de García y los de su enemigo-amigo Fujimori fueran los del Perú. Para nada.

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Por - Publicado el 08-02-2007

La teoría de la dependencia, en boga hace cuarenta años, parecía que había muerto. Pues, no. Sólo estaba de parranda. Siempre estuvo ahí, vivita y coleando.

Raúl Prebisch rompería fuegos a mediados del siglo pasado. Después vendría una serie de nombres como Paul Baran, Samir Amín, André Gunder Frank, Fernando Cardoso, Enzo Faletto, Teotonio Dos Santos, Ruy Mauro Marini. Esta sería la vieja escuela. En caravana los nombres pasan (parafraseando en algo a Gardel) y citando de memoria a Guillermo Rochabrún: “cuando enseño los debates de la teoría dependencia siento que estoy caminando sobre cadáveres”.

Pues sí, en esta teoría el comercio internacional entre países ricos y países pobres es perjudicial para estos últimos. El que exporta materias primas e importa productos manufacturados, pierde; el que importa materias primas y exporta productos manufacturados, gana. Este esquema ya le viene bien a la burguesía compradora y a los monopolios extranjeros, pero no al conjunto del pueblo. El estado debe intervenir y desencadenar un proceso de industrialización de manera que las importaciones de manufacturas se vayan reduciendo, hasta constituir un sector que produzca bienes de capital. Bueno, habría mucho que decir al respecto, pero partiré de la base que esta forma de ver las cosas es conocida y no entraré a detalles que no son el motivo de este post. Sólo diré que según esta visión si hay dependencia, pues hay que cortar la dependencia. Hay que salirse de un sistema internacional que nos perjudica.

Esta teoría constituyó parte del clima intelectual y político de mediados de siglo. No sólo eso. Ganó la partida, como que muchos gobiernos latinoamericanos y en el mundo (Nasser en Egipto, Mossadegh en Irán, Nyereré en Tanzania, Lumumba en el Congo, Nehru en la India y otros) aplicaron políticas económicas bajo esos cánones. Algo de razón tenía Regis Debray, el intelectual francés que estuvo con Ernesto Guevara en Bolivia , cuando dijo que “en los años sesenta el socialismo pasó a la ofensiva sobre el capitalismo”. Sí, ofensiva de muy corto aliento, pues tal socialismo caería estrepitosamente dos décadas después…

¿Y cómo así esta teoría cayó de su pedestal? Una visión sería que hubo una reacción en contra de parte los perjudicados por estas políticas, con el evidente apoyo del imperialismo: se argüirá que Pinochet derrocó a Allende, la CIA derrocó a Mossadegh, los belgas ejecutaron a Lumumba, etc. Y en general, los años setentas en Latinoamérica fueron un horizonte (prestándome el término de los arqueólogos) de dictaduras militares. Fiel a su punto de vista autocontenido, hasta los fracasos propios son culpa de otros. Sin embargo, no se puede tapar el solo con una mano. Por más rechazo que podamos tener al golpe de estado de Pinochet, la crisis económica sufrida en Chile durante Allende fue de tal magnitud que uno no puede sino preguntarse, ¿qué pasó? Un par de pistas las tenemos en Populismo Macroeconómico de Dornbusch y Edwards, donde analizan el caso de Chile con Allende y el Perú con García. No son factores externos, sino las malas políticas económicas las que llevan al fracaso.

Se puede ser un nacionalista petrolero y estatizar las empresas extranjeras, supuestamente para que el estado tenga más recursos. Los más pobres del país no ven mucho de esa riqueza, que se queda en manos de una burocracia que cegada por detentar el poder se corrompe muy pero muy rápidamente. Se puede redistribuir la tierra entre los campesinos, y el mundo tiene muchas experiencias de reformas agrarias, pero no necesariamente se resuelve el tema de la pobreza en el campo. Se puede redistribuir el poder dentro de las empresas, de los capitalistas a los trabajadores, sin que las empresas sufran un aumento sustancial de productividad. Todo lo contrario, se puede con esto destruir cualquier dinámica de innovación y eficiencia. Se puede expulsar a las empresas extranjeras, pero con esto no se crece más, sino todo lo contrario. Los recursos que un país pueda tener, como el petróleo o el gas, se quedan bien guardados en el subsuelo, sin aliviar la pobreza de nadie. No se puede redistribuir lo que no se produce.

En el Perú se llegó muy tarde a la ISI (Industrialización por Sustitución de Importaciones), algo en los sesentas, pero básicamente en los setentas con Velasco. Entramos a los ochentas con mucho más experiencia y menos candor sobre estos temas. La producción académica se centró en entender el manejo macroeconómico, los mercados laborales, los mercados financieros, la economía campesina, las economías regionales, la economía industrial. Se pasó a analizar los mecanismos específicos de funcionamiento de la economía. Se pasó a buscar verificación empírica para las afirmaciones que se hacían. Un cambio importante. Posiblemente, la imagen del país en años anteriores fue formada con evidencias menos cuantitativas, en base a textos literarios, a visiones sumarias de la realidad peruana, a modelos conceptuales que no habían sido cotejados con los hechos. En esta búsqueda la teoría de la dependencia no tenía mucho que decir.

Un ejemplo de investigación que rompería mitos sobre el campo peruano fue el de Adolfo Figueroa con su trabajo sobre la economía campesina. Fue al campo a investigar a la familia campesina como unidad económica y descubrió que, contrariamente a lo que sostenían las visiones dualistas, se trataba de lo que llamaríamos una economía abierta, una unidad integrada al mercado capitalista que funcionaba tomando decisiones de portafolio bajo incertidumbre. Nada de especulaciones, nada de denuncias. Los problemas están dentro del país y dentro están las soluciones.

En la Universidad de San Marcos, los estudiantes de ciencias sociales en los ochentas se podían dividir básicamente entre quijanistas y cotleristas. Los primeros, discípulos de Aníbal Quijano, tal vez el más firme representante peruano del dependentismo en esas décadas. Los segundos, discípulos de Julio Cotler, quien incidiría, antes que en la dependencia externa y el sometimiento de las clases locales a ésta, en la fragmentación de la sociedad peruana. Tengo la percepción que este debate lo ganó, si cabe ganar un debate así, el segundo. El dependentismo entró en retroceso…

Curiosamente, este distanciamiento de la teoría de la dependencia, en los años ochenta, coincidió con la crisis de la deuda, la campaña de Fidel Castro para que los países del mundo no la paguen, y los gobiernos de los populismos económicos en buena parte de la región, en un contexto de retorno a la democracia. Salvo el gobierno de Alan García en el Perú, los otros gobiernos populistas fueron muy cuidadosos en hacer buena letra hacia afuera. Se esforzaron por evitar cualquier confrontación. Fueron los años de la “década perdida” en que, salvo Colombia y Chile, los países latinoamericanos no crecieron. García se quedó solo en su belicosidad antiimperialista. Izó la bandera panameña en Palacio cuando se produjo la invasión de Panamá, pero ahí nomás. (Veinte años después, García también se ha quedado solo, pero por razones diferentes. Hoy, cuando la región vira hacia gobiernos izquierdistas, García está en off side como uno de los presidentes más derechistas de la región. Parajodas de la vida….).

Así, la década de los ochentas acabaría mal. No sólo García en el Perú, sino otros gobiernos populistas de la región. Recordemos cómo Alfonsín en la Argentina tuvo que acabar su ma
ndato antes de tiempo, pidiendo chepa. Fueron gobiernos de discursos redistribucionistas los que protagonizaron la década pérdida con su secuela de inflación, pobreza, y malestar social. Gobiernos que dijeron una cosa para obtener resultados opuestos….

(Continuará)

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Por - Publicado el 08-02-2007

Reconciliaciones en curso: García con Chávez en Cochabamba. García con Humala en Palacio.

No es nuevo que García reciba a sus opositores….
Humala tendría que andar con cuidado. Recordemos que García fue muy efusivo cuando recibió a Saúl Cantoral en Palacio en su primer gobierno….

Algunos medios dicen cosas como

No creo que Flores haya hecho mal. Es la tradición de las derechas que no fueron a la asamblea constituyente de Morales, ni al congreso constituyente de Fujimori. ¿Por qué prestarse al circo? La oposición tiene su sitio en el congreso y en la opinión pública. No tiene por qué estar en Palacio. Por el lado de Humala, pues en mi opinión la cosa va por otro lado e incluye consideraciones a nivel internacional. (¿O nos creemos que sólo desde Palacio se puede dar una conferencia de prensa?) Verlo en García-Chávez: ¿Cambio de alianzas?. García no es de fiar. Quienes se acercan a él deberían ir con mucho cuidado.

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Por - Publicado el 07-02-2007

Leo dos artículos con el mismo título “La reforma del Estado”, uno escrito por Javier Diez Canseco en La Primera el 7 de febrero, y otro escrito por Claudia Cooper en Gestión el 6 de febrero. Ambos critican al enfoque del gobierno sobre esta reforma permanente, porque nunca acaba, pero desde puntos de vista diferentes. Veamos:

– Javier Diez Canseco:

La reforma del Estado

En el clásico estilo neoliberal, su mensaje central ha sido el recortar el gasto público, la burocracia y la duplicación de esfuerzos. En síntesis, reducir el tamaño del Estado como el eje de la reforma. No se trata pues de recuperar el papel del Estado como expresión de la soberanía nacional, como planificador y concertador del desarrollo del país, ni de que el Estado sea un efectivo redistribuidor del ingreso nacional para construir una sociedad más justa y con menos pobreza, ni de que el Estado garantice los derechos básicos de las mayorías excluidas y les abra –en coordinación con la actividad privada– oportunidades de desarrollo y bienestar.

– Claudia Cooper:

La Reforma del Estado

La ausencia de seguimiento de los procesos implementados es otra dolencia del Estado peruano. Se traduce en anuncios de medidas que se constituyen en un fin en si mismas y no en el inicio de un proceso de más largo plazo destinado al cumplimiento de objetivos perceptibles por la población. Así, en lo referente a las importantes acciones tomadas por el Gobierno como la evaluación de profesores, la negociación con Telefónica, el aporte minero y el proceso presupuestal basado en resultados, refuerzan a idea de que cada anuncio del ejecutivo es tratado como lo esencial, dejando el cumplimiento objetivos finales como la mejora en la calidad educativa, la mayor cobertura de telefonía e infraestructura pública y el gasto por resultados, relegados a un segundo lugar. Si hacemos la analogía con el sector privado, es como medir a un gerente en base a las visitas o llamadas que hace para vender un producto y no las ventas efectivamente logradas.

Hace poco un lector comentaba:

Al menos en mi generacion, veo que las discuciones (si las hay) ya no son entre izquierda y derecha. O anti-imperialista y americanista. O Haya y Mariategui. Seria muy pretensioso hablar en nombre de mi generacion, por lo cual me remitiré a lo que he visto.

La discusión es: eres corrupto (vendido) o no-corrupto (comprometido). Eres academico(técnico) o no-academico (político). Tienes autoridad moral y/o autoridad intelectual, para decir y hacer las cosas.

Decir que se quiere una sociedad más justa no es decir mucho. La cosa es cómo. Quedarse en el tema de estado-grande-bueno y progre vs estado-pequeño-malo y neoliberal, es plantear las cosas mal. La gente ya no va por ahí. Son los términos obsoletos que rechaza el joven lector. Además, ¿por qué es malo reducir la burocracia y la duplicación de esfuerzos? Se quiere un aparato estatal eficiente, ¿o no? En fin, Javier Diez Canseco está en otra.

Otro punto de vista es hacer un estudio de movimientos de cómo funciona el aparato estatal y apuntar a las soluciones. Aquí también se piensa en las grandes mayorías, sólo que con otra terminología: se busca “el cumplimiento de objetivos perceptibles por la población”. En tal sentido, lo que señala Claudia Cooper, muy crítica con el gobierno, hubiera podido ser suscrito por cualquier dirigente izquierdista moderno, de los que no existen en el país. Hace poco en este blog señalaba también la debilidad de una derecha democrática y liberal, respetuosa de los derechos humanos. Sin embargo, ¿y las izquiedas qué? Al parecer, siguen empecinadas en no existir. Su respuesta al “ser o no ser” de Hamlet ha sido “no ser”.

Aquí también hay un “casillero vacío”. Obviamente, se entiende que toda fuerza política necesita combinar los aspectos técnicos con los aspectos emocionales. Recordemos sino el fracaso de Mario Vargas Llosa en 1990. No pegó. Si él decía “voy a bajar la inflación a cero”, se la cambiaban diciéndole: “Ahh, vas a dar un shock, ¿no?. Ahh. Ya, te manyo”. Al final, le hicieron cargamontón, callejón oscuro y apanado, todo junto. Perdió, pues. Y encima le robaron el programa. Y el equipo. Algo parecido pasa en otros sectores políticos. Me dateaban, en forma algo exagerada supongo, que en las últimas elecciones un bien intencionado profesional y político proponía como consigna electoral: “¡por una inversión eficiente en carreteras!”. No, pues, maestro. Eso tampoco entusiasma a nadie. Así se pierde. La campaña electoral es la campaña, el gobierno es el gobierno. No hay que confundir. El político que quiere enfrentar los asuntos técnicos de gobierno como si todavía estuviera en campaña no la hace. El político que quiere enfrentar los asuntos de campaña como si ya estuviera en el gobierno tampoco la hace. Cada momento tiene sus reglas. Según el Kohélet (Libro del Predicador) “Todo tiene su momento, y hay un tiempo para cada cosa debajo del cielo“.

Los partidos políticos, las izquierdas y derechas, seguirán con su simbología y su folklore. Son tradiciones políticas que no se rompen así nomás, ni se tienen por qué romper. Sin embargo, el país ganaría mucho con izquierdas algo menos entrampadas en viejos slogans y más orientadas a temas más concretos, y con derechas más principistas y comprometidas con temas cruciales como los derechos humanos.

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Por - Publicado el 06-02-2007

Hoy haré un intermezzo y divagaré un poco sobre el nombre de esta bitácora.

Combo en inglés es la versión corta para “combination”. Se aplica en varios campos en que se ofrece combinaciones de dos o más cosas. En los restaurantes de comida rápida, un combo es el plato combinado. Por ejemplo, el Alianza-U, mazamorra morada con arroz con leche, es un combo. En el Perú “combo” también es (al menos era) “comida”.

El gran combo es un nombre que alude a una gran combinación, cual es el Perú, una mezcla. Lamentablemente, esta gran diversidad sólo es superada por la negación de su existencia, los prejuicios y la intolerancia reinante en nuestras mentes. Queremos creer que esto está cambiando.

Y, por supuesto, ¿quién no ha disfrutado la música de ese gran conjunto musical boricua, un verdadero gran combo?

El legendario Gran Combo de Puerto Rico: Grandioso

LA FIESTA DE PILITO – El Gran Combo de Puerto Rico

Si el año pasado tuvimos problemas
quizás este año tengamos más (bis)
pero no se apuren que la Navidad
a la vuelta de la esquina está (bis)

Vamos pa’qui, vamos pa’llá
todo Puerto Rico eh eh eh eh

A comer pasteles, a comer lechón,
arroz con gandules y a beber ron,
que venga morcilla venga de to’
y que se deschave to’ Compay
olvidemos to’ okay
y a gozarlo to’.

No te sobra tiempo de Enero a Noviembre
solo hay tiempo pa’trabajar (bis)

Mi puerta se esta acercando Diciembre
que es fecha pa’vacilar
y tú no olvides viene Diciembre
es hora de vacilar.

A comer pasteles, a comer lechón,
arroz con gandules y a beber ron,
que venga morcilla venga de to’
y que se deschave to’ Compay
olvidemos to’ okay
y a gozarlo to’.

En la fiesta de Pilito
todos gritaban así

Vamos pa’qui,
o nos vamos pa’lla.

Apúrense ya
ay que es que nos vamos
pa’otro lado
porque este bonche no para
Vamos pa’quí,
o nos vamos pa’llá.
nosotros nos metemos por aquí
nos salimos por allá
y así nos amanecemos
Vamos pa’quí,
o nos vamos pa’llá.
todo aquel que quiera
que se arrime y que me siga
este jolgorio no se termina
Vamos pa’quí,
o nos vamos pa’llá.
eso es a comer pasteles a comer lechón
que nos sorprenda el día en este rumbón
Vamos pa’quí,
o nos vamos pa’llá.
yo le digo sigamos Compadre
que la fiesta esta encendi’a
vaya vaya a buscar la Comadre
sigamos Compadre………..

Vamos pa’quí,
o nos vamos pa’llá.
todo Puerto Rico

A comer pasteles, a comer lechón,
arroz con gandules y a beber ron,
que venga morcilla venga de to’
y que se deschave to’ Compay
olvidemos to’ okay
y a gozarlo to’.

bendito dejame gozar lo
último de la cosa esta, mi bendito

Borícuas en Nueva York. Son una cosa, son la otra, son las dos y son algo nuevo….Se puede. (Cuadro de Martin Wong. “Puerto Rican Day Parade“. 1998)

Como diría Walt Whitman:
“Do I contradict myself?
Very well then I contradict myself,
(I am large, I contain multitudes.)”

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Por - Publicado el 05-02-2007
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Por - Publicado el 05-02-2007

No es sólo la propuesta de Hildebrandt. Ahora hay muchísimas propuestas. Leamos sólo dos

¿Se debe pagar por la Universidad?
Por Cecilia Blume

En cualquier caso, no importa si el alumno viene de colegio pagado o gratuito, lo que importa es la capacidad de pago de éstos (y sus familias) junto con un rendimiento académico adecuado. Hay universidades que becan a alumnos huérfanos por el solo hecho de serlo, sin evaluar la capacidad económica de la familia del alumno.
Nuestros impuestos pagan la universidad de los que no cuentan con recursos, pero apliquemos la Constitución; ello mejorará la calidad de la educación, pues tendremos alumnos esforzados, con padres que no permitirán que sus hijos repitan cursos porque se les acabará la beca. Apoyemos a los chicos que quieren estudiar y no pueden, pero no extendamos esto a quienes ahora se pasan de vivos.

En esta idea, ya no sólo paga la universidad el alumno que venga de un colegio privado, sino también

  1. el alumno que haya estudiado en un colegio público y pueda pagar;
  2. el alumno pobre que sale jalado.

Además, se califica tanto a los que pueden pagar como a los que no pueden y salen jalados como que “se pasan de vivos”. En esto se incluye (esta frase es genial) a los alumnos huérfanos que tienen beca sin una evaluación de la capacidad económica de su familia. ¿Hasta dónde se puede llegar?

(También es genial que se piense que habrá “alumnos esforzados”, mayores de edad ellos, gracias a sus padres que no les permitirán repetir cursos por miedo a que les quiten la beca).

Por otro lado, tenemos:

La gratuidad no es un fin
Por León Trahtemberg, educador

Finalmente, ¿por qué el hecho de asistir a un colegio privado debe ser motivo de discriminación? El proyecto de hacer pagar la universidad al alumno en función de su procedencia escolar comete tres errores: primero, discrimina a los alumnos cuyos padres, además de pagar impuestos con los que se financia la educación pública, hicieron el esfuerzo de pagar por un colegio privado, debido a que el Estado no fue capaz de proveerle una educación pública gratuita de calidad a la que tendrían por derecho constitucional. Segundo, desconoce que hay alumnos que asistieron a colegios públicos, pero su situación económica es similar a la de muchos que han asistido a colegios privados baratos. Tercero, la implementación de un mecanismo de revisión de las miles de excepciones, probablemente sea motivo de engaños, injusticias, corrupción y altos costos administrativos. Por lo tanto, la solución a todos los problemas de equidad, libertad para escoger la universidad y devolución poscarrera de lo invertido en ella es el crédito educativo a todo ingresante universitario que lo solicite.

Ese sistema no requiere identificar al universitario en función de su procedencia escolar previa, o el nivel socioeconómico de la familia, de la cual muchas veces ya se ha independizado. Todo aquel que lo quiere, sea rico o pobre, podría aplicar al crédito porque lo va a devolver (descontado por planilla), como cualquier préstamo bancario preferencial, el día que sea profesional, tenga empleo e ingresos profesionales. Así, no tenemos que diferenciar a los postulantes en función del nivel socioeconómico de su familia, ni condenar al pobre a escoger una universidad estatal.

Buena refutación de la propuesta de Hildebrandt. Un posible efecto de esta medida, de ser puesta en práctica, es que los padres que hacen el esfuerzo de pagar una secundaria en una escuela privada, simplemente dejen de hacerlo, con lo cual se altera la cadena educativa, más allá de lo que supone y propone Hildebrandt. Repito: no se puede simplemente proponer una medida sin evaluar todas las consecuencias de la misma. Mientras que en el Perú existan políticos que digan “Propongo esto y cómo se lo aplique no es mi problema” (ver Gratuidad de la enseñanza), pues no la haremos.

La propuesta de Trahtemberg tiene una gran virtud y es desligar el pago de pensiones de la capacidad económica presente de un alumno y de su familia y vincularla más bien a la capacidad de pago futura, cuando el alumno sea profesional. Un alumno talentoso pobre, del interior del país, podría ir a la mejor universidad del Perú en su rama, sea esta privada o pública, gracias a un crédito educativo. El apoyo estatal estaría en relajar la restricción de liquidez que enfrenta una persona pobre y que hace depender el desarrollo de su potencialidad de su ingreso presente. Una virtud adicional es que no se vincula el desarrollo de el/la estudiante, una persona mayor de edad, al patrimonio de sus padres, sino a su propio potencial. Efectivamente, cuando de dice que el/la estudiante es rico o pobre no se está hablando con propiedad. Son los padres los ricos o pobres, no el o la estudiante. La riqueza del estudiante vendrá después. Una tercera virtud, es que en esta propuesta se da énfasis a lo que los/las estudiantes recibirían, más que a lo que los estudiantes tendrían que pagar.

En fin, siendo buena esta última propuesta, se enfrenta a dificultades evidentes. El tema del crédito es un tema delicado y no es que el país no tenga experiencia en dar créditos generosos que después no se pagan. Si hubiera un sistema financiero que funcionara mejor, no sería el estado el que tendría que asumir ese rol. Y nos preguntamos, ¿por qué el sistema privado no ofrece ese producto financiero? Ah, pues ahí entramos en toda otra órbita que trasciende al tema educativo. Motivo de un análisis aparte. Simplemente, dejaré sentado que ofrecer crédito, incluso educativo, tiene su propia problemática, no insoluble, por cierto…

Por otro lado, y también lo repetiré una vez más. La universidad pública tienen tantas dimensiones en que podría mejorar sin cambios dramáticos (e improvisados) en su esquema de financiamiento. Otros países lo hacen, ¿por qué no se puede en el Perú?

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