Por - Publicado el 31-01-2007

Leo a Augusto Álvarez

Gratuidad ciega
Quienes pueden pagar la universidad, deben hacerlo.

Es muy positiva la propuesta de la congresista Martha Hildebrandt para modificar las condiciones de la gratuidad de la educación universitaria con el fin de que aquellos que sí pueden pagar por ella, lo hagan.

Pues sí, quien puede pagar que pague. No puedo sino estar de acuerdo con esto. Se debe apoyar a quien lo necesita, no a quien puede pagar. Pero, ¿es este el problema más importante en las universidades públicas?

Ocurre que este tipo de leyes abre las puertas para propósitos diferentes de los que se anuncian. Más aun, en un contexto en que la aplicación de principios muy buenos es imperfecta, hay grandes peligros.

  • Para determinar quién puede pagar y quién no puede pagar se requiere un sistema de selección muy pero muy eficiente y preciso. Una vez más, habrá errores, habrá selección adversa. Más de una vez lo he dicho. Error de tipo 1 (negarle gratuidad a quien la necesita) y error de tipo 2 (concederle gratuidad a quien no la necesita). El statu quo es cero error tipo 1 y todo error tipo 2. Esto podría cambiar, pero no nos equivoquemos. Menos error tipo 2 nos llevará a más error tipo 1. Esto ocurriría incluso con un sistema muy eficiente. Hay selección adversa en Alemania con las cuantiosas y extendidas ayudas que da el estado alemán. La habrá en el Perú. Lo cual lleva al segundo punto:
  • Con la idea de Hildebrandt:
    - se paga por la educación universitaria, las universidades dejan de ser gratuitas (siguen siendo públicas) y poco a poco el estado deja que las universidades se autofinancien y funcionen de facto como universidades privadas;
    - hay estudiantes que pagan, la administración de una universidad tiene el incentivo para preferir en la admisión a estos estudiantes, los de mayores ingresos.
    - los estudiantes de menores ingresos pasan a depender del financiamiento público y, si todo sale bien, pasan a pagar pensión cero.
  • Ni el estado peruano ni las universidades funcionan como mecanismos de relojería. Hay arbitrariedad, favoritismo, cutra, vara, prebenda. Tenemos muchísimos casos de arbitrariedades dentro de las universidades. Incluso tenemos casos en que acabaron siendo feudos de grupos políticos donde primaba el favoritismo hacia sus afiliados. ¿Quién determinará qué estudiante universitario tiene beca y quién no la tiene?
  • Esta selección adversa tiene un costo que puede ser muy alto, no sólo por los errores señalados, la privatización de facto de las universidades públicas y las arbitrariedades que los grupos feudales que controlan las universidades puedan cometer, sino por lo delicado del tema. En el país, el progreso social, la movilidad social de una persona está asociada a la educación. Prueba por anécdota: en las novelas de Arguedas o Scorza lo que pide la gente a gritos es educación, una escuelita. Parte de la presión de las regiones también viene por contar con universidades, obviamente públicas. En las zonas teatro de operaciones de la guerra interna de los ochentas, un reclamo muy sentido es también el de la educación. Que haya un poquito de selección adversa, estudiantes pobres que se queden sin educación superior por no poder pagar, podría crear muchísimo malestar. No es para subestimarlo. El malestar social es un costo que debe entrar en el análisis. Si no, pues el análisis está mal hecho.

Llegado a este punto, vale la pena que se plantee el problema en su integridad, veamos todos los costos y todos los beneficios y no sólo nos dejemos guiar por el engañoso “quien-puede-pagar-que-pague”. Es como la pena de muerte: un tema que agita pasiones, pero que no resuelve el problema que supuestamente quiere resolver. La pena de muerte no resuelve el tema de la criminalidad, ni cobrar pensiones resuelve el problema de la universidad pública. Tampoco está claro si ayudan sustancialmente a resolverlos…

Creo que han hecho las cosas al revés: han comenzado por lo fácil, pues es fácil cobrar pensiones, y por lo negativo: Hildebrandt: El Estado está subvencionando a niños ricos. A todo esto, es muy sistemático el uso de este tema por el grupo fujimorista:

(Los grupos políticos están despertando: a la campaña del APRA con la pena de muerte le están siguiendo los fujimoristas con los subsidios a los ricos. ¿Qué se traen entre manos? ¿Hemos de creer que este su objetivo real? En fin, posiblemente, a algún otro grupo político se le ocurra alguna otra iniciativa que se debe “estudiar con detenimiento”.)

Se ha debido comenzar por el tema de garantizarle becas a los estudiantes de menores ingresos. Reafirmar el compromiso con que la educación sea gratuita para quien no la puede pagar, antes que abrir las puertas para la privatización en un tema tan delicado como el de la educación. Por como y quienes lo han dicho, aparece como si eliminar la gratuidad de la enseñanza para “los niños ricos” (que en realidad es una clase media venida a menos) y eliminar el medio pasaje para los estudiantes de universidades privadas fuera un primer paso. Se crea así el temor a que finalmente sí se afecte a los más pobres.

Un tema como la gratuidad de la enseñanza contribuyó a dar alas a Sendero Luminoso en junio de 1969 . Al gobierno militar se le ocurre quitarle la gratuidad de la enseñanza a los alumnos secundarios que salieran jalados. Resultado: huelgas estudiantiles. Toma de Huanta por los sinchis y decenas de muertos. El gobierno militar da marcha atrás y reestablece la gratuidad de la enseñanza. De este hecho viene la canción “Flor de Retama” de Ricardo Dolorier. No es para jugar con el asunto.

Actualización: Sería cuestión de leer el proyecto presentado por Hildebrandt, pero tal como se anuncia

Hildebrandt: Educación gratuita es para alumnos destacados que no pueden pagarla

Indicó que su proyecto se basa en el artículo Nº 17 de la Constitución Política del Perú el cual establece que el Estado garantiza la educación gratuita a los alumnos que mantengan con un rendimiento satisfactorio y no cuenten con los recursos económicos necesarios para costearla.

“Ahora le estamos dando educación gratuita a quienes tienen dinero y no tienen buen nivel”, acotó.

Dos cosas:

  1. Sólo se ha hablado de los que podrían pagar, ¿qué pasa con los/las que no mantengan un rendimiento satisfactorio y no puedan pagar? ¿Se les cobra, como se planteó en 1969?
  2. ¿Por qué Hildebrandt dice que “estamos dando” educación gratuita a quienes no tienen buen nivel? ¿No pasaron su examen de ingreso? ¿O se los han jalado demasiado?

style="font-weight: bold;">Actualización 2: Leemos:

No ve…

Actualización 3: Reacciones blogueras:

Actualización 4: Martha Hildebrandt en este video ratifica que un requisito para la gratuidad es que el alumno mantenga buenas notas y añade

  • “el meollo del proyecto da por sustentado que el alumno puede o no puede pagar la pensión. ¿Cómo? Ese no es mi problema” (minuto 1:59).
  • “Quien y cómo va a verificar que el padre no miente que verdaderamente tiene o no tiene, quien está engañando. Eso en este momento es absurdo. Es extemporáneo discutirlo” (minuto 2:07).

Suena a que esta propuesta es una medida puntual. La congresista no ha pensado en todas las consecuencias de su propuesta. Ni quiere pensar en ellas. No es su problema. Ya se verá después… Más aun, el periodista le pregunta y a medida que ella responde se le van ocurriendo las respuestas: [crear un fondo para los estudiantes pobres]”me parece genial. No lo había pensado”. Supuestamente estamos ante un esquema de subsidios cruzados de los más ricos a los más pobres. Sin embargo, no parece que es lo que está en el proyecto, como que recién se le ocurre a la congresista. Si al menos en su proyecto hubiera puesto por escrito que se trata de dar becas a los más pobres, todavía…. No lo ha pensado, no es su problema…Sólo se trata de cobrar.

Por más que suene bonito, al parecer estamos ante una improvisación, una chapuza, algo hecho al champazo….

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Por - Publicado el 31-01-2007

En el tema de los derechos humanos y la izquierda (posts de Daniel, Jorge y mío), como en muchos otros, hay que distinguir entre lo que es de jure (en la ley) y de facto (en la práctica). En el papel sí, muchas cosas pueden darse, pero ¿ocurren en la vida real? ¿Nos guiamos por lo que pasa en Matrix o en el mundo real? Las derechas principistas son muy débiles, algunas personalidades, mas no una corriente fuerte de opinión como en otros países. Uno esperaría que fueran más fuertes, y esa es mi apuesta.

Ahora mismo, en pensando en la fuerza o no de algunas ideas, medidas según lo numeroso del contingente que las suscriben, pues recuerdo que este es un tema clásico entre las izquierdas y en general en la sociología latinoamericana. Claro, los términos han cambiado. Hace algunas décadas, la pregunta era si existe una “burguesía nacional” capaz de impulsar un proceso de desarrollo capitalista en el país, que rompa con las estructuras pre-capitalistas, etc. ¿Se acuerdan? Alain Touraine dixit: no, no hay burguesía nacional. Ya, todo esto se dijo en los ochentas cuando la izquierda tenía casi un tercio del electorado, una APRA socialdemocratizada tenía más del tercio, Sendero y el MRTA estaban in crescendo. Entonces Armando Villanueva declararía que “ríos de sangre” habrían de correr para que las derechas volvieran al gobierno. Pues, esas derechas, pequeñitas entonces, volvieron , en los noventas, más rápido de lo que Villanueva sentenciara, y no carentes de apoyo. En cambio, el abanico de opciones de izquierdas se desinfló bien desinflado. Ahí quedó la debilidad e inexistencia de un sector político y social y ahí quedó la fortaleza de otro. Como para pensarlo. Será motivo de otro post.

Actualización: Y, para variar, no viene mal leer este artículo de Francisco Durand:

La derecha dividida

Luego de que fueran incorporadas nuevas generaciones de pudientes e inafectos al sistema, los vemos ejercer en estudios de abogados, consultoras, universidades, medios de comunicación, gremios empresariales y, por supuesto, corporaciones. Pero este reemergente sector político se dividió pronto.

A fines de los ochenta un ala se alineó con el fujimorismo y aplaudió la concentración del poder, el manejo policial de la prensa, la lucha ciega contra los alzados en armas, la recentralización del país, las reformas económicas pro corporativas, la privatización para unos cuantos y el amordazamiento de cualquier oposición. La otra, la vargasllosista, minoritaria en el decenio de Fujimori, condenó el autoritarismo creciente, aunque aplaudió las reformas de mercado.

Hoy percibo una cierta división. Los partidarios del “Orden y Progreso” apoyan la línea dura que viene tomando el régimen en alianza con el fujimorismo. Otros, con cierta presencia en los medios de comunicación, observan preocupados que el Estado se mueve en dirección autoritaria. Se están erigiendo en críticos al régimen en lo político. Lo económico, dicen, va bien; por lo menos para ellos.

Por lo visto, por aquella tienda política también se puede hablar de

  • derecha caviar (Perú 21 y El Comercio),
  • derecha jurel (Correo) y
  • derecha punk (Expreso y La Razón).

La trinidad caviar-jurel-punk tampoco es patrimonio de la izquierda…

- Papi, papi, ¿y tú también eres un caviar?
- No, mi hijito. Para nada. En Correo somos unos jurelazos…

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Por - Publicado el 31-01-2007

Jorge, a quien considero mi amigo a la distancia a quien no veo desde el año 90, si no me falla la memoria (y que se ha convertido así en, digamos, una suerte de “pen pal” con quien no me escribo) ha escrito una interesante respuesta al post sobre la columna de Augusto Álvarez en Perú 21. La tesis de Jorge consiste en que afirmar exactamente lo contrario a lo que sostuvo el director de Perú 21. Tengo que decir que le veo a las afirmaciones de Jorge varios problemas.

En primer lugar, hay que entender el tipo de lesión jurídica que significa la violación de los derechos humanos. Esta, a diferencia de otras, no se define por el acto sino por el agente. Los derechos humanos solamente pueden ser violados por agentes del Estado. Si el Estado, a través de un funcionario, te quita tu propiedad o te tortura, eso constituye una violación a tus derechos humanos. Si lo hace cualquier otro agente, se trata de un delito (por más serio que fuera) y nada más. En otras palabras: el carterista que le roba a una señora no está propiamente violando los derechos humanos de esa mujer; está cometiendo un robo y punto. La gravedad especial que reviste un robo cometido por el Estado se halla en el hecho de que el Estado es el supuesto defensor de la legalidad. Para controlar este poder (y no el de los delincuentes comunes), hemos creado la doctrina de los derechos humanos.

Por eso yo siempre he encontrado absurdo el reclamo según el cual las organizaciones de derechos humanos no dicen nada sobre las violaciones cometidas por Sendero Luminoso o el MRTA. En este reclamo hay un malentendido y una trampa muy peligrosa: los delincuentes comunes cometen delitos comunes y han de recibir no solamente la sanción social sino también la sanción penal que les corresponde. No hay mucho más qué decir al respecto. La trampa a la que me refiero (y que muchos no ven o no quieren ver) es que si le atribuimos a Sendero o al MRTA la capacidad de cometer violaciones a los derechos humanos los convertimos en agentes jurídicamente equivalentes al Estado peruano, es decir, estamos dándoles la categoría de fuerzas beligerantes, obligadas a cumplir la convención de Ginebra pero también protegidas por ella. La doctrina en el Perú ha sido (y debe ser) que la subversión debe mantenerse en la categoría de delito común. Los senderistas y los emerretistas son criminales y punto.

Una vez dilucidado el carácter de la lesión, podemos ver que el asunto no es que los derechos humanos sean de izquierda y no de derecha. El asunto es que la derecha ha estado siempre en el poder, salvo durante el régimen del general Velasco. Ello explica que la derecha haya estado poco interesada en la defensa de estos derechos: a quien está en el poder le conviene ejercerlo hasta donde pueda. Ello explica también que la defensa de estos derechos haya estado mayoritariamente en el sector de las izquierdas. Es obvio que el señalamiento de este tipo de crímenes cuestiona la legitimidad del Estado y de quienes lo conducen.

No veo claro que el temperamento de la izquierda y de la derecha en este aspecto haya sido consistente.

Por el lado de la extrema izquierda, es obvio que si hubieran llegado al poder se habrían convertido en el gobierno más claramente enemigo de los derechos humanos. Por el lado de las izquierdas legales, hay una innegable tradición de tibieza y hasta de negación respecto de las violaciones a los DDHH en Cuba, China, la Unión Soviética, etc. Nuevamente, esta actitud se explica porque el dilema principal es quién está en el poder. Las izquierdas planteaban que los Estados revolucionarios padecían un estado de excepción (una excepción que se hacía permanente) que explicaba la represión en nombre de un fin superior. Y claramente, en el lamentable episodio del intento de estatización de la banca, buena parte de la izquierda se sumó a esta aberración que implicaba una violación al derecho de propiedad. Hay que recordarles a los derechistas que los DDHH no solamente se refieren a asesinatos y torturas de subversivos o sospechosos de subversivos. Lo que me lleva a señalar la incoherencia de la derecha.

En efecto, por el lado de la derecha, la inconsistencia se muestra en una fuerte ceguera: por un lado, piden la salida del Perú de la CIDH, pero se olvidan de que, en caso de que en el Perú apareciera un Chávez, los empresarios expropiados y los periodistas censurados no tendrían a quién recurrir fuera del Perú. La derecha, además, suele señalar (y con razón) los crímenes cometidos por las autocracias comunistas, pero se hace la vista gorda respecto de las autocracias derechistas.

El llamado de Augusto Álvarez me parece lleno de sentido. La idea es crear un consenso político que supere estas inconsistencias que dañan el pacto social. Si queremos que el respeto a los derechos humanos sea universal, debemos verlo bajo una óptica también principista y universal. Colocarlo como una reivindicación de izquierda es un error (porque es falso y peligroso). Yo creo que hay que contribuir a que este consenso sea posible a fin de tener presidentes como Álvaro Uribe, que van hasta Costa Rica a saludar a la Corte y a reconocer plenamente su competencia. El interés debe centrarse en la defensa de la persona humana.

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Por - Publicado el 31-01-2007

Por Jorge Frisancho

En el post de ayer, Silvio recoge un artículo de Augusto Álvarez Rodrich que termina diciendo “En contra de lo que muchos creen, erróneamente, [los derechos humanos] no son un asunto de ideología, sino de ética y decencia básica. Los derechos humanos no son patrimonio de la izquierda”, y expresa su concordancia, cosa que han hecho también algunos comentaristas. Yo estoy en desacuerdo. La idea expresada por Álvarez Rodrich es muy fina y muy bien pensant, y está muy bien en términos generales, pero hay por lo menos una perspectiva desde la cual es posible decir, sin demasiado empacho, que la defensa de los derechos humanos sí es una actitud de izquierda. Doy tres razones interrelacionadas, aunque creo que hay más.

1) Las palabras “derecha” e “izquierda” no apelan a condiciones abstractas; refieren, más bien, a tradiciones concretas y específicas de pensamiento y acción política. En el Perú, como en muchos otros contextos latinoamericanos, la tradición de defensa de los derechos humanos desde una posición conservadora o neoliberal simplemente no existe. Por el contrario, la tradición derechista peruana está plagada —pensamiento, palabra, obra y omisión— de lo contrario: ausencia de respeto discursivo a esos derechos, y su violación continua, con frecuencia brutal, en la práctica. Cosa que se está viendo ahorita mismo, de manera más o menos oblicua, en los debates en torno a la pena de muerte y a los dictámenes de la Corte Interamericana de Justicia. Así, decir simplemente que “los derechos humanos no son de izquierda ni de derecha” es una falsificación de la realidad concreta de los discursos políticos peruanos, y deshonra la historia y el legado de las prácticas, a veces heroicas, de defensa de esos derechos, que de forma casi exclusiva sí han venido desde la izquierda.

2) En el Perú, como en muchos otros países, la situación ha sido históricamente tal que la postulación y defensa de los derechos humanos más básicos resulta, ya en el momento mismo de articularse como discurso, sediciosa. O por lo menos sospechosa. Las bases del poder —económicas, sociales, políticas— han estado ancladas en la exclusión de amplios sectores de los pactos de ciudadanía, y a estos sectores se les ha negado siempre el acceso a los derechos más fundamentales. Esto puede estar cambiando en los últimos tiempos, es verdad, pero me aventuro a decir que ese cambio, si existe, es incipiente y frágil. En semejante contexto, estar a favor de los derechos humanos ha significado desde el saque estar a la izquierda del poder; estar del lado del poder ha significado, con frecuencia de la manera más descarada, estar en contra de la aplicación universal de los derechos humanos. Nuestra historia reciente y la que no lo es tanto abundan en ejemplos.

3) En el contexto global, hoy en día, hay una tendencia marcada a legitimar y legalizar la tortura, el encarcelamiento sin causa debida y sin garantías, los juicios sumarios a cargo de tribunales militares especiales e incluso la desaparición forzada de prisioneros (prácticas todas ellas puestas en marcha abiertamente por los Estados Unidos y, por el momento, consideradas legales por las cortes de ese país). Y esto es sólo la punta del iceberg, la expresión más visible de un giro hacia el militarismo y la represión que se da no sólo en USA sino también en las socialdemocracias europeas. Esta tendencia es por cierto reversible y encuentra cada vez más oposición entre la ciudadanía y entre la clase política de las naciones centrales. Pero ese no es el punto acá. El punto acá es que sí existe una derecha troglodita, anti-derechos humanos, y que ahora mismo esa derecha tiene enorme poder y ejerce enorme influencia. Y ahí también se da una línea divisoria que pone a quienes defienden esos derechos a la izquierda del poder.

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Por - Publicado el 30-01-2007

Bien lo dice Augusto Álvarez:

García y Uribe
¿De quién son, finalmente, los derechos humanos?

Un hecho de la mayor relevancia -para el Perú- ocurrió ayer en San José de Costa Rica. Durante la celebración del LXXIV período ordinario de sesiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que se inició el lunes pasado, se apareció el presidente colombiano Álvaro Uribe con el fin de reunirse con el pleno de los jueces que la integran.

Su objetivo fue explicarle a los jueces, personalmente, la evolución de los derechos humanos en su país y las acciones llevadas a cabo por su gobierno en dicha materia, pero, también, expresar su apoyo enfático y consideración a la labor que realiza dicha Corte.

Asimismo, el presidente Uribe destacó en la cita, de manera particular, el compromiso del Estado colombiano de acatar las decisiones de la Corte y de cumplir con las sentencias emitidas por esta.

Cuando en nuestro país el gobierno y sus adláteres discuten opciones que van desde retirarse de la Corte de San José -los más alocados-, hasta desconocer sus sentencias -los más ‘prudentes’-, la visita de Uribe al tribunal supranacional es particularmente relevante por varias razones.

Primero, porque Colombia es un país que tiene mucho más casos pendientes en dicha Corte que el Perú. Incluso, el gobierno de Uribe enfrenta algunos expedientes referidos a la violación de derechos humanos durante su primera administración. Es obvia la diferencia con la actitud del gobierno de Alan García.

Segundo, porque en el contexto de la geopolítica latinoamericana, Uribe puede ser calificado como un ‘presidente de derecha’, a diferencia de García, quien se autoproclama como alguien de una posición de centro izquierda, tradicionalmente más vinculada a la defensa de los derechos humanos.

Esto último resulta especialmente relevante en el actual contexto político peruano, en el que con frecuencia no se entiende cabalmente la importancia de defender con rigor la defensa de los derechos humanos.

En contra de lo que muchos creen, erróneamente, estos no son un asunto de ideología, sino de ética y decencia básica. Los derechos humanos no son patrimonio de la izquierda.

Suscribo lo expresado en este artículo línea por línea.

En el Perú:

  1. Las izquierdas creen que los derechos humanos les pertenecen.
  2. Las derechas coinciden: creen que los derechos humanos son de izquierdas.

Pues, no. Se equivocan, pero esto es por la debilidad/ausencia de una derecha principista, y porque en general en el país los derechos básicos no están institucionalizados. Manda la arbitrariedad, la ley del más poderoso, la prebenda, el favor político, la vara. A el/la que no tiene poder que lo/la parta un rayo. En contexto, defender algunos principios básicos es peligroso, pues quien detenta el poder inmediatamente te criminaliza.

En todo esto, es muy saludable contar con un sector como el representado por el autor del artículo comentado.

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Por - Publicado el 30-01-2007

Plaza Saúl Cantoral en Marcona.

Sobre este caso es muy ilustrativo este video de Agencia Perú. Irregularidades tras irregularidades en la investigación.

Pero también este especial de la Ventana Indiscreta: Primera Parte y Segunda Parte, donde se aprecia que lo que viene pasando no es muy diferente de lo que pasaba antes…

Y esto:

Lo real es que a quince años de este asesinato no hay un solo culpable. Los sindicados como responsables se siguen paseando por las calles, bajo protección del poder político.

Y más aun:

Ni el estado ni el partido hoy en el gobierno aceptan responsabilidades, cuando todas las evidencias indican que fueron agentes del estado y miembros del partido aprista los responsables de este asesinato…

Ministra Zavala en Costa Rica:
“Yo no fui, fue teté… ¡Pégale, pégale al que fue!”

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Por - Publicado el 29-01-2007

Casi todos los medios han celebrado el operativo “Empleada Audaz”. En innumerables blogs, la noticia ha sido recogida con entusiasmo. Hasta hace algunos minutos, estaba seguro de que aquellos blogs que no habían tocado el asunto lo hacían no por un desacuerdo, sino por pertinencia. Yo suelo (ingenuamente) sobreentender la solidaridad.

Hasta hace algunos minutos, digo, porque de pronto me encuentro con este infame e inverosímil post de un personaje que pretende representar a la derecha peruana y que, a la vez, se queja de que haya quienes consideren a la derecha peruana incapacitada para hablar de democracia.

Me molesto en citar este post no porque la opinión de Guille The Mouse posea alguna relevancia o cuente con un mínimo grado de atención a la realidad (de hecho, que este personaje se haya graduado de la PUCP no puede sino llenarme de vergüenza). Lo cito y lo discuto porque el blogger de “Pueblo Vruto” tiene la rara virtud de hacer conscientes las suciedades del inconsciente peruano (¡pido perdón a los sicólogos por usar tan libremente estas palabras!). De modo que Guille The Mouse es interesante porque es un síntoma, la expresión de un mal, no porque sus palabras posean sentido alguno para una dicusión racional.

Ahora bien, en principio, suelo creer que hay una trampa en enunciados del tipo “Todos los peruanos somos racistas de alguna manera”. Si bien es verdad que el contacto con el racismo parece ineludible, no necesariamente es verdad que todos estemos condenados, debido a esa experiencia, al racismo. Además, el enunciado puede ser usado con intenciones fatalistas: si nuestro racismo es inevitable, no vale la pena batallar contra él. Y, sin embargo, cuando leo las ideas que, con esfuerzo, trata de articular este blogger, me encuentro como en un regreso a un estado de conciencia infantil y primordial, en el que puedo escuchar las voces ridículas que me introdujeron al mundo de la segregación racial y de clase. Siento que involuciono, que vuelvo a una estupidez que pensaba ya haber superado. Pero vayamos por partes.

Guille The Mouse titula su artículo “Patrón audaz” y explica en una parte de su breve pero enormemente obtuso post que él “hubiera preferido que esta iniciativa partiera de las propias empleadas y no de sus empleadores. ¿Por qué depender del patrón incluso para reclamar sus derechos?” En primer lugar, se evidencia que, para él, la solidaridad no cuenta, que es indeseable. Si tú sufres, debes salir de ese sufrimiento por tí mismo. Subyace en esta pregunta una falacia: que si no puedes liberarte por tus propios medios, entonces no tienes derecho a la libertad. Pero precisamente se trata de pensarlo de otro modo: que si yo he contribuido a quitarte tu libertad y tu dignidad, soy yo (no tú) el responsable de esas carencias, soy yo (no tú) quien debería ser el primero en proponer que te las devuelva. Guille The Mouse nos quiere hacer pensar que si tú eres una persona privilegiada (por tener dinero, por ser blanco) y quieres poner en cuestión tus privilegios, eres una especie de huachafo, ya que es oportunista y de mal gusto tratar de reivindicarte moralmente. Este rizo argumentativo es típico de la derecha imbecilizadora y consiste en ejercer de manera enfática y dura sus ventajas de clase y, a la vez, acusar de pituquería (o “caviarismo”) a los privilegiados que reflexionan sobre la injusticia de sus ventajas.

La otra frase que destaco es una de particular brillantez por su capacidad para cifrar en cinco líneas cinco siglos de violencia:

“Los que tenemos empleada sabemos que muchas de ellas vienen a Lima “invitadas”, llevadas u ofrecidas por sus propios parientes o gentes de su lugar de origen. Eso, sin contar que ya estando en Lima las jóvenes se malean involucrándose rápidamente con amigas juergueras y con “novios” que las usan y desechan más fácil que a un preservativo. De más está decir lo que le sucede a la empleada que se convierte en madre soltera.”

Es verdad que muchas son “traídas” por su familia. Pero esto es consecuencia de las condiciones del mercado. La gente se mueve hacia donde hay oportunidades. Yo hice lo mismo también pero (no puedo negarlo) en condiciones de mayor ventaja. A pesar de esta ventaja, se trata del mismo principio: uno se mueve hacia donde ve la oportunidad y, muchas veces, un amigo o un familiar se ofrecen de palanca. Que el caso de las empleadas del hogar (y no el de otros) le llame tanto la atención delata un claro desprecio por razones de raza y de pobreza. Alguien que no puede ver que la historia del profesional que sale del Perú hacia el extranjero y la de la muchacha de familia campesina que viaja a Lima poseen la misma estructura y se rigen por el mismo principio pone en evidencia que, por encima de la libertad, él coloca sus prejuicios raciales y de clase.

La siguiente acusación que leemos en la cita anterior es a la vez paternalista y absurda: estas “chicas” llegan inocentes a la gran ciudad y allí se corrompen debido al contacto de malas amigas. Uno debe entender que aquí el placer es censurado y que, por tanto, estas “chicas” pertenecen a una categoría humana particular, a la cual ha de negársele el derecho a la diversión y al goce. Lo que está implícito es uno de los argumentos más recurridos por el poder, a saber, el sobreentendido ideológico de que el subalterno se beneficia de su condición, ya que el poder del amo (que se expresa básicamente en el control del deseo) le evita el sufrimiento. Como dice con claridad Guille The Mouse, estas “chicas” sufren de marasmo y se entiende que, para salir de él, deberían integrarse sin cuestionamientos a la estructura jerárquica que el sistema les asigna.

Quienes sufren de marasmo no son estas muchachas que quieren salir de la pobreza y vienen a buscar una oportunidad (lo que demuestra una actitud racional). Quienes sufren de marasmo son quienes se niegan a ver en estas personas su plena dignidad y pretenden dictarles lecciones de moral a cambio de silencio y obediencia. En el colmo de su irredimible idiotez, el blogger se hace y se responde una pregunta: “¿Alguna propuesta verdaderamente educativa que levante a las “natachas” del marasmo que padecen? No, marchitas no.” Yo respondo en cambio que el primer paso es la educación de todos y el siguiente debería ser darnos cuenta que estas muchachas tienen nombres e identidades particulares y que, al someterlas arbitrariamente en un categoría que implica paternalismo y desprecio, dejamos de ver su individualidad. Pero esto es mucho pedir para alguien que, en el fondo, como todo racista, es un colectivista, es decir, alguien dispuesto a sacrificar al individuo en favor de la masa, un vicio presente tanto en la izquirda como en la derecha y que tenemos que quitarnos de encima. Y es que, en efecto, como escribió Rafael Sánchez Ferlosio“mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado”.

Actualización: El mismo personaje al que se refiere este post se precia, por un lado, de recordarnos los horrores del Holocausto pero, por el otro, no tiene problemas en llamar “queso” a Evo Morales (como si el problema con Evo Morales sea el hecho de ser típicamente un cholo). Esto se puede llamar antirracismo selectivo. Ya ha reflexionado sobre esta curiosa incongruencia el gran dibujante Art Spiegelman en su libro Maus, en uno de cuyos pasajes narra con tristeza el racismo de su pa
dre, un sobreviviente de Auchswitz. A quienes no hayan leído ese libro, se lo recomiendo por su brillante lucidez.

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Por - Publicado el 29-01-2007

Parece que el ex-ministro de economía, César Vásquez Bazán, está en campaña contra la dirigencia de su partido. Un ejemplo es este post: Se extiende rebelión contra burocracia dirigente del PAP.

La cosa va con foto y todo:

Tomado del blog César Vásquez

Los diversos artículos del ex-ministro denotan una posición radicalizada, como tirando a las izquierdas. Este tipo de posición política coexiste con un gran entusiasmo por el regreso de Agustín Mantilla al APRA:

Inminente reingreso de Agustín Mantilla al PAP: “Trabajaré para que en el Perú haya pan con justicia y libertad.”

A pesar que las relaciones ocultas con Montesinos formaban parte de una política aprobada por el propio AGP y en la que participaron Castillo Gálvez y Mercedes Cabanillas, Mantilla declaró que él era el único responsable de lo sucedido. Con ello entregó al alanismo la prueba suprema de sacrificio personal y familiar, pues por proteger a García Pérez y a sus colegas Castillo y Cabanillas, Agustín arrastró en su tragedia, sin quererlo, a varios miembros de su propia familia.

Hoy Agustín Mantilla, a pesar de su salud quebrantada, se apresta a reingresar a la escena visible del Partido Aprista y probablemente la ocasión la proporcionará la manifestación por el Día de la Fraternidad del próximo 22 de febrero.

Pues sí, el izquierdismo del ex-ministro coincide perfectamente con su esforzado apoyo a un personaje como Agustín Mantilla. Ya en este post: Mis recuerdos del compañero Agustín Mantilla Campos quedaría claro el apego del ex-ministro de economía con dicho personaje, sindicado como uno de los organizadores del comando Rodrigo Franco y pescado en un video con Montesinos. (El propio Vásquez está al tanto de todo esto como que se desmarcó de Mantilla Agustín Mantilla y sus sueños de un Montesinos angelical. Pero, claro. Finalmente, más puede su apego a Mantilla).

Mantilla regresa
El corrupto y matón que cubre a los tiburones, se convierte en héroe para las lornas …

En los posts Mantilla también regresa y en El copamiento nunca muere escribí al respecto. Gracias al ex-ministro tenemos algunas pistas de lo que se podría venir:

  1. Las oposiciones de izquierdas dentro del APRA son más declarativas que reales. Detrás de la pomposas acusaciones de derechización de García, está el tema de la rehabilitación de los apristas que están todavía ocultos y que quieren regresar a la escena pública. Quieren gobernar, quieren ser ellos los que accedan a los puestos de trabajo en el aparato del estado. Como encima han perdido las elecciones regionales, pues tienen que presionar al gobierno central.
  2. Vásquez Bazán y Mantilla comparten el hecho de ser un pasivo para García. El primero por su pésimo manejo económico; el segundo por sus vinculaciones con Montesinos (y el RF, por supuesto). Al parecer ese arrinconamiento, y el corazoncito partidario, los une contra García, pues sienten que se han sacrificado por el partido y ahora que el APRA ha vuelto al gobierno, quieren su lugar bajo el sol. Y sí. El ex-ministro de economía podrá ser muy sensible a algunos temas de derechos humanos, pero cuando se trata de su compañero, como el genial Alex Valle con su “qué santa paciencia ni qué santa paciencia”, se las juega por Mantilla y anuncia su regreso con bombos y platillos.

Pues sí, mucha crítica radical, mucha rebelión interna, pero a la hora de la hora, de lo que se trata es del copamiento de cargos públicos y de la rehabilitación de gente que contribuyó a hundir al país.

Algo parecido a lo que está pasando ahora pasó en el primer gobierno de García. El Sr. Vásquez estuvo presionando y criticando tanto a su propio partido (incluso condensó sus críticas en un libro: “La propuesta olvidada“) hasta que finalmente García le dijo “ya, pues; ahora tú vas a ser el ministro”. Se cuenta que el Sr. Vásquez no aceptó (“Alan me ha ofrecido el ministerio de economía. No acepto ni loco”). Entonces el venerable Luis Alberto Sánchez habló con el Sr. Vásquez y lo convenció. Así de firme es la oposición dentro del APRA.

Imaginémonos que la presente campaña del Sr. Vásquez (y de la gente que viene haciendo pintadas) acabe en algo parecido y alguna venerable figura del APRA lo convenza de que vuelva al Perú a encargarse de la conducción del país. Será parte del Inevitable sinceramiento aprista donde afirmé:

Haríamos mal en pensar (y esto será motivo de otro post) que las malas políticas económicas de García a fines de los ochentas se debieron sólo a desconocimiento de la economía y que ya aprendieron la lección. Veamos sino el caso argentino que explotó a comienzos de siglo y las medidas económicas de Kirchner como nada menos que prohibir las exportaciones de carne prepagando la deuda al FMI para que lo dejen tranquilo. Las locuras económicas se pueden repetir. Lo que vemos como siembra en García no augura buena cosecha. Una cosa es haber recibido una economía en crecimiento y beneficiarse de ella y otra, muy diferente, es hacerla crecer aún más.

Estaremos al tanto de lo que pase el 22 de febrero. Tal vez sean Mantilla y Vásquez los que nos dediquen un balconazo ultrapopulista….

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Por - Publicado el 28-01-2007

Ya lo han dicho antes, pero Fernando Rospigliosi es, como siempre, muy ilustrativo:

Persiguiendo a Toledo
El gobierno de Alan García hasta ahora no ha demostrado el menor interés en combatir a la corrupción, ni la actual ni la pasada.

La acusación constitucional contra el ex presidente se basa en un tema irrelevante, la condición del abogado encargado por el Ministerio de Justicia, Óscar Ayzanoa, que presuntamente no cumplía los requisitos para ocupar el cargo. Si hubiera algún problema con eso, se debería resolver en términos administrativos a un nivel menor. Pero de ninguna manera justifica poner en la picota a Toledo.

Por un motivo similar podría ser acusado Alan García, porque, como advirtió Perú.21 el miércoles pasado, él también se allanó ante la CIDH en el caso de los asesinatos de La Cantuta. En la sentencia emitida por la CIDH se consigna que en setiembre de 2006 el representante peruano dijo:

“El Presidente de la República del Perú hace llegar su saludo a la Honorable Corte Interamericana de Derechos Humanos, reunida en esta oportunidad, para revisar el caso La Cantuta. El Estado peruano lamenta profundamente la suerte que corrieron este grupo de peruanos, nueve estudiantes y un profesor, y, al reiterar su pesar por el dolor causado a sus familias, también desea ratificar su compromiso de cumplir con sus obligaciones internacionales.” (“Allanamiento parcial”, V, 43).

El jueves, el congresista aprista Aurelio Pastor sostuvo que García no es responsable de esa declaración, sino el Ministerio de Justicia. Pero si se le aplica la misma vara que a Toledo, habría que acusarlo constitucionalmente.

Es decir, no está mal que García se allanara en el caso La Cantuta, aunque ahora se arrepienta. Sino que eso muestra claramente que la acusación contra Toledo por la matanza de Castro Castro es solamente una operación de demolición y de distracción.

Algunos sí pueden usar la Plaza de Armas, otros no (Ver: Exitosa Manifestación en la Plaza de Armas (2)). A unos un supuesto allanamiento les trae una acusación constitucional; otros hacen lo mismo y pasan piola…

El doble rasero viene de quien tiene algo que ocultar y proteger. Recordemos a Fujimori atrapado en el círculo vicioso de la reelección eterna. La corrupción tuvo su periodo de apogeo y acabó por perjudicar la marcha de la economía. Recordemos cómo fracasaron con los contratos de Camisea. García está entrando en un círculo vicioso parecido, el de evitar acusaciones por matanzas como de la de 1986 o por las acciones del comando “Rodrigo Franco”. Una arbitrariedad va conduciendo a la otra y ésta a la siguiente….. Es ilustrativo que entre todas las fuerzas políticas que hay, se haya decantado por una alianza con el fujimorismo. La alianza aprofujimorista no augura nada bueno para el país.

Estas arbitrariedades acabarán por pasarle factura al gobierno. Con una economía que todavía funciona, las cortinas de humo les siguen funcionando o siguen aprovechando situaciones que les vienen como anillo al dedo (como esta [Del Castillo] Pide “estar alerta” tras impasse fronterizo con Chile), pero en algún momento se les acabarán.

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Por - Publicado el 28-01-2007

Leí en “La República” una entrevista a William Ospina, escritor colombiano que vino invitado a la Feria del Libro de Trujillo.

De esa entrevista, me interesa destacar estas dos sentencias de Ospina discutibles por lo prejuiciosas. Veamos:

“Mi tema principal desde el comienzo fue el Amazonas y lo que más me interesó
fue averiguar cómo fue ese choque entre el pensamiento histórico de los
conquistadores y el pensamiento mágico del mundo indígena
.”

Sí, es verdad que los conquistadores trajeron un pensamiento histórico (la historiografía medieval y renacentista). La historiografía era un arma muy potente para comprender el pasado y, por supuesto, para proyectar el futuro. No hay ni ha habido una historia inocente respecto de los intereses de su presente. Pero la historia no estaba desligada de un fuerte contenido espiritual.

Así, pues, la frase contiene un problema ya que da a entender que los conquistadores no poseían un pensamiento mágico (que este, sería, en consecuencia, un aporte indígena). Esto es a todas luces falso. En la primera relación europea sobre América, es decir, las cartas de Cristóbal Colón, se cuenta que, ante una tormenta que parece que va a echarse abajo la expedición, Colón y sus tripulantes prometen a la Virgen ir a misa en camisa (es decir, sin capa, algo deshonroso para un hidalgo) a cambio de que los salve. Esto, claramente, es pensamiento mágico. Hay tanta magia en creer que Cristo se encarna en un pedazo de pan sin levadura como en creer que las entrañas de los animales permiten descifrar agüeros. Por cierto, el esfuerzo humano por encontrar sentido a las cosas no debe ser motivo de burla y debe respetarse. El problema surge cuando el cristiano cree que su pensamiento no es mágico pero que sí lo es el de las otras creencias místicas y espirituales.

Pero el punto crucial es que Ospina no parece haber leído a Alejo Carpentier, el teórico del realismo maravilloso. Lo real-maravilloso no se define como una mixtura según la cual los españoles pusieron el realismo y los indígenas lo maravilloso. Por el contrario, lo real-maravilloso se propone como una lectura de la manera en que las crónicas de Indias interpretaron el territorio natural y el mundo humano en América. La idea de Carpentier es mucho más enriquecedora que la tesis simplista y falsa de que el encuentro entre europeos e amerindios fue un choque entre la racionalidad europea-occidental y la irracionalidad de los indios. Este último mito ha servido para dos propósitos contradictorios: en un primer momento, para afirmar la superioridad de los europeos y, en un segundo momento, para reivindicar la sabiduría de los indígenas. La forma de ver el mundo en Carpentier es mucho más aguda: América es un espacio en donde la maravilla literaria (es decir, la enciclopedia ideológica del conquistador) se hace real. En la poética de Carpentier, como en la de Borges, lo original, lo primigenio, no es un estado de pureza natural: es, por el contrario, la realización de la cita. Una reelaboración de estas ideas, con una entonación cómica, se puede encontrar en Los perros del paraíso, del extravagante escritor argentino Abel Posse.

No hay, pues, un punto de vista prístinamente natural, lo que me lleva a la segunda cita de Ospina:

“El hombre americano procuraba vivir en armonía con la naturaleza, no tenía la idea de los europeos de que el hombre es superior a la naturaleza y está para dominarla.”

Esta segunda afirmación requiere menos comentario. En efecto, es una afirmación sin sentido. En el mundo prehispánico había suficiente violencia y ejercicio brutal del poder como para que sigamos creyendo que los amerindios prehispánicos eran gente que vivía en la inocencia. Por otra parte, la conciencia ecologista, que reprueba el uso desmedido de la tecnología por temor de causar daño a la naturaleza, es posible en la medida en que existe aquella tecnología. Los indígenas americanos no eran tan tontos como para plantearse un problema tecnológicamente inexistente. Me parece necesario señalar estos mitos porque son empobrecedores e innecesarios. La mitología borgiana y la carpenteriana, en las cuales no hay puntos fijos sino más bien funciones intercambiables, me parecen mucho más éticas y más enriquecedoras.

Actualización: En este post, hablo de las cartas de Colón como “la primera relación europea de América”. Estrictamente, esto no es cierto. Unas horas después de escribir este post, recuerdo las saga de Eirik el Rojo y la saga de los groenlandeses, que tengo aquí en mi biblioteca. Por cierto, los vikingos vieron el territorio que hoy llamamos América de una manera distinta.

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