Por - Publicado el 13-10-2017

Hace un momento pensé que en el primer documento organizativo de Cataluña independiente, al que se denominaría Bases de la Constitución Política de la República Catalana, se diría:

“Art. 1º.- Todas las provincias de Cataluña reunidas en un solo cuerpo forman la Nación Catalana.

Art. 2º.- La soberanía reside esencialmente en la Nación: esta es independiente de la Monarquía Española, y de toda dominación extranjera.”

El 16 de diciembre de 1822, los representantes elegidos para conformar el primer congreso constituyente del Perú, bajo la protección del ejercito libertador del general José de San Martín, aprobaron algo igual en los términos siguientes:

“Art. 1º.- Todas las provincias del Perú reunidas en un solo cuerpo forman la Nación Peruana.

Art. 2º La soberanía reside esencialmente en la Nación: esta es independiente de la Monarquía Española, y de toda dominación extranjera.”

Parece que el tiempo no hubiera transcurrido desde entonces, y hoy la monarquía española continúa en el dominio de la Nación Catalana, como hace 200 años dominaba a las naciones de América Latina.

Resulta, por eso, execrable la actitud del gobierno peruano que expresó ayer su rechazo a cualquier acto o declaración unilateral de independencia de Cataluña por ser “una acción abiertamente contraria a la Constitución y las leyes españolas”. Si esta declaración hubiera sido emitida cuando el general San Martín o el Libertador Bolívar estuvieron en el Perú, en la campaña por la independencia, lo menos que hubieran hecho con sus autores habría sido embarcarlos para que se fueran del Perú, si antes un jacobino como Bernardo de Monteagudo no se hubiera ocupado de ellos.

La declaración del gobierno peruano es una copia de la que profirió hace unos días Emmanuel Macron, el presidente de Francia.

¿Qué quiere decir esto? ¿Que si la independencia de Cataluña no está prevista en la Constitución de España no es procedente? ¡Qué tal absurdo! No está prevista porque las mayorías castellanas, aragonesas y de otros grupos en la actual Constitución española de 1978 no han reconocido la identidad nacional catalana ni el principio de autodeterminación de los pueblos. Este principio está por encima de las constituciones de las naciones o comunidades dominantes. Y en Europa se le conoce y practica asiduamente. De otro modo no existirían los Estados que antes formaban parte de otros Estados que los abarcaban. De no ser por ese principio tampoco existirían los Estados independientes surgidos luego de la Segunda Guerra Mundial por la descolonización.

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966, declara: “1. Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural.”

Los pueblos de América Latina, por su formación y desarrollo, no pueden ni deben ser ni siquiera indiferentes ante el deseo del pueblo de Cataluña de ser independiente como nación. Por el contrario, es nuestro deber manifestarle solidaridad y simpatía.

Doscientos años después de nuestra independencia de España y a pesar de la tentativa de la monarquía española de reconquistarnos en 1866, guardamos otro trato con el pueblo español y con su gobierno, pero no abdicamos de los ideales que nos llevaron a obtener nuestra independencia y que hoy muchos compartimos con el pueblo y la nación catalanas.

(12/10/2017)

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Comentarios a este artículo

  1. belaisch gilbert dijo:

    bravo Jorge

  2. Ricardo Alvarado dijo:

    Visca Catalunya lliure!

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