Por - Publicado el 24-01-2016

1. Atarante. Haga preguntas cortas que requieran respuestas largas. En medio de la respuesta, interrumpa, haga más preguntas, cambie de tema. Así dejará la impresión de que la entrevistada no tiene cómo responder a su pregunta y no sabe nada del tema.

2. Aterre. Lleve cada respuesta del entrevistado al absurdo o al estereotipo. “Ah, o sea que ustedes proponen una dictadura como en Corea del Norte”. “Ah, o sea que ustedes proponen políticas populistas que llevan a la hiperinflación”. “Ah, o sea que ustedes proponen ahuyentar la inversión”. “Ah, o sea que ustedes apoyan el terrorismo”. Garantice que el entrevistado no pueda levantar la acusación interrumpiéndolo y haciéndole más acusaciones.

3. Evite centrar el tema en los puntos fuertes del entrevistado. Si el entrevistado es un técnico, lleve el tema a la política. Si el entrevistado es un político, lleve el tema a lo técnico.

4. Haga preguntas falsas. “¿Dejarán de ahuyentar la inversión que tanto necesita el país?” (Responda “sí” o “no”, el entrevistado se verá forzado a reconocer que ahuyenta la inversión). “¿Están ustedes a favor de las privatizaciones o se oponen al crecimiento del país?” (Falacia del tercero excluído. Sólo se presentan dos opciones, cuando hay más). Y si no responde la pregunta, acúselo de evadir una respuesta, o simplemente de negar los hechos.

5. Distraiga a la entrevistada con acusaciones personales. Que la entrevistada pierda tiempo respondiendo acusaciones para que nunca pueda hacer su propuesta. Incluso si responde bien a las acusaciones, quedará una sombra de duda sobre su persona.

6. Apodérese de la realidad. No le dé al entrevistado ninguna posibilidad de discrepar fácilmente con la imagen de la realidad que usted dibuja. Y si lo hace, que pierda tiempo refutándolo. No le pregunte sobre cómo ve la realidad. Afirme de frente que está demostrado el modelo económico actual es el que más le conviene al país, que ha traído un gran crecimiento, una gran redistribución y una gran reducción de la pobreza. Que la respuesta de su entrevistado gire en torno a intentar refutar esta afirmación. Siempre es más difícil plantear una idea en relación a una afirmación previa que plantearla libremente.

7. Haga enojar a su entrevistada. Píquela con acusaciones hasta que pierda los papeles y levante la voz. Usted también levante la voz, pero quien siempre perderá en imagen es ella, no usted.

8. Embosque. En medio de cualquier explicación de su entrevistado, pase imágenes que ilustren lo contrario a lo que éste señala, interrumpa y dé la palabra a un entrevistado sorpresa que está en la línea telefónica y deje malparado a su entrevistado.

9. Dos contra uno. Una forma de garantizar que su entrevistada quede siempre arrinconada es hacer la entrevista con algún colega que comparta sus criterios y que sea tan incisivo como usted con el entrevistado. No le den ningún respiro al entrevistado. Ametrállenlo con preguntas e interrumpan todas sus respuestas.

10. La casa gana. Cuando su entrevistado se haya ido, siga hablando del tema y refutándolo. Desde luego que así su entrevistado no podrá responder a nada, usted redondeará sus ideas (las de usted y de su empleador) y consolidará una mala imagen en su entrevistado.

[Publicado antes en Facebook aquí.]

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