Por - Publicado el 13-12-2009

Ad Nelson Manrique

El reciente libro de Nelson Manrique “”¡Usted fue aprista!” Bases para una historia crítica del APRA”, CLACSO-Fondo Editorial de la PUCP, es una historia del aprismo desde su fundación hasta el presente. Sale cuando el aprismo está en el poder por segunda vez, tras ganar las elecciones con un discurso, cuestionador del “neoliberalismo”, y ya en el poder con una acción en sentido contrario. En tal contexto los zigzagueos políticos del APRA cobran una renovada actualidad, por lo que el libro de Manrique ha sido motivo de un debate periodístico, mirando al pasado con los ojos del presente. Sus críticos sostienen que las evidentes derechizaciones apristas de antaño como la de hogaño no serían tales, sino un despliegue de coherencia malinterpretada por los sectores antiapristas o por desconocimiento de tal o cual afirmación de Haya. O en todo caso serían parte de un “aprendizaje democrático” y de la incorporación de un mayor realismo político al ideario original aprista, sin contradecirlo.

Lamentablemente, el debate en esos términos pasa por alto una lectura crítica del libro de Manrique, que es lo primero que se esperaría antes de reanudar un debate ya viejo en la historia política del país. La primera pregunta que habría que hacerse es ¿cuál es el valor agregado al conocimiento del libro del historiador y sociólogo? Y mi respuesta es: muy poco. Este trabajo es casi un survey, una compilación de materiales de otros, organizados en una secuencia crónológica (con diversos desórdenes y repeticiones), que si bien es valioso en sí, no acaba de tener un hilo conductor. Falta bisturí analítico. No hay una tesis distinguible y original del autor del libro. La historia de la derechización del APRA ya fue contada por diversos autores, notablemente por Víctor Villanueva y Luis Chanduví, entre muchos otros. Al leer el libro uno siente ver una película remake en colores, con términos actuales, de una película original en blanco y negro.

El relato del libro tiene diversos adelantamientos y retrocesos. Estamos en los treintas y saltamos a los cuarentas, para luego volver a los veintes. Haya polemiza con Mariátegui en los veintes, luego saltamos al “Gran viraje” y Haya tiene una polémica epistolar, tipo blog, con Luis Alberto Sánchez en 1943 y luego volvemos al debate de Haya con Mariátegui en 1928 y luego a la insurrección de Trujillo en 1932. Estos saltos cronológicos ocurren varias veces en el texto. Contar una historia de marchas y contramarchas recurriendo a marchas y contramarchas no ayuda a aclarar las cosas.

Además, hay varias repeticiones. Más de dos veces se repite, con similar indignación, que el APRA ofreció voluntarios a los Estados Unidos para luchar en la guerra de Corea; más de dos veces se repite que Haya se jactó de derrotar a Lenin en una conferencia antiimperialista en Bruselas en 1927, cuando Lenin ya estaba muerto. La renuncia de los hijos del “Búfalo” Barreto el 1 de diciembre de 1963 es citada dos veces (p. 247 y p. 311), una en el capítulo de la explicación de la convivencia y otra en un capítulo sobre el APRA y el “sindicalismo libre”. Incluso se repiten construcciónes. El anticomunismo es casi siempre “cerril”, los oligarcas están siempre “dispuestos a sacrificar a los hacendados tradicionales de la sierra”. Así, en la página 278 se afirma:

Al comenzar la convivencia, la dirección del Apra, al igual que la oligarquía costeña, estaba dispuesta a sacrificar a los hacendados tradicionales de la sierra.

y en la página 306, en otro capítulo, se dice:

Los representantes de la oligarquía, en cambio estaban dispuestos a sacrificar a los terratenientes serranos, cuya decadencia e incapacidad para encuadrar a los campesinos ponía en riesgo todo el orden oligárquico.

El libro incluye varios capítulos que dan contexto, pero aportan poco a la línea argumentativa posible del texto. Capítulos como “La sociedad peruana de los años cincuenta”, “La crisis el agro y los movimientos campesinos”, “El APRA y el movimiento obrero”, “La hora de las armas” son muy tangenciales al tema del libro e innecesariamente largos, con muy poco valor agregado. En el capítulo “la crisis del agro” el autor dedica harto texto al movimiento de Hugo Blanco, que no tiene mucho que ver con la organización aprista. En el capitulo “el movimiento obrero” incluye un cuadro (Cuadro 7, p. 304) sobre muertes campesinas que debería estar definitivamente en el capítulo anterior sobre “la crisis del agro”. En un sub-capítulo sobre el “sindicalismo libre” más se dedica a contar las acciones violentas de los búfalos, a quienes llama “defensistas”, una palabra que no existe en el DRAE, aquí y un eufemismo que ni los apristas más orgánicos suelen usar.

Así, diversos capítulos del libro parecen haber sido escritos independientemente uno del otro, pues se los aprecia poco conectados y con muchas redundancias. Incluso hay contradicciones importantes en algunas afirmaciones. Una notable es que el autor dibuja a un Haya izquierdizado y revolucionario en los veintes (“marxista revolucionario”, p. 73), que si bien no era comunista, tampoco era anticomunista. Sin embargo, en cierto momento la figura dibujada por el autor cambia repentinamente:

El sindicalismo aprista estuvo teñido de un anticomunismo visceral desde sus inicios. Este, en el nuevo contexto provocado por el viraje pro oligárquico del partido, llevó a un alineamiento virtualmente incondicional con el sindicalismo norteamericano (…).p. 294.

Tal vez con las entrevistas a Walter Palacios y Violeta Carnero, Manrique hubiera podido escribir un artículo específico (y lo mismo con sus discusiones sobre las ediciones y fechas de publicación de “El Antiimperialismo y el Apra” o sobre cuál fue la posición aprista sobre el velasquismo). Entonces Manrique nos lleva por vericuetos periféricos al tema central: si De La Puente Uceda tuvo una formación más “bufalesca” (o “defensista”) o intelectual, si Napurí fue fiel a la verdad en diversas afirmaciones sobre De La Puente Uceda, etc. Y aquí se nota el gran salto dado por Manrique, que se manda a escribir un libro sobre el aprismo, sin tener previamente artículos sobre el tema. Se ha querido comer el asunto de un solo bocado y le ha quedado un trabajo muy irregular. Es como una sopa de sobre mal disuelta, donde se notan los grumos, el yuxtapuesto trabajo de otros no acabado de procesar en un discurso mínimamente coherente.

Un aspecto interesante del libro es el uso de fuentes, varias oficiales, americanas, que podrían haberse organizado de una forma más integrada con el resto de fuentes utilizadas. Esto no sólo no ocurre, sino que el autor no les acaba de dar crédito. Haya de la Torre pide una reunión con el embajador americano en Lima Fred Morris Dearing tan temprano como en septiembre de 1931, previo a cualquier convivencia o superconvivencia, cuando Haya era candidato presidencial por primera vez. Haya le dice al embajador que los intereses americanos en el Perú no tienen nada que temer y que por el contrario pueden esperar un gobierno excelente y beneficioso. No fue la única entrevista: Haya se reunió con funcionarios de la embajada americana en varias ocasiones así como con funcionarios de empresas extranjeras. Estas reuniones ocurrían en medio de la elaboración de tesis revolucinarias apristas, anota Manrique. Pero aquí viene su distancia:

la historia pública muestra apenas una faz de una realidad mucho más compleja de lo que la sola lectura de los documentos oficiales sugiere. p. 55.

La única “complejidad” que se deduce de estos hechos es que el antiimperialismo de Haya de la Torre era una burla a sus seguidores desde muy temprano, como bien anticipara José Carlos Mariátegui, también desde muy temprano. Lo ocurrido a mediados y fines de los cuarentas no fue un “gran viraje”, sino una “salida del armario” de Haya de la Torre, cuando su verdadero programa se hizo evidente al pueblo peruano en general. De haberse publicado un “vladivideo” de Haya de la Torre con el embajador americano en que el pueblo lo pudiera apreciar haciendo esas afirmaciones, la credibilidad de Haya habría quedado seriamente dañada (aunque viendo cómo los políticos “vladifilmados” siguen en la escena pública, quién sabe….). En cualquier caso, Manrique no presta suficiente atención a estas evidencias e insiste en un Apra primigenia revolucionaria. Pareciera que quiere seguir creyendo en una fe, cuando ya sabe que es trafa. Díficil pasar a una afirmación cuando se vive en la negación. Su actitud contrasta con la de enérgicos ex-apristas como Villanueva y Chanduví, muy claros y descarnados en sus afirmaciones.

P.S. Un repaso de la historia del Apra y en general de la política peruana hace inevitable vincularlas al actual transfuguismo y la desilusión generalizada de la ciudadanía con los partidos políticos. El camino sinuoso de Haya de la Torre, continuado fielmente por su sucesor Alan García, abrió las puertas para la llamada crisis de los partidos y de representación política. Educó a la gente en el cinismo y la aceptación acrítica de la traición de los políticos a sus propios programas. Validó las promesas incumplidas, el acomodamiento por pequeñas ventajas, la sanción social partidaria contra quien se rebelara contra tales acomodos. Las décadas de convivencia apro-oligárquicas malformaron a más de una generación y sirvieron de aprestamiento para la llamada crisis de representación política peruana. No existe en América Latina una crisis similar a la vivida en el Perú, como tampoco existe un caso tan escandaloso de convivencias y malversación de capital político. Con el paso de los años no deberíamos sorprendernos de la alienación ciudadana por la actividad política. Ambas singularidades de la historia política peruana en la región podrían ser motivo de un mayor estudio. Acaso bien hubiera podido ser el hilo conductor faltante en el libro de Manrique. Al fin y al cabo el debate que su libro ha provocado parece estar más referido al presente que en torno a un estudio detallado del pasado.

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Enlaces a este artículo

  1. Magda Portal, las mujeres y el APRA » Gran Combo Club
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Comentarios a este artículo

  1. Silvio Rendon dijo:

    Sobrelibro de N Manrique GCC: Usted también http://bit.ly/6OF1hw

  2. Miguel dijo:

    Un pequeño comentario respecto al anticomunismo visceral del sindicalismo aprista.

    Hasta donde se, la mayoría de los obreros apristas primigenios provenían de las canteras del anracosindicalismo. Anarcosindicalismo que tenía ya casi 30 años de existencia en el Perú a fines de los años 1920s.
    Hasta donde se, ´desde Europa a fines de los 1880s llegaron a América Latina inmigrantes con ideas marxistas y anarcosindicalistas, influyendo elos en cada país de acuerdo a la realidad social propia: los marxistas influyeron en Chile, Uruguay, Cuba, los anarquistas coparon el naciente movimeinto obrero peruano.

    El anarquismo que vino de Europa era un anrquismo virulentamente antimarxista (en la época, antisocialdemócrata de la segunda internacional), producto de la ancarnizada pelea que tuvieron Bakunin y Marx por el control de la Primera Internacional.

    En ese contexto, era poco probable que una propuesta socialista-comunista-marxista como la planteada por Mariategui tuviera eco en los sectores obreros influidos por el anarcosindicalismo, mientras la propuesta de Haya tendría seguramente mucha pegada. Y en ese contexto, el antimarxismo-anticomunismo de Haya empataba perfectamente con los pre-juicios de los primeros obreros apristas.

    saludos por fiestas y mis mejores deseos a GCC y lectores en el año 2010

  3. Ernesto Carlín dijo:

    Empecé ayer a leer el libro y sí, tienes razón, le hace falta un trabajo de edición. Hay citas que se repiten con dos páginas de separación, los saltos temporales no ayudan a la comprensión de lo que se explica, etc. Espero mejore en las próximas páginas.
    Slds

  4. Ernesto Carlín dijo:

    Acabé el libro hace un momento. La verdad que coincido contigo en que necesitaba una mejor edición – usa el apodo de “rabanitos” un montón de veces y recién a la mitad del libro lo explica y no vuelve a usar el término por ejemplo, o repite datos, etc -, pero al menos da un resumen de bastante información.

    Le falta un hilo conductor, ok, de acuerdo. Pero el principal cuestionamiento que le encuentro es que aborda la historia de ese partido con bastante prejuicio. Un ejemplo: de arranque se manda con una comparación entre Sendero y el Apra que ya va dando pistas de para donde irán los tiros en todo el libro. (Creo que leí a Tony Zapata decir sobre el libro algo así como que algo bueno habrá tenido ese partido para que haya funcionado tantos años y la izquierda no).
    Manrique no intenta explicar por qué el Apra tiene tantos años de vigencia, mas bien busca las razones por las que debería haber perdido apoyo hace mucho tiempo. Y cuando encuentra con un, desde su punto de vista, acierto, lo menciona sin casi desarrollo. Como cuando dice que Haya formó al partido siguiendo los planteamientos de Lenin, logrando consistencia.

    No intenta buscar la lógica de las decisiones que tomaron en determinadas épocas, sólo el lado negativo. Como cuando insiste en que el Apra debió apoyar a Belaunde a pesar de que éste no le garantizaba el regreso a la legalidad. En fin, la verdad que deja bastante material para la polémica.
    Slds

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