Don Manuel González Prada,
He observado con preocupación las repetidas acusaciones que usted viene haciendo contra respetables figuras del quehacer público nacional. Hasta el momento he preferido mantener silencio esperando, ya veo que en vano, que usted recapacitara y cambiara de actitud. Lejos de suavizarlas, usted ha radicalizado sus expresiones destempladas, sin elegancia, todas ellas sin pruebas y sin razón. Incluso ha llegado usted a decir en temeraria generalización, que “en el Perú donde se pone el dedo salta la pus”. ¿Por qué tanta mala leche contra su país, Don Manuel? ¿Acaso no se da cuenta que estas actitudes destructivas perjudican y dan una mala imagen al Perú? Por gente como usted es que el Perú está como está.
No le negaré que algunas acotaciones suyas tienen atisbos de validez, pero esas mismas críticas, sin tantos ataques personales y con una actitud más inteligente y razonable, podrían ayudar a nuestro país, en vez de dañarlo como viene ocurriendo. Más lograría usted para su causa con una actitud constructiva, más moderada, más responsable.
Usted, Don Manuel, caricaturiza la política nacional denunciando contubernios y acuerdos bajo la mesa, cuando sólo se trata de grupos políticos que coinciden circunstancialmente en algunos puntos de acción, por lo demás, positiva para el país. Ve usted corrupción y delito, donde sólo hay escándalo. A todos acusa usted de deshonestidad y corrupción. Funcionarios, periodistas, sacerdotes, militares, nadie se salva de sus punzocortanes vituperios. ¿No sabe usted que todas sus denuncias ya fueron investigadas por una comisión de gente proba y respetable que absolvió de toda culpa a las personas que usted tan vehemente denuncia? Usted no tiene fundamentos para su cantaleta anticivilista. Es incomprensible que insista en atacar la reputación y desacreditar a personas e instituciones que trabajan por el bien social.
Su actitud desbocada lo está llevando a límites irracionales, llegando incluso a legitimar posturas subversivas. En “el intelectual y el obrero” usted llama a la revolución social, presentando la inundación de la barbarie como “el diluvio de la justicia”. En “nuestros indios” usted solivianta a la masa indígena, peligrosamente. ¿Por qué, Don Manuel, por qué? ¿Acaso quiere usted que las llamas y vicuñas vengan a decidir sobre asuntos de estado? A un hombre tan ilustrado como usted no le ha faltado nunca la mesa bien servida, ni viajes por la culta Francia para venir ahora a adoptar ideologías tan precarias y contraproducentes para el país. ¿Por qué envenena a la juventud con una postura tan precipitada, Don Manuel? ¿No se da cuenta que el país rechaza sus llamados a la anarquía y se pronuncia unánimemente por vivir en orden y paz social?
Déjeme decirle que no entiendo su actitud tan irresponsable, además de agresiva y liquidacionista contra tanta gente. Entiendo las diferencias de opinión, no su encono y mala leche. Por ello, Don Manuel, ya no espero demasiado de usted. Como que se metió en un punto de “no retorno” y a estas alturas me parece que es su orgullo el que le impide reconocer sus errores. Está usted en una desenfrenada “huída hacia adelante”. Ojalá me equivoque.
Sin otro particular,
Ántero Remigio Tantaleán y Echenique

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28-12-2009 - 9:33
Comentarios a este artículo
28-12-2009 22:52
Si de inocentadas se trataba, no estaría demás haber puesto la fecha de la carta y alguna sugerente ruta de hallazgo, tipo Colección de Papeles Varios del Marqués de Montealegre y Aulestia, Universidad de Oviedo(ya sabes de quién estamos hablando). Además de redactar en un estilo más culterano.Pa otra vez será.
Si se trataba de un texto de tono irónico, buscar algo menos manido: Una carta a Rumi Maqui de su primer instructor militar o una de Pedro Paulet al mariscal Benavides.
Solo por dar ideas. Agur.
29-12-2009 9:59
Gracias, Javier. Tus ideas están buenazas, pero requieren una pluma que excede las posibilidades de Ántero Remigio.
05-01-2010 22:00
O una de Grieve a Leguía
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