Por - Publicado el 26-03-2008

La migración del campo a la ciudad ha sido un fenómeno mundial generado a partir del desarrollo capitalista. En el siglo XX diversas ciudades de diversos países pobres experimentaron este fenómeno masivamente: Teherán, Accra, México, Yakarta, Nairobi, Lima.

No parece que en otros países se recibiera este fenómeno con el optimismo con que fue recibido en el Perú, donde surgió, tardíamente, toda una producción intelectual casi futurista sobre los migrantes. Vale la pena citar este trabajo de Romeo Grompone al respecto:

Antes que la teoría aparecen las metáforas y los personajes arquetípicos. En una sociedad urbana sometida a un proceso acelerado de cambios existe la tentación de buscar atajos, de llegar por fin al imprevisto camino que evite las confusiones y ayude a sortear las dudas. Primero acuden las metáforas. Los informales han trazado otro sendero emprendiendo una larga lucha por la propiedad privada, ampliando los márgenes de la economía de mercado ya acorralando a un Estado mercantilista. Otras veces, ellos provocan el desborde popular defindiendo nuevas reglas y construyendo nuevas instituciones. Los ayer marginalizados están marginando al Estado porque los migrantes invasores impusieron su estilo en todos los predios de la política y la sociedad. Los mismos migrantes descienden ahora del caballo de Troya “a paso de vencedores”, porque son guerreros pacientes y decididos y les toca enfrentarse a limeños que han olvidado las artes del combate, conformes con obtener un puesto seguro o recibir los favores de los gobiernos, la opción por una vida sin riesgos y sin posibilidades. En los nuevos barrios estos pobladores son los conquistadores de un nuevo mundo por obra de sus luchas individuales y colectivas. El triunfo esta vez ha sido lograr la democratización de la sociedad, afirmando sus derechos y adquiriendo así una identidad ciudadana que restringe los márgenes de la manipulación y control de las élites.
(…)
Pero repasemos otra vez los títulos: El otro sendero, Desborde popular y crisis del Estado, Los caballos de Troya de los invasores, Estrategias campesinas de conquista de la gran Lima, Conquistadores de un nuevo mundo. De invasores a ciudadanos en San Martín de Porres. Aires de epopeya y de canción de gesta se escuchan en una década de severa crisis económica, extensión de la pobreza urbana y rural, violencia política, tambaleante afirmación de la democracia por una débil institucionalización.
En “De Marginales a informales”, DESCO, 1990.

Efectivamente, en los ochentas cuando el país estaba en franco deterioro surgió toda esta literatura futurista, de “canción de gesta” (1). Es tal vez lo que Gustavo Faverón calificó en este post de “sociología feliz”. El Titanic se hundía y los músicos seguían tocando…

Pero el tema no sólo era esta actitud de exaltación que llamaré “desbordepopulista”. Las grandes migraciones a Lima ya se habían producido en los cincuentas y sesentas, al menos veinte años antes de esta exaltada producción intelectual. Y hubo gente que en tiempo real la vio. Ya había “Poder y sociedad en el Perú contemporáneo” de Francois Bourricaud. Ya Arguedas hablaba con esperanza de la presencia andina en Lima. El Perú pre-velasquista ya era un Perú urbanizado, de migrantes, en ebullición social. En esa ocasión los migrantes venían a estudiar, con lo cual desarrollaron un renovado movimiento estudiantil, y a trabajar, con lo cual impulsaron un vigoroso movimiento sindical. Sin embargo, este cambio no fue suficiente para entonces hablar de un nuevo Perú, al menos de la manera cómo se habló después.

Veinte años después, en plena crisis, algunos autores redescubrieron las grandes migraciones y sus nuevos personajes. Parecía que se quería creer en algo. El Perú había cambiado mucho ya. Llegaron tarde con su análisis. El tema es que es siempre estamos ante un cambio que no acaba de ocurrir o que no nos lo acabamos de creer. Llevamos cambiando desde hace tanto tiempo que ya parece que no acabamos de cambiar…

Es un tema en permanente vigencia. Veinte años después de los ochentas, en forma verdaderamente extemporánea, se sigue exaltando el asunto. Cito como ejemplo este post de Martín Tanaka sobre el tema del racismo:

Yo propongo ver el asunto desde el punto de vista que podrían tener los migrantes andinos que tomaron todas nuestras ciudades y que en pocas décadas hicieron que nuestro país pasara de ser rural a urbano. Vistas las cosas desde este ángulo, que involucra a la mayoría de peruanos, creo que lo que llama la atención es el avance social, la ocupación progresiva de espacios físicos y simbólicos que antes les estaban vedados. Que queda mucho camino por recorrer, cierto; que los avances han sido tortuosos y basados en estrategias defensivas, también. Pero el avance ha sido impresionante.

Seguimos con el asunto de la migración. Tenemos que comparar la situación actual con la situación premigratoria. Con tal horizonte posiblemente entonces nos impresionemos por la expansión y consolidación de la ciudad y el aparente progreso material de su población. Pero no era ese el tema, sino, en este caso, el racismo. Se habla de “avance impresionante”, porque los migrantes acceden a espacios antes vedados. Antes accedieron al centro de Lima, pero las élites ya se habían ido de allí. Una familia rica se fue de su antigua casona del centro de Lima; ahora la ocupan varias familias pobres. ¿Es ese el avance? Ahora en Miraflores se ve relativamente menos gente blanca y más gente mestiza. Gran avance. Ya, pero la nota ya no es Miraflores, sino Asia, donde hay zonas en que te dirán algo si eres “morenito”. Es como si se celebrara porque gente de estratos pobres ahora vaya a La Herradura. Ya fue. Es como los goles de Cubillas (2).

Los espacios físicos y simbólicos están en permanente cambio. Surgen nuevos lugares “in”, otros decaen y se vuelven “out”. Una ciudad que pasa de menos de un millón a siete millones de habitantes obviamente que sufre un proceso de expansión-sucesión. Para hablar de avance habría que tener una métrica que así lo evidencie. ¿Avance económico? No queda claro. Los ingresos urbanos llegaron a su pico a medidos de los setentas; toda la década de los ochentas estuvo por debajo de ese pico. Recién ahora estamos recuperando ese nivel (3).

Y si vamos a meternos de verdad en “el punto de vista de los migrantes andinos”, éstos no están pensando en cincuenta años atrás. Tal vez la primera generación sí tenga una actitud de aprecio de los cambios sufridos, pero la siguiente generación ya no tanto. Ellos quieren lo que quiere todo el mundo y cualquier impedimento para lograrlo, y no sólo lograrlo sino intentarlo, es muy restrictivo y frustrante (4).

La actitud “desbordepopulista” ante el país, paradójicamente, por más que se presenta como de un temperamento futurista, es un caso particular de una actitud pasadista. Es estancarse en un pasado de supuestos cambios y estar siempre volviendo al Perú de mediados del siglo pasado. Es el complemento del discurso de la eterna “herencia colonial” de la cual nunca salimos ni saldremos. Una exaltación de un cambio que sólo tiene sentido si hay permanencia en la memoria de una época pasada que es nuestro referente obligado. Tendríamos que aspirar a otro referente, un poco más exigente y que n
os haga pensar verdaderamente en un futuro mejor.

Chayllam.

_____

(1) La observación de Grompone, lamentablemente, pasó relativamente inadvertida, pues estuvo empotrada en un artículo que tenía otro propósito, evaluar “Las lecturas políticas de la informalidad”.

(2) Algunas preguntas. ¿Es que el racismo no puede cambiar y tiene que ser el mismo de hace cincuenta años? ¿No se puede hacer más sutil, pero igualmente dañino? Una cosa es mutación y otra es atenuamiento del racismo. Los “migrantes andinos que tomaron nuestras ciudades”, ¿pueden ser racistas? Por ejemplo, ¿entre ellos? ¿con otros? En la explicación de Martín Tanaka pareciera que la presencia de migrantes es evidencia de que el racismo decae en el país ¿es esto así?

(3) En realidad, una evidencia importante, y poco citada, sobre este tema es el trabajo de Hugo Ñopo ¿Machistas o racistas? en que encuentra que no hay discriminación racial en el mercado de trabajo peruano.

(4) A todo esto, notemos lo centralista y limeña que es esta visión. ¿Y qué pasa en todo el Perú?

Hablando del “desborde popular”, va la primera escena de “Octubre” de Serguei Eisestein:

Y esta escena en que el poder del zar se reconstituye…

Mucho “desborde”, pero las cosas no acaban de cambiar…

-

Enlaces a este artículo

  1. Trasfondos sociales del examen de admisión a la UNI »
    22-02-2009 - 15:53
  2. Divisiones digitales »
    01-10-2009 - 1:06

Comentarios a este artículo

Comparte tu opinión respecto al tema tratado.

Importante: Existe moderación de comentarios. Si no te identificas con tu nombre y apellido, posiblemente no se publique tu comentario. Referirte al tema del post, identificarte y evitar ataques personales o lenguaje ofensivo aumentarán las probabilidades de publicación de tu comentario.