Por - Publicado el 09-01-2008

A veces se olvida que las izquierdas que en los ochentas se volvieron legales del todo en su gran mayoría eran izquierdas que querían acceder al poder mediante métodos violentos. El tema es que Sendero Luminoso fue por un tiempo el único que llevó a la práctica esta idea. Llevaban hablando sobre “iniciar la lucha armada” durante todos los setentas. Más de una vez fueron a la rotonda de Letras de la PUCP a anunciar ese inicio que nunca venía. Hasta que vino, con los tristes desenlaces que conocemos.

Desde el comienzo entre la izquierdas quedó claro el carácter sanguinario y la vesanía de Sendero Luminoso. Sin embargo, muchos izquierdistas apostaron por rechazar el carácter sanguinario (matar campesinos, policías por la espalda, coches bombas, etc.) y hacer una lucha revolucionaria exenta de estas cosas. Una lucha revolucionaria caballerosa, como nos enseñaron en el colegio que hacía Miguel Grau. Así, el MRTA es la segunda organización que apuesta a una lucha subversiva sin estos aspectos. Comienzan asaltando zapaterías y regalando zapatos en pueblos jóvenes, explican sus acciones, pero finalmente acaban en lo mismo: matan generales, secuestran empresarios, ponen coches-bomba y finalmente ejecutan a sus víctimas en forma no muy diferente a la de Sendero Luminoso. La violencia es la violencia. La conclusión fue clara: no hay violencia caballerosa, por más que se la quiera romantizar o hacer llevadera (ver Mitos que matan).

La historia oficial podría terminar aquí. Pero no. Hace poco Fujimori recordó que no sólo había un grupo paramilitar, sino varios. Pues en las izquierdas parece ser también que no había sólo dos grupos armados, sino varios. El MRTA no fue el único grupo que intentó “corregir” los “errores” de Sendero Luminoso. A pesar de su fracaso, otros también intentaron realizar una lucha revolucionaria que, diciéndolo en su propia terminología, no ejecute campesinos, policías, alcaldes, empresarios, que incorpore al conjunto del pueblo peruano a la lucha armada. El entierro popular de Edith Lagos en Huamanga o el buen recibimiento al MRTA en Juanjui les había indicado que la población podía simpatizar con los movimientos armados. Era cuestión de corregir la parte sangrienta del asunto. Al fin y al cabo tanto SL como el MRTA eran grupúsculos marginales, a diferencia de la supuesta gran fuerza política de las izquierdas legales en el país.

La división de las izquierdas a fines de los ochentas se produce entre dos alas, una “electoralista” liderada por Alfonso Barrantes (quien aprobó la masacre de los penales de Lima en 1986) y otra tildada abiertamente de “vanguardista-militarista”. Que en las izquierdas a fines de los ochentas hubiera sectores que estuvieran dispuestos a apostar e incluso que podrían haber estado preparándose para la lucha armada no es nada nuevo. Lo que no se sabe de esta historia son los detalles, los entretelones, los eventos precisos. En el informe de la CVR no hay ni rastro de algo como esto. Al parecer nunca existió (aunque es muy probable que más de un comisionado pudiera estar al tanto de algo así). Incluso hay versiones muy precisas que señalan contactos entre las izquierdas legales y Sendero Luminoso desde comienzos de los ochentas( “Los contactos con la izquierda y la captura de Mezzich” ).

Al parecer, y esto también se ve muy claramente en el libro de Ricardo Uceda “Muerte en el Pentagonito”, estas izquierdas estuvieron muy infiltradas (De hecho, uno de los temas de investigación en que trabaja Uceda es la existencia de un grupo armado dentro de la Izquierda Unida). Estos intentos violentistas habrían sido fácilmente controlados por las fuerzas del estado.

Otro hecho es que las propias izquierdas entraron en guerra entre sí: Sendero Luminoso comenzó a matar a diversos dirigentes de las izquierdas legales. El caso más sonado fue tal vez el de María Elena Moyano, pero hubo muchos más. La respuesta de estas últimas habría sido responderles en sus mismos términos, de un lado colaborando con las fuerzas del estado, de otro, posiblemente con sus propios incipientes brazos armados. Así, lo que habría sido creado para la lucha armada habria tenido que ser utilizado en contra de la misma, en contra de Sendero. Hasta ahí la especulación. Lo real es que después de dos décadas poco es lo que se sabe de estos hechos. Hay un gran pacto de silencio. Mejor no decir nada. Sin embargo, tal silencio contrasta con el volumen de voz sobre otros temas.

Como ocurrió con Adolfo Olaechea, advierte Aprodeh
Piden evitar que pedido de extradición se traduzca en absolución de Mónica Feria Tinta

Lima, ene. 08 (ANDINA).- Es indispensable precisar bien los argumentos legales para la extradición y eventual juicio de Mónica Feria Tinta, a fin de evitar que pueda quedar finalmente libre, como ocurrió con el denominado “canciller de Sendero”, Adolfo Olaechea, sostuvo la Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh).
Miguel Jugo, director ejecutivo de esta ONG, dijo en ese sentido que se debe tener mucho cuidado en la elaboración del pedido de extradición que se enviaría a Alemania, país donde Feria Tinta fue detenida.

La fuente es ANDINA, pero también sale esta noticia en Correo. Las asociaciones de derechos humanos se vienen convirtiendo en habituales de estos medios de prensa.

Mi lectura de esta noticia es política y se remonta a la guerra entre izquierdistas. Aprodeh es una organización vinculada a un sector de las izquierdas que recibió duros golpes a manos de Sendero Luminoso: la muerte de muchos de sus militantes. Sin embargo, este sector fue precisamente el “vanguardista-militarista” de las izquierdas. Su reacción contra Feria, además de limpiarse de la frecuente acusación de defender a los terroristas y no a sus víctimas, podría remontarse a animosidades de esos años, más que provenir de un análisis de los hechos. De hecho Aprodeh adoptó la versión de Fujimori sobre el caso Castro Castro que asegura que los hechos en ese penal comienzan cuando los presos se amotinan. Sin embargo, la CIDH de Costa Rica ha determinado que no hubo motín alguno; las fuerzas del estado entraron directamente a bombardear la prisión. Versiones muy contrapuestas. Asumiendo la versión oficial mal podia Aprodeh defender a los presos de Castro Castro.

Y este es un segundo tema, la competencia entre asociaciones de derechos humanos por los casos. No sería el pasado de Feria, sino simplemente que las diversas ONGs de derechos humanos (cuyos miembros también tienen algún pasado) podrían estar disputándose los clientes con Feria. No les iría nada mal tenerla fuera del camino.

Dan a pensar los términos de las declaraciones de Aprodeh. Si alguien, guste o no guste, sale absuelto, cual es el caso por ejemplo de Adolfo Olaechea, no se puede estar insistiendo en su culpabilidad. Ya es cosa juzgada. (Además, con Olaechea no había “precisión de los argumentos legales” que les hubiese servido, pues la acusación simplemente no tenía caso). Una asociación que defiende los derechos humanos no puede caer en un vicio que tanto se ha venido criticando, máxime cuando no se tiene una acusación específica contra alguien. Sin embargo, Aprodeh ya decidió quién es culpable e inocente. El resto es un trámite que hay que llevar bien. No puede ser. Est
án sacrificando los principios que deberían defender a cambio de, entre otras cosas, potabilizarse con sectores que no los aprecian ni nunca los apreciarán.

Dos anécdotas: Viene a cuento recordar el incidente señalado por Martín Tanaka en La ética del observador frente a la desgracia de los otros sobre la reacción de un científico social y alto dirigente de un partido de izquierdas cuando se enteró de la masacre de Accomarca (69 personas, entre ellas 29 niños) durante el primer gobierno de Garcia (ver aquí):

“ojalá que sea cierto”. Pusimos cara de ¿? Y añadió: “claro, si es cierto, preparamos un proyectito, vamos para allá, tomamos unas fotitos, y sacamos un librito”. Allí no quedó una cosa: terminó diciendo “…ahhhh, si todo sale bien, con la plata que cobre por ese proyecto, por fin podré terminar mi casa en la playa… aaahhhh, ya me veo en mi casita tomando un daikiri”. Acompañó esta frase con un movimiento con el que se acomodó en la silla y reclinó su cabeza, con las manos detrás, como tomando sol en una silla playera. Sólo uno de nosotros (no yo) atinó a decirle: “oye, o sea que gente muere y tú te haces una casa de playa”. El pata nos respondió, con displicencia, “muchachos… de algo hay que vivir”.

Sí, pues. De algo tienen que vivir. Se nota cuando se defienden los derechos humanos sólo por esta razón…

Yo tengo otra. “A tu edad yo ya estaba poniendo bombas en el bowling”, le diría orgulloso y sonriente, mientras le regalaba un calendario de bolsillo, a un cachimbo de letras en un aula del segundo piso de Sociales. El cachimbo le había caído bien al experimentado candidato a senador (o diputado) por la Izquierda Unida. Estaba dando una entusiasta charla de campaña para las elecciones de 1985. Estuve allí. Década y media después este señor tendría un alto cargo en la CVR…

Actualización: Fuentes allegadas al “Diario Internacional” insisten en apropiarse de Mónica Feria para su propia agenda política (ver aquí). Por ejemplo, afirman falsamente que la entrevista “Yo conozco el infierno” fue publicada por el “Diario Internacional” en 2007, cuando este medio se la copió de una entrevista aparecida en 2006. El “Diario” se la copió sin permiso ni de la entrevistada ni de los autores de la entrevista. La supuesta defensa que hacen de Feria es un abrazo de Judas. A lo que queda de Sendero Luminoso le viene muy bien que se desvíe la atención hacia Feria. Así ellos siguen pasando piola… Además, corroborando la animosidad entre izquierdistas mencionada arriba, ahora Luis Arce Borja denuncia a Francisco Soberón de Aprodeh por su pasado izquierdista…

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Enlaces a este artículo

  1. La postguerra peruana »
    23-07-2009 - 22:47
  2. Las FARC y los derechos humanos » Gran Combo Club
    06-01-2010 - 3:43

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