Por - Publicado el 13-02-2007

En este blog, Silvio ha estado explicando el como y el porqué de hacer estudios especializados en el extranjero. Si no lo he entendido mal, Silvio ha señalado que en este asunto se evidencian ciertos desfases entre la economía de punta y la economía que se estudia en el Perú y, más importante que ello, ciertas resistencias en el ámbito nacional respecto de nuevos modelos usados en esa disciplina. La consecuencia es que el estudiante de economía peruano no tiene acceso a los modelos más avanzados y, por tanto, no está capacitado para integrarse al diálogo académico global.

Me preguntas si algo similar ocurre en literatura. Si digo que sí, corro el riesgo de que me llamen colonizado o americanizado. Y, en efecto, ciertas personas me han dado a entender que estudiar fuera (y especialmente en Estados Unidos) implica una especie de alienación. Mucha gente mira con desprecio lo que se hace en Estados Unidos en el campo de los estudios latinoamericanos y llaman a los que estudiamos y trabajamos aquí “culturalistas”. Además, a muchos les sigue sonando raro que tengas que irte al norte para estudiar el sur.

Con todo, mi respuesta a tu pregunta es que sí; que, en efecto, hasta cierto punto, hay un gran desfase entre lo que yo veo como conocimiento de punta en la crítica literaria y cultural y mucho de lo que se hace y dice en el Perú. Y, aclaro, que me refiero hasta cierto punto y que establezco la comparación desde lo que veo. Como estamos acostumbrados a sospechar de todo lo que venga de Estados Unidos, nunca faltará quien te responda que mi juicio es puro colonialismo mental, que mi forma de ver las cosas se basa en el prejuicio de que todo lo que se hace en Estados Unidos es necesariamente mejor.

Entonces, en primer lugar, debo aclarar que conozco muchos académicos formados enteramente en el Perú y que siguen trabajando en nuestro país y cuyo trabajo es excelente. En segundo lugar, debo tratar de demostrarte que los estudios en Estados Unidos son muy provechosos por razones objetivas, y no por meros prejuicios colonialistas.

Supongo que esto último ha de ser el punto fuerte de mi argumentación. Mi finalidad es convencerte de que es una muy buena idea perfeccionar tu vocación en las universidades norteamericanas. Para ello, tengo que demostrarte que ser admitido en un departamento de Español de Estados Unidos no es muy difícil (porque la calidad de los estudiantes peruanos de literatura es muy buena y muy reconocida) y que los estudios que puedes realizar aquí poseen notorias ventajas. Hablaremos de todo eso, pero antes me gustaría formularte una pregunta crucial: ¿qué clase de estudiante eres tú?

Esto es muy importante. En cuanto a lo que me interesa observar, yo veo los siguientes tipos de estudiante:

  • El que está muy interesado en hacer su posgrado en Estados Unidos. A él o ella no hay que convencerlo/a.
  • El que piensa que ya lo aprendió todo y lo sabe todo. Si crees esto, entonces te pido que mejor cortemos la comunicación aquí. Si ya lo sabes todo, no tienes nada más que aprender, eso está claro. Por tanto, no debes moverte. Solo te basta (supongo) ir a buscar trabajo.
  • El que piensa que todo lo que tiene que aprender está en el Perú. En este caso, te pediría que lo pienses de nuevo. Piensa en el tamaño de las bibliotecas que hay en nuestras universidades, piensa en la disponibilidad de artículos. Hace unos días, mientras conversaba por messenger, un amigo me hizo un par de consultas y yo le contesté con cuatro artículos que encontré y pude bajar a mi computadora en no menos de diez minutos. Si me hubiera tomado un par de horas en la biblioteca de Colorado, habría conseguido al menos unos diez artículos más sobre el mismo tema. Y si esperaba unos días, me habrían enviado por correo (gracias a un sistema de intercambio bibliográfico universitario) aquellos artículos que no estaban disponibles en mi universidad. Y esto sin contar con libros y tesis que puedes sacar o pedir que te traigan. Otra cosa: aquí los préstamos no son de un día o una semana: son de meses y por periodos renovables. Claro que hay algunos bemoles: hace unos minutos busqué las Siete Partidas de Alfonso en Sabio: están, en efecto, en la sala de colecciones especiales. Como es un facsímil en cuatro tomos, solo lo puedo leer en esa sala. Lo mismo pasa con el facsímil del Tratado de Tordesillas y del manuscrito de Salamanca del Libro de Buen Amor. Pero comprenderás que estos ejemplares merecen un cuidado especial. Usualmente saco tantos libros que, para ir a la biblioteca, debo usar un maletín con ruedas. ¿Y qué me dices del tiempo? No basta tener la bibliografía, como sabes. Como comprenderás, el tiempo y la tranquilidad para leer y examinar los documentos son cruciales.

De modo que el ambiente hace una gran diferencia. Sin el trajín de trabajar (y, a lo más enseñar español una hora al día como máximo) tus posibilidades de estudio se potencian enormemente. ¿Qué se necesita en primer lugar, entonces? Simplemente, buena disposición y cariño por lo que se hace.

Esto último suena simplón, pero es muy importante destacarlo. Hace mucho tiempo, leí algo que me resultó muy chocante y a la vez muy sintomático y por eso lo copio:


“Que alguien por favor le envíe al señor Michelena un ejemplar del “Inventario” [se refiere al libro ganador del concurso de cuentos escrito por Alexis Iparraguirre] para que escriba un texto que diga cosas relevantes de él. Que haga los cruces con sus lecturas o con las nuevas “herramientas” que posee. Que opere y haga cirugía. Cuando estudiaba en la universidad -junto con Iparraguirre, a quien conozco y con el que he conversado varias veces- yo lo solía hacer. Exprimía sentidos, hurgaba significados, retorizaba y defendía lo indefendible. Ya estoy grande. Ya me aburrí de eso.”

Y observa que esto no lo escribió ni un tonto ni un inculto, sino un desencantado. He conocido varios (y digamos que ellos pueden formar el cuarto tipo de estudiantes). Se trata de personas cultas que han leído muchísimo y que alguna vez poseyeron una pasión que los animaba pero que, por alguna razón, han dejado de entender la finalidad de su trabajo. Porque si uno piensa que la tarea del crítico es “retorizar y defender lo indefendible” ello significa que ha perdido el horizonte que define su tarea. Y esto es una lástima, porque estamos ante una inteligencia desaprovechada.

Pero entonces, sospecho que me preguntarás ¿cuál es la tarea del crítico y cuál es la relevancia de su trabajo? Eso te lo respondo en la siguiente carta. Por hoy, el tiempo se me agota.

(Figura: página del manuscrito de Salamanca del LBA. Obsérvese el dibujo del melón o tejón, un animal que come endrinas. Don Melón, el amante de Doña Endrina, no es, pues, una fruta, sino un animal angurriento y obsesionado con el sexo).

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