Por - Publicado el 20-03-2006

Es un artículo conjunto con Giovanna Aguilar, Profesora Asociada de la Universidad Católica de Lima, publicado en Argumentos, Coyuntura Electoral, Boletín del Instituto de Estudios Peruanos.

El tercer piso del andamiaje

Por: Giovanna Aguilar* y Sílvio Rendon**

En este artículo sostenemos que entre los candidatos subyace un gran consenso de facto en temas de política económica. Para ganar al electorado, los candidatos necesitan dar señales de una redistribución activa en su probable gobierno, pero si ponen demasiado énfasis en la redistribución, podría verse como un regreso a modelos populistas de la segunda mitad de los ochentas. Sólo cuando se formen los equipos de gobierno post-electorales es que sabremos lo que verdaderamente se hará en materia económica. Basados en la experiencia de los países latinoamericanos, auguramos muy pocos cambios en la política económica del nuevo gobierno.

Entre dos márgenes

Entramos en la recta final de una campaña electoral más centrada en bailes, denuncias y ataques personales que en los programas de gobierno y el rumbo a tomar por nuestra economía en los próximos cinco años. Entre los economistas parece existir consenso en dos puntos: 1) la economía peruana va bien y está creciendo y 2) este crecimiento no llega al segmento de las familias más pobres del país. Es lo que se ha dado en llamar “un crecimiento sin chorreo”. No obstante, los candidatos no están abordando el tema del modelo económico con propuestas técnicamente serias, precisas y articuladas. Se han limitado a generalidades y planteamientos precipitados [1].

Detrás de esta epidemia de frivolidad subyace, obviamente con matices, un gran consenso de facto sobre la política económica a seguir. La impopularidad de Toledo, en contraste con la popularidad de Fujimori en el 2000, no estimula a ningún candidato a decir explícitamente que quiere continuar con “lo bueno” o construir “el tercer piso del andamiaje” dejado por Toledo y Fujimori (en forma similar en que Toledo dijo que construiría el “segundo piso” del andamiaje creado por Fujimori). Aunque con énfasis en aspectos diferentes, todos se han pronunciado por mantener lo esencial del modelo económico actual. Es decir, mantener la estabilidad macroeconómica con un prudente manejo del déficit fiscal y mantener la inserción del Perú en el mundo globalizado, pero con una gran incidencia en aliviar la pobreza, mejorar la educación y las oportunidades de ingreso en el país. Este discurso es el que el electorado quiere escuchar.

Por un lado, buena parte del electorado no quiere escuchar nada que se parezca a un regreso a las políticas de la segunda mitad de los ochentas. El trauma populista, si bien no afecta tan fuertemente a las generaciones más jóvenes, no acaba de cicatrizar en el electorado peruano. Los candidatos más cercanos a estas opciones como Alan García y Ollanta Humala hacen lo posible por desmarcarse de esta asociación perjudicial para sus campañas presidenciales.

Por otro lado, un gran sector del electorado no está involucrado en el crecimiento económico que sí experimentan otros sectores del país. Este gran sector entiende que desde el gobierno se tiene que hacer mucho más para aliviar la situación de pobreza persistente que vive. Este margen afecta especialmente a la candidata Lourdes Flores, quien es vista como representante de políticas de mercado, privatizaciones, apertura externa. Definitivamente, la afirmación de estas políticas, sin ninguna señal explícita de atender los problemas de pobreza del país, no basta para ganarse al electorado. De ahí que Flores haga lo posible por desmarcarse de las políticas de mercado sin mecanismos de compensación [2].

Una difícil elección

Con estos dos márgenes tan estrechos (a la Escila y Caribdis) y ante promesas tan parecidas el votante no lo tiene nada claro, por lo que no debería sorprender que la indecisión sea la que encabece las encuestas. Efectivamente, analicemos fríamente qué opciones y, con ellas, qué riesgos se nos ofrece.

Una primera opción y riesgo a enfrentar es seguir como estamos, con crecimiento concentrado. Es obvio que una propuesta de este tipo no gana las elecciones, pues sería “más de lo mismo”, por lo que los discursos tratan de resaltar las diferencias con el modelo económico seguido por Toledo. No obstante, el/la candidato/a ganador/a podría renegar de sus promesas de redistribución una vez ganada la elección.

La segunda opción sería intentar redistribuir el crecimiento, cosa que también tiene sus riesgos. El ganador o ganadora podría, a su vez, renegar de sus promesas de prudencia fiscal, estabilidad macroeconómica e inserción internacional, con lo que se terminaría por desinflar las llantas al crecimiento. Se tendría redistribución por un par de años, con un crecimiento amortiguado y una vulnerabilidad posterior, como se vivió en época de Alan García y ministros como Saberbein o Vázquez Bazán. En ese caso no tendríamos ni crecimiento ni redistribución: ni soga ni cabra.

Los electores, por supuesto, intuyen estos riesgos y ven reforzada su desconfianza en los políticos. Saben que están jugando a una ruleta donde la verdadera intención del candidato sólo se devela cuando gana.

Los equipos post-electorales

Acabadas las elecciones los votantes perderán su poder, estrechos márgenes electorales desaparecerán y, con mayor libertad, el/la candidato/a ganador/a definirá el rumbo a seguir por el país. Una señal inmediata para el público acerca de cuál será ese rumbo, será el equipo de gobierno post electoral que se nombre.

En efecto, aquí no tenemos “gabinetes en la sombra” ni nada que se le parezca. Al contrario de lo que ocurre en otros países, y de lo que la lógica indica y el público debería exigir, los equipos de gobierno se forman después de las elecciones. Así, lo que importa no es lo que digan los candidatos antes de las elecciones, sino a quiénes pongan en sus gabinetes después de éstas. Fue lo que ocurrió cuando Fujimori anunció su primer gabinete, de ancha base pero desplazando a su equipo económico de campaña, dando una clara señal de repudio a su promesa electoral de “no shock”. Por supuesto, no sólo es el caso del Perú; ocurrió también en el Brasil cuando Lula anunció su primer gabinete y tranquilizó a los mercados internacionales. En general, en los países latinoamericanos donde se ha producido un viraje hacia la izquierda ha predominado la continuidad con las políticas económicas de gobiernos anteriores. No se ha visto ningún gran intento redistributivo que apareje las vibrantes promesas electorales de los candidatos ganadores.

En el caso peruano, aunque los candidatos no lo digan explícitamente, dados los reducidos márgenes, las opciones de política y los riesgos que hemos señalado, lo más probable es que no veamos sino la construcción del “tercer piso” del andamiaje de Toledo y Fujimori. Es decir, muy pocos cambios en la situación económica de quienes así lo esperan.
_____________
* IEP, PUCP
** Instituto Tecnológico Autónomo de México – ITAM
[1] Ejemplos de esto son la declaración de Flores que el chorreo ha sido un fracaso sin ofrecer alternativa alguna o el ofrecimiento hecho por García de otorgar crédito a las MYPES a través del Banco de la Nación.
[2]
Ha incluso planteado “un seguro obligatorio gratuito para la población más pobre financiado mediante la eliminación de gastos superfluos”.

-

Comparte tu opinión respecto al tema tratado.

Importante: Existe moderación de comentarios. Si no te identificas con tu nombre y apellido, posiblemente no se publique tu comentario. Referirte al tema del post, identificarte y evitar ataques personales o lenguaje ofensivo aumentarán las probabilidades de publicación de tu comentario.